✍ El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de historia de las ideas [1990]

por Teoría de la historia

elfustetorcidodelahumanidad2Sir Isaiah Berlin es, sin ningún género de dudas, uno de los últimos clásicos del pensamiento occidental. Un clásico al que, por fin, y de forma prácticamente unánime, se le reconocen (o descubren, pues este letón nacionalizado británico ha sido ignorado con frecuencia por mor de su credo y adscripción liberales) sus méritos de pensador y de estudioso de las ideas políticas. Autor de obras ciertamente importantes (“Cuatro ensayos sobre la libertad”, “La época de la Ilustración”, “Historia y teoría”, “Conceptos y categorías”), Berlin nos brinda un perfecto ejemplo de intelectual riguroso y crítico. En “El fuste torcido de la humanidad”, que lleva el subtítulo de “Capítulos de historia de las ideas”, el lector encuentra —además de consideraciones sobre diversos pensadores como Maquiavelo, Vico, Kant, Herder, de Maistre, etcétera— algunos de los temas a los que Berlin ha dedicado su larga y fecunda reflexión intelectual. Puestos a destacar algunas de las ideas que se desparraman a lo largo y ancho del trabajo de Berlin, conviene no olvidarse de determinados “descubrimientos” realizados precozmente por el británico que hoy (¿por qué no se aceptaron antes?) son moneda de circulación corriente. Por ejemplo, que la persecución consecuente de un ideal acostumbra a ser nefasta, que la creencia en un mundo perfecto en el que triunfa la armonía es falaz, ininteligible e incoherente y no genera sino monstruos totalitarios, que no todos los valores supremos que persiguen la humanidad (aspiraciones, fines, ideales, etcétera) son compatibles entre sí y que, en consecuencia, se impone el pluralismo y el compromiso, que los nacionalismos (y aquí creemos que Berlin incurre en una generalización abusiva, pues no todos los nacionalismos están cortados por el mismo patrón) manifiestan una tendencia innata hacia la nostalgia, la patología y el exceso. En cualquier caso, en “El fuste torcido de la humanidad” —auténtico compendio de la ejemplar obra de Isaiah Berlin— se encuentran un par de “mensajes” (casi que “lecciones” que, según están los tiempos, no conviene olvidar): que la uniformidad mata y los hombres sólo pueden vivir vidas dignas y plenas en1532256 sociedades abiertas en las que se permita la discusión, la discrepancia y el conflicto; y que las concesiones mutuas en asunto de normas, valores y principios es la primera condición en de la construcción de una sociedad decente. La propuesta de Berlin (que se complementa con otras medidas como la necesidad de evitar sufrimientos extremos y la apuesta por un utilitarismo racional que huya de los grandes discursos supuestamente liberadores) puede parecer excesivamente sobria e insulsa. Pero, si tenemos en cuenta la sangre que se ha derramado y los totalitarismos que se han construido haciendo uso de soluciones más “completas” y “plenas”, no resulta dificil llegar a la conclusión de que las recomendaciones del británico tienen su grado de ejemplaridad. Y más si, como afirma Berlin citando a Kant, somos conscientes de que “de la madera torcida de la humanidad no se hizo nunca ninguna cosa recta”. Somos así de limitados.

[Miquel PORTA PERALES. “El compendio de una obra ejemplar”, in La Vanguardia (Barcelona), 18 de diciembre de 1992, p. 2]