✍ El mundo micénico [1976]

por Teoría de la historia

16070623140La dedicación del profesor John Chadwick a los estudios sobre la Grecia Micénica hacen innecesaria una presentación, puesto que el lector español preocupado por estos temas recordará, sin duda, su obra El enigma Micénico. El desciframiento de la escritura Lineal B, ya publicada en nuestro país. Pero el libro que hoy comentamos supera, con creces, la breve descripción de la sociedad micénica que imponía, en el trabajo anterior, el apretado marco de un capítulo. La visión que ahora nos presenta Chadwick, fruto de un esfuerzo de síntesis que combina la información proporcionada por las tablillas con los datos de la arqueología, permite recrear los elementos estructurales de una sociedad, hasta ese momento, fragmentariamente conocida. Este período histórico parecía estar reducido al dominio de la arqueología cuando, en estrecha colaboración, el autor y un equipo de investigadores trabajaron en la interpretación de los textos que aparecían en la escritura conocida como Lineal B, descifrada por Michael Ventris en 1952. Este sistema gráfico, utilizado por los funcionarios de palacio, acusaba un estrecho parentesco entre Cnosos y el continente «ocultando una forma arcaica de la lengua griega». Descifradas las tablillas, comenzó la superación de ciertos límites en el conocimiento de la Edad del Bronce en Grecia, sólo franqueados hasta entonces por hipótesis revisionales. El resultado que arrojaron las investigaciones no fue, sin embargo, una crónica, ni siquiera una escueta anotación de hechos, sino algo menos alentador, puesto que se trataba de extensos registros de ganados, cereales, instrumentos, paños, esclavos, etc., ordenados cuidadosamente por los escribas. Los nuevos modos de hacer historia señalan, no obstante, el camino interdisciplinar, que permite interrogar desde múltiples ángulos un dato aislado y realizar, con el mayor grado de fiabilidad, una lectura del mismo que permita revelar el papel que desempeñaba en la realidad. Tal como escribía Marc Bloch, «en Historia no nos quedan testigos, sino testimonios». Por consiguiente, en la actualidad el problema básico de los investigadores no consiste en descifrar el caudal de información que ofrece la escritura de estas fuentes; la dificultad radica, realmente, en recoger el mensaje que éstas transmiten y elevarlo a nivel de la mayor claridad interpretativa, valorizando, en consecuencia, el esfuerzo filológico que demandó su traducción. Creemos que el trabajo que comentamos cumple cabalmente ese cometido. En principio, la tarea de reconstrucción y ordenamiento de las diferentes piezas que componían las tabletas, y el análisis de su contenido, demandaron el examen cuidadoso de la forma en que fueron escritas, los materiales e instrumentos utilizados para ese oficio, las circunstancias que determinaron su dispersión, y el cálculo de su probable colocación antes de sobrevenir la catástrofe que destruyó los palacios. Las motivaciones que explican tan ímproba tarea son varias y, en definitiva, ejemplo de una razonada metodología de trabajo. Las tablillas fueron escritas por cierto número de funcionarios. Muchas de ellas se quebraron en varias partes y fue necesario restaurarlas, por lo cual se recurrió al estudio de los trazos de cada pieza para poder diferenciar a sus autores. Más tarde, con la identificación de aquél, y el contenido del texto, se ubicó el trozo que completaba el documento en reconstrucción. Fue necesario, asimismo, restituir cada tablilla a la cesta o «fichero» correspondiente, puesto que, por regla general, las piezas encontradas en cada archivador eran producidas por el mismo escriba y, en consecuencia «dos contenidos completos de cada fichero pueden ser considerados como un solo documento». Las razones eran de vital importancia para el progreso de la investigación en curso, ya que una tablilla ofrecía una lectura similar a la ficha de un sistema de archivo. Registraba, por ejemplo, el nombre de un pastor, el distrito donde apacentaba su rebaño, el dignatario a quien prestaba sus servicios, la cantidad de ovejas a su cuidado, con especificación del número de machos y hembras. «Es evidente a partir de aquí -anota Chadwick- que cuando tenemos que interpretar un documento aislado por regla general es poco lo que podemos hacer; sólo cuando está colocado en su contexto correcto en los archivos, podemos alcanzar su significado». En otras palabras, cuando forma parte de una serie, el documento puede proporcionar datos cuantificables. Un segundo paso, esta vez en el sentido de ordenar sistemáticamente estas cifras y descripciones, fue posible entonces, y a partir de ese procedimiento los textos descifrados configuraron un punto de partida para describir, con mayores detalles, la base material de la civilización micénica. A partir de aquí, nuestro autor propone la elaboración de un modelo con el propósito de presentar la Grecia micénica tal como surge de los materiales producidos por la investigación, al mismo tiempo que rechaza, por considerarla negativa, la actitud «que rehuye incluso idear un modelo por el mero hecho de que no pueden probarse todos sus detalles». Nos encontramos aquí en una frontera móvil situada entre la arqueología y la historia; el desplazamiento de esta frontera depende, en definitiva, de la formación metodológica y la51I6+6--3yL._SX346_BO1,204,203,200_ profundidad de análisis del investigador. Una buena muestra de cómo transitar con resultados positivos en esos límites, nos la ofrece la obra que comentamos aquí. En el primer capítulo del libro el autor nos presenta un esbozo explicativo de la crisis final de Creta y la prehistoria de Micenas, lo que implica un ensayo de reconstrucción histórica para un periodo que va desde el siglo XXII hasta el XVI a .C. Se deben tener en cuenta, empero, las diferentes hipótesis sobre las catástrofes de carácter geológico y político que conoció el mundo cretense y el auge, hacia el siglo XIII a.C., de la civilización micénica hasta su posterior destrucción. A la luz de los datos revelados por el Lineal B, Chadwick somete a examen todos los supuestos hasta ahora formulados acerca de la estructura de esta sociedad. Así,los criterios de clasificación de un edificio como palacio son repautados a la luz de las evidencias que prueban el funcionamiento, entre sus muros, de un centro administrativo. Otras comprobaciones concurren a clarificar la existencia, en Micenas, de una sociedad controlada por un rey secundado por nobles que actuaban como representantes de su autoridad. Se insinúa, entonces, la presencia de una clase de aristócratas que proporcionaría los cuadros superiores de la administración, así como las tropas de élite para el ejército. Su constitución, como grupo minoritario de elevada jerarquía, se encuentra confirmada por una serie de tablillas donde se les menciona como poseedores de esclavos, paños y carros. A esta clase, nominada como los «seguidores», se sumaría una segunda fila de privilegiados terratenientes que al parecer configuran la administración local de las provincias. Serían éstos los «telestai», la nobleza territorial. En la minuciosa enumeración de las tablillas son también frecuentes las alusiones a la clases inferiores: hombres libres, artesanos, campesinos, pastores y, por último, los esclavos. Entre éstos últimos, las mujeres forman un núcleo que desempeña oficios productivos en la molienda de granos, hilados, etc. La vida material ha sido reconstruida pacientemente. Pesos y medidas empleadas por los habitantes de las ciudades micénicas, agricultura, tipos de cultivo, unidades de medida de las tierras y de los granos y aceites, tamaño de las tenencias y cantidades aproximadas de rendimiento. Detectada la existencia de dos tipos de dominio sobre la tierra: público y privado, el estudio de las modalidades de trabajo de la misma ha permitido captar la presencia de arrendatarios y diversas prestaciones de servicio por parte de los campesinos. La producción de artículos manufacturados, que el autor reúne bajo la denominación genérica de «industria», nos revela los oficios de carpintero, orfebre, textil y, también, el desarrollo de una fuerte actividad de obras públicas. La exportación del excedente productivo introduce en el terreno del intercambio comercial. Sin embargo, aún cuando tradicionalmente se ha sugerido la existencia de una clase de mercaderes, Chadwick esgrime dos razones que estima decisivas para poner en duda la formación de esa capa social en el mundo micénico. En primer término, ninguno de los documentos del Lineal B registra la menor mención del mercader o de su actividad. En segundo lugar, se advierte la inexistencia de moneda, o de algún patrón que haya actuado con esa función. Parece entonces, forzando un paralelo con los reinos del Oriente Próximo, que el monopolio del comercio, al encontrarnos en presencia de una economía premonetaria, estaría en manos del estado. Ello no invalida la instalación de algún tipo de mercado local para facilitar cierto trueque de subsistencia. La prehistoria de la religión griega -afirma el autor- fue reconstruida en base a una excesiva participación de las pautas proporcionadas por sus mitos. Adopta, por consiguiente, una postura francamente revisionista frente a varias de las interpretaciones más recibidas sobre el origen del panteón griego, opinando que los mitos poco tienen que ver con la historia. Por otra parte, las tabletas escritas en Lineal B desautorizan muchas de las ideas vigentes acerca de la procedencia de algunos dioses de la Grecia Clásica. Finalmente, con las informaciones ya señaladas, realiza una exégesis muy afinada de las posibilidades que para la investigación histórica ofrecen los textos de Homero. Su crítica apunta al hecho de haberse tomado unos pocos aciertos en el contenido de la narración homérica, como aval demostrativo de su credibilidad como fuente histórica. Muchos de los datos contenidos en el Lineal B advierten, sin embargo, que el saldo positivo acreditable al poeta griego ha sido modificado significativamente. Incluso, muchos de los títulos oficiales utilizados en la estructura jerárquica de la sociedad micénica, revelados ahora por primera vez, están ausentes en Homero. Se trata, naturalmente, de dos verdades distintas: la verdad histórica y la verdad poética. «Buscar un hecho histórico en Homero es tan vano como medir las tablillas micénicas en busca de poesía; pertenecen a universos diferentes». Debe, no obstante, señalarse que a los poemas del bardo griego se debe la curiosidad que condujo, lentamente, hacia los actuales descubrimientos. La literatura no es historia, pero la obra de Homero es el resultado literario de ciertas estructuras socioeconómicas y reflejo, por consiguiente, de una mentalidad que no podía emerger en otra época que la narrada, aun con indiscutibles anacronismos e imprecisiones, 31lyYbd8CILen sus poemas. Un libro importante, en suma, el comentado. Por su rigor conceptual en el análisis de las variables que proporcionaron los datos de la rigurosa y paciente investigación puesta en práctica, apoyada en el marco de razonamiento proporcionado por el modelo de sociedad micénica formulado por Chadwick. La metodología de trabajo que hizo posible una lectura históricamente válida de los textos, la identificación de los datos que permitían acceder a esa trama de relaciones totales necesaria para ensayar un diagnóstico estructural del mundo del Lineal B, son parte integrante de este renovador enfoque. Desde luego, que la conformación de un modelo como el que desarrolla este libro presenta muchos puntos oscuros, interrogantes para las que debe aceptarse una opción interpretativa no siempre fundada sólidamente. Pero cada uno de los tramos de la investigación que alude a indicios cuyo significado resulta ambiguo, o a hechos parcialmente iluminados en el estado actual del conocimiento, es cuidadosamente subrayado por el autor. Estos momentos son aprovechados para plantear nuevos problemas, algunos de los cuales surgen, precisamente, como respuesta de los documentos micénicos al esfuerzo del investigador por hacerlos legibles; todo ello enriquece y amplía el horizonte del mundo griego. Debemos anotar que el libro, publicado en versión inglesa, en 1976, es presentado ahora por Alianza Universidad, en edición cuidada y conteniendo una serie de ilustraciones que auxilian la comprensión del texto.

[Nelson MARTÍNEZ DÍAZ. “Reconsideración de la historia de Micenas”, in Tiempo de Historia (Salamanca), nº 44, Año IV, 1978, pp. 122-124]

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