✍ Opinión pública e imagen política en Maquiavelo [1990]

por Teoría de la historia

getBookImgLa confusión entre el pensamiento maquiaveliano y lo que hemos dado en llamar mundo maquiavélico es tan grave para conocer la realidad política interpretada por el secretario florentino como la general inserción de éste entre los ateístas políticos. Queda siempre, bajo uno u otro prisma, una perspectiva deformadora que no impedía reconocer esa validez de los textos prohibidos por la Inquisición, pero tan útiles a los políticos, que llevaron al duque de Sessa a proponer una edición del Príncipe bajo otra autoría. Manuel Santaella acude a otro trámite para entenderle: las luces que dan los conceptos actuales. La conclusión resulta eficaz. Así nos dice que aquella frase maquiavelina de que el Príncipe debe cuidar de su reputación cobra nuevo y grande valor cuando se la encuadra en las modernas teorías doxológicas. Estudia Santaella estos dos conceptos de opinión pública y de imagen política tanto en la época como en la obra de Maquiavelo. La tardía formulación teórica del hecho de la opinión exige un replanteo al referirla a los textos maquiavelianos. Hay que tomar como marco para el viejo paisaje esa vuelta al referente político impuesta por las corrientes que configuran a la opinión como comunicación. Los conceptos con que hoy jugamos son bien diferentes de los de la República florentina. El único fondo con que podía contar era la agitación democrática recogida en el principio tomista y salisberiense, que no se puede mantener lo que repugna a los más: «Conservan non potest quod votis multorum repugnat.» Añade a ello el humanismo contemporáneo a Maquiavelo que el Príncipe puede desentenderse de conjuras y malevolencias cuando goza del favor del pueblo. Se trata, pues, de educar a los gobernantes para que antes sean amados que temidos. En cuanto al logro de tal fin, Maquiavelo señala la realidad con que debe contarse: los hombres ven por lo que parece más que por lo que es. Imagen y opinión se entrecruzan en la perpectiva maquiavelina, y Santaella aporta textos diversos que apoyan la interpretación de la realidad percibida por el propio Maquiavelo. Ante la contemplación del paisaje político, la reflexión maquiaveliana esencialmente exalta la combinación de la fuerza con la astucia y no sólo las apelaciones al pensamiento, sino también al sentimiento. La observación de la ley, el respeto a la religión, el alejamiento de la injusticia, la moderación en reformar, el cuidado en el premio y en el castigo, la huida del vilipendio y del improperio… La grandeza debe estar unida al valor, la firmeza y la fortaleza. La necesidad de que la opinión sea liderada hace ver ya a Maquiavelo. Hacen falta teóricos que preparen los cambios y que permanezcan anónimos. Imagen política y opinión pública tienen en la obra de Maquiavelo una relación recíproca. A Maquiavelo, el contraste entre verdad y salvedad sólo le importa en su aspecto político. La opinión refleja ahí un papel subsidiario. Su concepto de la opinión puede estimarse impreciso, pero es —señala Santaella— indudablemente certero. Precisamente el hecho de elaborarlo en la consideración de los cambios políticos romanos, subrayados por Tito Livio, lo acerca a nuestra actualidad. Allí está, por ejemplo, la significación liderante del tribunal de la plebe. El entramado institucional de la república romana permite dar cauce a los cambios de opinión, mediante soluciones ordinarias, siempre mejores que las extraordinarias. La fama —la buena fama— es un ingrediente esencial para el mantenimiento del Príncipe en el poder. El Príncipe debe pensar en evitar todo lo que le pueda hacer aparecer odioso o despreocupado. Importa decir que se mantenga en tal opinión, que nadie se atreva a engañarlo ni a actuar sobre él. Ve así su imagen política en juego con la opinión pública. La creación de la imagen está así pendiente de la vinculación con la opinión. Manuel Santaella ha sabido recoger los textos maquiavelianos en contacto con el saber actuar, de tal manera que el autor del Príncipe vuelve a ser útil y provechoso por encima de todos los maquiavelismos y de los ateísmos que embadurnaron el perfil de su pensamiento.

[Juan BENEYTO. “Manuel Santaella López: Opinión pública e imagen política en Maquiavelo, Alianza Editorial, Madrid, 1990; 192 páginas” (reseña), in Revista de Estudios Políticos (Nueva Época), nº 70, octubre-diciembre de 1990, pp. 350-351]

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