Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

➻ Boleslao Lewin [1908-1988]

la-insurreccion-de-tupac-amaru-de-boleslao-lewin_MLA-F-2615663951_042012 copiaEl historiador Boleslao Lewin nació en Lodz, Polonia, el 25 de febrero de 1908. Escapando de los pogroms se refugió en Uruguay a principio de los años 1930, para radicarse definitivamente en Argentina en 1937. Fue profesor de Historia Americana en la Facultad de Filosofía y Letras de Rosario, de la Universidad de La Plata y miembro del Comité de Historia de las Ideas del Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Asimismo, ha dictado cursos en distintas universidades de Chile, México, y Uruguay. En 1957, recibió el premio Ricardo Rojas por su segunda obra sobre Tupac Amaru y del que, sin dudas, ha sido uno de sus principales especialistas. La obra por la que sería ampliamente reconocido ha sido, con todo, “Tupac Amaru, el rebelde. Su época, sus luchas y su influencia en el continente” cuya primera edición lanzó Editorial Claridad de Buenos Aires en el año 1943. Esta obra de múltiples ediciones, ha sido traducida al japonés, al alemán, al ruso y al chino; es el trabajo de investigación más completo sobre el caudillo cuzqueño, el más extenso y con amplia base documental. Para llevarla a cabo, Lewin estuvo en Bolivia en los años 1940 revisando documentos sobre la rebelión en el Alto Perú, en el Archivo Nacional de Sucre y visitó los pueblos de Pocoata y Macha. Boleslao Lewin falleció el 27 de marzo de 1988 dejando una extensa obra: El judío en la época colonial (1939), La inquisición en Hispanoamérica: judíos, protestantes y patriotas (1962), Rousseau en la independencia de Latinoamérica (1980) y Cómo fue la inmigración judía en la Argentina (1983). 

[Fuente: EUdeBA]

➻ Beatriz Bragoni [1962]

87_fichaLa historiadora argentina Beatriz Bragoni nació en Mendoza en 1962. Es doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires, profesora regular de Historia de las Instituciones Argentinas en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, e investigadora independiente del CONICET en el Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales del Centro Científico y Tecnológico de Mendoza. Realizó estudios posdoctorales en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. Ha sido profesora invitada de varias universidades extranjeras europeas y latinoamericanas. Es especialista en historia política y social del siglo XIX argentino y latinoamericano. Ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas del país y del extranjero. Ha sido autora, entre otros libros, de Los hijos de la revolución. Familia, negocios y poder en Mendoza en el siglo XIX (1999) por el que recibió el “Premio Academia Nacional de la Historia” (obra édita 1999-2002) y del Premio Ensayo “Juan Draghi Lucero” (Taurus / UNO 1999); San Martín. De soldado del Rey a héroe de la Nación (2010). Recientemente ha concluido Honor y Patria. La trayectoria del chileno José Miguel Carrera en las Provincias Unidas del Río de la Plata de próxima aparición. Ha editado Microanálisis. Ensayos de historiografía argentina (2004), De la colonia a la república: rebeliones, insurgencias y cultura política en América del Sur (2009), coordinado junto a Sara E. Mata y Un nuevo orden político. Provincias y Estado Nacional, 1852-1880 (2010) en colaboración con Eduardo Míguez. Es miembro consultora del Comité Asesor del Museo Histórico Nacional, consultora de comités editoriales de revistas especializadas e integra la comisión directiva de la Asociación Argentina de Investigadores en Historia. Lleva a cabo una activa participación en medios de comunicación masiva sobre temáticas relativas a su especialidad. En ese marco se inscribe una intensa labor de divulgación histórica que se tradujo en la edición de una colectiva publicada por la Editorial de la Universidad Nacional de Cuyo bajo el título Te contamos una historia de Mendoza (de la conquista a nuestros días, en colaboración con María Teresa Brachetta, María Virginia Mellado y Oriana I. Pelagatti).

[Fuente: Universidad Nacional de Cuyo]

✍ Mañana es San Perón. Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955) [1993]

manana-es-san-peron-plotkin-mariano_MLA-F-3675034315_012013Probablemente no hay otro tema en la historia moderna de la Argentina que haya sido objeto de tantas investigaciones como lo fue el peronismo (1). No obstante, hasta los últimos años no se había dado a conocer un trabajo serio sobre la política del régimen de Perón en el área de la educación (2). Desde fines de los años ochenta aparecieron varias publicaciones sobre el tema (3), siendo el libro de Mariano Ben Plotkin una de las más destacadas e importantes entre ellas. Se trata de una monografia excelente, que sirve como ejemplo del posible aporte que tienen las investigaciones de la historia de la educación para una mejor comprensión de los regímenes políticos en la época moderna. El sistema educativo, como ya lo sabía Platón, refleja el carácter del régimen y de la sociedad en que se desarrolla. El libro se divide en cuatro partes: la crisis de consenso en la sociedad argentina y el surgimiento de Perón; la apropiación del espacio simbólico: rituales políticos y el carisma de Perón; educación y política: la socialización política de la juventud; la generación de consenso pasivo. Cada una de las partes es interesante e importante de por sí, pero uno de los aportes centrales del libro en su conjunto es, sin duda, la tercera parte, basada en una gran variedad de fuentes primarias entre las que se cuentan documentos de los archivos del Ministerio de Educación, libros de texto, prensa contemporánea, publicaciones oficiales del gobierno y entrevistas personales. Plotkin examina los dos procesos principales que ocurrieron en las escuelas en aquellos años: la democratización y la indoctrinación. El análisis de la democratización social que tuvo lugar en las instituciones educacionales no resulta suficiente y puede verse en él cierta inclinación anti-peronista del autor. Por ejemplo, Plotkin prefiere incluir en un apéndice al final del libro los datos de la expansión del sistema educativo y el aumento de establecimientos de enseñanza, de incremento de alumnos en todos los niveles “desde la educación preescolar y hasta las universidades, pasando por los niveles primarios y secundarios”, y la reducción del número de analfabetos, en lugar de integrarlos al texto mismo, lo que hubiera brindado un panorama más equilibrado de los cambios ocurridos en el campo de la educación. También es de lamentar que el autor se conforme con examinar las escuelas primarias y no incluya menciones de los colegios secundarios y las universidades (4). En cambio, la descripción del proceso de indoctrinación político- partidaria, y especialmente el análisis de los contenidos de los textos escolares peronistas, son apasionantes e incluyen numerosos insights. Plotkin no se conforma con las referencias obvias al culto a la personalidad y a la glorificación del matrimonio Perón. Comparando con los libros pre-peronistas, el autor analiza temas relacionados con las relaciones entre las clases sociales, la caridad comparada con la justicia social, el sitio del individuo en la sociedad, el valor del trabajo, el papel asignado al Estado como guardián del orden social y promotor del progreso, los conceptos de Patria y nacionalidad, las concepciones religiosas y los cambios ocurridos en la galería de héroes nacionales: quiénes fueron eliminados del panteón y quiénes fueron incorporados al mismo, y cómo cambió la posición relativa de los diversos personajes dentro de la jerarquía de los próceres nacionales. Las conclusiones de Plotkin al final de este capítulo destacan la combinación de tradición y modernidad que surge de los textos escolares peronistas y que se considera una de las características del discurso peronista en general. Con respecto al análisis de los libros de texto, deben hacerse ciertas observaciones. La concepción peronista de la Historia y la importancia que daba a los51TV1BS0A5L._SX220_ diversos sucesos en la historia de la nación requieren también la revisión de los textos de niveles superiores, en los que naturalmente la referencia a los eventos es más extensa que en los libros para los primeros años de escuela primaria. Sobre las concepciones religiosas en los textos escolares debiera incluirse una referencia más detallada a la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas públicas y la lucha por la hegemonía cultural entre el Estado y la Iglesia, pese a que este tema ya fue tratado en otras investigaciones (5). En lo que respecta al sitio de las mujeres en la sociedad tal como se refleja en los libros de estudio, Plotkin acierta al rechazar el argumento de Wainerman y Raijman, quienes exageran al enfatizar que hubo un fuerte componente de continuidad entre los textos pre-peronistas y los peronistas respecto del rol asignado a la mujer (6). Por último, la comparación con una selección de libros post-peronistas, al menos de la segunda mitad de la década del cincuenta y comienzos de los sesenta, hubiera permitido estudiar qué quedó de dichos mensajes tras la caída del régimen en los textos impresos por los gobiernos, militares y civiles, que le sucedieron. Como en otras áreas, tampoco en el campo de la educación se pudo borrar por completo la década peronista. En esta parte del libro, así como en la segunda dedicada al análisis de la transformación de los rituales del 1° de mayo y del 17 de octubre, Plotkin se limita a ocuparse de los mensajes que el gobierno deseaba transmitir a la población, en este caso la infantil, sin tratar en profundidad la cuestión de la “recepción”, cómo influyeron eventualmente, cuestión que requiere una metodología diferente. El autor mismo reconoce esta limitación de la investigación ya en la introducción a su libro, pero ella debía haberle hecho reformular los objetivos por él mismo planteados; en el material empírico empleado no hay documentación que permita recrear el imaginario social y político de esta época en la forma en que pretende hacerlo. Sí, en cambio, permite comprender mejor el discurso de Perón y las modificaciones en los mitos, símbolos y rituales impuestos desde el poder. Además del gran esfuerzo dedicado por el régimen a la reconstrucción del sistema educativo, con el objetivo de garantizar la “unidad espiritual” – concepto central en la doctrina de Perón- (7), Plotkin enfatiza con justicia, ya en la primera parte del libro, el fracaso del intento de crear una “cultura peronista alternativa”. Si bien el peronismo se presentó como una ruptura total con el pasado, jamás pudo desvincularse por completo de la tradición liberal. La adopción de la concepción revisionista de la historia argentina por parte del movimiento peronista tuvo lugar sólo después del derrocamiento del régimen en 1955. Otro mecanismo destinado a la generación de consenso político y movilización masiva que estudia Plotkin en este libro es la Fundación Eva Perón (parte IV). La Fundación se integró a los esfuerzos del gobierno por garantizar la lealtad de sectores sociales que tradicionalmente estaban marginados del sistema político, incluyendo a mujeres, niños, trabajadores no sindicados y los pobres. La investigación sobre la Fundación es problemática, ya que muy poca documentación interna de la institución sobrevivió la caída del régimen. Sin embargo, ayudándose con documentos que aún no se habían aprovechado, Plotkin logra analizar los distintos tipos de actividades de la organización y su aporte en la movilización de apoyo para el régimen. Esta sección del libro, dedicada a la “peronización” de las mujeres y los niños, que se hizo entre otras cosas para balancear el peso excesivo que los sindicatos estaban adquiriendo en el régimen, examina también el Partido Peronista Femenino, los torneos deportivos infantiles organizados por la Fundación y la revista Mundo Infantil. Si bien Plotkin acierta al afirmar que “a diferencia de los regímenes totalitarios o autoritarios de la Europa de entreguerras, el Estado peronista no logró establecer un sistema estructurado para la organización política de la juventud, …” (p. 212), se deja sentir la ausencia de un análisis significativo de la Unión de Estudiantes Secundarios, un experimento de la última etapa del período, que tuvo sólo un éxito parcial en sus intentos de organizar a la juventud. No obstante, estas observaciones no vienen a restar de los méritos que tiene el libro. Mañana es San Perón, de Mariano Plotkin, es recomendado para todos aquéllos que deseen comprender mejor el régimen de Perón y el debate alrededor de su carácter y su clasificación.

(1) Véase la bibliografía no exhaustiva que contiene “solamente” 3392 títulos en Laszlo Horvath, A Half Century of Peronism, 1943-1993: An International Bibliography, Stanford 1993. (2) Mariano Ben Plotkin, “Perón y el peronismo: un ensayo bibliográfico”, EIAL, Vol. 2, No. 1 (1991): pp. 113-135. (3) Véanse los libros en la serie dirigida por Adriana Puiggrós: Sandra Carli (Coordinación), Discursos pedagógicos e imaginario social en el peronismo (1945-1955), Bs. As. 1995; Jorge Luis Bernetti y Adriana Puiggrós, Peronismo: cultura, política y educación (1945-1955), Bs. As. 1993; así como Mónica Rein, “Education, Indoctrination and Politics: Peronist Argentina, 1943- 1955”, (en hebreo), tesis de maestría, Universidad de Tel Aviv 1993; Carlos Escudé, El fracaso del proyecto argentino: Educación e ideología, Bs. As. 1990. (4) Sobre las universidades en la época de Perón no existe aún una investigación seria y profunda. Al respecto pueden consultarse, entre otros: Richard Walter, Student Politics in Argentina, New York 1968; Tulio Halperín Donghi, Historia de la Universidad de Buenos Aires, Bs. As. 1962; León Berdichevsky, Universidad y peronismo, Bs. As. 1965; Bernardo Kleiner, 20 años de movimiento estudiantil reformista (1943-1963), Bs. As. 1964; Alejandra B. Gómez, No nos han vencido… Historia del Centro de Estudiantes de Derecho – UBA, Bs. As. 1995; Mónica Rein, “Represión vs. rebelión: las universidades argentinas bajo el peronismo”, trabajo inédito, Universidad de Tel Aviv 1995. (5) Lila M. Caimari, Perón y la iglesia católica, Bs. As. 1995, particularmente el capítulo 5; Susana Bianchi, “Iglesia católica y peronismo: la cuestión de la enseñanza religiosa (1946- 1955)”, MAL, Vol. 3, No. 2 (1992): pp. 89-103; V. W. Leonard, Politicians, Pupils and Priests: Argentine Education Since 1943, New York 1989. (6) C. H. Wainerman y R. B. de Raijman, Sexismo en los libros de lectura de la escuela primaria, Bs. As. 1987. (7) Mariano Ben Plotkin, “La `ideología’ de Perón: continuidades y rupturas”, en Samuel Amaral y Mariano Ben Plotkin (comps.), Perón del exilio al poder, Bs. As. 1993, pp. 45-67.

[Raanan REIN. “Mariano Plotkin: Mañana es San Perón – Propaganda, rituales políticos y educación en el régimen peronista (1946-1955). Buenos Aires, Ariel-Historia Argentina, 1993”, in Estudios Interdisciplinarios de América Latina y el Caribe, vol. VI, nº 2, julio-diciembre de 1995]

➻ Mariano Ben Plotkin [1961]

mariano_ben_plotkin_los_saberes_del_estado_paone_1101El historiador argentino Mariano Plotkin es Licenciado en Economía, Profesor de Historia y Doctor en Historia (Universidad de California, Berkeley). Investigador independiente del CONICET con sede en el Instituto de Desarrollo Económico y Social. Docente en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Fue docente en las universidades de Harvard, Colby College y Boston University, donde se desempeñó también como investigador en el Institute for the Study of Economic Culture. Fue luego profesor invitado en las universidades de Harvard y Salamanca (Cátedra Domingo F. Sarmiento). Ha recibido becas y subsidios de la National Endowment for the Humanities, del Social Science Research Council, de la Fundación Antorchas, de la Rockefeller Foundation, de CLACSO, de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, entre otras instituciones. Fue director de la sede de New York University en Buenos Aires. Entre sus libros figuran Mañana es San Perón (Buenos Aires, 1994, traducción al ingles, Delaware, 2003); Freud in the Pampas (Stanford, 2001, traducción al castellano, Buenos Aires 2003); La privatización de la educación superior y las ciencias sociales en la Argentina. Un estudio de las carreras de Psicología y Economía (Buenos Aires: CLACSO, 2006). Ha sido compilador de Argentina on the Couch (Albuquerque, 2003) y co-compilador de Intelectuales y expertos (con Federico Neiburg); Localismo y globalización (con Ricardo González Leandri); Peron del Exilio al Poder (con Samuel Amaral). Ha publicado numerosos artículos en revistas nacionales e internacionales.

[Fuente: Flacso Área Educación]

✍ Memorias de ultratumba [1849-1850]

ACA0102No debe estar tan olvidado el vizconde François-René de Chateaubriand (1768-1848), uno de los primeros creadores -con Madame de Staël- del romanticismo francés, que brotó poco después del alemán y el inglés, aunque adelantándose al español, más tardío y menos productivo, cuando su celebridad se mantiene todavía y se renuevan las ediciones y nuevas versiones de sus obras, de lo que tan cumplidamente da cuenta esta nueva y monumental traducción al español que aquí lanza esta buena editorial, dirigida por Jaume Vallcorba, la más experta en recuperar y actualizar grandes autores del pasado. Pues, frente a lo que aquí mismo dice en su excelente introducción el académico Marc Fumaroli, Chateaubriand no ha dejado de estar nunca de moda, y sus discípulos de todas las tendencias han sido legión -Baudelaire, Flaubert, los Goncourt, Barrès, Aragon, Malraux y Gracq- y a este respecto recuerdo la provocación con la que el general De Gaulle respondía desde el poder a un diario británico que le preguntaba sobre los mejores escritores europeos de la historia: “Dante, Goethe y Chateaubriand”. “¿Y Shakespeare?”, repuso molesto el periodista, lo que le valió la réplica de turno, en plena batalla franco-inglesa sobre la entrada de Gran Bretaña en el Mercado Común de entonces: “¡Ah, pensé que hablábamos de escritoresFrançois-René_de_Chateaubriand europeos!”, replicó el presidente general, que tras la perfidia se quedó tan ancho. Chateaubriand, aun desde su rincón más o menos polvoriento, no ha dejado de estar vigente, nunca ha estado arrinconado de verdad, como lo demuestran ahora las recientes ediciones que se multiplican de sus obras en Francia, Rusia, Italia y Alemania -las anglosajonas son un poco más antiguas- a las que ahora se une España con esta magnífica y “nueva” edición de la obra maestra de su vejez, ese largo poema autobiográfico, épico, lírico e histórico a la vez, que escribió y corrigió durante casi cuarenta años, estas Memorias de ultratumba que fueron más o menos el broche de oro con el que clausuró su larga y deslumbrante carrera de noble bretón viajero, militar, exiliado, rebelde, monárquico durante toda su vida -aunque republicano de corazón y cada vez más- que llegó a colaborar con Napoleón (quien le metió en la Academia y luego le censuró el discurso) y se volvió pronto contra él, para contribuir a la Restauración borbónica, llegar a líder parlamentario, Par de Francia, diplomático, ministro y embajador al final, rodeado siempre de grandes y hermosas mujeres que le ayudaron (y le amaron algunas, aunque aquí Chateaubriand fue siempre muy discreto) durante toda su vida y carrera de escritor. Y he entrecomillado el adjetivo (“nueva”) porque a lo largo del siglo XIX las ediciones españolas fueron muy numerosas ya en vida del autor, el editor Cabrerizo llegó a publicar unas incompletas Obras completas en Valencia en los años treinta (26 tomos), y hasta conservo una edición de Ayguals de Izco en nueve tomos de estas memoires-d-outre-tombe.8184838-64150716Memorias de ultratumba (1848-1850, en traducción de una “sociedad literaria”, y luego Eladio de Gironella aunque siempre figuró como propietario don Wenceslao Ayguals de Izco), que luego se han ido reeditando, aunque nunca demasiado dado su volumen físico, su extensión desmesurada, algo de lo que los editores huyen como de la peste, sobre todo en estos tiempos de usar y tirar. Títulos como Atala, René, El último Abencerraje, Los Nátchez y otros menos apreciados como la novela histórica Los mártires, el Itinerario de París a Jerusalén o las más básicas del Ensayo sobre las revoluciones o El genio del cristianismo, nunca han dejado de estar presentes en nuestras librerías, de las que recuerdo sobre todo con el máximo agrado la magistral traducción de Carlos Pujol de su verdadera obra maestra final, su Vida de Rancé, escrita y publicada cuando Chateaubriand terminaba estas Memorias de ultratumba, de las que ahora hablaré. Aunque proyectadas a principios del XIX como unas “memorias de mi vida”, fueron escritas sobre todo en diversos momentos y en distintos escenarios de su agitada vida, de manera fragmentaria, dispersa e interrupta, corrigiendo, ampliando y reescribiéndolas desde 1804 o 1811 (cuando encontró su título definitivo) hasta que, rodeado de amigos y colaboradores empezó a hacer que se leyeran ante un público restringido en algunas sesiones privadas en casa de madame Juliette Récamier durante dos meses en 1834. (Sainte-Beuve, joven y prometedor crítico, fue uno de los invitados y pudo reseñarlo en la prensa de la época, pues hasta le permitieron consultar algunos textos, aunque ya se le había pasado su primera fascinación por Chateaubriand, como dejó dicho al final, cuando, pese a considerarlo como el primer escritor de su siglo, dijo que lo cambiaba todo por la breve e inmortal René de su juventud). Bien, durante varios años, Chateaubriand fue preparando el manuscrito y orquestando su lanzamiento con toda minucia, hasta que, ya anciano y desengañado de tantas grandezas, llegó la catástrofe final, que hizo verdad todas sus antiprofecías (¿acaso no son las Antimemorias de Malraux las de uno de sus mejores herederos?). ¿Qué había sucedido? El autor había vendido (para poder sobrevivir bien) sus “memorias” a una sociedad en comandita, que las publicaría a su muerte, pero un empresario de prensa compró los derechos para publicarlas, lo que era ya la cumbre del horror (literario) de su tiempo, que ya consideraba la “literatura industrial” (Sainte-Beuve otra vez) como la muerte de la literatura de verdad. Total, quedaban los albaceas y Chateaubriand se empeñó en seguir amarrándolo todo al máximo, pero no pudo impedir que empezara la publicación de su obra por entregas. De ahí las últimas y numerosas correcciones, los añadidos, los cortes, los nuevos prefacios o lamentos que se multiplicaron hasta el final. De todas formas, los albaceas no cumplieron bien su misión (hasta hubo un intento de proceso contra Louise Colet -poeta y ex amante de Flaubert- por publicar unas cartas de la Récamier con Benjamin Constant, qué mundo) y el texto final fijado por el autor se descubrió ya muy tarde, dando lugar a las dos últimas grandes ediciones, ya más cuidadosas, la de La Pléiade (Gallimard, de 1947 y 1961) de Georges Lemmonier y Maurice Levaillant, a la que sustituyó la de Garnier en 1989, la ya más completa, remozada y corregida de Jean-Claude Berchet basada en un archivo notarial, que es la que hoy se publica entre nosotros en una cuidadosa versión de José Ramón Monreal, que respeta muy bien la elegante y añeja solera del original, un buen regalo. Estamos ante un texto mítico que lo integra todo, historia privada y pública, la épica de las grandes aventuras y terremotos políticos, lo personal y lo colectivo, naturaleza, guerras, violencias, viajes -de América a Rusia pasando por toda Europa, reyes, revoluciones, dictaduras, figuras en tromba-. El académico Fumaroli (sucesor en el sillón de Ionesco y espiritual de Raymond Aron) se mueve en su introducción como pez en el agua, pues hace coincidir el segundo centenario de la Revolución Francesa con la caída del muro de Berlín, a Chateaubriand con Tocqueville (sobrino político), y aunque se felicita de que el mundo haya dado la razón a ambos se detiene en sus elogios a la democracia liberal, en las fronteras de lo “neocon” americano actual. Lo mismo hicieron antes que él Chateaubriand y Tocqueville, pues la Revolución Francesa no desembocó en dos años de Terror, sino en Napoleón, que la estabilizó y universalizó, pese a sus tiranías posteriores. Si nuestro autor escribió De Bonaparte y los Borbones (“más útil que todas mis tropas”, dijo Luis XVIII), también le impuso La monarquía según la carta, pues supo convencerle para que aceptara el ideal republicano de la igualdad civil para asegurar una restauración estable, que al final se llevó el viento, antes de todos ellos, en manos de Luis Felipe, o de Napoleón III, pues siempre vienen las farsas posteriores para justificar los errores de la historia, que siempre se contradice y se justifica contra sí misma.

[Rafael CONTE. “De la ultratumba a la eternidad”, in El País (Madrid), 11 de diciembre de 2004]

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