✍ Diccionario político y social del mundo iberoamericano. Iberconceptos (I). La era de las revoluciones, 1750-1850 [2009]

por Teoría de la historia

diccionario_politico_social_mundo_iberoamericanoQuiero presentar a los lectores de la Revista el primer volumen del Diccionario político y social del mundo iberoamericano, publicado el año pasado en Madrid. Esta obra es uno de los resultados del Proyecto Iberoamericano de Historia Conceptual, apocopado Iberconceptos. Los conceptualistas –como ellos mismos se llaman con sano espíritu de cuerpo– tienen su epicentro en España, donde reciben apoyo de instituciones estatales, privadas, universitarias y otras sin ánimo de lucro. Su principal logro es el haber constituido una red de más de cien investigadores y colaboradores que inicialmente cubrió nueve países y que hoy se ha extendido a áreas nuevas (principalmente a América Central y las Antillas). En lo que concierne a la primera entrega del Diccionario, la empresa logró reunir a historiadores de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Perú, Portugal y Venezuela. El director editorial del Diccionario, Javier Fernández Sebastián –profesor en la Universidad del País Vasco–, sostiene que la principal novedad de la empresa consiste en la reunión de esa red internacional de colaboradores. Como el mismo Fernández lo explica en su introducción, el Diccionario es una obra sui generis. No se trata de un diccionario con vocación lexicográfica, toda vez que no se aspira con él a producir definiciones unívocas, autoritarias, de vocablos. Tampoco reúnen sus entradas conjuntos de informaciones establecidas o canónicas, como se hace en las enciclopedias. En lugar de ello, el volumen reúne contribuciones de expertos sobre el significado de determinados conceptos fundamentales del lenguaje político y su uso y evolución en los países iberoamericanos entre 1750 y 1850. Es decir, se trata de un diccionario histórico de conceptos políticos. Pienso que la dupla de palabras político e histórico daría mejor idea de su contenido que las palabras político y social, pero no me cabe la menor duda de que un equipo de cien conceptualistas demolería fácilmente mi opinión. El propósito de la obra, según Fernández, es comprender mejor los procesos y a los agentes históricos iberoamericanos durante la “era de las revoluciones atlánticas”. El camino que siguen es el de la historia de los conceptos, y Fernández afilia el proyecto a las enseñanzas de Reinhard Koselleck y su Begriffsgeschichte. Así, pues, la premisa del proyecto es doble: la historia deja huella en el lenguaje, y los actores de la historia tienen una apropiación lingüística de la realidad en que actúan. Ambas pueden investigarse hoy. Con Koselleck, Fernández sostiene que, a diferencia de las palabras (que denotan simples objetos), los conceptos denotan horizontes de significación que cambian en el tiempo y, con todo, persisten como referentes. Esto ocurre porque ellos denotan aspectos fundamentales de la vida política, y sólo pueden ser comprendidos en su evolución, que es concomitante con la evolución de los procesos históricos. Por lo tanto, los conceptos son siempre polisémicos y su comprensión exige el estudio diacrónico. Los participantes en el proyecto se propusieron discutir los conceptos fundamentales del pensamiento político iberoamericano durante la “era de las revoluciones”, entre 1750 y 1850. En su primera entrega acordaron discutir diez de ellos: 1. América / Americano; 2. Ciudadano / Vecino; 3. Constitución; 4. Federación / Federalismo; 5. Historia; 6. Liberal / Liberalismo; 7. Nación; 8. Opinión pública; 9. Pueblo / Pueblos; 10. República / Republicano. La segunda entrega, ya en avanzado proceso de edición, incluirá: 1. Civilización; 2. Democracia; 3. Estado; 4. Independencia; 5. Libertad; 6. Orden; 7. Partido / Facción; 8. Patria / Patriota / Patriotismo; 9. Revolución; 10. Soberanía. Fernández Sebastián explica que estos conceptos son fundamentales porque si alguno de ellos fuera eliminado del registro, todo el andamiaje argumentativo usado por los actores en la era de las revoluciones nos resultaría oscuro y, en algunos casos, incomprensible. En el tratamiento de estos conceptos, y de otros por venir, el Diccionario político y social del mundo iberoamericano logra avances contundentes que hacen de él una herramienta poderosa para el trabajo de los historiadores iberoamericanos. Para el estudio de cada concepto se destacan diez autores: uno es responsable del artículo general, que Fernández llama transversal; a esta cabeza de serie le asisten nueve autores, quienes se concentran en la historia del concepto en cada uno de sus países. De esta manera, se logran contribuciones acumulativas sobre cada concepto, se accede a la experiencia de expertos nacionales y se la trasciende con el ejercicio de síntesis a cargo del autor principal. El resultado final son cien artículos para tratar diez conceptos, con lo que se logra la incorporación de las perspectivas argentina, brasileña, chilena, colombiana, española, mexicana, peruana, portuguesa y venezolana. Por otra parte, en toda la obra impera una saludable homogeneidad académica, pues los cien autores fueron presentados con un cuestionario en el que se les explicaba el enfoque general del proyecto y se les pedía considerar aspectos determinados (1). La aspiración del proyecto es “romper con los viejos planteamientos dicotómicos de la historia social y de la historia tradicional de las ideas”. Fernández apuesta fuerte cuando propone la historia de los conceptos como un tercer paradigma. Puede aceptarse que luego de Koselleck y una verdadera pléyade de investigadores (Q. Skinner, B. Bailyn, etc.), la “historia tradicional de las ideas” sea cosa del pasado (y se puede prescindir de precisiones sobre cuándo y cómo exactamente dejó aquélla de ser tradicional). Lo que no puede aceptarse sin más, es que la historia de los conceptos pueda reemplazar a la historia social. Fernández podría considerar el tono más humilde de su maestro más directo, que no fue Koselleck, sino François Xavier Guerra. La obra de Guerra desbrozó el camino para la historia política y cultural en tiempos difíciles, cuando la hegemonía de la historia económica y social podía llegar a ser agobiante. Aun así, él nunca sostuvo que su acercamiento constituyera un nuevo paradigma más allá de la historia social. Hasta donde entiendo los planteamientos de Modernidad e Independencias y de Del Antiguo Régimen a la Revolución, esas obras monumentales fueron concebidas por Guerra como contribuciones a una comprensión mayor, que no puede concebirse de otra manera que como historia social; es decir, como una historia general de las sociedades estudiadas. La perspectiva de una historia de los conceptos reacia a contribuir a la historia social es, sencillamente, desoladora. Sería, a lo sumo, una historia refinada del lenguaje de las élites y de las élites mismas. El refinamiento sería ganancia, la restricción un retroceso. Por supuesto, no hay realmente nada de qué preocuparse, pues las contribuciones conceptuales de los colaboradores en el Diccionario político y social del mundo iberoamericano ya son herramientas imprescindibles para el estudio de las sociedades iberoamericanas durante la “era de las revoluciones”.

NOTA. (1) Se les pedía considerar catorce puntos, que pueden consultarse en el artículo de Fernández Sebastián titulado “Iberconceptos – Hacia una historia transnacional de los conceptos políticos en el mundo iberoamericano”, en Isegoría – Revista de Filosofía Moral y Política, número 37 [julio-diciembre de 2007], pp. 165-176.

[Sergio MEJÍA. “Diccionario político y social del mundo iberoamericano”, in Revista de Estudios Sociales (Bogotá), nº 38, enero de 2011, pp. 194-196]