✍ Historia conceptual, Ilustración y Modernidad [2009]

por Teoría de la historia

41g1v3flQAL._SX323_BO1,204,203,200_La vitalidad de la historia conceptual (Begriffsgeschichte) está fuera de duda. A la traducción de las obras de Kosselleck (1) y los monográficos de revistas (2) dedicadas a esta disciplina se une ahora un título importante: el libro del profesor de la Universidad de Valencia Faustino Oncina. Oncina recoge en este libro una serie de trabajos dos de los cuales están dedicados directamente a la historia conceptual, mientras que los demás trabajos son aplicaciones de dicha metodología, aplicada libremente de forma nada dogmática a diversos temas relacionados con la modernidad. Dos artículos dedicados a la cuestión del secreto en la masonería, en la estela del Koselleck de Crítica y crisis; un artículo sobre los avatares del iusnaturalismo en los años de Kant; un artículo sobre la recepción del opúsculo kantiano Sobre la paz perpetua; un artículo sobre el tempo jurídico en las reflexiones fichteanas sobre el derecho; y, por último, un artículo sobre ilustración y modernidad en Kant en que se relacionan las nociones ilustradas de Kant con los análisis de Koselleck sobre la patogénesis de la modernidad y se defiende una concepción de las aportaciones kantianas en un sentido que no conduce necesariamente al jacobinismo revolucionario como afirma Koselleck, al presentar la crítica ilustrada como la antesala de la crisis del Antiguo Régimen que se saldó con la ruptura revolucionaria. No todas las concepciones ilustradas conducen de forma necesaria al jacobinismo y a la ruptura, por un lado, o a la exaltación fáustica, por otro, las hay más evolucionistas y más pacíficas y una de ellas es la que defiende Oncina, quien afirma: «queremos reivindicar la Ilustración, no como una ciudadela monolítica, sitiada hoy por doquier; ni como el paradigma maniqueo demonizado por esta generación, sino precisamente por su carácter coral y autorreflexivo ». Como dice Oncina de nuevo, la modernidad es «estratigráfica, polifónica, y no siempre rima con el pathos apocalíptico de la revolución ni con el fundamentalismo ético». Para Oncina la fecundidad de la BG (Begriffsgeschichte) reside en su fuerte potencial heurístico, aunque no se compartan sus premisas o resultados y a pesar del ambiente conservador en el que se gestó y en el que aún se encuentra. No se puede olvidar la influencia de C. Schmitt sobre Koselleck, especialmente sobre Crítica y crisis, y la recepción que de la obra de Koselleck han hecho autores como Odo Marquard. Para nuestro autor la importancia filosófica de la BG reside en que es una reflexión sobre «la modernidad, sobre su diagnóstico, sus cimientos, su despliegue y eventualmente sobre su progresiva consunción» muy fecunda, aunque no forzosamente acertada. En los artículos mencionados Oncina establece una útil cartografía en la que sitúa el conjunto de autores y tendencias que han tratado estos temas desde la historia de las ideas de Lovejoy, la historia de los problemas de cuño neokantiano, la historia espiritual de Dilthey, pasando por los esfuerzos de Eucken y Rothacker para establecer una historia de la terminología filosófica. También se relaciona el proyecto de Koselleck con el paralelo y sólo en apariencia opuesto desplegado por la escuela de Cambridge a través de las obras de Skinner y Pocock, más centrados en el análisis de los discursos que de los conceptos y más atentos a la pragmática histórica que a la semántica histórica. Por último, se plantean los desarrollos críticos con el proyecto de Koselleck de la escuela paduana centrada en torno a G. Duso y L. Chignola y las aportaciones originales a la semántica histórica de Rosanvallon que ha desarrollado «una historia conceptual de la política». Lo que tienen en común todas estas reflexiones es que su preocupación por establecer una historia de los conceptos va de la mano con la preocupación por los conceptos clave de la política y con la reflexión sobre el origen, alcance y limitaciones de la modernidad. Una dificultad a la que se enfrenta toda historia de los conceptos es que en un sentido estricto los conceptos son objetos formales que en sí mismos no pueden variar ya que están definidos por sus notas y cuando cambian éstas cambia también el concepto. Por ello habría que decir que lo que tiene historia es el uso de los conceptos, más que los conceptos mismos. Como dice el propio Koselleck: «Los conceptos como tales no tienen historia. Contienen, pero no tienen historia». Oncina plantea la metodología de la historia conceptual a partir del texto seminal Conceptos históricos fundamentales. Léxico histórico del lenguaje político-social en Alemania, cuyas premisas metodológicas son las siguientes: se trata de un análisis de crítica histórica que sigue el principio diacrónico, analiza la semasiología (estudio de los diversos significados de una expresión) y la onomasiología (estudio de las diversas denominaciones de una situación histórica concreta); no confunde los conceptos con las palabras que los designan, y se basa en la premisa de que la historia se condensa y plasma en diferentes conceptos que definen realidades y situaciones concretas. El léxico analizado parte de la tesis de que la terminología que define la realidad socio-política de la modernidad se forjó en una época que Koselleck denomina Sattelzeit que va de 1750 a 1850 y que está definida por cuatro procesos históricos que se superponen: temporalización, democratización, ideologización y politización. En esta época los principales conceptos, así como la propia vida, adquieren una dimensión temporal y se consideran sometidos al cambio histórico. Este enfoque que considera los coeficientes temporales que afectan al significado de los principales conceptos socio-políticos permite distinguir la historia conceptual de la ahistórica historia de las ideas. Por otra parte, preocupaciones teóricas y vitales que antes sólo preocupaban a las minorías cultas, ahora adquieren una dimensión masiva. Los dos fenómenos anteriores conllevan una politización de los conceptos que antevienen de forma directa en la vida pública y una ideologización al servir los conceptos de guías para la acción. Los conceptos no son sólo índices de una situación histórica sino que son también factores históricos de primera magnitud. Una de las principales consecuencias de la semántica histórica es que es indisolublemente también una pragmática histórica, lo que invalida una de las principales críticas de la escuela de Cambridge a Koselleck. Oncina resalta que uno de los principales esfuerzos de Koselleck ha consistido en distanciarse de la hermenéutica de su maestro Gadamer manteniendo la especificidad de la historia conceptual: en primer lugar, para la historia conceptual no todo es lenguaje sino que la historia tiene condiciones pre y extralingüísticas que la constituyen y determinan; la histórica o metodología trascendental de la historia, en tanto que teoría de las condiciones no sólo lingüísticas de la historia, no se puede reducir a ser un caso particular de la hermenéutica; precisamente en su búsqueda de categorías trascendentales de la posibilidad de las historias Koselleck ha individualizado cinco pares de conceptos enfrentados que él considera casi como constantes antropológicas que no pueden ser reducidas a un estatuto puramente lingüístico: matar / ser muerto, amigo/ enemigo, interior/exterior (secreto/publicidad), antes/después (padres/hijos), amo/esclavo. Según Oncina estos pares de conceptos conjugados los presenta nuestro autor como «requisitos histórico-naturales de la vida y la vivencia humana». Por otra parte, para Koselleck no se puede confundir la noción de Historie en tanto que narración de lo sucedido con la Geschichte que se refiere a los acontecimientos realmente sucedidos; mientras que Historik se refiere a la epistemología de la Historie o a las condiciones trascendentales de la Geschichte. En su segundo artículo Oncina trata de la relación en Koselleck entre la historia conceptual, la histórica como reflexión trascendental sobre la historia y la modernidad. La historia en tanto que indicio de la temporalización de los conceptos y de la vida es una vivencia plenamente moderna, ya que es en la modernidad en la que se abre una brecha de amplitud creciente entre el «espacio de experiencias» (Erfahrungsraum) y el «horizonte de expectativas» (Erwartungshorizont), es decir entre el pasado asumido y el futuro entrevisto. La reflexión de Koselleck sobre la modernidad se inicia con Crisis y crítica donde, bajo la inspiración de C. Schmitt, nuestro autor considera que la época de crítica que constituyó la Ilustración tuvo como consecuencia ineluctable el surgimiento de la crisis del Antiguo Régimen con su colofón revolucionario. En esta obra inicial la modernidad ilustrada y crítica desemboca en una crisis política que se resuelve mediante el sangriento expediente de la revolución. Como ya hemos dicho, Oncina se desmarca de esta conclusión tan sumaria y reductiva aludiendo al carácter plural y polifacético de la Ilustración y la modernidad que no sólo han producido patologías sino también el desarrollo humano material y espiritual. No está en la esencia de la modernidad el ser «velociferina», es decir, basarse en la aceleración de los tiempos y desplegarse bajo el signo del diablo. La modernidad es un ejemplo de la estratificación del tiempo histórico, es decir, de la coexistencia en un solo tiempo cronológico de distintos tempos culturales que dan lugar a la contemporaneidad de lo no contemporáneo. En el presente se conservan estratos temporales pasados todavía vivos o por lo menos zombis, muertos vivientes, que limitan las posibilidades de actuación en el presente y de proyección hacia el futuro. De igual manera, también en el presente hay anhelos y esperanzas por tiempos mejores que todavía no existen pero que ejercen influencia sobre la existencia actual real de los individuos. 

NOTAS. (1). Crítica y crisis: una patogénesis del mundo burgués, Trotta, Madrid, 2007; Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos, Paidós, Barcelona, 1993; Historia y hermenéutica (con G.H. Gadamer), Paidós, Barcelona, 1997; Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia, Paidós, Barcelona, 2001; Aceleración, prognosis y secularización, Pretextos, Valencia, 2003; Historia – historia, Trotta, Madrid, 2004. (2). Historia Contemporánea, n.º 27, 2003; Ayer. Revista de Historia Contemporánea, n.º 53, 2004; Isegoría, n.º 37, 2007; Conceptos. Revista de Investigación Graciana, n.º 5, 2008; Res Publica, n.º 1, 1998, y n.º 11-12, 2003. En la difusión de la BG en el campo filosófico han sido fundamentales en nuestro país el autor que reseñamos, Oncina, y José Luis Villacañas, director de Res Publica, que han dado a conocer la obra de Koselleck y han empleado sus intuiciones de forma creativa en sus análisis sobre la (pato)génesis del mundo moderno y su actual crisis. Mientras que desde el punto de vista historiográfico destacan la labor de Javier Fernández Sebastián y Juan Francisco Fuentes, impulsores de los números monográficos de las revistas de historia citadas antes.

[Francisco MARTÍNEZ. “Reflexiones sobre R. Koselleck y la historia conceptual”, in Revista internacional de filosofía política (México), nº 35, 2010, pp. 194-196]