✍ Costumbres en común [1991]

por Teoría de la historia

9788474236286Costumbres en común -editado en su original inglés en 1991- constituyó sin dudas por muchos años el libro más esperado de Edward Thompson. Y ello tanto por el interés de sus temas y los antecedentes del autor como por el evidente deseo de muchos de sus colegas de recuperar a un Thompson historiador, dedicado durante un largo período de su vida a la militancia en el movimiento pacifista y antinuclear e incluso inclinado hacia la literatura. Fue el último libro publicado durante su vida, al que siguió solamente el póstumo Witness against the Beast, sobre William Blake -por otra parte un título emblemático al que podrían reconocérsele connotaciones autobiográficas-. Difícilmente los lectores encuentren en Costumbres un “último Thompson” sustancial o al menos formalmente diverso de sus anteriores escritos. Vuelve aquí a estudiar una “cultura tradicional rebelde” de la plebe inglesa, que se desarrollaría en el marco de una “hegemonía cultural” de la gentry, con las herramientas conceptuales de un materialismo histórico y cultural según el cual “las ideas y los valores están situados en su contexto material, y las necesidades materiales están situadas en un contexto de normas y expectativas” (1). En suma, facetas de un tema ampliamente trabajado en diversos artículos, en parte publicados en español por Editorial Crítica bajo el titulo de Tradición, revuelta y consciencia de ciase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial. Barcelona, 1979. Escrito en un dilatado lapso de veinte años, en forma intermitente y en contextos variados, el libro se presenta como una colección de capítulos sobre temáticas estrechamente vinculadas con un argumento central. Desde la introducción, Thompson se preocupa por explicitar el hilo conductor de los diversos textos, avanzando la tesis de que la conciencia de la costumbre y los usos consuetudinarios de los trabajadores del siglo XVIII e inicios del XIX era especialmente fuerte. Discute entonces la noción de un éxito claro de las presiones ejercidas desde las capas altas de la sociedad para reformar la cultura popular a lo largo de todo el siglo XVIII, a la vez que afirma la empecinada resistencia de las tradiciones populares -algunas en rigor de reciente invención- y el creciente distanciamiento cultural entre patricios y plebeyos. Fiel a sus concepciones iniciales, no tiene inconvenientes en recalcar una vez más el carácter clasista de esa división, guardándose sin embargo de generalizaciones sobre el campo de la cultura. Se preocupa por situar la discusión sobre las culturas patricia y plebeya en contextos históricos particulares, recorriendo diversos temas en los cuales puede rastrear la función y modificación de los elementos constituyentes de la identidad social, recurriendo a un acervo documental notoriamente ampliado e integrando al análisis observaciones ocasionales pero precisas sobre fuentes icónicas. El estudio “Patricios y plebeyos” recoge pasajes de “Patrician society, plebeian culture” y de “La sociedad inglesa en el siglo XVIII: ¿lucha de clases sin clases?” publicados originalmente en 1974 y 1978. Está dedicado a analizar las relaciones entre una gentry primordial pero no únicamente definida por el acceso a la tierra y una multitud proteica cuyos actos tienen lugar siempre en contextos específicos definidos por el equilibrio local de fuerzas. Atento al despliegue temporalmente situado de los conflictos, Thompson insta empero a no pasar por alto los fuertes controles económicos de la unidad doméstica y la efectiva hegemonía de la gentry sobre la vida política por lo menos hasta 1790, posponiendo hasta Peterloo (1819) y los motines del Capitán Swing (1830-1833), la crisis del paternalismo ejercido sobre el amplio espectro social que abarcaba desde “los pobres” hasta la pequeña gentry y los profesionales. Destaca además dos aspectos que reafirman la relativa autonomía cultural de la plebe del XVIII los cuales serían la progresiva decadencia del dominio “mágico” de la Iglesia y sus rituales y la datación -aún incierta- de un tradeunionismo pleno hacia el 1700. La polarización de intereses antagónicos y su correspondencia dialéctica en la cultura se estudia en el ámbito de una reciprocidad gentry-multitud en la cual cada parte es, hasta cierto punto, prisionera de la contraria en una contienda simbólica. De manera evidente, “Patricios y plebeyos” es un capítulo programático en el que surgen no sólo todos los aciertos de Thompson en el análisis de los conflictos socio-culturales ingleses del siglo XVIII , sino también sus limitaciones al excluir explícitamente elementos como el comercio y la manufactura o la construcción del imperio ultramarino (2). El siguiente trabajo es “Costumbre, ley y derecho comunal”, y en él analiza las formas comunales como concepto alternativo de posesión, transmitidas en la costumbre como las “propiedades de los pobres”. Confronta permanentemente lo consuetudinario, la “costumbre” -clarificada desde el concepto de habitus de Pierre Bourdieu como un entorno vivido-, el derecho comunal y la Common Low. Entre prácticas agrarias y poder político identifica un “área de fricción” en la que se encuentra la costumbre como escenario del conflicto de clases. “La economía ‘moral’ de la multitud en la Inglaterra del siglo XVIII” se transcribe sin alteraciones con respecto a su versión original de 1971 y va seguido de un capítulo denominado “La economía moral revisitada” (que bien podría llamarse “La economía moral confirmada”). Allí Thompson despliega sus más brillantes dotes de polemista -como ya lo observara José Sazbón en el número citado de El Cielo por Asalto- dedicándose en particular a clarificar el papel de las mujeres en la producción, el mercado y los motines, y a discutir una definición de la “economía moral” que se ocuparía de la forma en que se negocian las relaciones entre las clases en contextos en los cuales la hegemonía no se impone ni discute. Viene a continuación otro artículo publicado sin cambios: “Tiempo, disciplina de trabajo y capitalismo industrial” de 1967, incluido como “La economía moral de la multitud” en el ya aludido Tradición, revuelta y consciencia de clase, en tanto que cierran el libro dos estudios sobre rituales elaborados y multiformes: “La venta de esposas” y “La cencerrada” el último de los cuales recoge partes de “Rough music. Le charivari anglais” de 1972. Estos dos últimos capítulos le permiten analizar los modos de autocontrol social y moral de clase a partir de las ceremonias y rituales. Conservadora en muchas de sus formas, la cultura plebeya se muestra igualmente en estos textos como otra cultura distinta de la normada por la Iglesia o la autoridad civil, que fácilmente puede transitar hacia el conflicto abierto en las calles, posadas y mercados o ser materia de los tribunales oficiales. “La venta de esposas” da cuenta de lo que se ha dado en llamar una tradición inventada que, usando los simbolismos del mercado, oficia en cierto modo de mecanismo extremo de divorcio popular, en tanto que “La cencerrada” se dedica a un ritual ampliamente abordado por loslib-costumbres-en-comun-978848432033 historiadores de la cultura popular -especialmente para el caso francés-. Además de la ya apuntada cualidad de Thompson para demoler sin eufemismos a sus adversarios -notoriamente, S. P. Menefee en el primer caso y Claude Lévi-Strauss en el siguiente-, destaca aquí un magnífico trabajo en longue durée: los ejemplos aducidos en la interpretación abarcan desde mediados del siglo XVI hasta las décadas de 1920-30 sin que falten las observaciones sobre las profundas modificaciones en la función y características de las prácticas. Por otro lado, se deja ver como una profunda falencia la carencia de una visión teóricamente sólida de las relaciones entre los sexos. Aun cuando Thompson pueda ironizar fácilmente sobre las anteojeras de ciertas versiones feministas y no reduzca los contenidos culturales de lo sexual, se evidencia que no dispone de una visión clara de las funciones ligadas al sexo, lo que lo lleva a diluir toda diferencia en la síntesis de la clase. Adicionalmente, no quedan claros los contenidos que el autor le da a términos como “patriarcal” o “patriarcado”, habida cuenta de sus usos divergentes en “Patricios y plebeyos” y “La venta de esposas”. En los nuevos artículos y en aquellos reelaborados se denota una sutil diferencia con respecto a otros trabajos del mismo autor: un tenue esfuerzo por validar su argumentación con referencias teóricas. Entre éstas pueden mencionarse la ya aludida inclusión de Bourdieu -mejor comprensible si recordamos su rescate en Miseria de la teoría (3)-, el intento de cotejar su propia visión de los carriles por los que se construye la identidad social con la visión gramsciana de los Cuadernos de la cárcel, un acotado y preciso uso de Marx y, principalmente, una reveladora aceptación de la crílica de Carlo Ginzburg a “mi empirismo amorfo y mi obsesión por las funciones manifiestas” de Rough music que lo lleva a admitir una vinculación entre formas y funciones en la mediación de los ritos. El acercamiento de posiciones y un intercambio sincero no fueron extraños a un Thompson muchas veces presentado como un mero francotirador intransigente (4). Pero las alusiones a otros marcos analíticos no deberían obnubilarnos: nuestro autor constituye en sí mismo un universo teórico autocentrado y referible únicamente a la tradición intelectual que buscaba defender en Miseria de la teoría. Retoma en Costumbres en común algunos de los conceptos que dieron amplia repercusión a su obra, como ser los de “campo de fuerzas” social, hegemonía, reciprocidad y -siempre latente- experiencia (5). Pero la articulación conceptual más relevante es aquí la de costumbre y cultura. El término costumbre es permanentemente contextuado, aún cuando desde el inicio se destaca que durante siglos se usó para expresar una parte de lo que ahora se definiría como cultura en el sentido de componamiento, hábito, ambiente y mentalité. En la base del concepto de costumbre que Thompson utiliza se encuentra la noción de una experiencia y un aprendizaje compartidos en el seno de la clase, a partir de usos, ceremonias y símbolos que la vinculan y diferencian en el campo social. La costumbre, luego, es también una retórica de legitimación de las prácticas y derechos de la clase en constante flujo. La concepción de un dinamismo histórico empíricamente constatable lo lleva a impugnar la utilidad de un concepto de cultura como “sistema de significados, actitudes y valores compartidos y las formas simbólicas (representaciones, artefactos) en las cuales cobran cuerpo” -en la ya famosa definición de Peter Burke- por sugerir una visión demasiado consensual y estática, prefiriendo otorgarle al término un sesgo centrado en el conflicto, las fracturas y las oposiciones dentro del conjunto. La costumbre estaría entonces revistiendo, caracterizando y vehiculizando culturas definidas por un posicionamiento y una contradicción de clase. Quizás para Thompson toda alusión a un “sistema” tenía una inaceptable connotación estructuralista, pero no puede negarse que la noción de la cultura como un campo de conflictos horizontales y verticales en el cual se dirimen la autoridad simbólica y la hegemonía cultural tiene evidentes ventajas hermenéuticas y expositivas, que el autor sabe explotar. El resultado general es una prueba más de una historia dinámica que enlaza lo cultural, lo social y lo económico sin distinción de “niveles” o “estructuras”, en un esquema interpretativo, comprensivo y relacional. Más allá de su amplia erudición, de sus referencias teóricas y del ingente trabajo de archivo que presupone, Costumbres en común muestra entre los pliegues de la profesión a un Thompson intelectual. No mero historiador, sino humanista convencido y comprometido con la acción en beneficio del futuro: una 61vB5P9MxrL._SY300_acción que se hace en el presente y en el pasado. Por eso la reiteración de una visión posicionada, sin desconocer manifestaciones populares como el partidismo, el entusiasmo patriótico, la xenofobia o el fanatismo religioso, prefiere estudiar las prácticas en las que se denote la volatilidad de la multitud, los motines, protestas, conflictos y divergencias. Bucear en esos espacios significó para Thompson un rescate de las necesidades, expectativas y códigos de una “naturaleza humana precapitalista”, que explícitamente ensambló con el imperativo de proponer una nueva clase de “conciencia consuetudinaria” en oposición al poder de los Estados capitalistas y comunistas. De hecho, Thompson nunca aceptó la posición esquizofrénica de reconocerse por separado historiador y socialista, dividiendo competencias en distintos órdenes de la vida. La negación de la profesión entendida como coto cerrado de los especialistas en cosas muertas era congruente con su frecuente alejamiento de cátedras y archivos. En un juego de distanciamientos y acercamientos, mantenía en una tensión dialéctica su relación con sus colegas y su vinculación con el mismo pasado. Si Costumbres en común representa algo así como la reafirmación del legado historiográfico de E. P. Thompson en la época del neoliberalismo y del pensamiento fragmentario, podemos decir que constituye un legado fuerte, denso, no sólo por su interés disciplinario sino sobre todo por su posicionamiento moral.

NOTAS. (1) E. P. Thompson en Hobsbawm, E. y otros. “Agendas para una historia alternativa”, en El Cielo por Asalto, nº 6, Buenos Aires, Verano 1993/1994, pág. 30. Nótese además el decidido rechazo de un supuesto “culturalismo” en E.P. Thompson, “La política de la teoría”, en R. Samuel (ed.), Historia popular y teoría socialista, Crítica, Barcelona, 1984, especialmente págs. 301-305. (2) La desatención de Thompson a los problemas derivados del desarrollo del mercado con relación a la cultura de las clases trabajadoras ha sido observada por H. Mediek, “Plebeian culture in the transition to capitalism”, en R. Samuel, and G.S.Jones (eds.), Culture, ideology and politics. Routledge & Kegan Paul, London, 1982, págs. 84-112. (3) E.P. Thompson, Miseria de la teoría, Critica, Barcelona, 1981. Nótese el aprovechamiento conceptual de Bourdieu que Thompson realiza en Costumbres en común, en comparación con su uso ilustrativo -podría decirse, anecdótico- en “Tiempo, disciplina de trabajo…”, de 1971. (4) Cf. vg. la actitud observada por J. Sazbón, “Dos caras del marxismo inglés. El intercambio Thompson-Anderson”, en Punto de Vista, nº 29, Buenos Aires, abril-junio de 1987, con una valoración positiva del debate y de un cierto acercamiento de posiciones. (5) Para el marco general del análisis thompsoniano en cuanto a los conceptos de clase y experiencia nos remitimos a M.A. Cainzos López, “Clase, acción y estructura: de E. P. Thompson al posmarxismo”, en Zona Abierta, nº 50, Madrid, enero-marzo de 1989, págs. 1-9, quien destaca con acierto las limitaciones del autor bajo estudio para la construcción de una teoría de la acción social en el marco de un materialismo histórico reformulado.

[Luciano P. J. ALONSO. “Costumbres en común, de E. P. Thompson, Ed. Critica, Barcelona, 1995” (reseña bibliográfica), in Estudios Sociales (Santa Fe), vol. X, nº 1, 1996, pp. 231-234]

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