Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

✍ Mercaderes y banqueros de la Edad Media [1956]

mercaderes-y-banqueros-de-la-edad-media-jacques-le-goff_MLA-O-3117427133_092012El mundo medieval, como libro tras libro reivindica el gran historiador francés Jacques Le Goff, no estaba compuesto solamente por campesinos, monjes y caballeros, aunque a veces pudiera colegirse eso de sus estampas. La idea de la Edad Media como una época atrasada y oscura ha dejado paso en los últimos años a la consideración del Medioevo como un momento de fuerte experimentación económica, social, cultural y artística. Las desmitificaciones por parte de los historiadores son continuas. Ni tan siquiera existió el famosísimo derecho de pernada, como recordaba hace no tanto tiempo en este diario el medievalista Giuseppe Sergi, en una excepcional entrevista de otro reconocido colega, José Enrique Ruiz-Domenec. “Mercaderes y banqueros de la Edad Media”, de Jacques Le Goff, recuperado ahora por Alianza Editorial, forma parte de este proceso de revisitación del largo y discutido período, abordando en este caso algunas de sus figuras menos conocidas, sus estrellas económicas, a través de sus técnicas de trabajo, de su papel social y político, de su importancia para la cultura o de sus supuestos choques con la doctrina católica. El resultado es tanjacques-le-goff-mercaderes-y-banqueros-de-la-edad-media_MLA-O-3133871159_092012 gratificante como esclarecedor. Aquellos “mercatores” eran posiblemente, por métodos y comportamientos, los primeros capitalistas. Y, también frente al mito, Le Goff destaca que ni las normas de las corporaciones locales, normalmente controladas por ellos mismos, ni los preceptos religiosos supusieron en general ningún obstáculo serio para sus negocios. No sólo eso: la religión no era óbice para casi nada, pues como recoge el libro, los contactos comerciales con el mundo islámico se mantenían muchas veces durante las cruzadas, en medio de una de las cuáles un mercader musulmán de Túnez y otro cristiano de Pisa se escribían afectuosísimas cartas de negocios. Nada de extrañar si se considera, como aventura el medievalista francés, que “fue la constitución del Islam lo que, lejos de separar a Oriente y Occidente, reunió a dos mundos y creó, gracias a sus grandes centros urbanos de consumo, una petición de productos que fue el origen del renacimiento comercial del Occidente bárbaro”. Ciertamente, la demanda de cereales, pieles y esclavos que reclaman las grandes metrópolis musulmanas sería uno de los motores de la revolución comercial que experimentó la cristiandad medieval entre los siglos XI y XIII. La paz y el final de las invasiones posibilitan que en el norte de Italia y en el de Alemania nazcan poderosas ciudades comerciales, avanzadillas de la Europa cristiana a los dos polos del comercio internacional del momento: el Mediterráneo musulmán y Le-Goff-Jacques-Marchands-Et-Banquiers-Du-Moyen-Age-Que-Sais-Je-699-Livre-687517860_MLEscandinavia. Nace, pues, un mercader itinerante, que hacia los últimos siglos de la Edad Media, el XIV y el XV, ya será sedentario y habrá desarrollado, especialmente en Italia, instituciones como los seguros, la letra de cambio o la contabilidad. Los poderes públicos de la época, considerados habitualmente como limitadores de la actividad emprendedora, en realidad la favorecieron. Luis XI fue llamado “el rey de los mercaderes”. Las interrelaciones entre el poder y el dinero del comercio y la banca comenzaban a ser básicas. La burguesía mercantil, los Médicis, los Spinola, los Alberti, los Ziani, los Balbi o los Grimaldi, ejercen el poder en las ciudades y constituyen una verdadera clase, dotada de un espíritu de clase. Dictaminan incluso los impuestos, eximiéndose de ellos y vaciando de vez en cuando las arcas públicas. Al principio por impotencia, y más tarde por convicción, la Iglesia acabará dando su respaldo a las actividades de estos buscadores de lucro. Primero, porque ese afán de lucro lleva al bien común, proveyendo a los países de lo que necesitan. Segundo, porque reconocen la interdependencia de los países y de las naciones desde el punto de vista económico: el gran comercio internacional es una necesidad querida por Dios. “Ingresa en el ámbito de la7256a-800x800 Providencia”, dice Le Goff. En cuanto a la cuestión más polémica, la naturaleza capitalista de este mercader medieval, el autor asegura que ciertamente no hay que olvidar que la economía de la época es fundamentalmente rural, que en las ciudades predomina el artesanado y que los grandes negocios no son más que una capa superficial. Pero para muchos ya el mercader medieval inicia la concentración de los medios de producción en manos privadas y “por la masa de dinero que maneja, por lo dilatado de sus horizontes geográficos y económicos, por sus métodos comerciales y financieros, el mercader-banquero medieval es una capitalista. Lo es asimismo por su espíritu, por su género de vida y por el lugar que ocupa en la sociedad”. Sin duda, una estampa menos tópica de la oscura Edad Media que nos enseñaron.

[Justo BARRANCO. “Los primeros capitalistas”, in La Vanguardia (Barcelona), 6 de junio de 2006, p. 27]

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