Teoría de la historia

Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González". Departamento de Historia ● Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

Categoría: ␥ FILÓSOFOS DE LA HISTORIA, CIENTÍFICOS SOCIALES Y TEÓRICOS DE LA LITERATURA

➻ Margaret Mead [1901-1978]

133556-004-E2EC66E2Los aportes que Margaret Mead realizó a la teoría social a partir de sus estudios antropológicos son sustanciales. Su perspectiva de investigación influida por Ruth Benedict la orientó a desmontar mitos y prejuicios arraigados en la cultura occidental respecto de las poblaciones de regiones como las islas polinesias y otros territorios bajo dominio colonial. Margaret Mead nació en la ciudad estadounidense de Filadelfia, estado de Pensylvania, el 16 de de diciembre de 1901. Su padre era profesor universitario y su madre un activista social reconocida por la defensa de los derechos femeninos. Margaret finalizó sus estudios en 1923 en el Barnard College, doctorándose en 1929 en la Universidad de Columbia. En el año 1925 se publicaron sus investigaciones de trabajo de campo en la Polinesia, el libro Adolescencia y cultura en Samoa. En el prólogo a la edición de 1939, de Adolescencia y cultura en Samoa, Mead aclara que se compilan en ese volumen tres ensayos: Adolescencia y cultura en Samoa, Educación y cultura en Nueva Guinea y Sexo y temperamento. Dice allí la autora: “Me parece razonable reunir estos libros en un solo volumen, ya que están constituidos por una serie de estudios realizados desde 1925 hasta 1933, acerca de algunos pueblos primitivos de los Mares del Sur, y además expresan un punto de vista único aunque progresivo, y son resultado de un común método de enfoque. En los tres libros he considerado las estructuras de estas sociedades primitivas –tan diferentes de nuestra cultura y entre sí– desde la ventajosa posición de un grupo de edad determinada, cuyos miembros estudié en detalle, con el propósito de ver toda la cultura a través de su mentalidad. En Samoa me especialicé en la joven adolescente; pero el estudio del grupo de edad preadolescente, que utilicé en dicha isla como mero eslabón inicial, me pareció tan importante para la comprensión del desarrollo del carácter en función de la cultura, que en mi excursión siguiente al pueblo de Manus, de las islas Almirante, en Nueva Guinea, retrocedí al estudio de la edad preescolar dedicándome a la investigación del grupo preadolescente como próximo punto de atención. Finalmente, en mi tercera excursión me detuve particularmente en los niños muy pequeños y en el estudio especial de las formas maduras de carácter mostradas por los hombres y mujeres adultos”. Continúa Mead: “Cuando cotejo la conducta de una niña de Samoa con una de Manus, hago comparaciones solamente dentro de mi propio conjunto de observaciones que deben ser aceptadas o rechazadas en función de la consistencia íntima del cuadro que presentan. Este método, por el que un observador encara por sí solo un problema tal como el de la formación del carácter dentro de la cultura, fue útil en tanto el campo era inexplorado y los problemas tan desconocidos que sólo podían ser tratados a grandes rasgos, cuya amplitud, digámoslo de paso, torna mucho más asequible y eficaz el material para el lector medio y el estudioso de ciencias afines”. Corresponde señalar que en los sucesivos trabajos de campo, Mead operó en equipo con otros y otras investigadores de la antropología, taquígrafos mecanógrafos y hasta camarógrafos para filmar a los pobladores nativos. Su inquietud al escribir Adolescencia y cultura en Samoa era responder a las siguientes preguntas: ¿Qué es la naturaleza humana? ¿Hasta qué punto es flexible? ¿Qué es lo que podemos aprender sobre sus límites y su potencialidad estudiando sociedades tan diferentes y más simples que las occidentales? Las conclusiones de Margaret Mead generaron múltiples polémicas, ya que pusieron en cuestión ciertas afirmaciones acerca de la personalidad adolescente de la cultura occidental como el complejo de Edipo y el de Electra enunciados por Sigmund Freud. En efecto, al no existir en las sociedades consideradas primitivas por el etnocentrismo occidental y represión sexual para los/las jóvenes y estereotipos acerca del éxito económico y la competencia, el desarrollo de las personalidades y caracteres es muy diferente y se orienta a la cooperación y el apoyo mutuo en las comunidades. A partir de 1926, Mead se incorporó al equipo del Museo Americano de Historia Natural, ubicado en New York, ámbito donde fue directora de etnología entre 1946 y 1969. También ejerció la docencia siendo profesora adjunta desde 1954 en la Universidad de Columbia. Dedicó sus estudios continuando la línea de su referente Ruth Benedict a problemáticas como la educación infantil y los conflictos entre personalidad y cultura. Margaret Mead estuvo unida un tramo de su vida con Gregory Bateson, científico social, lingüista, antropólogo y estudioso de la comunicación y la cibernética. En su Mensaje de las nuevas generaciones Mead dijo entre otras cosas: “Hasta hace muy poco tiempo, los mayores podían decir: ¿Sabes una cosa? Yo he sido joven y tú nunca has sido viejo. Pero ahora los jóvenes pueden responder: Tú nunca has sido joven en el mundo en el que yo lo soy, y jamás podrás serlo”. Esta mujer libre y erudita legó a la especie humana importantes trabajos que aún despiertan polémicas. Falleció en la ciudad de New York el 15 de noviembre de 1978.

[Carlos SOLERO. “Margaret Mead: antropología pensada como desmitificación”, in El ciudadano & la gente (Rosario), 2 de diciembre de 2013]

➻ Boaventura de Sousa Santos [1940]

imagesAcadémico portugués, experto en el campo de las ciencias sociales, particularmente en las áreas transdisciplinarias del derecho, la sociología, la economía y la epistemología, es el ganador del Premio México de Ciencia y Tecnología 2010, por sus numerosas investigaciones comparativas, dirigiendo equipos multidisciplinarios, sobre diversos temas de su especialidad en países europeos, africanos y de América Latina. Además de su crítica al derecho como instrumento de dominación y control, basado en diversas investigaciones de campo en distintas áreas del mundo, ha abierto nuevos caminos del análisis crítico y de la investigación participativa. La obra de De Sousa Santos ha influido en el pensamiento social crítico contemporáneo, rompiendo con las teorías postmodernas más convencionales y profundizando en la crítica radical de los enfoques hegemónicos con el rescate de conceptos tales como la emancipación y la interculturalidad. Boaventura de Sousa Santos nació en Coímbra, Portugal el 15 de noviembre de 1940. Cursó su doctorado en Sociología del Derecho en la Universidad de Yale, siendo una de sus principales preocupaciones el acercamiento de la ciencia de “sentido común” con vista a ampliar un acceso al conocimiento. Sus escritos se dedican al desarrollo de una Sociología de las Emergencias, que pretende valorizar las más variadas gamas de experiencias humanas, contraponiéndose a una “Sociología de las Ausencias”, responsable del desperdicio de la experiencia. Sus numerosas investigaciones han concluido en diversas publicaciones en portugués, español, inglés, alemán y francés, y han contribuido a redefinir la orientación del pensamiento social contemporáneo, con fuerte impacto en América Latina. Defensor de la idea de que los movimientos sociales y cívicos fuertes son esenciales para el control democrático de la sociedad y el establecimiento de formas de democracia participativa, fue inspirador y miembro fundador en 1996 de la Asociación Cívica Pro Urbe (Coimbra). Es director del Centro de Estudios Sociales y del Centro de Documentación 25 de Abril de la Universidad de Coímbra. Es profesor distinguido del Institute for Legal Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison. Es actualmente uno de los principales intelectuales en el área de ciencias sociales, con reconocimiento internacional, con especial popularidad en Brasil, principalmente, después de su participación en varias ediciones del Foro Social Mundial en Porto Alegre. Es uno de los académicos e investigadores más importantes en el área de la sociología jurídica a nivel mundial. Su trayectoria reciente está marcada por la cercanía con los movimientos organizadores y participativos del Foro Social Mundial y por su participación coordinando la elaboración de una obra colectiva de investigación denominada “Reinventar la Emancipación Social. Para Nuevos Manifiestos”. Algunas de sus publicaciones son: “Democratizar la democracia: los caminos de la democracia participativa” [México, Fondo de Cultura Económica, 2004], “Una epistemología del Sur. La reinvención del conocimiento y la emancipación social” [Buenos Aires, CLACSO, Siglo XXI, 2009], “Sociología jurídica crítica. Para un nuevo sentido común en el derecho” [Madrid: Trotta, 2009], “Refundación del estado en América Latina. Perspectivas desde una epistemología del Sur” [Lima, Instituto Internacional de Derecho y Sociedad, 2010], “La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrática y emancipatoria de la universidad” [Montevideo, ediciones Trilce, 2010].

[Fuente: Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República de México. Consejo de Premiación]

➻ Sergio Eduardo Visacovsky [1959]

007aSergio Eduardo Visacovsky es Doctor en Antropología Cultural por la Universidad de Utrecht, Países Bajos (2001), y graduado en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires (1987). Es Investigador Independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Ha sido profesor regular de la Universidad de Buenos Aires, y profesor regular e invitado en diversas instituciones académicas nacionales y extranjeras. Actualmente, es profesor de la Maestría y el Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de General Sarmiento e IDES, y de la Maestría en Antropología Social del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín e IDES. Ha estudiado los procesos de construcción de la memoria colectiva en la Argentina; problemas epistemológicos y metodológicos en antropología y ciencias Sociales, en particular la metodología del trabajo de campo etnográfico; y las prácticas intelectuales y profesionales, específicamente la historia y conformación del campo de la Antropología Social en la Argentina, y del campo psiquiátrico y psicoanalítico en la Argentina y en España. Sus intereses actuales están orientados al estudio de los procesos económicos y culturales de conformación de clases medias; de las reacciones y experiencias colectivas ante las crisis sociales; y al lugar de las esperanzas, expectativas e imágenes de futuro en los procesos de movilidad social. Es autor de: El Lanús. Memoria y política en la construcción de una tradición psiquiátrica y psicoanalítica argentina (Buenos Aires, Alianza Estudio, 2002). Y compilador de: con Rosana Guber, Historias y estilos de trabajo de campo en la Argentina (Buenos Aires, Antropofagia, 2002); con Enrique Garguin, Moralidades, economías e identidades de clase media. Estudios históricos y etnográficos (Buenos Aires, Antropofagia, 2009); y Estados críticos. La experiencia social de la calamidad (La Plata, Ediciones Al Margen, 2011).

[Fuente: Instituto de Desarrollo Económico y Social]

➻ Stuart Hall [1932-2014]

Stuart_jovenStuart Hall, influyente teórico social de origen jamaicano que fue una lúcida conciencia crítica de la izquierda británica durante más de medio siglo, falleció el pasado 10 de febrero, justo una semana después de cumplir 82 años. Acosado por problemas renales en sus últimos tiempos, hacía pocos años se había sometido a un trasplante de riñón. Hall fue el iniciador de la escuela conocida como “estudios culturales” y fundó la revista New Left Review, uno de los principales órganos de renovación y expresión de la nueva izquierda. Nació en Kingston, Jamaica, en una familia de orígenes étnicos muy variada. “Éramos en parte escocés, en parte africanos, en parte judíos portugueses… yo era el más negro de la familia”, recordaría Hall en una entrevista. Era una familia razonablemente bien situada, pero marcada por lo que para el autor era una “pigmentocracia” asfixiante. Estudió en una institución de la más rancia raigambre inglesa, el Jamaica College de Kingston, y se vinculó a la lucha anticolonialista. A los 19 años Hall desembarcó en Reino Unido gracias a la beca Rhodes que obtuvo para estudiar Literatura en la Universidad de Oxford. Se establecería en el país el resto de su vida, viviendo una cultura que conocía íntimamente, pero en la que siempre se sintió como un “familiar extranjero”. Muy pronto, su desencuentro con el rígido ambiente oxoniense le llevaría a abandonar su tesis. En 1956, acontecimientos de cariz diverso (la invasión de Egipto por las antiguas potencias coloniales e Israel durante la crisis del Canal de Suez; por el discurso secreto de Nikita Jruschov sobre los crímenes de Stalin; y el aplastamiento de la rebelión húngara) sirvieron de catalizador para aproximar diversas corrientes distanciadas de la ortodoxia marxista que querían llevar al primer plano de la agenda política los debates sobre las identidades de raza y de género o las reivindicaciones de grupos sociales tradicionalmente marginados. Bajo la etiqueta de Nueva Izquierda, esas tendencias encontraron su principal altavoz en la New Left Review, que Hall fundó y dirigió hasta que, en 1964, tras la publicación de su obra The popular arts (en colaboración con Paddy Whannel) fue llamado a colaborar en el Centro de Estudios Culturales (CCC, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Birmingham por el fundador y primer director del centro, Richard Hoggart. Hoggart había acuñado el término “estudios culturales” para referirse a la red de significados a través de los que los grupos e individuos crean sus identidades y se comunican entre sí. El enfoque de Hoggart y Hall, que en 1968 asumió la dirección del CCC, ponía el énfasis en el aparato simbólico de las comunidades y en la canalización de las relaciones de poder. Hall se interesaba fundamentalmente por manifestaciones culturales populares de rango, inferior, cuyo estudio abordaba con herramientas propias de la lingüística, la antropología, la estética y la semiología. Y, sobre todo, le interesaba cómo las relaciones de poder se canalizan y ejercen a través de los resortes culturales de una comunidad. Uno de principales intereses en la perspectiva inspirada por Hall es el estudio de las sociedades multiculturales. El enfoque de Hall hizo fortuna en el mundo universitario, fundamentalmente anglosajón, dando lugar a una explosión de departamentos y centros dedicados a explotarlo, así como a una frondosa literatura, que no raras veces cae en extremos absurdos de los que Hall se distanció con ironía o hastío (“Si tengo que volver a leer otro estudio cultural sobre Los Soprano, tiro la toalla”, comentó). En 1979, Hall dejó el CCC al hacerse cargo de la cátedra de Sociología en la Open University, institución similar a la UOC o la UNED españolas, aunque abierta a alumnos sin previa cualificación académica. Ese mismo año acuñó el término thatcherismo (cuatro meses antes de que la victoria electoral de Thatcher transformara el mapa político, no solo en Gran Bretaña) para referirse al populismo autoritario de la Dama de Hierro. Hall veía prescientemente en ella la encarnación de lo que Hegel llamaba “individuos de la historia universal”, figuras que encarnan fuerzas que les trascienden y que transforman sus sociedades. Tampoco ahorró sus críticas a Tony Blair y el Nuevo Laborismo, que en un principio había despertado sus esperanzas. Tras jubilarse en 1998 de la Open University, Hall dedicó sus últimos años a diversos proyectos artísticos. Una película de John Akomfrah estrenada el año pasado en el Festival de Sundance, The Stuart Hall project, basada en una instalación artística que también le tuvo como protagonista, glosa la figura del influyente y polifacético teórico social británico-jamaicano.

[Jesús ALBORES. “Stuart Hall, mentor de los estudios culturales”, in El País (Madrid), 9 de marzo de 2014]

➻ Gino Germani [1911-1979]

322067w300Gino Germani ha muerto, en Roma, un poco por culpa nuestra. Nació allá hace casi setenta años, y había desarrollado con esa ciudad una entrañable y contradictoria relación. Sus padres tenían la costumbre de mudarse de casa cada par de años, aunque siempre dentro de la ciudad: eso le dio una sensibilidad ecológica que lo acompañaría el resto de su vida. También se le generó en esa época su odio al deporte, resultado directo de los esfuerzos del gobiemo por orientar a la juventud en esa actividad, propia de los pueblos fuertes. Más tarde, como estudiante secundario y universitario, le tocó a Germani participar en esas marchas semimilitares que Mussolini imponía como parte de su estrategia educacional. Las columnas partían en cerrado orden, pero al rato, ganadas por el genio de la raza o el tráfico, se iban desperdigando. Entre los más rezagados siempre estaba Germani, que aprovechaba la confusión para escaparse, con otros compañeros, y perderse en el dédalo de plazas y calles. Era un muchacho, obviamente, con mal pronóstico. Efectivamente, andando el tiempo se metió en líos mayores, y el gobierno lo mandó a una isla, a meditar sobre la necesidad funcional de la autoridad en toda sociedad bien constituida. No es de extrañar que en ese ambiente, en la interacción con otros confinados, se le fuera madurando su vocación sociológica, que siempre estuvo matizada de un fuerte componente de responsabilidad por el destino de la polis. Cuando salió, de todos modos, consideró que más valía la pena continuar sus meditaciones del otro lado del Atlántico. No se sabe si llamado por unos parientes o por el destino de grandeza que vislumbraba para la Argentina, vino a estas playas y se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras, a complementar sus previos estudios de economía con otros de filosofía. Ahí hizo sus primeras armas como investigador, junto a Ricardo Levene, quien no consiguió inspirarle un excesivo respeto por nuestros historiadores clásicos. Pronto estalló la Segunda Guerra Mundial, con sus repercusiones económicas e ideológicas en la Argentina. En nuestro país, debido a la dificultad que tenían los partidos políticos en actuar como articuladores de intereses, los militares se vieron obligados a reemplazarlos en esta difícil tarea. A Germani esto no le gustó mucho, y menos aún cuando las masas populares se sumaron al proceso. Fue a la plaza el 17 de octubre, pero como curioso: ya entonces sostenía que el investigador científico puede actuar y opinar independientemente de las ideologías y los partidos. Viendo a la gente ahí congregada, se dijo a sí mismo: “Estos, a pesar de lo que dicen mis amigos, lumpen, realmente, no son”. A lo que luego agregaría: “Este gobierno, fascista, lo que se dice propiamente fascista, no es”. Años más tarde traduciría estas intuiciones en un artículo seminal, “La integración política de las masas y el totalitarismo”, basado en una conferencia dada en el Colegio Libre de Estudios Superiores en 1954. Este trabajo, luego ampliado y complementado en su libro “Política y sociedad en una época de transición”, fue prácticamente uno de los primeros intentos de “reinterpretar” o “entender” al peronismo desde lo que ampliamente puede llamarse la izquierda liberal a la cual pertenecía -con cada vez mayor convicción- su autor. Cuando la universidad se abrió en 1955, una constelación de factores -presión estudiantil, optimismo respecto a la disciplina entre los que orientaban a la universidad y el prestigio de Germani- produjo la creación del Departamento de Sociología en la Facultad de Filosofía y Letras. Germani hasta ese momento se había visto obligado, como tantos otros, a ganarse la vida en tareas extrasociológicas, que le dieron de todos modos una buena perspectiva de la industria editorial, de la contabilidad (su título italiano lo habilitaba como “ragioniere”, profesión que odiaba) y de las sutiles artes de cómo manejar una oficina. Durante esos años se las ingenió para encontrar tiempo para publicar su “Estructura social de la Argentina”, para dirigir colecciones que actualizaran en algo el alimento intelectual de sus nuevos conciudadanos, y para mantenerse al tanto de las diversas corrientes sociológicas mundiales. Se convirtió, a través de seminarios y grupos de estudio, en difusor del pensamiento de Weber, Parsons y Manheim, lo que siguió haciendo luego desde el Departamento de Sociología. Este último fue una creación típica de esa época, y brilló intensamente por diez años, produciendo escozores y malentendidos en los más diversos lugares. El tipo de estímulo intelectual y creatividad que existió en ese entonces es difícil de concebir hoy día. Quizás había algo de inmadurez en ese ambiente. Para muchos, “el departamento” era una mezcla de club, partido político, iglesia, laboratorio, barra de la esquina, café de barrio y muchas otras cosas más. Para Germani tenía que ser -y es lo que realmente fue en su tiempo, a pesar de amigos simplistas y adversarios mal informados- escuela de pensamiento crítico sin concesiones a las propias o las ajenas ilusiones. Muchos que pasaron por sus aulas dejaron ahí pedazos de sí mismos. Llevaba tiempo reponerse de un “No, no es así” de Germani. Pero las condiciones ambientes eran muy difíciles, y al final Germani decidió aceptar un ofrecimiento muy tentador de la Universidad de Harvard, no sin antes hacer una última contribución, al promover la creación del Centro de Sociología Comparada del Instituto Di Tella. A pesar de los vínculos de todo tipo que siempre mantuvo con el país, ausente su influencia directa desde 1966 y destrozado el Departamento por los acontecimientos de ese año, lo que allí ocurrió después poco o nada tiene que ver con las enseñanzas de quien fuera su creador. En los últimos años Germani se había trasladado a vivir a Roma, manteniendo sus tareas en Harvard por parte del año. Se interesó cada vez más en el estudio de la agitada historia política de esas dos duras madres que hemos tenido, España e Italia. Además siguió pensando y escribiendo sobre la Argentina, reactualizando sus análisis empíricos y teóricos sobre los orígenes del peronismo. Extrañaba al país, pero no sé si se puede decir que lo quiso. Eso sí, contribuyó materiales para crear su futuro, que a lo mejor llega a ser lo que él creyó de joven que podría ser.

[Torcuato DI TELLA. “Gino Germani (1911-1979)”, in Desarrollo Económico (Buenos Aires), vol. XIX, nº 74, julio-septiembre de 1979, pp. 275-277]

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