Teoría de la historia

Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González". Departamento de Historia ● Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

␥ Norma Durán

nduranLa historiadora mexicana Norma Durán es Doctora en Historia por la Universidad Iberoamericana con la tesis “Ascesis, culpa y subjetividad. Un estudio de la vida de F. Sebastián de Aparicio, escrita por F. Juan de Torquemada”. Actualmente, es docente en el Área de Historia y Cultura del Departamento de Humanidades (División de Ciencias Sociales y Humanidades) de la UAM-Azcapotzalco. Sus principales líneas de investigación remiten a la historia religiosa de la Edad Media, la historiografía de los discursos hagiográficos, las crónicas novohispanas de los siglo XVI Y XVII y los procesos de evangelización en Nueva España, entre los siglos XVI y XVII. Norma Durán ha sido docente en la Universidad Iberoamericana y la Escuela Nacional de Antropología e Historia, entre otras. Tiene, asimismo, una importante trayectoria como traductora tanto del francés como del inglés al español, de autores como François Hartog, Elisabetta Corsi, Frank Ankersmit, François Dosse, Hans Ulrich Gumbrecht, Silvia Sebastiani, Andrés G. Freijomil, Diana Napoli, Antonella Romano, Bruna Filippi, Ralph Dekoninck. Entre sus publicaciones se cuentan: “Retórica de la santidad. Renuncia, culpa y subjetividad en un caso novohispano” [México, Universidad Iberoamericana, 2008, 486 p.], “Formas de hacer historia. Historiografía grecolatina y medieval”[México, Editorial Navarra, 2001, 279 p.]. 

Fuente: Universidad Autónoma Metropolitana

␥ Alfonso Mendiola Mejía [1955]

sin-tituloEl historiador mexicano Alfonso Mendiola Mejía es Doctor en Historia por la Universidad Iberoamericana, en donde es profesor de tiempo completo desde 1990. Obtuvo su título con mención honorífica por su tesis Retórica, comunicación y realidad. La realidad referida por los relatos de batalla en las crónicas de la conquista. Sus líneas de investigación son la Teoría de la historia e historiografía, el análisis historiográfico de las crónicas de la conquista de México (siglo XVI y XVII) y el giro figural: una teoría histórica y contextual de la percepción. Actualmente su investigación esencial versa sobre La escritura de la historia en la época virreinal (siglos XVI y XVII), que intenta estudiar las formas discursivas e institucionales de la representación escrita del pasado en la sociedad virreinal. Esta investigación implica reconstruir el sistema de pensamiento de una sociedad fundada en la retórica. En el 2010 ganó el premio al mejor ensayo de Historiografía en México. Entre sus publicaciones más importantes se encuentran los libros Bernal Díaz del Castillo: verdad romanesca y verdad historiográfica (UIA, 1991, con una segunda edición publicada en 1995) y Retórica, comunicación y Realidad. La construcción retórica de las batallas en las crónicas de la conquista (UIA, 2003), además de diversos artículos en la revista Historia y Grafía, como “La caída de Tenochtitlan: ¿un relato verídico o un relato de ficción” (núm. 2, 1994), “De la historia a la historiografía. Las transformaciones de una semántica” (núm. 4, 1995), “Francois Hartog: el nacimiento del discurso histórico occidental, en Historia y Grafía” (núm. 11, 1998), “El giro historiográfico: la observación de las observaciones del pasado” (núm. 15, 2000), “Las tecnologías de la comunicación. De la racionalidad oral a la racionalidad impresa” (núm. 18, 2002) y “Hans Ulrich Gumbrecht: la fascinación por el pasado” (núm. 19, 2002), además del capítulo “Conquête du Mexique”, en Historiographies, 2 tomos (París, Gallimrard, 2010), bajo la dirección de C. Delacroix, F. Dosse, P. García & N. Offenstadt. Participó en las siguientes conferencias: “El bicentenario de la Independencia”, Historia, memoria y conmemoración, en la ENAH, 1 de octubre de 2010; Conferencia en el seminario de Historia Cultural de Guillermo Zermeño, Colegio de México, “¿Es posible hacer investigación histórica sin conceptos?”, 22 de septiembre de 2010; y en las conferencias impartidas por invitación a la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales, en París: “Clavijero y la expulsión de la Compañía de Jesús de la Nueva España”, 2 de noviembre. “La concepción de la historia natural de Plinio a Clavijero”, 9 de noviembre. “La elaboración de la Historia Antigua de México por Clavijero”, 16 de noviembre. “La interpretación de Clavijero de los códices mexicas”, 23 de noviembre. “La polémica entre Clavijero y la ilustración europea”, 30 de noviembre. Sus publicaciones más recientes son: “Preliminares” al expediente Siegfried Kracauer: las ambigüedades del siglo XX, Historia y Grafía n. 36, 2011, pp. 9-11; “La novela policial de Siegfried Kracauer como crítica de la razón científica”, en la revista Historia y Grafía n. 36, 2011, pp. 13-38; “La narrativa como forma de reflexividad de los procesos de los sistemas sociales”, en Alfonso Mendiola y Luis Vergara (coordinadores), Cátedra Edmundo O’Gorman. Teoría de la historia Vol. 1, México, UIA/UNAM, 2011, pp. 99-112; “Historizar la teología y los dogmas de la Iglesia: el compromiso de Michel De Certeau”, en la revista Historia y Grafía n. 38, 2012, pp. 173-207.

[Fuente Universidad Iberoamericana]

␥ Perla Chinchilla Pawling [1949]

sin-tituloLa historiadora mexicana Perla Chinchila Pawling realizó sus estudios de licenciatura y posgrado en Historia en la Universidad Iberoamericana. Ha trabajado como docente e investigadora en el Departamento de Historia de la Ibero ciudad de México. Sus principales intereses de investigación han girado en torno al fenómeno de la predicación jesuita en la Nueva España del siglo XVII y la retórica sacra, los procesos de modernización e identidad, la historiografía del Antiguo Régimen y la Historia que se enseña y la enseñanza de la Historia. Ha coordinado la línea de investigación “La construcción retórica de la realidad: la Compañía de Jesús” del Departamento de Historia desde hace varios años. A partir de su interés en la emergencia de la Modernidad se ha interesado en tránsito de la sociedad de la “cultura de la oralidad” a la “cultura del impreso” propio del Barroco, a través del fenómeno de la predicación observado desde el caso jesuita [es miembro del grupo de investigación hispano-canadiense “The Hispanic Baroque: Complexity in the First Atlantic Culture”]. A partir de ahí, preguntándose por la identidad discursiva del sermón a través del tiempo, trabajó primero en el que distingue como “sermón de corte”, propio de la cultura del impreso [resultado de ello es el libro De la compositio loci a la República de las Letras: predicación jesuita en el siglo XVII novohispano, Universidad Iberoamericana, México, 2004.] y posteriormente en el de misión, de la cultura oral, para el que ha propuesto una tipología. En esa misma línea se ha preguntado por la Historia Maestra de Vida –ocupada de moralizar al igual que el sermón- y de su pervivencia en la enseñanza de la Historia hasta nuestros días en las aulas escolares. [Actualmente imparte el curso de docencia de la Historia y participa en un proyecto en esta dirección con miembros de la Universidad Pedagógica y el CIESAS]. Como un paso más en esta línea de trabajo, actualmente trabaja en lo que ha denominado “formas discursivas”, ofreciendo una propuesta para establecer esta categoría [Las formas discursivas, Historia y Grafía, nº 43, Universidad Iberoamericana, México, 2014. Coordinando el proyecto conmemorativo de la Ibero sobre la restauración de la Compañía de Jesús en 2014 trabajó sobre el sermón y la historia como formas discursivas]. Como corolario de ello actualmente coordina un Lexicón de formas discursivas cultivadas por la Compañía de Jesús [“Las formas discursivas en el tránsito a la modernidad: el caso de la Compañía de Jesús”].

[Fuente: Universidad Iberoamericana]

✍ Crítica de la razón negra. Ensayo sobre el racismo contemporáneo [2013]

critica_a_la_razon_negra_tapaEn su último ensayo, Critique de la raison nègre (Crítica de la razón negra), Achille Mbembe desarrolla una brillante reflexión sobre la alteridad, sobre la genealogía del concepto “raza”, indisociable del desarrollo del capitalismo, sobre lo que llama el “devenir negro del mundo”. apunta a un horizonte de emancipación, el de una “elevación hacia la humanidad” en un mundo liberado del lastre de la raza.

¿Qué papel jugaron el Congreso Nacional Africano (CNA) y Mandela, más allá del combate al régimen del apartheid, en las luchas contras las dominaciones coloniales en el continente africano?

—El desmantelamiento del apartheid en 1994 cierra una larga fase histórica de las luchas modernas por la emancipación. Esta fase comienza con las grandes campañas por la abolición de la trata de negros y la esclavitud. Continúa con el movimiento por la descolonización, las luchas por los derechos cívicos en Estados Unidos. Mandela representa, de alguna manera, la última palabra de esos combates por la igualdad. Atacó de manera frontal el dogma de la supremacía blanca y de la dominación racial que envenenaron durante mucho tiempo la vida de las naciones. Es la razón por la cual el mundo entero, hoy, celebra su vida.

—¿Por qué Sudáfrica ocupa un lugar especial en su reflexión?

—El estatus de Sudáfrica en mi reflexión es paradójico. Lo que Sudáfrica me permite ver es lo que existe como posibilidad. Sudáfrica expresa en su historia y vida contemporánea, de manera más explosiva que todos los países africanos, lo que podríamos hacer, cuáles son nuestras potencialidades. Pero, al mismo tiempo, muestra la dificultad con la que choca ese deseo de crear algo nuevo, incluyendo las sociedades posrevolucionarias.

—Usted dice de entrada que el término “negro”, que estructura su último libro, es indisociable de la invención de la “raza” ¿Se trata de una ficción, de un delirio, de un operador ideológico?

—Es un concepto, una noción cuyos múltiples sentidos han variado a lo largo de la historia, al menos a partir del siglo XV. La palabra “negro” remite tanto a cierta ficción, que se esfuerzan en llevar a la realidad, por medio del sueño, del deseo o de la violencia, de la crueldad. Pero sobre todo, es un concepto que remite a la imposibilidad de control, incluyendo el control de aquellos a quienes se esclaviza, se somete a condiciones de deshumanización extrema: los esclavos. De esta manera, es una palabra que remite a la posibilidad siempre presente en la historia de un levantamiento radical.

—¿El negro es entonces también una figura posible de la emancipación?

—Es una figura de la posibilidad de insumisión, de insurrección y de emancipación. La historia de la emancipación humana es, de alguna, manera, una historia negra, al mismo tiempo que una historia de negros, en la medida en que todo ser humano lleva en sí una parte de negro.

—Esa universalidad la encarnó primero la revolución haitiana…

—Sabemos en qué derivó la experiencia haitiana, pero, en sus orígenes, el momento haitiano de nuestra modernidad constituyó una especie de revancha. Haití surgió al mundo como consecuencia de una guerra dirigida por esclavos. La gran obsesión de los propietarios, en la época de la esclavitud, del siglo XV al XIX, era que los esclavos se unieran, una noche, y quemaran la plantación. Al grado de que la plantación era una estructura paranoica. Era una estructura económica, claro, en la que dominaban el paternalismo, la crueldad, las violaciones. Pero era también una estructura psíquica, de orden totalmente paranoico, en la que la función del miedo era reproducir constantemente el miedo en una especie de círculo infernal, que ni los esclavos ni los amos veían cómo interrumpir, cómo salirse de ella. Este mecanismo del miedo que reproducía el miedo descansaba en la fantasía, la invención. Para funcionar de esta manera, esta mecánica requería anclarse en la “raza”.

—¿De qué manera la emergencia del racismo es indisociable del desarrollo del capitalismo? ¿Qué papel ha jugado este concepto de raza en la “primera mundialización” diseñada por el comercio triangular? En el fondo, ¿la invención del racismo fue lo que permitió el desarrollo del capitalismo?

—El capitalismo, desde el siglo XV, siempre ha requerido de subsidios raciales para ampliar su reproducción tanto en el tiempo como en el espacio. La invención del negro se produce en un contexto de transnacionalización. Lo que llamo el primer capitalismo es el que se inaugura en los perímetros del Atlántico. En ese comercio triangular que enlaza a Europa, África y América circulan mercancías y esclavos. Presenciamos entonces el surgimiento y la consolidación de ciertas tecnologías, la invención de los seguros. Un derecho de propiedad se forja en Europa en esa época teniendo, como trasfondo, el comercio de esclavos. No se podría comprender en lo más mínimo la evolución de las estructuras jurídicas, filosóficas, narrativas de Europa sin tomar en cuenta la trata de esclavos.

—Usted devela en este libro un regreso a la “raza” con otros disfraces, los de la cultura, la religión, la clasificación de los seres humanos bajo la égida de lo biopolítico. ¿Por qué se convoca de nuevas maneras esta noción de “raza” actualmente?

—La raza es demasiado “útil” para desaparecerla. En el contexto contemporáneo nos resulta cada vez más difícil enunciar con claridad las razones por las que constituimos un mundo común. Esas razones ya no nos resultan para nada evidentes y, al no emprender una reconstrucción paciente de las razones por las que deberíamos vivir juntos, creamos una situación en la que lo importante es ir en busca de lo que nos separa. En tal contexto, la raza se vuelve un operador porque permite separar a los nuestros de los que no lo son. Aquellos que, aun viviendo entre nosotros, no son para nada de los nuestros. La movilización del significante racial permite desempatar a la humanidad entre aquellos que deben vivir y aquellos que deben ser expuestos a la indiferencia y ser parte de la clase de los superfluos.

—Usted define de manera muy precisa el momento del neoliberalismo en el cual estamos ahora. ¿Qué hay de nuevo en la manera en que este sistema económico se extiende sobre todo el planeta?

—Estamos en un momento en el cual la forma dinero usurpa las funciones de creación y de redención antes atribuidas a dios. Es el momento en el que lo que se llama Mammon en la Biblia, cuando el principio del dinero aparta el principio divino y lo sustituye. A partir del momento en el que el principio dinero sustituye al principio dios, el principio dinero se vuelve el relevo primero y último de todas las significaciones y se instituye en culto idólatra cuyo dogma consiste en confundir todo, mezclar todo, tanto lo que concierne a lo humano como lo que concierne a la cosa, lo que concierne a la mercancía. Nada de eso cuenta ya.

—Ese movimiento es paralelo, dice usted, al ascenso de un imperialismo del desorden. ¿Sacar provecho implica en la actualidad sembrar el caos?

—¡Sí! De hecho, pensándolo bien, ese ha sido el principio imperialista desde su origen. Las formas en que se manifiesta han evolucionado, pero el código genético del imperialismo es ese. Se siembra el caos, se pone a unos contra otros, se crean situaciones de guerra civil. Se administra el desorden, el caos. El imperialismo consiste en la administración, en beneficio propio, de un caos provocado, organizado y sostenido. Lo vemos actualmente en las guerras de ocupación, la economía de extracción, el desmantelamiento de todo lo que parezca, así sea mínimamente, un bien común.

—¿En que basa su oposición radical a las periódicas intervenciones militares francesas en el continente africano?

—Desde un punto de vista geoestratégico, hay una nueva embestida contra África. ¿Quiénes son los actores principales? Son las viejas potencias occidentales, pero también las nuevas, como Brasil, China, la India, Turquía, así como los actores de Medio Oriente, como Qatar, Arabia Saudita. Hay un puñado de actores que, con objetivos diversos, comparten la idea de que África constituye un espacio cuyos recursos hay que controlar para consolidar un lugar en la escena mundial contemporánea. Es ese el marco general en el que hay que releer las9782707188724 intervenciones militares francesas en el continente. Intervenciones militares que el gobierno socialista parece querer multiplicar y acelerar. Tomando como pretexto el debilitamiento real de las estructuras estatales en países como Mali, la República Centroafricana. Invocando la amenaza, que es real, por otro lado, del islamismo en su forma violenta, en oposición a tradiciones del islam a las que se lleva a la síntesis y al sincretismo. El gobierno francés ridiculiza sus intervenciones militares disfrazándolas de humanitarismo o cuando entona la vieja cantaleta de la amistad secular entre Francia y los africanos. ¿Pero cuál es el precio a pagar? ¿Quién lo paga? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Por qué Francia puede intervenir así en esta región del mundo, que se supone que es independiente y soberana? Si esta región del mundo es independiente y soberana ¿por qué no logra resolver, con su propia fuerza, sus propios medios, las situaciones extremas que enfrenta? Y si África no es capaz por sí misma de resolver esas crisis propias que generan aquí y allá catástrofes humanas ¿por qué mantener la ilusión de que es capaz de gobernarse? Y, para que las cosas sean claras, si no es capaz de gobernarse a sí misma, ¿por qué no ponerla bajo tutela simplemente? Es ese el marco conceptual en el que me interrogo sobre esas intervenciones militares. Es la única posición de responsabilidad posible para los africanos. Lo ideal sería llenar el vacío hegemónico que está en la médula de la dinámica continental. Si no se hace, es un llamado a las potencias externas, que, por
razones que se nos escapan, deciden intervenir.

—Usted describe la marginalización de la vieja Europa en la escena mundial. Sin embargo, Europa está oponiendo a eso una resistencia feroz. ¿Cómo ese “devenir negro” del mundo del que usted habla puede advenir frente a lo que las grandes potencias despliegan para mantener su hegemonía?

—El acontecimiento de nuestro tiempo es en efecto el desclasamiento de Europa, el hecho de que ha dejado de ser el centro del mundo. Este acontecimiento abre enormes oportunidades al pensamiento crítico, pero al mismo tiempo conlleva peligros. Europa resiste, no soltará su poder tan fácilmente. En el fondo, una dimensión esencial de su furia que presenciamos radica en el hecho de que Europa llegó a su final y no logra reanimarse sola ni a reanimar lo que llamo su Idea. El momento que tenemos ante nosotros será un momento difícil. Ya lo es de hecho. Para intentar conservar su hegemonía, Europa y Estados Unidos van a fomentar la balkanización del mundo. Van a favorecer la multiplicación de las fronteras, su militarización. Van a facilitar la abrogación de una serie de derechos, la normalización del Estado de excepción, que permite a la violencia de Estado circular de manera más fluida en las sociedades. La búsqueda de enemigos y su ejecución, de preferencia extrajudicial, se volverá medular en su política mundial.

—En su libro anterior, Sortir de la grande nuit (Salir de la larga noche), usted imagina una bella alternativa: la de una “elevación hacia la humanidad”. ¿Qué significa eso para usted?

—Es una idea que debo a una tradición de la crítica de origen africano, de W.E.B. Du Bois a Édouard Glissant. Remite primero a una experiencia dolorosa, la de la esclavitud y al esfuerzo que mostraron los esclavos para conservar lo esencial de su humanidad, para acceder nuevamente a la vida y realizarnos en comunión, en vínculo con el conjunto de los vivos. Ese proceso de renovado acceso a la vida, de reaparición a partir del abismo de la infamia, de restitución en cierta forma de la dignidad inherente a la condición humana, es lo que llamo la elevación hacia la humanidad. Es un acceso que, por definición, para ser válido, debe ser compartido.

—En esta larga crisis que atraviesa el sistema capitalista, ¿qué indicios de que puede haber un mundo nuevo ve usted? ¿Qué posibilidades existen para tal “elevación hacia la humanidad” cuando el panorama mundial está asolado por la pobreza, las guerras, los conflictos?

—Si modificamos nuestra manera de ver, de oír, de escuchar, es posible percibir esos indicios. La realidad es que muchas de esas gentes están atontadas, aturdidas, bombardeadas por todos lados. Tanto por sistemas políticos en vías de petrificación como por un régimen económico que ya llegó a su punto de fuga máximo y, en ese proceso, se transformó en una violenta abstracción. Están atontadas por el poder de ficción favorecido por un sistema mediático que vive de la reproducción indefinida de los miedos y las fantasías. Y entonces se buscan. Pero los indicios de otra historicidad posible están ahí, en la emergencia de nuevas formas de solidaridad transnacionales, en una parte de la creación estética e imaginaria, en una serie de pequeñas aboliciones como las que se ven en Sudáfrica, donde están ganando ciertas ideas de la familia, del amor, del matrimonio. Creo que sería necesario apoyarse en esos pequeños pasos para abrir más brechas en un sistema verdaderamente cerrado.

Pensar la emancipación. Achille Mbembe es profesor de historia y ciencia política en la universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. Da clases también en el departamento de estudios romances de la Duke University (Estados Unidos). En sus últimos ensayos desarrolla, a partir de la herencia anticolonialista y anitiimperialista, una reflexión fecunda y estimulante sobre las sociedades poscoloniales marcadas por reuniones complejas, sobre las políticas de depredación que acechan a África, sobre la manera en que las políticas neocoloniales se extienden a escala mundial. De este pensamiento crítico emana un pensamiento de la emancipación que da forma a un mundo común.

[Rosa MOUSSAOUI. “La historia de la emancipación humana es una historia de negros” (entrevista a Achille Mbembe), in L’Humanité (Paris), 9 de diciembre de 2013. Traducción del francés por Dulce María López Vega]

✍ El copista. Gaspar García Viñas entre la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras [2013]

9789871867868_frontcover-665x1024Las Bibliotecas Nacionales de numerosos países europeos, y también algunas de Latinoamérica, albergan, además de libros, folletos, periódicos y mapas, colecciones de documentos originales que hacen al acervo histórico o que denotan cierta especialización institucional en la guarda de la memoria de un período específico del derrotero histórico nacional. Sin ser una excepción, nuestra Biblioteca Nacional, en su Sala de Reservados, no sólo atesora incunables y libros raros o curiosos, sino también una impresionante colección de documentos para la historia argentina procedentes del Archivo General de Indias y que fueran paleografiados, copiados y mecanografiados por Gaspar García Viñas, funcionario de la institución que pasó largos años trabajando en la sede de ese repositorio mayor que concentra documentación invalorable acerca de nuestro pasado colonial y del de las otrora llamadas “posesiones españolas de ultramar”. Allí, en el corazón de Sevilla, se erige ese monumento al pasado colonial español y a la memoria histórica de la identidad colectiva latinoamericana y filipina labrada desde el contacto hasta las independencias en el siglo XIX. Allí, en un edificio sito paradójicamente en la Avenida de la Constitución sin número, anonimato que denota su monumentalidad edificada tras los documentos, García Viñas encabezó dos misiones que hoy nombraríamos como de investigación pero que entonces, entre 1910 y 1926, se rotulaban como de copistas. Esos cambios, esas paradojas de la profesión, su mismísima construcción como oficio son los que, más allá de las misiones y la biografía de García Viñas, recupera Marcelo Rey en este libro en el que la historia argentina, los hombres que la construyeron a comienzos del siglo XX, el contexto de producción de sus textos y sus relatos e instituciones como la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires cobran vida y protagonismo tras una investigación que permite articular historia y política en el ejercicio intelectual. El autor, joven investigador egresado de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras y formado en el pasado temprano colonial de los Andes Centrales y Meridionales, realizó este libro luego de finalizar su tarea como becario de la Biblioteca por un año, período en el que no sólo revisó los documentos de la Colección García Viñas de Copias de Documentos del Archivo General de Indias, objetivo inicial de su propuesta, sino que, motivado por la densidad del trabajo de García Viñas y su fina apreciación de una problemática que se le abría más amplia e inclusiva, indagó en la persona, en el hombre y el profesional, profundizó en las motivaciones de las autoridades que ordenaron las sucesivas misiones al repositorio sevillano, se plantó en el contexto político e intelectual de la Argentina de los inicios del siglo XX en que se insertaron esas misiones para, finalmente, articular esos indicadores con la profesionalización del arte de hacer historia. Sin dudas, Rey es exitoso en mostrarnos un sensible cambio de época y el nacimiento de una corriente de pensamiento que aspiraba a plasmar un método asociado a una temática bien precisa en la investigación, a más de reconocer a los copistas, los colaboradores y los autodidactas como protagonistas de la tarea de historiar. Tras la pluma de Rey, Paul Groussac, el director de la Biblioteca Nacional entre 1885 y 1929, es interpretado como respuesta a una corriente historiográfica que no ahorra protagonismo y jerarquía en la autorepresentación y que arrastra a sus colaboradores, verdaderos especialistas más que meros copistas, al anonimato construido desde la ideología y el poder que entonces confería la Dirección de la Biblioteca, cargo desde el cual ejercía señorío intelectual a la vez que replicaba el orden, no sólo intelectual, establecido. Ese lugar silente y de invisible existencia en que Groussac coloca al copista, mero empleado y receptor de órdenes, recién en décadas posteriores habrá de deconstruirse y re significarse tras la consideración de García Viñas, en este caso particular, como investigador, ya que fueron su selección, su cuidadosa indagación documental y su conocimiento paleográfico los que se conjugaron para que hoy reconozcamos en la Colección que lleva su nombre la impronta de un autodidacta cuyo trabajo aprovechamos quienes efectuamos nuestras tesis de grado y posgrado sobre diversos aspectos del pasado colonial argentino y americano. Es en ese sentido, y con los objetivos de su investigación personal atada al contexto de su época y de su ideología, que tanto Groussac como Emilio Ravignani y su colaborador José Torre Revelo aspiran a completar una heurística que conjugue el presente del estado nación con el pasado colonial y la organización jurídica y constitucional de la Argentina, respectivamente. La segunda fundación de Buenos Aires en 1580, organizada y financiada desde Charcas por el riquísimo encomendero y minero Juan Ortiz de Zárate, cuarto Adelantado del Río de la Plata, sirve al propósito hegemónico de derivar la producción de la plata potosina hacia una salida al Atlántico, a la vez que a reactivar las rutas comerciales interregionales y la circulación de bienes hacia el estuario de la abandonada ciudad fundada por Pedro de Mendoza en 1536. Esa jerarquía atlántica y portuaria continuaba abonando las reflexiones de Groussac para cimentar la vigencia de Buenos Aires junto al proyecto de desarrollo de la Argentina agroexportadora. Por otro lado, la Nueva Escuela Histórica indagaba en otras variables para llegar a la construcción y la fisonomía del estado nación. La ley y la legislación coloniales eran un punto de partida para verificar en el constitucionalismo nacional la matriz de la identidad argentina, tarea que abrigó Ravignani al recolectar las bases legales inscriptas en la Recopilación de las Leyes de Indias para traducirlas en sus interminables Asambleas Constituyentes Argentinas. De allí la importancia manifiesta de enviar copistas a los archivos españoles, de tanto una como de otra corriente de pensamiento. El cambio de época del que nos habla Rey se revela tras la adhesión a los postulados de una Nueva Escuela que se plasman en la asociación de Ravignani con García Viñas y Torre Revello -el director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras y sus copistas-, lo cual se exhibe aquí tras una nutrida correspondencia que el autor recuperó del Archivo de Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” de la misma Facultad. A más de vincularse con sus colaboradores en una relación intelectual y personal más abierta y simétrica, Ravignani reconocía la capacidad y la autonomía de los copistas asignados a los repositorios europeos, prueba de lo cual fue su apoyo a un autodidacta como Torre Revelo para alcanzar la cátedra de Historia de América en Filosofía y Letras. Es en ese sentido que se patentiza otro elemento de ese cambio, el reconocimiento del copista como colaborador y como profesional y la valoración del saber y la idoneidad para llevar a un subordinado al espacio de los pares. El protagonismo omnímodo de Groussac, que no había cejado de apelar hasta la ficción para comprobar sus conjeturas y que había invocado cierta connotación moral en el relato, dejaba paso a la construcción paulatina de una tarea, la de hacer Historia con método, compartida entre colegas y especialistas de una naciente profesión al servicio de una misma institución. Finalmente, las páginas que se abren a continuación y que nos ha regalado Marcelo Rey dan cuenta de cuán articulado está el trabajo del historiador con el contexto de producción de su obra, cuánto incide la realidad que se transita con los intereses y los temas de investigación y cuán presente está la ideología en la producción intelectual y en la construcción de los vínculos personales dentro de las instituciones.

[Ana María PRESTA. “Prólogo”, in Marcelo REY. El copista. Gaspar García Viñas entre la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires: Teseo, Biblioteca Nacional, 2013, pp. 13-17]

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