✍ La invención de la mitología [1981]

por Teoría de la historia

315R29iadZLLos mitos han conformado el sustrato sobre el cual surgieron formas completas de narración. Han incidido en la literatura con tal intensidad que ya no es posible determinar la diferencia entre un cuento y un mito. La mitología esconde una variedad de géneros literarios que va desde la poesía a la tragedia. ¿Cuál es el verdadero contraste entre el mito, las fábulas y la religión? ¿Cómo comienzan los mitos y por qué cuando se habla de mitología se toma a Grecia como punto de partida? “La invención de la mitología” no responde directamente a estas preguntas sino que rearma, mediante la aplicación de una poco ortodoxa “gramática del lenguaje mítico”, las relaciones entre la transmisión oral y escrita y la práctica de los hechos que dieron cuerpo formal a la ciencia de los mitos o mitología comparada. El recorrido es amplio; desde el filósofo Jenófanes a través de las divagaciones de Heródoto o del historiador Tucídides, hasta llegar al creador de la mitología comparada Max Muller, el indoeuropeismo de Georges Dumézil o las “Mitológicas” de Claude Lévi-Strauss. También hay espacio para los estudiosos Fontenelle y el original Joseph-François Lafitau que en 1724 establece la cercanía intelectual entre las tradiciones de los salvajes de América y los antiguos griegos. La religión, dice Lafitau, está ubicada en el origen, no es algo que se elabora a partir de lo sobrenatural. Mediante esta tesis que compara los misterios paganos y cristianos, la escisión entre mito y religión se torna más concreta. La mitología es portadora del escándalo y de una incertidumbre que busca desentrañar los misterios de lo fabuloso, mientras que la religión aspira a lo absoluto sin profanar lo divino y está marcada por el sentimiento moral. El mito, por su condición de lenguaje primario está influenciado por el espíritu de la ignorancia, es «la sombra oscura que el lenguaje proyecta sobre el pensamiento» en algún tiempo de su nacimiento. Es extraño observar cómo no ha sido incluido en el libro el pensamiento del historiador Mircea Eliade, quien con su trabajo sobre el “eterno retorno” contribuye notablemente al esclarecimiento de la repetición cíclica de los mitos. Aquellos símbolos asociados al tiempo deberán desarrollarse de acuerdo a su curso, de ahí que exista la necesidad de conciiarse con las argumentaciones del tiempo. Los lazos que existen entre el dios o héroe y su antagonista conforman, según Eliade, los “mitos de polaridad”. El mito del andrógino divino es una de las posibilidades que ejemplifica esta complementación de los opuestos. ¿Es el objetivo de esta ciencia explicar las historias crueles de seres absurdos e incestuosos, los viajes a tierras innombrables o la búsqueda de un origen que a pesar de subvertir, comprende los hechos e ideas del mundo sin la arbitrariedad de un condicionamiento por el sentido? Se puede decir que la función del mito testimonia la narración mágica o religiosa, la fábula y el relato popular. Es una “sabia diversión” en donde importa el sentido simbólico de la representación y no exclusivamente la linealidad de lo que se narra. El lenguaje se ha sobrecargado por el exceso de significados. La aparición del discurso mítico es una realidad que convierte al hombre en un espejo de sus engaños; le abre una puerta al laberinto de contradicciones forjado por la aparición de un tiempo “mito-poético” —la edad de la religión y de la poesía— que31d88aFAFeL._SY344_BO1,204,203,200_ fundamenta a las civilizaciones a través de la incorporación de la ilusión de la palabra. La palabra escrita afirma el concepto en la memoria a través de los ojos. La transmisión de boca a oído mantiene su sistema operativo en las sociedades sin alfabetizar gracias al mecanismo de la repetición. Para que exista tradición oral debe haber alguien que capte y rescate del olvido al mensaje; debe ser aceptado por aquellos a los cuales está dirigido. Con la aparición del logógrafo que escribe y cuenta a la vez, el mito adquiere una condición de transmisión imperecedera. Marcel Detienne cita la frase del novelista Milán Kundera, “la lucha de la memoria y el olvido”; es decir, la importancia y necesidad de “mitologizar” y, por cierto, palabra que sólo aparece una vez en “La Odisea” en boca de Ulises expresando su disgusto por tener que contar una historia conocida. La palabra titubea y se equivoca, el escucha la somete a un nuevo proceso de fabulación y conforma otra historia basada en la similitud de los hechos. “La invención de la mitología” se aproxima dialécticamente al interrogante que trata de explicar los mitos y recoge datos valiosos sobre sus probables comienzos. Repleto de citas y cuestionamientos intenta reconocer una ciencia del mito que corrija el sinsentido, lo grotesco y lo obsceno que se extiende por la mitología griega. ¿Cuál es la influencia del mito?: si logramos “liberamos de la mirada del hábito” y trascender lo histórico, quizá las formas de imaginación e invención cobrarán un sentido, devenirán memoria y presente.

[Jorge M. LECH. “La palabra atónita”, in La Vanguardia (Barcelona), 7 de noviembre de 1985, p. 39]