✍ El copista. Gaspar García Viñas entre la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras [2013]

por Teoría de la historia

9789871867868_frontcover-665x1024Las Bibliotecas Nacionales de numerosos países europeos, y también algunas de Latinoamérica, albergan, además de libros, folletos, periódicos y mapas, colecciones de documentos originales que hacen al acervo histórico o que denotan cierta especialización institucional en la guarda de la memoria de un período específico del derrotero histórico nacional. Sin ser una excepción, nuestra Biblioteca Nacional, en su Sala de Reservados, no sólo atesora incunables y libros raros o curiosos, sino también una impresionante colección de documentos para la historia argentina procedentes del Archivo General de Indias y que fueran paleografiados, copiados y mecanografiados por Gaspar García Viñas, funcionario de la institución que pasó largos años trabajando en la sede de ese repositorio mayor que concentra documentación invalorable acerca de nuestro pasado colonial y del de las otrora llamadas “posesiones españolas de ultramar”. Allí, en el corazón de Sevilla, se erige ese monumento al pasado colonial español y a la memoria histórica de la identidad colectiva latinoamericana y filipina labrada desde el contacto hasta las independencias en el siglo XIX. Allí, en un edificio sito paradójicamente en la Avenida de la Constitución sin número, anonimato que denota su monumentalidad edificada tras los documentos, García Viñas encabezó dos misiones que hoy nombraríamos como de investigación pero que entonces, entre 1910 y 1926, se rotulaban como de copistas. Esos cambios, esas paradojas de la profesión, su mismísima construcción como oficio son los que, más allá de las misiones y la biografía de García Viñas, recupera Marcelo Rey en este libro en el que la historia argentina, los hombres que la construyeron a comienzos del siglo XX, el contexto de producción de sus textos y sus relatos e instituciones como la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires cobran vida y protagonismo tras una investigación que permite articular historia y política en el ejercicio intelectual. El autor, joven investigador egresado de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras y formado en el pasado temprano colonial de los Andes Centrales y Meridionales, realizó este libro luego de finalizar su tarea como becario de la Biblioteca por un año, período en el que no sólo revisó los documentos de la Colección García Viñas de Copias de Documentos del Archivo General de Indias, objetivo inicial de su propuesta, sino que, motivado por la densidad del trabajo de García Viñas y su fina apreciación de una problemática que se le abría más amplia e inclusiva, indagó en la persona, en el hombre y el profesional, profundizó en las motivaciones de las autoridades que ordenaron las sucesivas misiones al repositorio sevillano, se plantó en el contexto político e intelectual de la Argentina de los inicios del siglo XX en que se insertaron esas misiones para, finalmente, articular esos indicadores con la profesionalización del arte de hacer historia. Sin dudas, Rey es exitoso en mostrarnos un sensible cambio de época y el nacimiento de una corriente de pensamiento que aspiraba a plasmar un método asociado a una temática bien precisa en la investigación, a más de reconocer a los copistas, los colaboradores y los autodidactas como protagonistas de la tarea de historiar. Tras la pluma de Rey, Paul Groussac, el director de la Biblioteca Nacional entre 1885 y 1929, es interpretado como respuesta a una corriente historiográfica que no ahorra protagonismo y jerarquía en la autorepresentación y que arrastra a sus colaboradores, verdaderos especialistas más que meros copistas, al anonimato construido desde la ideología y el poder que entonces confería la Dirección de la Biblioteca, cargo desde el cual ejercía señorío intelectual a la vez que replicaba el orden, no sólo intelectual, establecido. Ese lugar silente y de invisible existencia en que Groussac coloca al copista, mero empleado y receptor de órdenes, recién en décadas posteriores habrá de deconstruirse y re significarse tras la consideración de García Viñas, en este caso particular, como investigador, ya que fueron su selección, su cuidadosa indagación documental y su conocimiento paleográfico los que se conjugaron para que hoy reconozcamos en la Colección que lleva su nombre la impronta de un autodidacta cuyo trabajo aprovechamos quienes efectuamos nuestras tesis de grado y posgrado sobre diversos aspectos del pasado colonial argentino y americano. Es en ese sentido, y con los objetivos de su investigación personal atada al contexto de su época y de su ideología, que tanto Groussac como Emilio Ravignani y su colaborador José Torre Revelo aspiran a completar una heurística que conjugue el presente del estado nación con el pasado colonial y la organización jurídica y constitucional de la Argentina, respectivamente. La segunda fundación de Buenos Aires en 1580, organizada y financiada desde Charcas por el riquísimo encomendero y minero Juan Ortiz de Zárate, cuarto Adelantado del Río de la Plata, sirve al propósito hegemónico de derivar la producción de la plata potosina hacia una salida al Atlántico, a la vez que a reactivar las rutas comerciales interregionales y la circulación de bienes hacia el estuario de la abandonada ciudad fundada por Pedro de Mendoza en 1536. Esa jerarquía atlántica y portuaria continuaba abonando las reflexiones de Groussac para cimentar la vigencia de Buenos Aires junto al proyecto de desarrollo de la Argentina agroexportadora. Por otro lado, la Nueva Escuela Histórica indagaba en otras variables para llegar a la construcción y la fisonomía del estado nación. La ley y la legislación coloniales eran un punto de partida para verificar en el constitucionalismo nacional la matriz de la identidad argentina, tarea que abrigó Ravignani al recolectar las bases legales inscriptas en la Recopilación de las Leyes de Indias para traducirlas en sus interminables Asambleas Constituyentes Argentinas. De allí la importancia manifiesta de enviar copistas a los archivos españoles, de tanto una como de otra corriente de pensamiento. El cambio de época del que nos habla Rey se revela tras la adhesión a los postulados de una Nueva Escuela que se plasman en la asociación de Ravignani con García Viñas y Torre Revello -el director del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras y sus copistas-, lo cual se exhibe aquí tras una nutrida correspondencia que el autor recuperó del Archivo de Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” de la misma Facultad. A más de vincularse con sus colaboradores en una relación intelectual y personal más abierta y simétrica, Ravignani reconocía la capacidad y la autonomía de los copistas asignados a los repositorios europeos, prueba de lo cual fue su apoyo a un autodidacta como Torre Revelo para alcanzar la cátedra de Historia de América en Filosofía y Letras. Es en ese sentido que se patentiza otro elemento de ese cambio, el reconocimiento del copista como colaborador y como profesional y la valoración del saber y la idoneidad para llevar a un subordinado al espacio de los pares. El protagonismo omnímodo de Groussac, que no había cejado de apelar hasta la ficción para comprobar sus conjeturas y que había invocado cierta connotación moral en el relato, dejaba paso a la construcción paulatina de una tarea, la de hacer Historia con método, compartida entre colegas y especialistas de una naciente profesión al servicio de una misma institución. Finalmente, las páginas que se abren a continuación y que nos ha regalado Marcelo Rey dan cuenta de cuán articulado está el trabajo del historiador con el contexto de producción de su obra, cuánto incide la realidad que se transita con los intereses y los temas de investigación y cuán presente está la ideología en la producción intelectual y en la construcción de los vínculos personales dentro de las instituciones.

[Ana María PRESTA. “Prólogo”, in Marcelo REY. El copista. Gaspar García Viñas entre la Biblioteca Nacional y la Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires: Teseo, Biblioteca Nacional, 2013, pp. 13-17]

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