Teoría de la historia

Universidad Nacional de General Sarmiento. Instituto de Ciencias. Área de Historia. Director del área de investigación "Poéticas de la historiografía". BUENOS AIRES ❖ ARGENTINA

✍ Historia de la escritura [1963]

49929447El propósito central que guió las investigaciones de lgnace J. Gelb fue sentar las bases de la gramatología como ciencia de la escritura: mientras las historias generales estudian los sistemas de signos individuales con un enfoque primordialmente genético-descriptivo, la nueva disciplina pretende establecer, mediante criterios comparativo-tipológlcos, los principios que rigen su uso y evolución. La importancia de la obra estriba en haber sido la primera presentación sistemática de la historia de la escritura elaborada en esa perspectiva; algunas de las conclusiones de esa indagación son la reordenación clasificatoria de las llamadas escrituras léxicas dentro del tipo logosilábico, la catalogación de los sistemas de signos maya y azteca como precedentes de la escritura, y la conclusión de que las misteriosas inscripciones de la Isla de Pascua son sólo trazos realizados con finalidades mágicas. Tras examinar el privilegiado lugar que ocupa este procedimiento de intercomunicación entre las diferentes formas de relación humana y estudiar algunos de los sistemas que sirvieron de paso precursor (pictóricos, representatlvo-descrlptivos, de identificación41w7Ewntn0L._SY344_BO1,204,203,200_ mnemónica, etc.), el autor emprende la tarea de exponer y comparar los principales tipos de escritura conocidos: los sistemas logo-silábicos (sumerio, egipcio, hltita, chino, pro-elamita, proto-índico, cretense) y las características de sus signos léxicos, silábicos y auxiliares; los silabarios cuneiformes, semíticos occidentales (fenicio, hebreo, arameo, etíope, árabe septentrional y árabe meridional), egeos de influencia cretense (chipriota, chipro-minoico, de Byblos) y japoneses; los procedentes orientales del alfabeto y la conquista del mundo de este sistema desde su implantación en Grecia. El resto de la obra se ocupa de problemas generales tales como el futuro de la escritura y su relación con el idioma, el arte y la religión; cierran el volumen un glosario que define la terminología empleada y una extensa bibliografía. 

[LA VANGUARDIA. “Historia de la escritura”, in La Vanguardia (Barcelona), 20 de mayo de 1976, p. 50]

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✍ La invención de la mitología [1981]

315R29iadZLLos mitos han conformado el sustrato sobre el cual surgieron formas completas de narración. Han incidido en la literatura con tal intensidad que ya no es posible determinar la diferencia entre un cuento y un mito. La mitología esconde una variedad de géneros literarios que va desde la poesía a la tragedia. ¿Cuál es el verdadero contraste entre el mito, las fábulas y la religión? ¿Cómo comienzan los mitos y por qué cuando se habla de mitología se toma a Grecia como punto de partida? “La invención de la mitología” no responde directamente a estas preguntas sino que rearma, mediante la aplicación de una poco ortodoxa “gramática del lenguaje mítico”, las relaciones entre la transmisión oral y escrita y la práctica de los hechos que dieron cuerpo formal a la ciencia de los mitos o mitología comparada. El recorrido es amplio; desde el filósofo Jenófanes a través de las divagaciones de Heródoto o del historiador Tucídides, hasta llegar al creador de la mitología comparada Max Muller, el indoeuropeismo de Georges Dumézil o las “Mitológicas” de Claude Lévi-Strauss. También hay espacio para los estudiosos Fontenelle y el original Joseph-François Lafitau que en 1724 establece la cercanía intelectual entre las tradiciones de los salvajes de América y los antiguos griegos. La religión, dice Lafitau, está ubicada en el origen, no es algo que se elabora a partir de lo sobrenatural. Mediante esta tesis que compara los misterios paganos y cristianos, la escisión entre mito y religión se torna más concreta. La mitología es portadora del escándalo y de una incertidumbre que busca desentrañar los misterios de lo fabuloso, mientras que la religión aspira a lo absoluto sin profanar lo divino y está marcada por el sentimiento moral. El mito, por su condición de lenguaje primario está influenciado por el espíritu de la ignorancia, es «la sombra oscura que el lenguaje proyecta sobre el pensamiento» en algún tiempo de su nacimiento. Es extraño observar cómo no ha sido incluido en el libro el pensamiento del historiador Mircea Eliade, quien con su trabajo sobre el “eterno retorno” contribuye notablemente al esclarecimiento de la repetición cíclica de los mitos. Aquellos símbolos asociados al tiempo deberán desarrollarse de acuerdo a su curso, de ahí que exista la necesidad de conciiarse con las argumentaciones del tiempo. Los lazos que existen entre el dios o héroe y su antagonista conforman, según Eliade, los “mitos de polaridad”. El mito del andrógino divino es una de las posibilidades que ejemplifica esta complementación de los opuestos. ¿Es el objetivo de esta ciencia explicar las historias crueles de seres absurdos e incestuosos, los viajes a tierras innombrables o la búsqueda de un origen que a pesar de subvertir, comprende los hechos e ideas del mundo sin la arbitrariedad de un condicionamiento por el sentido? Se puede decir que la función del mito testimonia la narración mágica o religiosa, la fábula y el relato popular. Es una “sabia diversión” en donde importa el sentido simbólico de la representación y no exclusivamente la linealidad de lo que se narra. El lenguaje se ha sobrecargado por el exceso de significados. La aparición del discurso mítico es una realidad que convierte al hombre en un espejo de sus engaños; le abre una puerta al laberinto de contradicciones forjado por la aparición de un tiempo “mito-poético” —la edad de la religión y de la poesía— que31d88aFAFeL._SY344_BO1,204,203,200_ fundamenta a las civilizaciones a través de la incorporación de la ilusión de la palabra. La palabra escrita afirma el concepto en la memoria a través de los ojos. La transmisión de boca a oído mantiene su sistema operativo en las sociedades sin alfabetizar gracias al mecanismo de la repetición. Para que exista tradición oral debe haber alguien que capte y rescate del olvido al mensaje; debe ser aceptado por aquellos a los cuales está dirigido. Con la aparición del logógrafo que escribe y cuenta a la vez, el mito adquiere una condición de transmisión imperecedera. Marcel Detienne cita la frase del novelista Milán Kundera, “la lucha de la memoria y el olvido”; es decir, la importancia y necesidad de “mitologizar” y, por cierto, palabra que sólo aparece una vez en “La Odisea” en boca de Ulises expresando su disgusto por tener que contar una historia conocida. La palabra titubea y se equivoca, el escucha la somete a un nuevo proceso de fabulación y conforma otra historia basada en la similitud de los hechos. “La invención de la mitología” se aproxima dialécticamente al interrogante que trata de explicar los mitos y recoge datos valiosos sobre sus probables comienzos. Repleto de citas y cuestionamientos intenta reconocer una ciencia del mito que corrija el sinsentido, lo grotesco y lo obsceno que se extiende por la mitología griega. ¿Cuál es la influencia del mito?: si logramos “liberamos de la mirada del hábito” y trascender lo histórico, quizá las formas de imaginación e invención cobrarán un sentido, devenirán memoria y presente.

[Jorge M. LECH. “La palabra atónita”, in La Vanguardia (Barcelona), 7 de noviembre de 1985, p. 39]

✍ Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la economía europea, 500-1200 [1973]

34296416_071157Pasados apenas cuatro meses desde la aparición de la edición española del libro de Georges Duby, ha sido necesario ofrecer a los lectores la segunda edición de la obra. Cabe preguntarse por qué. No es difícil dar una respuesta. En esta obra de G. Duby el lector encuentra una explicación al apasionante problema de la formación de la sociedad feudal. Esa explicación se ofrece, además, sin el aparato erudito que habitualmente hace enojosa la lectura de temas históricos. Aclaremos ya nuestro punto de vista al respecto: G. Duby, claro está, lo comparte, su libro es la prueba. No existe la «historia aséptica» (ni la historia, ni las otras ciencias humanas), no existe «la historia erudita», fría y destinada a mostrar, a describir, separada de una problemática, de una ideología. Quienes dicen practicar esta historia se engañan a sí mismos. La historia debe ofrecer una explicación, dar una respuesta a una problemática. G. Duby lo sabe, lo hace. Llama él a este libro: ensayo. Diríamos mejor que es una síntesis reflexiva construida sobre la base de un enorme conocimiento del tema, de una impresionante erudición (de la que puede prescindir en la hora de la reflexión).Ya en la primera página G. Duby ubica los términos de la problemática que abordará. Más que una historia económica quiere reflexionar sobre una evolución muy amplia, cuyo mecanismo intenta poner en descubierto. Lo hará además a partir del terreno que mejor conoce: la historia del mundo rural francés. Sin embargo, el área geográfica que en realidad abarca su estudio es la que cubrió «el cristianismo de rito latino», por lo que queda incorporada la que llama «Europa salvaje»; la germano-eslava, que se identifica con la dominada por los «bárbaros», zona de inmadurez, de juventud, de acceso progresivo a las formas superiores de la civilización. A ella se enfrenta otra zona de incultura (concepto que se opone al desarro llo de las áreas dominadas por Bizancio y el Islam), la dominada por la decrepitud, en la que acaban de degradarse las supervivencias de la civilización romana, la zona mediterránea. Entre ambas, entre esos dos mundos, se sitúa la zona formada por la cuenca parisiense las orillas del canal de la Mancha, Borgoña, Alemania y Baviera, «en la que se da más activamente que en otraspartes el contacto entre las fuerzas jóvenes de la barbarie y los restos del romanismo». También aclara el autor que para comprender la sociedad de los primeros siglos medievales, sobre todo cuando se refiere a la zona de mayor barbarie, son menos útiles los conocimientos y las técnicas de la economía que los que brindan actualmente las reflexiones de los etnólogos y la arqueología. La obra se divide en tres partes: La primera, llamada Las bases (siglos VII y VIII); la segunda, Los beneficios de la guerra (siglos X-mediados del XI); la tercera, Las conquistas campesinas (mediados del siglo XI-fines del XIl).Son tres etapas que jalonan la estructuración de la sociedad feudal hasta llegar al momento de su mayor despliegue, de su «despegue» (fines del siglo XII), como la llama Duby utilizando la expresión rostowiana. La primera época, de contracion económica, retracción demográfica, etcétera, es en la que tienen lugar dos procesos particularmente importantes -agreguemos que poco conocidos y escasamente estudiados-: el de la transformación de la esclavitud, como sistema económico-social, en lo que puede llamarse pre-servidumbre. Duby destaca al respecto la importancia que tuvo la radicación del esclavo en una parcela conjuntamente con el reconocimiento del derecho de tener una familia (forma a través de la cual los terratenientes se aseguraban la mano de obra). El segundo proceso, paralelo y a la vez imbricado con el anterior, es el de la transformación de las estructuras tribales de los pueblos germanos en formas políticas más amplias y en formas sociales más complejas que conllevan, en primer término, a la formación de una aristocracia. En la formación de este mundo nuevo juegan como agentes primordiales la guerra y el saqueo. Ambos Proveen al mundo feudal en formación de hombres -el comercio más importantes es todavía el de los esclavos- y de riquezas, muebles de tesoros. Duby destaca con gran acierto la importancia del sistema de intercambio de regalos como primera etapa del desarrollo del comercio, y, en el mismo sentido, la relevancia que tuvo, como2070284131.08.LZZZZZZZ consecuencia de la evangelización de los germanos, el abandono de los enterramientos de los grandes guerreros rodeados de sus riquezas, de sus tesoros, costumbre que fue reemplazada por los donativos a la Iglesia. Con ello se logró incorporar importantes cantidades de metales estérilmente sustraídos a la esfera de los bienes temporales. Para la última época en estudio el motor será otro. Asentadas las fronteras, es decir, la capacidad expansiva de la sociedad en formación, las aristocracias ávidas de lujos, de bienes de todo tipo, acentúan la presión sobre el campesinado productor. De allí los cambios que se logran a partir del siglo XI, que culminarán en lo que el autor llama el «despegue» del siglo XIII. Como toda obra que dice algo, que explica, un problema, ésta incita a pensar, a reflexionar, a discutir. Entendemos que cumple plenamente con lo que el autor se propuso, de allí su enorme interés. Justamente porque es así no escapamos a la tentación de hacer alguna reflexión nuestra. Nos preguntamos si el hecho de que el autor apoye sus tesis en la historia de la zona franco-alemana, no le lleva a ubicar más tardíamente el proceso de tmnsformación del esclavismo, dado que, visto desde las zonas más romanizadas, dicho proceso aparece como muy anterior. Por otra parte, en toda la obra historiográfica de Duby se pone el acento en la nobleza laica y en el papel histórico que ella protagonizó.

[Reyna PASTOR. “Origen y desarrollo del feudalismo”, in El País (Madrid), 27 de febrero de 1977]

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