Teoría de la historia

Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González". Departamento de Historia ● Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

✍ La victoria del ghetto [1946]

48749718Lituania es un pequeño país situado a orillas del mar Báltico que en junio de 1940 fue anexionado a la Unión Soviética en virtud del pacto de no agresión firimado por Alemania y la URSS. En julio de 1940, Lituania fue proclamada como República Soviética y el 3 de agosto del mismo año quedó afiliada a la URSS. Un domingo, el 22 de junio de 1941, la población de Vilna contempló con asombro como los aviones alemanes bombardeaban la ciudad. No tardó en conocerse la noticia: Alemania había declarado la guerra a los rusos. A partir de este momento comienza para los judíos de Vilna una de las más duras pruebas de su historia. Sus destinos se sumaron a los de millones de judíos exterminados en toda Europa a manos de los nazis y fueron testigos de los sangrientos e inhumanos sucesos que estremecieron al mundo entero. Marc Dvorjetski, médico judío, es uno de los pocos que escaparon con vida del infierno del ghetto de Vilna. Residente en Palestina, su libro es un testimonio de la lucha de miles de hombres y mujeres por conservar su integiridad moral en medio de un ambiente de terror y desolación. Las primeras señales de lo que habría de llegar las tuvieron los judíos de Vilna poro después de la ocupación de la ciudad por el ejército alemán. Despidos y registros en busca de armas que finalizaban con el incautamiento de todo lo que tenía algún valor. El 27 de junio dieron comienzo los «raptos», de los que muy pocos judíos regresaban con vida. Algunos intentaron congraciarse con los germanos trabajando para ellos y se consideraban afortunados por poder circular libremente por la calle. Estos trabajadores eran llevados a la localidad de Ponar, en donde desaparecieron muchos de ellos. El 4 de julio se obligó a la población judía a llevar una insgnia de identificación pintada en el pecho y en la espalda, y más tarde un brazalete azul adornado con la estrella de David. El 17 de julio tuvo lugar el primer «pogrom» y el 6 de septiembre los judíos fueron confinados en el ghetto. Sin duda, es muy difícil imaginar lo que debía ser un ghetto. Miles de hombres, mujeres y niños, con escasas pertenencias y poco o ningún dinero, confinados en un espacio ínfimo y abandonados a su suerte en los problemas de alojamiento y manutención. Una vivienda podía ser ocupada por treinta personas que se veían obligadas a dormir, comer y vivir juntas en muy pocos metros cuadrados. En Vilna se instalaron dos «ghettos», pero el primero, el ghetto del Pasaje Litzka, fue evacuado y sus habitantes encarcelados. Fueron liberados doscientos y mil ochocientos más fueron asesinados en Ponar, que se revelaba como un campo de exterminio. En el «ghetto» superviviente reinaba un miedo atroz a quedarse sin trabajo alguno, pues ello significaba la muerte. Cada pocos días el «schein» variaba de «schein» o certificados de trabajo que significaban la vida. Si un judío no poseía «schein» desaparecía en manos de los SS. Estos «schein» fueron una de las peores armas alemanas. Cada pocos días el «schein» variaba de color y contenido, restringiéndose notablemente su número con cada cambio. Sólo se estaba a salvo de los SS si se poseía el último schein en vigor, pero se caía en el pozo de la envidia y el odio de los judíosVilna_ghetto_ruins_postwar sin «schein», que se sabían condenados a muerte. Infinidad de incursiones alemanas en el «ghetto» disminuyeron notablemente la población de los sin «schein», lo que impulsó a los supervivientes a construir refugios secretos que difícilmente podían descubrir los alemanes. En medio del hambre y del temor a la muerte, los judíos decidieron sobreponerse a su destino y luchar contra el terror con todos los medios a su alcance. Dos organizacionies opuestas se afanaron en sacar a la gente de su letargo y devolverles la dignidad humana que estaban en trance de perder. La primera de ellas, el Comité de Ayuda Social, se componía de representantes de las agrupaciones sociales y políticas clandestinas del «ghetto». Todos los trabajadores pagaban voluntariamente una contribución regular, y el comité repartía subsidios mensuales en especies o en dinero. Este organismo derivaria en la Asamblea Nacional del ghetto. La segunda organización era la Resistencia, en la que entraron a formar parte la mayoría de jóvenes judíos. Paralelamente a ellas, funcionaba el Judenrat, que llevaba la dirección del ghetto bajo la supervisión alemana. Al Judenrat se debe la instalación de pequeñas fábricas que permitían trabajar a un limitado número de afortunados y suministraban artículos de necesidad vital. Por otra parte, la vida cultural florecía en el interior del ghetto. Los maestros daban clase a los niños, se organizaban representaciones teatrales y conciertos e incluso juegos deportivos. Todo ello contribuyó a sacar de su letargo a la población judía y a devolverle la dignidad perdida con el miedo a la muerte. La resistencia del ghetto desbordaba de actividad. Las imprentas clandestinas editaron periódicos, llamamientos y octavillas. Se crearon grupos de especialistas: exploradores, dinamiteros, zapadores… y se mandaron mensajeros, en su mayor parte chicas, a los ghettos de Varsovia, Kovno, Bialistok y otros, y casi todos ellos encontraron la muerte en su misión. Las fábricas producían armas clandestinamente y la gente se iba armando lentamente. Sólo una división de opiniones: ¿había que luchar desde el interior del reducto o marchar a los bosques para engrosar las filas de la resistencia anti-germana? Y una de las mayores preocupaciones: preparar la marcha a Palestina de los que quedaran con vida. De los ochenta mil judíos que vivían en Vilna, después de la liquidación del ghetto y la estancia de los pocos supervivientes en el campo de concentración de Kuromae, en Estonia, pocos quedaron 865170777con vida. Marc Dvorjetski, uno de los afortunados, quiso escribir este ibro como respuesta al juramento hecho en Kuromae: el que sobreviviera asumiría el deber de contar lo que había visto. Pero este libro es algo más. Es el testimonio de un pueblo que sometido al combate por conservar la vida, a la humillación física y moral y a las mayores iniquidades que puede cometer un hombre con sus semejantes, consiguió luchar en la resistencia, amar sin egoísmo, sostener una activa vida cultural y religiosa y triunfar en el mantenimiento de la dignidad pisoteada. La victoria del ghetto es un canto a la esperanza y a la libertad, es el convencimiento de que más importante que conservar la vida es perderla con la cabeza alta y el corazón lleno con la esperanza que rebosa de estos versos del poeta-guerrillero Leib Opeskin, asesinado poco antes de la liberación: “Bajamos la cabeza y curvamos la espalda / Pero el corazón sigue sin estar sometido y el cuerpo está dispuesto / Para levantarse y echar a andar… / Hacia un futuro mejor en marcha, / Hacia unos días repletos de felicidad / Y si nuestra alegría se esconde aún / Desde lejos se ve su resplandor / El nuevo universo nos sonríe de lejos /  Un mundo encantador y florido / Durante los días de las derrotas y de los tormentos / Conservemos la visión del milagro / Y creamos que se producirá”

[María Elena ALIE. “La victoria del ghetto”, in La Vanguardia (Barcelona), 6 de marzo de 1975, p. 55]

✍ La crisis modernista. Historia, dogma y crítica [1962]

la-crisis-modernista-mmu-2643-MLM2732201122_052012-FSe cumplen ahora cincuenta años de un momento en que la inquietud y el sentido crítico invadieron al catolicismo, especiaImente al catolicismo francés. Momento que se recuerda con la designación Modernismo, usual en la época y que se manifestó como un afán innovador de tanta violencia que suscitó polémicas apasionadas y hasta condenas de ruidoso eco. El alcance de esta efervescencia religiosa sobrepasó las lindes de su propio terreno invadiendo lo social, político-social e intelectual. Hoy, ya con una perspectiva distanciada, el modernismo ha entrado definitivamente en la historia; por eso trazar una visión de lo que fue y significó exige un tratamiento como el utilizado por Émile Poulat, apoyado en el método y rigor que exigen las ciencias históricas, conservando un equilibrio objetivo al pasar por difíciles y candentes terrenos. También ha logrado hacer vivir a los hombres que lo dieron luz como seres de carne y sangre, con sus razones y sus apasionamientos, en el marco de aquellos años tumultuosos y aun dolorosos, y pasar de ahí a los problemas que plantearon y que, transformados, no han dejado de ser los nuestros. La obra está concebida como un coloquio imaginario donde se hallan representadas todas las tendencias de lo que se llamaba «la ciencia católica». Hay que escuchar atentamente todas aquellas voces, a veces tan discordantes, para captar una sociedad religiosa, buscando su camino en un mundo en el que la cultura, las técnicas intelectuales y el propio funcionamiento mental se modifican universalmente.

[LA VANGUARDIA. “La crisis modernista”, in La Vanguardia (Barcelona), 6 de marzo de 1975. p. 55]

51NWR4gWGaL._SY344_BO1,204,203,200_Aprovechando su presencia en Barcelona, donde está profesando un curso intensivo dentro del Curso de Formación de Investigadores en Ciencias Sociales que se celebra en el Instituto ISPA de nuestra ciudad, el profesor Émile Poulat ha pronunciado una conferencia en el Instituto Francés. El Dr. Poulat empezó por recordar que eI cristianismo, desde sus comienzos, ha vivido una serie de crisis, algunas de ellas muy graves y que, por ello, la crisis actual no debe interpretarse más que como una nueva crisis de crecimiento. Ciñéndose al cristianismo en Francia, revisó las varias crisis que ha vivido a lo largo de la historia, desde las guerras de los albigenses hasta el jansenismo, pasando por la Fronda, la «Jacquerie» y la Revolución Francesa. Esta, sin embargo, parece haber constituido un hecho histórico fundamental, cuyas consecuencias todavía estamos viviendo. El siglo XVIII marca un hito en la historia del cristianismo, con la aparición de la «Ilustración». Nacen dos movimientos o tendencias, a nivel europeo: el de la Iglesia «ilustrada» («éclairée») y el que la ve como «ilustradora» («éclairante»). La primera propugna un acercamiento entre la Iglesia y sociedad, la segunda desea que sea la Iglesia y su doctrina la que ilumine todo el desarrollo de la sociedad, en el sentido de que ésta busque en la Iglesia la fuente y la inspiración de su progreso; es decir, una vuelta al régimen de cristiandad. Entre los primeros, cita a Lammennais, que abogaba por una adaptación al mundo nuevo, cuando en el otro bando, lo que se pretendía era volver simplemente al pasado, en oposición y hasta con desprecio inconsciente de una tradición viva que les hubiera podido llevar a hacer lo que sus predecesores hubieran hecho. Después de analizar la Reforma y la influencia que esta tuvo sobre el progreso económico, observa que a medida que aquella se fue afianzando, la Iglesia católica romana se fue cerrando más y más sobre sí misma, cerrazón que se acentúa en el siglo XIX ante los avances del liberalismo. Pío IX trató de robustecer a la Iglesia gracias a las corrientes ultramontanas y a la creciente centralización, que culminó con la definición de la infalibilidad, del año 1870, a costa del alejamiento de la Iglesia de la cosa pública. Aunque León XIII, con certera visión, intentó captar el espíritu de su tiempo y adaptar los principios católicos a las exigencias del momento (Rerum Novarum), Pío X volvió a la posición clásica, confiando al gobierno de la Iglesia a hombres dominados por un terror a todo lo moderno, y que justificaban su oposición calificándolo de racionalismo y de positivismo. En vez de tratar de penetrar el saber nuevo que se iba imponiendo en el área secular, se encerraran en la visión, cada vez más reducida, de la doctrina tradicional. El «Syllabus» de 1864 es buena prueba de ello. Esto explica que la Iglesia católica fuera perdiendo a los intelectuales, cuyos nombres fueron a alimentar las páginas del «índice», y a la masa de trabajadores, de cuyos problemas quedó muy alejada. La misma experiencia del «Sillón», de inspiración profundamente católica, que se consagró a la reconquista de las masas de «izquierda», buscando la realidad con valentía y decisión, fue condenado por Pío X. En el primer cuarto de nuestro siglo, el choque entre integrismo y el modernismo, fue una de las crisis más graves que hanla-crisis-modernista-mmu-2640-MLM2732172952_052012-F afectado a la Iglesia em los últimos tiempos. En primer lugar, el profesor Poulat advierte que los apelativos «integrismo» y «modernismo» fueron usados únicamente por ios del bando contrario. Ellos mismos nunca se nombraron así. Integrismo y modernismo son dos hechos históricos paralelos, contemporáneos y opuestos radicalmente, que se desarrollaron en particular durante el pontificado de Pío X, y obedecen a unas corrientes más amplias, que se manifestaron en el arte, en la música y en la filosofía y que florecieron antes de la guerra del 14. La diferencia esencial entre uno y otro está en que el primero se refiere a un estado de la doctrina católica considerado como inamovible, legítimo y ortodoxo, mientras que los modernistas se esfuerzan en demostrar la relatividad histórica de esta referencias doctrinales. Las luchas en que se han debatido ambas tendencias han sido muy fuertes y en ocasiones hasta brutales.

[LA VANGUARDIA. “Modernismo e integrismo. La crisis religiosa del cristianismo contemporáneo. Conferencia, en la Sorbona, del doctor Émile Poulat, profesor de Sociología de las religiones”, in La Vanguardia (Barcelona), 15 de abril de 1972, p. 29]

✍ El fuste torcido de la humanidad. Capítulos de historia de las ideas [1990]

elfustetorcidodelahumanidad2Sir Isaiah Berlin es, sin ningún género de dudas, uno de los últimos clásicos del pensamiento occidental. Un clásico al que, por fin, y de forma prácticamente unánime, se le reconocen (o descubren, pues este letón nacionalizado británico ha sido ignorado con frecuencia por mor de su credo y adscripción liberales) sus méritos de pensador y de estudioso de las ideas políticas. Autor de obras ciertamente importantes (“Cuatro ensayos sobre la libertad”, “La época de la Ilustración”, “Historia y teoría”, “Conceptos y categorías”), Berlin nos brinda un perfecto ejemplo de intelectual riguroso y crítico. En “El fuste torcido de la humanidad”, que lleva el subtítulo de “Capítulos de historia de las ideas”, el lector encuentra —además de consideraciones sobre diversos pensadores como Maquiavelo, Vico, Kant, Herder, de Maistre, etcétera— algunos de los temas a los que Berlin ha dedicado su larga y fecunda reflexión intelectual. Puestos a destacar algunas de las ideas que se desparraman a lo largo y ancho del trabajo de Berlin, conviene no olvidarse de determinados “descubrimientos” realizados precozmente por el británico que hoy (¿por qué no se aceptaron antes?) son moneda de circulación corriente. Por ejemplo, que la persecución consecuente de un ideal acostumbra a ser nefasta, que la creencia en un mundo perfecto en el que triunfa la armonía es falaz, ininteligible e incoherente y no genera sino monstruos totalitarios, que no todos los valores supremos que persiguen la humanidad (aspiraciones, fines, ideales, etcétera) son compatibles entre sí y que, en consecuencia, se impone el pluralismo y el compromiso, que los nacionalismos (y aquí creemos que Berlin incurre en una generalización abusiva, pues no todos los nacionalismos están cortados por el mismo patrón) manifiestan una tendencia innata hacia la nostalgia, la patología y el exceso. En cualquier caso, en “El fuste torcido de la humanidad” —auténtico compendio de la ejemplar obra de Isaiah Berlin— se encuentran un par de “mensajes” (casi que “lecciones” que, según están los tiempos, no conviene olvidar): que la uniformidad mata y los hombres sólo pueden vivir vidas dignas y plenas en1532256 sociedades abiertas en las que se permita la discusión, la discrepancia y el conflicto; y que las concesiones mutuas en asunto de normas, valores y principios es la primera condición en de la construcción de una sociedad decente. La propuesta de Berlin (que se complementa con otras medidas como la necesidad de evitar sufrimientos extremos y la apuesta por un utilitarismo racional que huya de los grandes discursos supuestamente liberadores) puede parecer excesivamente sobria e insulsa. Pero, si tenemos en cuenta la sangre que se ha derramado y los totalitarismos que se han construido haciendo uso de soluciones más “completas” y “plenas”, no resulta dificil llegar a la conclusión de que las recomendaciones del británico tienen su grado de ejemplaridad. Y más si, como afirma Berlin citando a Kant, somos conscientes de que “de la madera torcida de la humanidad no se hizo nunca ninguna cosa recta”. Somos así de limitados.

[Miquel PORTA PERALES. “El compendio de una obra ejemplar”, in La Vanguardia (Barcelona), 18 de diciembre de 1992, p. 2]

✍ El mundo micénico [1976]

16070623140La dedicación del profesor John Chadwick a los estudios sobre la Grecia Micénica hacen innecesaria una presentación, puesto que el lector español preocupado por estos temas recordará, sin duda, su obra El enigma Micénico. El desciframiento de la escritura Lineal B, ya publicada en nuestro país. Pero el libro que hoy comentamos supera, con creces, la breve descripción de la sociedad micénica que imponía, en el trabajo anterior, el apretado marco de un capítulo. La visión que ahora nos presenta Chadwick, fruto de un esfuerzo de síntesis que combina la información proporcionada por las tablillas con los datos de la arqueología, permite recrear los elementos estructurales de una sociedad, hasta ese momento, fragmentariamente conocida. Este período histórico parecía estar reducido al dominio de la arqueología cuando, en estrecha colaboración, el autor y un equipo de investigadores trabajaron en la interpretación de los textos que aparecían en la escritura conocida como Lineal B, descifrada por Michael Ventris en 1952. Este sistema gráfico, utilizado por los funcionarios de palacio, acusaba un estrecho parentesco entre Cnosos y el continente «ocultando una forma arcaica de la lengua griega». Descifradas las tablillas, comenzó la superación de ciertos límites en el conocimiento de la Edad del Bronce en Grecia, sólo franqueados hasta entonces por hipótesis revisionales. El resultado que arrojaron las investigaciones no fue, sin embargo, una crónica, ni siquiera una escueta anotación de hechos, sino algo menos alentador, puesto que se trataba de extensos registros de ganados, cereales, instrumentos, paños, esclavos, etc., ordenados cuidadosamente por los escribas. Los nuevos modos de hacer historia señalan, no obstante, el camino interdisciplinar, que permite interrogar desde múltiples ángulos un dato aislado y realizar, con el mayor grado de fiabilidad, una lectura del mismo que permita revelar el papel que desempeñaba en la realidad. Tal como escribía Marc Bloch, «en Historia no nos quedan testigos, sino testimonios». Por consiguiente, en la actualidad el problema básico de los investigadores no consiste en descifrar el caudal de información que ofrece la escritura de estas fuentes; la dificultad radica, realmente, en recoger el mensaje que éstas transmiten y elevarlo a nivel de la mayor claridad interpretativa, valorizando, en consecuencia, el esfuerzo filológico que demandó su traducción. Creemos que el trabajo que comentamos cumple cabalmente ese cometido. En principio, la tarea de reconstrucción y ordenamiento de las diferentes piezas que componían las tabletas, y el análisis de su contenido, demandaron el examen cuidadoso de la forma en que fueron escritas, los materiales e instrumentos utilizados para ese oficio, las circunstancias que determinaron su dispersión, y el cálculo de su probable colocación antes de sobrevenir la catástrofe que destruyó los palacios. Las motivaciones que explican tan ímproba tarea son varias y, en definitiva, ejemplo de una razonada metodología de trabajo. Las tablillas fueron escritas por cierto número de funcionarios. Muchas de ellas se quebraron en varias partes y fue necesario restaurarlas, por lo cual se recurrió al estudio de los trazos de cada pieza para poder diferenciar a sus autores. Más tarde, con la identificación de aquél, y el contenido del texto, se ubicó el trozo que completaba el documento en reconstrucción. Fue necesario, asimismo, restituir cada tablilla a la cesta o «fichero» correspondiente, puesto que, por regla general, las piezas encontradas en cada archivador eran producidas por el mismo escriba y, en consecuencia «dos contenidos completos de cada fichero pueden ser considerados como un solo documento». Las razones eran de vital importancia para el progreso de la investigación en curso, ya que una tablilla ofrecía una lectura similar a la ficha de un sistema de archivo. Registraba, por ejemplo, el nombre de un pastor, el distrito donde apacentaba su rebaño, el dignatario a quien prestaba sus servicios, la cantidad de ovejas a su cuidado, con especificación del número de machos y hembras. «Es evidente a partir de aquí -anota Chadwick- que cuando tenemos que interpretar un documento aislado por regla general es poco lo que podemos hacer; sólo cuando está colocado en su contexto correcto en los archivos, podemos alcanzar su significado». En otras palabras, cuando forma parte de una serie, el documento puede proporcionar datos cuantificables. Un segundo paso, esta vez en el sentido de ordenar sistemáticamente estas cifras y descripciones, fue posible entonces, y a partir de ese procedimiento los textos descifrados configuraron un punto de partida para describir, con mayores detalles, la base material de la civilización micénica. A partir de aquí, nuestro autor propone la elaboración de un modelo con el propósito de presentar la Grecia micénica tal como surge de los materiales producidos por la investigación, al mismo tiempo que rechaza, por considerarla negativa, la actitud «que rehuye incluso idear un modelo por el mero hecho de que no pueden probarse todos sus detalles». Nos encontramos aquí en una frontera móvil situada entre la arqueología y la historia; el desplazamiento de esta frontera depende, en definitiva, de la formación metodológica y la51I6+6--3yL._SX346_BO1,204,203,200_ profundidad de análisis del investigador. Una buena muestra de cómo transitar con resultados positivos en esos límites, nos la ofrece la obra que comentamos aquí. En el primer capítulo del libro el autor nos presenta un esbozo explicativo de la crisis final de Creta y la prehistoria de Micenas, lo que implica un ensayo de reconstrucción histórica para un periodo que va desde el siglo XXII hasta el XVI a .C. Se deben tener en cuenta, empero, las diferentes hipótesis sobre las catástrofes de carácter geológico y político que conoció el mundo cretense y el auge, hacia el siglo XIII a.C., de la civilización micénica hasta su posterior destrucción. A la luz de los datos revelados por el Lineal B, Chadwick somete a examen todos los supuestos hasta ahora formulados acerca de la estructura de esta sociedad. Así,los criterios de clasificación de un edificio como palacio son repautados a la luz de las evidencias que prueban el funcionamiento, entre sus muros, de un centro administrativo. Otras comprobaciones concurren a clarificar la existencia, en Micenas, de una sociedad controlada por un rey secundado por nobles que actuaban como representantes de su autoridad. Se insinúa, entonces, la presencia de una clase de aristócratas que proporcionaría los cuadros superiores de la administración, así como las tropas de élite para el ejército. Su constitución, como grupo minoritario de elevada jerarquía, se encuentra confirmada por una serie de tablillas donde se les menciona como poseedores de esclavos, paños y carros. A esta clase, nominada como los «seguidores», se sumaría una segunda fila de privilegiados terratenientes que al parecer configuran la administración local de las provincias. Serían éstos los «telestai», la nobleza territorial. En la minuciosa enumeración de las tablillas son también frecuentes las alusiones a la clases inferiores: hombres libres, artesanos, campesinos, pastores y, por último, los esclavos. Entre éstos últimos, las mujeres forman un núcleo que desempeña oficios productivos en la molienda de granos, hilados, etc. La vida material ha sido reconstruida pacientemente. Pesos y medidas empleadas por los habitantes de las ciudades micénicas, agricultura, tipos de cultivo, unidades de medida de las tierras y de los granos y aceites, tamaño de las tenencias y cantidades aproximadas de rendimiento. Detectada la existencia de dos tipos de dominio sobre la tierra: público y privado, el estudio de las modalidades de trabajo de la misma ha permitido captar la presencia de arrendatarios y diversas prestaciones de servicio por parte de los campesinos. La producción de artículos manufacturados, que el autor reúne bajo la denominación genérica de «industria», nos revela los oficios de carpintero, orfebre, textil y, también, el desarrollo de una fuerte actividad de obras públicas. La exportación del excedente productivo introduce en el terreno del intercambio comercial. Sin embargo, aún cuando tradicionalmente se ha sugerido la existencia de una clase de mercaderes, Chadwick esgrime dos razones que estima decisivas para poner en duda la formación de esa capa social en el mundo micénico. En primer término, ninguno de los documentos del Lineal B registra la menor mención del mercader o de su actividad. En segundo lugar, se advierte la inexistencia de moneda, o de algún patrón que haya actuado con esa función. Parece entonces, forzando un paralelo con los reinos del Oriente Próximo, que el monopolio del comercio, al encontrarnos en presencia de una economía premonetaria, estaría en manos del estado. Ello no invalida la instalación de algún tipo de mercado local para facilitar cierto trueque de subsistencia. La prehistoria de la religión griega -afirma el autor- fue reconstruida en base a una excesiva participación de las pautas proporcionadas por sus mitos. Adopta, por consiguiente, una postura francamente revisionista frente a varias de las interpretaciones más recibidas sobre el origen del panteón griego, opinando que los mitos poco tienen que ver con la historia. Por otra parte, las tabletas escritas en Lineal B desautorizan muchas de las ideas vigentes acerca de la procedencia de algunos dioses de la Grecia Clásica. Finalmente, con las informaciones ya señaladas, realiza una exégesis muy afinada de las posibilidades que para la investigación histórica ofrecen los textos de Homero. Su crítica apunta al hecho de haberse tomado unos pocos aciertos en el contenido de la narración homérica, como aval demostrativo de su credibilidad como fuente histórica. Muchos de los datos contenidos en el Lineal B advierten, sin embargo, que el saldo positivo acreditable al poeta griego ha sido modificado significativamente. Incluso, muchos de los títulos oficiales utilizados en la estructura jerárquica de la sociedad micénica, revelados ahora por primera vez, están ausentes en Homero. Se trata, naturalmente, de dos verdades distintas: la verdad histórica y la verdad poética. «Buscar un hecho histórico en Homero es tan vano como medir las tablillas micénicas en busca de poesía; pertenecen a universos diferentes». Debe, no obstante, señalarse que a los poemas del bardo griego se debe la curiosidad que condujo, lentamente, hacia los actuales descubrimientos. La literatura no es historia, pero la obra de Homero es el resultado literario de ciertas estructuras socioeconómicas y reflejo, por consiguiente, de una mentalidad que no podía emerger en otra época que la narrada, aun con indiscutibles anacronismos e imprecisiones, 31lyYbd8CILen sus poemas. Un libro importante, en suma, el comentado. Por su rigor conceptual en el análisis de las variables que proporcionaron los datos de la rigurosa y paciente investigación puesta en práctica, apoyada en el marco de razonamiento proporcionado por el modelo de sociedad micénica formulado por Chadwick. La metodología de trabajo que hizo posible una lectura históricamente válida de los textos, la identificación de los datos que permitían acceder a esa trama de relaciones totales necesaria para ensayar un diagnóstico estructural del mundo del Lineal B, son parte integrante de este renovador enfoque. Desde luego, que la conformación de un modelo como el que desarrolla este libro presenta muchos puntos oscuros, interrogantes para las que debe aceptarse una opción interpretativa no siempre fundada sólidamente. Pero cada uno de los tramos de la investigación que alude a indicios cuyo significado resulta ambiguo, o a hechos parcialmente iluminados en el estado actual del conocimiento, es cuidadosamente subrayado por el autor. Estos momentos son aprovechados para plantear nuevos problemas, algunos de los cuales surgen, precisamente, como respuesta de los documentos micénicos al esfuerzo del investigador por hacerlos legibles; todo ello enriquece y amplía el horizonte del mundo griego. Debemos anotar que el libro, publicado en versión inglesa, en 1976, es presentado ahora por Alianza Universidad, en edición cuidada y conteniendo una serie de ilustraciones que auxilian la comprensión del texto.

[Nelson MARTÍNEZ DÍAZ. “Reconsideración de la historia de Micenas”, in Tiempo de Historia (Salamanca), nº 44, Año IV, 1978, pp. 122-124]

A %d blogueros les gusta esto: