Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

➻ Vere Gordon Childe [1892-1957]

206341El arqueólogo australiano, pero residente en el Reino Unido una gran parte de su vida, Vere Gordon Childe es, posiblemente, el más influyente y de más peso teórico de cuantos han trabajado en el campo de la arqueología durante el siglo XX y, pese al tiempo transcurrido desde su muerte, se le siguen haciendo biografías y coloquios. Tan extraordinaria figura tuvo momentos diferentes en su biografía intelectual y muchas facetas en su personalidad. En estas páginas sólo nos ocuparemos de Childe como evolucionista y especialmente de su conexión con el marxismo y el socialismo, en general, y en su proyección política. Las razones por las que Vere Gordon Childe militó siempre en el campo de la izquierda se remontan a su infancia y juventud. Había nacido en North Sydney (Australia) en el seno de una familia anglicana, hijo de un ministro muy conservador de esa iglesia y con un espíritu sumamente rebelde que vería como una liberación su traslado, por razones de estudio, a Inglaterra. Uno de sus más íntimos amigos en sus años de Oxford (1914-1916) fue Raji Palme Dutt, que más tarde sería un periodista y destacado político, que durante mucho tiempo llegaría a ser miembro del Comité Ejecutivo del Partido Comunista inglés y con el que discutía hasta altas horas de la noche acerca de la filosofía de Hegel y Marx y, desde luego, de política. Por aquellos años, la II Internacional tenía un enorme peso y había recomendado a sus miembros que aprovechasen la guerra para «luchar en pro de la revolución socialista». Como es bien sabido, nada de eso se hizo y la guerra misma sirvió para que se separasen y distanciasen los socialdemócratas moderados y los comunistas revolucionarios. Indudablemente Childe «consolida su ideología marxista y se orienta en política hacia el ala revolucionaria del socialismo». Regresa a Australia en 1916 e inmediatamente «se ve involucrado en las actividades del Partido Laboralista, siendo secretario privado de John Storey, premier de Nueva Gales del Sur». Esa seña, seguramente, su primera desilusión en política. Fue entonces cuando se inclina decididamente por la arqueología e inicia una primera etapa de su carrera intelectual, que Trigger califica de «histórico- cultural» y en cuyo detalle no vamos a entrar. La mayor parte de los especialistas consideran que el cambio más radical e importante en la historia intelectual se produjo en la segunda mitad de los años treinta y ese cambio lo expresó en cuatro libros fundamentales: Man makes himself (1954 [1936]); What happened in History (1950 [1942]); Progress and Archaeology (1960 [1944]) y Scotland befare the scots (1946). ¿Cómo se produjo ese cambio y por qué? Habría que decir, en primer lugar, que su ideología y su obra científica no están separados, no se pueden entender disociados. Ser socialista no es un accidente: Childe es socialista hasta en las reflexiones que le llevarán al suicidio. También entonces: los acontecimientos que están convulsionando a Europa y al mundo también afectan a su obra, o su obra responde a esas convulsiones. En 1933, pocos meses después de que Adolf Hitler haya asumido el cargo de Canciller del III Reich, Childe pronunciará la conferencia inaugural de su curso de Arqueología Prehistórica en la Universidad de Edimburgo, el que después llevaría el titulo de «ls Prehistory practical?», que viene a ser un alegato contra el racismo que en el fondo significaban las tesis de Gustaf Kossina y que vendrían a constituir parte del cuerpo doctrinal del nazismo. «Para Childe, la prehistoria demuestra que lo que se llama civilización es producto de la tradición colectiva […] a la cual contribuyen todos los pueblos». No es raro que al año siguiente visitase por primera vez la Unión Soviética, lleno de una gran curiosidad por observar de cerca el fenómeno del nacimiento de un nuevo país socialista y por comprender mejor los avances de la arqueología en la URSS. A su regreso, adopta decididamente el esquema evolucionista del marxismo, con la terminología que, como sabemos, era original de Morgan y la adapta a las etapas prehistóricas tradicionales a las que incorpora sus dos momentos de transición como «revoluciones». Aunque los aspectos económicos de la vida social han estado en muchas de sus obras anteriores, en “Los orígenes de la civilización” las referencias son constantes y se hacen explícitas las citas de Marx, como, por ejemplo, cuando dice que «…Marx insistió en la importancia primaria que tienen las condiciones económicas, las fuerzas sociales de producción y las aplicaciones de la ciencia, como factores de cambio social». De acuerdo con ese interés específico por los temas económicos y tecnológicos, subtemas tales como: obtención, conservación y producción de alimentos o materias primas, es una constante a lo largo de la obra. Son más interesantes las deducciones que elabora aun dentro de un plano muy teórico acerca de un conocimiento científico o pre-científico de la naturaleza, en función de los datos de carácter material proporcionados por el registro arqueológico como son los requeridos para la localización de canteras o yacimientos para determinadas rocas de uso para la elaboración de instrumentos o de plantas y animales con fines industriales o artesanales. Igualmente interesantes son las inferencias que elabora acerca de la estructura social, el tamaño de la población, o las creencias entre los pueblos prehistóricos, aunque lógicamente es en este terreno en el que sus afirmaciones pueden ser hoy más discutibles. En cualquier caso, el enfoque ecológico, hoy tan en boga, es constante también. La influencia del clima, de la topografía, del sistema hidrográfico natural, en la determinación de una cultura, es revisado una y otra vez; la explicación concatenada de fenómenos naturales y culturales en, por ejemplo, el nacimiento de domesticación de plantas y animales, podrá discutirse en el detalle, pero no en la argumentación y en el lineamiento general de su razonamiento. Ideas incluso que desarrollarán posteriormente otros autores, como la de la utilización de la energía a través de una determinada tecnología, se hallan implícitas en el razonamiento de ese libro magistral que es «El hombre se hizo a sí mismo» (1954) o en el que le sigue, «Qué sucedió en la historia» (1950). Pese al tiempo transcurrido, la acumulación de nuevos descubrimientos de gran importancia en el área a la que se refiere principalmente -el Oriente Próximo-, a los refinamientos metodológicos y de técnicas nuevas incorporadas a la investigación arqueológica, el esquema resumido más arriba sigue siendo válido en gran medida. Y lo es fundamentalmente por el enfoque general, por el sistema deductivo que utiliza el autor para la presentación de los datos y por el tratamiento enteramente funcional de los mismos, con vistas a dar una imagen muy auténtica de la humanidad. Los términos de revolución neolítica y revolución urbana, muy discutidos por algunos, logran romper, siquiera sea de manera parcial, el esquema historicista predominante hasta ese momento y orientar la arqueología prehistórica sobre unas bases metodológica y teóricamente más fecundas y positivas. Al final del libro, «El hombre se hace a sí mismo», vuelve de nuevo al tema del racismo, con ocasión de que en septiembre de 1935 se hubiesen aprobado las leyes raciales de Nüremberg, al decir: «Ya hemos visto que esta conducta realmente no es innata. Tampoco es fijada, de modo inmutable, por el medio ambiente. Está condicionada por la tradición social. Y, justamente porque la tradición es creada por sociedades de hombres y transmitida por medios peculiarmente humanos y racionales, es por lo que no es fija ni inmutable: está cambiando constantemente a medida que la sociedad se enfrenta a circunstancias siempre nuevas. La tradición hace al hombre, circunscribiendo su conducta dentro de ciertos límites; pero es igualmente cierto que el hombre hace las tradiciones. Y, por lo tanto, podemos repetir con una comprensión más profunda: “El hombre se hace a sí mismo”». 

Sin título

El uso de una terminología típica de Morgan y del planteamiento del marxismo, que deriva del Manifiesto comunista en libros que aunque dirigidos a todos los públicos ofrecían un lenguaje aparentemente sencillo y de lo que podríamos llamar «divulgación», puede hacer pensar que Childe defendía un evolucionismo claramente unilineal. Sin embargo eso no es así. «Childe no se adhirió al evolucionismo unilineal más en estos trabajos de lo que lo hizo en cualquier otro momento», o como dice Randall H. McGuire, «en otras obras -se refiere a los libros publicados entre 1936 y 1946- introdujo una noción de evolución multilineal en la que los cambios en conocimiento técnico afectaban a los cambios sociales, políticos y económicos». Según Trigger, «La postura de Childe proporciona igualmente una respuesta definitiva a aquellos marxistas que, como George Thompson, lo acusaban de ignorar el conflicto de clases en las antiguas civilizaciones, precisamente porque las luchas se veían bloqueadas por técnicas religiosas y políticas de control social altamente efectivas. Él no ignoraba el concepto de lucha de clases en las civilizaciones tempranas ni lo rechazaba, ya que lo consideraba inaplicable en estudios en los que se utilizaran datos arqueológicos; por el contrario, no lo consideraba adecuado para explicar las sociedades orientales, las cuales creía que habían permanecido estáticas por largos períodos». Una constante en su pensamiento fue la de que la arqueología es historia, idea que heredada por sus discípulos y especialmente utilizada por los arqueólogos sociales latinoamericanos, queda resumida en palabras de José Luis Lorenzo al decir, «…pensamos que la arqueología es una ciencia social, pero que las Ciencias Sociales o están presididas por la Historia o no tienen existencia propia […] y en nuestro caso está, además, el compromiso histórico y social […] El hombre no puede ser sin raíz, sin pasado», lo que, en mi opinión, podría explicarse por el tradicional concepto estrecho de la Antropología -y en ocasiones su confusión con la Sociología- de parte de los arqueólogos y antropólogos británicos. De hecho, muchas de las afirmaciones y propuestas más novedosas de Childe en relación con la interpretación de los hechos arqueológicos coincide con los contenidos de la antropología en sentido amplio: lo económico y lo sociológico e incluso lo histórico. De otra parte, parece que «no era un relativista cultural» (Trigger), lo que está muy de acuerdo con alguna de las características más notables, más negativas y también más criticadas desde una perspectiva moderna, del Evolucionismo clásico, ya que es, obviamente, el argumento principal utilizado por los sistemas coloniales cuya máxima expansión se produce en el siglo XIX, utilizando esa argumentación como una base «científica» que justificaría la expansión colonial de las grandes potencias europeas. En 1936 y 1939, Childe visita las universidades de Harvard y Pennsylvania, donde es nombrado Doctor Honoris Causa de las mismas; sin embargo, por lo que parece, «la presencia de Childe no tuvo gran repercusión en los medios arqueológicos académicos de Estados Unidos. Puede deberse, quizás, a que en ese momento la juventud norteamericana progresista, marxista o no, estaba intelectualmente más comprometida con la guerra civil española que con cualquier disciplina académica». Al término de la Segunda Guerra Mundial (junio de 1945) visita nuevamente la Unión Soviética con ocasión del 220 aniversario de la Academia de Ciencias de la URSS, en Leningrado y Moscú. Esa visita y sus simpatías ideológicas y políticas por el marxismo es lo que seguramente justifica una tan temprana calificación como persona no grata para el Departamento de Estado de los Estados Unidos, tal como lo recuerda Irving Rouse en la necrología de Childe. La última etapa intelectual de Gordon Childe (1945-1957), la más desconocida según Trigger incluso para sus seguidores, es aquella que desarrolla en Londres como director del Instituto de Arqueología y como regente de la cátedra de Arqueología Prehistórica Europea. En esa etapa se dedica a profundizar en los aspectos teóricos más oscuros y complejos del marxismo, de manera que puede decirse que su compromiso ideológico e intelectual con el marxismo se fue acrecentando conforme pasaba el tiempo. Durante esos años publica un libro y siete artículos dedicados a tratar el tema crucial de la evolución social: el libro Social Evolution ha sido varias veces traducido al español, estando los artículos recogidos en una antología de José Antonio Pérez (1981). La decisión de Childe de suicidarse poco después de haber cumplido la edad de su jubilación, pese a las dudas que se han ofrecido en varias ocasiones, parece actualmente cierta y justificada desde varias perspectivas que el propio Childe declaró poco antes de morir y entre las cuales su modo de entender el socialismo fue una de las más importantes y no, precisamente, las posibles desilusiones que la práctica del socialismo soviético hubiesen provocado en él.

[José ALCINA FRANCH. Evolución social. Madrid: Akal, 1999, pp. 77-83]

➻ Otto Hintze [1861-1940]

1.jpgOtto Hintze (1861-1940) was born in Pyrzyce (Pyritz), which was then in Germany but is now in Poland. In 1880, he moved to Berlin to study for a doctorate under the historian Julius Weizsäcker, writing a dissertation on medieval institutions which would later be published as Das Königtum Wilhelms von Holland (The Kingdom of William of Holland) . Ultimately he became Professor of Political, Constitutional, Administrative, and Economic History at the University of Berlin, though retired prematurely due to poor health. Under the supervision of Gustav von Schmoller, the leader of the “Younger” German Historical School of Economics which opposed axiomatic / deductive approaches to economics in favor of careful historically and geographically informed inductive study, Hintze was involved in editing the “Acta Borussica”, a collection of official documents detailing the history of the Electorate of Brandenburg and the Kingdom of Prussia that was published by the Prussian Archives. As historian of absolutism, Hintze argued that institutions related to the military and its finance were central in the creation of modern nation-states. In 1933, Hintze’s wife Hedwig, a historian in her own right, lost her position as a lecturer and fled first to France and then to the Netherlands to escape Nazi persecution for her leftist beliefs and Jewish background. Although a more conservative Prussian, Hintze himself did not publish after the Nazis came to power and subsequently resigned from the Prussian Academy of Sciences and from his post as co-editor of the Historische Zeitschrift over his wife’s treatment. For the last few years of his life, he was largely physically separated from his wife. In 1942, two years after his death, she committed suicide rather than be deported to a concentration camp. Several contemporary German historians believe Hintze to be the most significant historian of the German Empire and Weimar Republic.

[Andrew HEROD. Scale. New York: Routledge, 2011, p. 172]

➻ André Leroi-Gourhan [1911-1986]

Leroi-Gourhan_Andre_214984Etnólogo y prehistoriador francés, nacido en 1911 y muerto en 1986 en París, André Leroi-Gourhan ha hecho importantes contribucioncs a tres disciplinas: la antropología física (la hominización), la etnología (la tecnología, la estética) y la prehistoria (los métodos de excavación, el arte parietal, la estructura del hábitat, así como también la evolución de las sociedades). Autodidacta desde la edad de catorce años, diplomado en ruso (1931) y en chino (1932) por la École des Langues Orientales, participa en la transformación del antiguo museo de Trocadéro en Musée de l’Homme. En 1937, parte a una misión por el japón, de donde obtendrá los materiales, en 1939, para su doctorado en letras (1945) sobre la arqueología del Pacífico Norte. Es nombrado entonces profesor de Etnología de la Facultad de Letras de Lyon, y luego subdirector del Musée de l’Homme, donde funda el Centre de Formation aux Recherches Ethnologiques. Obtiene su doctorado en ciencias en 1954, en parte para confirmar su íntima convicción de que si los hechos sociales son totales, el hombre también es “total”, faber y sapiens, a la vez productor de bienes materiales y creador de lenguaje simbólico. Profesor de etnología general y de prehistoria de la Facultad de Letras de París en 1956, es elegido para la cátedra de prehistoria del Collège de France en 1968. Esta convicción en cuanto al carácter total de las obras del hombre es el hilo conductor de todos los trabajos de Leroi-Gourhan. En su tesis de ciencias, avanza la hipótesis de que la liberación de la mano por el empleo de herramientas rudimentarias permitió una transformación anatómica de los músculos del cuello y cráneo, que aumentará la capacidad craneana. De ello resultará el desarrollo del cerebro y, por lo tanto, de la capacidad de simbolización del hombre. El rechazo a dividir la realidad en elementos especializados en honor de especialistas, el deseo constante de apoyar el análisis en un gran número de observaciones concretas y minuciosas, y de proceder siempre a su clasificación según sus criterios internos, y no según un casillero subjetivo, sitúa a Leroi-Gourhan en línea directa con los naturalistas del siglo XIX. En el campo de las técnicas, es el fundador de la principal corriente actual de la tecnología cultural. Partiendo de la reflexión según la cual lo que distingue al hombre de los demás animales es su aptitud para manipular concretamente su entorno, señala que la primera gran invención del hombre fue aliar la precisión de una percusión con percutor (el cuchillo que corta muy bien) y la fuerza de una percusión lanzada (el hacha que corta un gran tronco) en una percusión lanzada con percutor (el cincel y el mazo del escultor) [N. de la T.: esta terminología ya no se utiliza en la actualidad: respectivamente con percutor durmiente, lanzada y bipolar]. Siguiendo su principio de seriar siempre los fenómenos a partir de sus caracteres internos, clasifica las técnicas de fabricación según la naturaleza de la materia a trabajar: sólidas, estables, fibrosas, semiplásticas, plásticas, frágiles y fluidas. Los comportamientos técnicos hechos posibles por los medios (las percusiones) y los procedimientos (las técnicas de fabricación), llevan a las técnicas de adquisición y consumo, y constituyen la última parte de la clasificación general. Dos elementos de su problemática, la cadena operatoria y la noción de tendencia y de hecho, no solamente guían su análisis sobre los medios, los procedimientos y los objetos, sino que iluminan su reflexión sobre nociones tales como medio técnico, estilo étnico, devenir humano. La noción de “tendencia” y de “hecho” promete fructíferas investigaciones futuras. Lleva a una clasificación de los objetos a la vez morfológica y dinámica, histórica y geográfica. Los fundamentos son los mismos que presiden el establecimiento de taxonomías: los criterios van de lo general a lo particular, sin que ningún Leroi-Gourhan+au++Musée+de+l'Hommeobjeto pueda aparecer en varias categorías. El ejemplo clásico es el del propulsor. La tendencia “querer aumentar la fuerza del tiro” encuentra su expresión concreta en grados de hechos jerarquizados desde un primer grado en que los objetos se dividen en tres grupos: varilla cilíndrica (Europa prehistórica, Melanesia, Perú), tablilla oval (Australia), tablilla subrectangular (América), hasta un quinto grado en el que se podría encontrar una tablilla estrecha subrectangular con gancho, con huellas profundas de dedos (Alaska central y septentrional del siglo XIX). La tendencia, atravesando los medios natural, técnico y social para convertirse en una serie de hechos, adquiere particularidades que definen el estilo que caracteriza a un grupo social. En el campo de la prehistoria, Leroi-Gourhan es igualmente un innovador. Primero en los métodos de excavación y de análisis de los resultados. Substituye la antigua práctica de tirar todo lo que no parece inmediatamente importante por el deseo de conservar el más mínimo vestigio sea cual sea su naturaleza, y de registrar minuciosamente su relación espacial con los demás restos en un decapado horizontal que respeta la integridad de las sucesivas capas. El empleo de estos métodos permitió a Leroi-Gourhan y su escuela reconstruir la vida cotidiana de los cazadores-recolectores de la prehistoria hasta el detalle de los trabajos domésticos alrededor del fuego del campamento. En el terreno del arte prehistórico, hizo por este arte lo que en otro campo Claude Lévi-Strauss hizo por los mitos: lo ordena mediante el estudio de sus estructuras profundas. El arte prehistórico de las cavernas no es una colección heteróclita de grabados y pinturas cuyo único estudio sería el de la comparación estética con los cánones del arte moderno, sino una ordenación estructural de temas precisos. Los trabajos e investigaciones de Leroi-Gourhan no se sitúan entonces en la encrucijada de varias disciplinas, sino que más bien representan la inclusión en un mismo campo de investigaciones de métodos y perspectivas que proceden de disciplinas muy diversas. Antes de ser etnológica o prehistórica, su contribución a la antropología es primero una aportación metodológica que abre perspectivas unitarias sobre las actividades humanas. La filosofía que impregna sus estudios de paleontología, estética, tecnología, prehistoria, epistemología o etnología general revela que coloca al hombre y su devenir en el centro de todas sus preocupaciones científicas.

[Robert CRESSWELL. “André Leroi-Gourhan”, in Pierre BONTE y Michael IZARD. Diccionario Akal de Etnología y Antropología. Madrid: Akal, 1996, pp. 430-431]

➻ Abbé Henri Breuil [1877-1961]

kessel-dmitri-leading-authority-on-paleolithic-art-abbe-henri-breuilEl Abate Henri Breuil (1877-1961) fue el “Padre de la Prehistoria” durante toda la primera mitad del siglo XX. La calificación debe entenderse en el sentido más lato de la expresión […]. Él fue uno de los muchos operarios, acaso el más grande, que en un siglo y medio levantaron el edificio de una ciencia que ha dado unas nuevas perspectivas a la Humanidad en sus dimensiones temporal y cultural. En poco más de ciento cincuenta años, unas pocas decenas de hombres beneméritos cumplieron la hazaña de llevar muy atrás el tiempo de la Historia. Entre los que, significativamente, se llamaron “prehistoriadores”, destaca la figura del Abate Breuil […]. La vida de Henri Breuil estuvo marcada por dos sangrientos episodios que cambiaron la faz del mundo: las guerras mundiales de 1914-1918 y 1939-1945. La primera la pasó en España y la segunda en el África meridional. Ambas geografías y su pasado prehistórico, su propia longevidad y el vivir al día los nuevos y continuos descubrimientos, son factores que influyeron mucho en su camino vital como hombre de ciencia. Aunque llegó a ser canónigo de las sedes episcopales de Soissons y Beauvais, tal titulación fue ad honorem, pues Breuil nunca estuvo vinculado a funciones parroquiales u otras relacionadas con su estado sacerdotal. Para que pudiera dedicarse por entero al estudio de los orígenes de la Humanidad, sus superiores tuvieron el acierto de liberarle de aquellas obligaciones. En ocasiones, esta condición clerical de Breuil hizo que se le considerara una rara avis en el estudio de la Prehistoria en el que tanto abundaron agnósticos y librepensadores. Pero esto no es así: muchos otros clérigos contribuyeron a los avances de la nueva ciencia. Entre los de su condición que le estuvieron muy unidos y que también destacaron como prehistoriadores, citaremos a sus amigos y condiscípulos los hermanos Amedée y Jean Bouyssonie (1877-1965), Hugo Obermaier (1877-1946), el jesuita Teilhard de Chardin (1881-1955), el Abate A. Lemozi (1882-1970) y un discípulo, el Abate André Glory (1906-1966) […]. Breuil fue protagonista o vivió de cerca los grandes avances de la Prehistoria. En sus años iniciales de investigador, a finales del siglo XIX, todavía se hablaba de los eolitos y del hombre del período Terciario, pero, al mismo tiempo, se descubría el Pitecantropo de Java, el primero de los homínidos conocidosAltamira_Bison (1891). Luego, en los años centrales del siglo XX, alcanzó a vivir la capital revolución que significó la datación radiocarbónica. Entre aquellos hitos extremos estuvo relacionado con hechos científicos trascendentales: la reivindicación del arte rupestre paleolítico con Les Combarelles, Font-de-Gaume y Altamira; el análisis y definición de las industrias paleolíticas; los nuevos neandertalenses; el arte post-paleolítico de la Península Ibérica; el Sinantropo de Pekín; Lascaux, la segunda Altamira; las grandes pinacotecas al aire libre del África meridional y del Sahara; los australopitecos; etc. Todo ello en una larga odisea en la que descubrió nuevos territorios o revisitó e interpretó otros ya conocidos. Llegó un momento en que, en el pequeño apartamento parisino de la rue de Lamotte-Picquet, residía modestamente el cerebro coordinador de la Prehistoria de la Piedra en todo el Viejo Mundo. Aceptada unánimemente su situación de preeminencia durante la primera mitad del siglo XX, está aún por hacer un estudio sobre la posición del Abate Breuil dentro de las corrientes científicas generales de su tiempo. Por su vocación y preparación primera, era un naturalista; por su ulterior tarea en la investigación de las civilizaciones del hombre primigenio, fue un historiador. Primer titular de la cátedra de Prehistoria del Collège de France (1929), al aspirar a ser académico se encontró ante el dilema de poder optar entre la Académie des Sciences y la Académie des Inscriptions et Belles Lettres. Se decidió por esta última, siendo elegido en 1938. Esta corporación le elevó poco después al Institut de France (1939). Él mismo lo repetía con frecuencia: “estamos haciendo Historia con los métodos de las Ciencias Naturales”. Hay que añadir que toda su vida cultivó aquella primera vocación de naturalista. Valga un ejemplo: durante todo el primer cuarto de siglo exploró, con mayor o menor éxito, centenares de cuevas en Francia y España. Buscaba en ellas el arte rupestre o el yacimiento arqueológico, pero no descuidaba la sistemática recolección de insectos cavernícolas, cuyas listas o ejemplares entregaba a sus amigos R. Jeannel y E. G. Racovitza para los repertorios de su serie “Biospeleológica”. Pero, además, el naturalista Breuil está siempre presente en la determinación geológica y en la identificación y descripción de los animales representados en el arte prehistórico. Súmese a todo ello su gran habilidad artística. Breuil se formó en ciencia dentro del muy extendido y difuso positivismo finisecular, que tenía poco que ver con la doctrina filosófica del mismo nombre elaborada por Auguste Comte (1779-1857), el fundador de la sociología. En los años de la segunda mitad dcl siglo XIX se hablaba de continuo de los documentos positivos, considerando como tales las “evidencias” y los “datos”. Se aceptaba sólo el “método experimental” que, para los prehistoriadores, era la excavación al poner de manifiesto la estratigrafía. El adjetivo “positivo” ya figuraba en la cabecera de la primera revista dedicada a la nueva ciencia de la Prehistoria: Matériaux pour l’histoire positive et philosophique de l’Homme, fundada en 1865 por Gabriel trois-freres-detailde Mortillet (1821-1896). Dicho calificativo no se mantuvo cuando, cuatro años más tarde, la publicación periódica pasó a manos de Emile Cartailhac (1845-1921) que le dio el título Matériaux pour l’histoire primitive et naturelle de l’Homme, durante algún tiempo con el subtítulo et de l’étude du sol, de la faune et de la flore qui s’y rattachent, abandonado en 1873. Se observará que en ambas etapas se mantiene la palabra histoire. La revista pervivió hasta 1888, año en que se fundió en L’Anthropologie, que ahora prosigue su vida más que centenaria. En aquella época, la mayoría de los investigadores franceses exponían sus descubrimientos y sus ideas en las páginas de los Matériaux, moviéndose aún en las últimas formas del evolucionismo lamarckiano, del Caballero de Lamarck (1744-1829), expuesto en su obra Philosophie zoologique (1809). El positivisino mencionado y este evolucionismo poco definido, no impedían que el ambiente científico fuera muy dinámico. Los cambios en la terminología utilizada reflejan las inquietudes y los titubeos, doctrinales y metodológicos de aquellas primeras generaciones de prehistoriadores y son importantes para la historia de las mentalidades. También era el tiempo en que casi todos los prehistoriadores trabajaban solos, sin sospechar que llegaría la hora en que cualquier investigación tiene un carácter interdisciplinar. El joven Breuil conoce desde sus comienzos los nuevos avances a los que pronto contribuirá con su propio esfuerzo. Entre sus lecturas juveniles de Prehistoria ocupaban un lugar preferente los volúmenes de la colección de los Matériaux. Estos, así como diversos libros, se los regaló el Abate Jean Guibert, su profesor en el Seminario y en el Institut Catholique […]. Entre prehistoriadores e historiadores existía ya entonces un foso que ha persistido en el tiempo. Como queda sucintamente explicado, en aquellos años de sus orígenes y primera estabilidad, la Prehistoria marcaba sus diferencias con la Historia propiamente dicha al encontrarse, por sus métodos, muy próxima a las Ciencias Naturales y muy lejos de los archivos documentales y las vetustas bibliotecas. Aparte de la relación personal con unos pocos colegas de las altas instituciones a que pertenecía y con algún miembro de las sociedades savantes regionales, H. Breuil tuvo escasa relación con los historiadores como tales. Como excepción debe señalarse la Escuela de Síntesis de Henri Berr, fundador en 1900 de la Revue de Synthèse y en 1920 de la colección “L’Évolution de l’Humanité” con un centenar de volúmenes destinados a tener una gran difusión. Berr y Breuil eran amigos y la Prehistoria siempre fue tenida en cuenta en las publicaciones y reuniones patrocinadas por el primero. En sus comienzos, los creadores de la posterior escuela de los Annales (1929) -Lucien Febvre y Marc Bloch- pertenecían a este grupo. Las corrientes historiográficas surgidas en el tercio inicial del siglo XX, valoraban los hechos económicos, las condiciones geográficas, los ritmos de evolución cultural, las técnicas artesanales, etc. Todo ello estaba en relación, asimismo, con la Sociología de Emile Durkheim (1858-1917) que dio una nueva dimensión a la Etnografía y la Etnología (llamadas luego Antropología cultural). Una nueva metodología dio otras perspectivas a las notables aportaciones de viajeros, misioneros, agentes coloniales, etc., por lo común franceses e ingleses. Aquellos eruditos habían aportado, y lo siguieron haciendo, una masa de información, de valor desigual, al conocimiento de los denominados “pueblos exóticos”. La Prehistoria aprovechó -y a veces abusó- de estos conocimientos en los llamados “paralelos etnográficos”. También cabe decir algo del Abate Breuil en acción. De todas sus actividades, confesaba era el “trabajo de campo” el que más le agradaba, tanto en las oscuras cavernas como en los grandes espacios abiertos de las serranías españolas o de los semidesiertos sudafricanos. Contemplaba y admiraba los paisajes pero no podía entretenerse mucho en su examen pues siempre le acuciaban las noticias de nuevos descubrimientos. Sin ninguna duda el lugar donde Breuil pasó más horas de largo y paciente estudio y de laboriosa copia de sus intrincados grabados fue la pirenaica caverna de Trois-Frères: más de doce meses en total, repartidos en estancias más o menos largas desde 1912 y en particular entre los años 1930 y 1938. Al aparecer, en 1952, el gran libro Quatre cents siècles d’art pariétal, una recensión de la obra debida a su amigo el Conde Bégouen la encomia diciendo: “un admirable monumento de erudición, de sentido crítico y artístico, que él es el más calificado para escribir, puesto que, en cierta manera, es la personificación de este arte”. Recuerda a continuación la gran tarea llevada a cabo en Trois-Frères: “las largas horas de colaboración pasadas juntos en la cueva, donde le ayudaba en las delicadas y difíciles 250px-Abbé_Breuil_3operaciones de calco de los grabados de los muros. A veces era necesario hacer milagros de equilibrio en algunos lugares, o de contorsión en los corredores estrechos, bajos y tortuosos, en los que hay que arrastrarse por el barro, en ocasiones de espaldas o de lado, siempre buscando la luz que, según llegue de la derecha o de la izquierda, hace destacar una determinada silueta de animal hasta el momento insospechada. Durante la operación de calcar el sorcier (brujo), apuntalado en una estrecha falla de la roca, yo le sostenía el pie derecho”. La minuciosidad de los calcos del Abate Breuil en lugares como Altamira, Trois-Frères, Les Combarelles y tantos otros, los convierte en verdaderas obras de arte. Pero, por contraste, en alguna ocasión hacía sólo una mera interpretación de ciertas figuras a las que daba poca imporancia, limitándose a trazar un croquis a mano alzada o simplemente las dejaba de lado. Lo hemos comprobado, por ejemplo, en la cueva del Castillo (Puente Viesgo), lo primero en la figura de un brujo-bisonte de la sala nº 2; y lo segundo en el gribouillis, o conjunto garabateado, de la parte izquierda de la sala primera […]. Conviene añadir un apunte sobre sus publicaciones. Citaremos en primer lugar las grandes ediciones: en los comienzos de su actividad las bellas monografías patrocinadas por el Príncipe de Mónaco; más tarde las debidas al mecenazgo de la Fondation Singer-Polignac. El resultado primero de sus investigaciones lo dio a conocer en muy diversos lugares y en numerosas revistas científicas. Entre estas últimas predominan los artículos incluidos en las páginas de L’Anthropologie. La fusión de los Matériaux (E. Cartailhac), la Revue Anthropologique (P. Topinard) y la Revue d’Ethnographie (E. T. Hamy), dio lugar a L’Anthropologie en 1889. El primer trabajo de Henri Breuil en la nueva publicación periódica se imprimió en el volumen XI (1900) como inicio de la serie que fue apareciendo en años sucesivos acerca de materiales de la Edad del Bronce en la cuenca del Somme. Un poco más tarde, al ser fundado el Institut de Paléontologie Humaine en 1919, L’Anthropologie se convirtió en el órgano escrito de la fundación del Príncipe de Mónaco que sigue siendo. Esto explica que de las 835 entradas de la bibliografía de H. Breuil, 185 estén contenidas en sus páginas, contabilizando los artículos -sólo o con algún colaborador-, las notas y las recensiones. Otras revistas que contienen buen número de sus escritos son el Bulletin de la Société Préhistorique Française y la Revue Archéologique.

[Eduardo RIPOLL PERELLÓ. “Introducción”, in Abate Henri Breuil, antología de textos. Barcelona: Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona, 2002, pp. 19-27]

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