✍ Tradición e innovación en la historia intelectual. Métodos historiográficos [2013]

por Teoría de la historia

Tradición e innovación en la historia intelectualLa dicotomía que preside este polifónico volumen está lejos de constituir un terreno firme desde el que examinar el recorrido de la historia intelectual, pese a la alegre presunción que toma la continuidad y la ruptura por ambientes estancos, sometidos a lógicas divergentes. Una de las primeras contribuciones que lo forman, «Ex innovatio traditio/Ex traditio innovatio. Continuidad y ruptura en la historia intelectual» (pp. 51-74), firmada por Javier Fernández Sebastián, se encarga de hacer explícito lo que será un rumor que recorrerá el conjunto de la obra, a saber, el recelo hacia el excesivo esquematismo de la polarización tradición/innovación y todas sus variantes (nuevo/ viejo, cambio/permanencia, continuidad/ruptura e incluso sociedad moderna/sociedad tradicional). No sólo se tratará de evidenciar su inoperancia por la estrechez a la que pretende someter una entidad tan compleja como la historia intelectual, sino también de poner de relieve los problemas metodológicos aparejados al establecimiento según criterios en absoluto desinteresados de aquello que deba contar como una genuina fractura. La hermenéutica gadameriana, los trabajos de la Escuela de Cambridge y, muy especialmente, la semántica de Reinhard Koselleck, constituirán propuestas cuya capacidad para ofrecer una alternativa a la mentada dicotomía será discutida no sólo en este, sino en el grosso de los escritos que forman el volumen que nos ocupa. Así pues, Tradición e innovación en la historia intelectual está compuesta por 15 textos, además de la introducción del editor, «Historia Conceptual: ¿Algo más que un método? » (pp. 11-38) –que amén de servir de fundamento y argamasa teórica es una suerte de memoria del grupo de investigación que dirige. Dichos textos provienen de las intervenciones que tuvieron lugar en un congreso con el mismo nombre celebrado en la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Valencia entre los días 7 y 9 de noviembre de 2012. Este trabajo colectivo pone en práctica el cultivo de la interdisciplinaridad y la transversalidad, pero no lo hace desde la nada, sino como consecuencia de su objeto preeminente de investigación: la Historia Conceptual (Begriffsgesischte), que es abordada desde diferentes ángulos como lo atestiguan los trabajos de Faustino Oncina, Ernst Müller, Falko Schmieder, Gaetano Rametta y Juan de Dios Bares, que vamos a presentar a continuación. Gracias a la contribución de Ernst Müller, «Historia Conceptual interdisciplinar» (pp. 39-49), tenemos noticias de las tendencias actuales (agrupadas en seis puntos) de investigación en torno a la Historia Conceptual en Alemania así como un desarrollo exhaustivo de una Historia Conceptual interdisciplinar que está cultivando el prestigioso Zentrum für Literatur- und Kulturforschung Berlin –y que sirve, como afirma Faustino Oncina en la introducción, de ideal regulativo de ésta y otras obras editadas por él mismo, entre las que se anuncia Conceptos nómadas: Auto-determinación, que verá la luz en los próximos meses. Su objeto de investigación son los denominados conceptos interdisciplinares, en la medida en que no prioriza los conceptos como resultado de procesos de universalización, sino como efecto de transferencias en las fronteras entre las disciplinas, las culturas y el lenguaje cotidiano. Si el capítulo de Müller está dedicado a mostrar las innovaciones dentro de la Historia Conceptual, «Formas de pensar la temporalización y su transformación histórica. Una discusión con Reinhart Koselleck» (pp. 81-94) de Falko Schmieder se adentra en la tradición de la misma a través de uno de los conceptos metodológicos capitales tanto de la teoría como de la práctica de la Historia Conceptual de Koselleck: el concepto de temporalización, que es seguido en sus distintas dimensiones históricas para, a continuación, discutir su significado sistemático en la metodología y la teoría de la obra de Koselleck. Por otro lado, en el diálogo de la Historia Conceptual con otras metodologías o perspectivas afines que constituye Tradición e innovación en la historia intelectual cabe destacar el capítulo que Gaetano Rametta dedica a la «Teoría del discurso y arqueología: una lectura de Foucault en clave histórico-conceptual» (pp. 141-149). En dicho trabajo se emprende la interesante tarea de entrecruzar de forma fructífera la Historia Conceptual y la arqueología foucaultiana con el objetivo de mostrar si y cómo esta última puede proporcionar instrumentos útiles para una reconstrucción en clave histórico-conceptual de los acontecimientos intelectuales que caracterizan la formación de la Europa moderna. Para ello, se confrontan y comparan el discurso ofrecido por Koselleck con ocasión del 85 cumpleaños de Gadamer (titulado “Histórica y Hermenéutica” y recogido en R. Koselleck y H.-G. Gadamer, Historia y hermenéutica) y la Arqueología del saber señalando ciertas afinidades y puntos de encuentro para concluir, no obstante, que el proyecto arqueológico foucaultiano es más radical en la medida en que cortocircuita la deriva trascendental de la Histórica de Koselleck, pero celebrando las fecundas aplicaciones de la Begriffsgeschichte. En la senda de profundizar en las posibles aplicaciones de ésta se encamina el trabajo de Juan de Dios Bares titulado «La Historia Conceptual de Koselleck y la Historia Antigua» (pp. 200-213). Tras denunciar que la centralidad atribuida por el autor de Futuro Pasado a la Modernidad lastra hasta cierto punto sus observaciones sobre el Mundo Antiguo, el capítulo pretende examinar su utilidad para la comprensión de la evolución de los conceptos en la Antigüedad a través de los trabajos de Christian Meier, quien emplea las herramientas proporcionadas por la Historia Conceptual en un estudio de la evolución de los conceptos en el mundo griego que va más allá de desvelar su papel propedéutico respecto a los conceptos de la Modernidad. La cuestión de la recepción de la Antigüedad es retomada por Salvador Mas en el capítulo «El poeta Gottfried Benn visita el mundo dórico (pero se marcha pronto)» (pp. 215-228), trabajo en el que se exploran las complejas y tensas relaciones del poeta alemán con el Mundo Antiguo, entremezclándose cuestiones éticas, estéticas y políticas. Si en sus primeras obras Benn defendía y poetizaba un anti-clasicismo y un vitalismo órfico-dionisíaco, entendiendo los problemas del yo moderno como destino de la cultura occidental, más adelante se identificará con las tesis nacionalsocialistas, aproximación que culmina en el ensayo «Mundo dórico», seguida sin embargo de un rápido desencanto respecto de estas tesis: aparece entonces una nueva concepción de la Antigüedad, caracterizada por un explícito rechazo de todo lo político. Con los trabajos de Juan de Dios Bares y Salvador Mas se tiende un puente con el mundo antiguo, aunque el volumen tampoco se olvida del Barroco y el cultivo que en ese período se hizo de la historiografía. De ello da cuenta Elena Cantarino en «Genio de la historia para entenderla y escribirla. Naturaleza y método de la Historia en el Barroco español» (pp. 229-237), contribución con la que se cierra la obra y en la que se destacan algunos aspectos importantes de la concepción y el método de la historia que desarrollaron diversos tratadistas españoles durante el reinado de los Austria. Además de este primer bloque de textos en los que se aborda algún aspecto de la Historia Conceptual, encontramos un segundo bloque de trabajos que tratan metodologías historiográficas afines. Entre ellos destacamos, en primer lugar, el ensayo que Ángel Prior dedica a las relaciones entre «Historia, conceptos y experiencia en Hannah Arendt» (pp. 105-122). En él se replantea la relación de Arendt con la historia de las ideas revisando la conexión entre conceptos y experiencias en su reflexión sobre la historia. La ruptura de la tradición que supone el totalitarismo aparece como premisa de su refutación de las filosofías de la historia, a la que Arendt opone una noción de historia basada en la conexión con la acción, en la ruptura de la continuidad y específicamente en el análisis del totalitarismo en términos de cristalización y que tiene en su base un tipo de experiencia tipificada como alienación del mundo, fundamento de su diagnóstico de la Modernidad. En segundo lugar, Antonio Lastra examina la pertinencia de la micrología tal y como la entendía Leo Strauss, pero sin olvidar el uso que de ella se ha hecho tanto en la filosofía antigua como contemporánea, no sólo para leer sino también para escribir la historia de la filosofía, especialmente, la historia de la filosofía política, en un trabajo titulado «Micrología. Leo Strauss y la historia de la filosofía» (pp. 131-140). En tercer lugar, Enrique Bocardo, en «El Dogma de las Intenciones Ilocutivas» (pp. 151-172), lanza una dura invectiva contra la metodología seguida por uno de los paladines de la historia de las ideas de origen anglosajón: Quentin Skinner. Movilizando al comienzo la concepción wittgensteiniana de «mitología», Bocardo reconstruye el núcleo de la metodología elaborada por Skinner. Una vez delineada, señala que en ella intervienen elementos incompatibles como es defender una concepción ilocutiva del acto de comunicación y, a la vez, incorporar la noción de «paradigma» elaborada por Ernst Gombrich. También queda reservado un espacio para albergar y dar noticia de los denominados «giros» que, cada cierto tiempo, irrumpen en el ámbito de las humanidades. Sobre los peligros epistemológicos que pueden entrañar parece prevenirnos el texto de Tomás Gil que trata los «Efectos negativos de innovaciones conceptuales» (pp. 75-80). Como decíamos, dos son las intervenciones que dan noticia de ese tipo de transformaciones o innovaciones metodológicas que, consideramos, tienen especial proyección. Por un lado, en «Biographical Turn? Sobre el retorno de la biografía como método historiográfico» (pp. 188-199) Giovanna Pinna plantea la cuestión de la biografía filosófica como instrumento de investigación historiográfica a la vez que reconstruye el aumento exponencial de las mismas en las dos últimas décadas examinando su base metodológica como reacción al antisubjetivismo estructuralista y posmoderno. Por otro lado, en «El giro pictórico, icónico o visual en la historia del pensamiento: el caso de Aby Warburg» (pp. 173-188), Karina P. Trilles disuelve, en parte, las pretensiones de absoluta novedad del denominado, dependiendo de la tradición, giro icónico o pictorial, defendiendo como precursor (olvidado) al historiador del arte alemán Aby Warburg al tiempo que realiza una magnífica panorámica de su obra mostrando qué paradigma de pensamiento pretendió derribar y las herramientas metodológicas de las que se sirvió para la comprensión viviente del arte: las nociones de «Nachleben der Antike» y «Pathosformel». Para finalizar, tenemos que referirnos a los textos de Johannes Rohbeck e Ives Radrizziani que llevan a cabo sendas reflexiones sobre la historia en general y su interpretación. Así, en «Acción e historia» (pp. 95-104) Rohbeck plantea que la tarea del historiador y del filósofo no es describir la historia como un hecho de la realidad objetiva, sino darle un sentido a la historia, por lo que es necesario investigar ese sentido. Frente a la narratología, que pone todo el acento en el sentido de la interpretación, el autor se propone prestar especial atención al sentido de acción y hacerlo mediar con el sentido de la interpretación, destacando la interdependencia entre ambos. Por último, en «Reflexiones sobre el estatuto de la historia de la filosofía» (pp. 123-130), Radrizzani trata de establecer una vía intermedia entre el historicismo y la filosofía analítica, al considerar que ambos amenazan la posibilidad misma de una historia de la filosofía. El artículo intenta establecer un difícil equilibro al mantener, por un lado, una irreductible transhistoricidad de la filosofía ligada a su estatuto de metaciencia al tiempo que, por otro lado, denuncia la unilateralidad de un acercamiento que afirme el primado de lo teórico, pues conduciría a ocultar la raíz práctica y la necesaria historicidad de todos los conceptos. Tradición e innovación en la historia intelectual. Métodos historiográficos sigue la estela de otras obras editadas por Faustino Oncina como Teorías y Prácticas de la Historia Conceptual (2009), Palabras, conceptos, ideas (2010), Estética de la memoria (2011) y Giros narrativos e historias del saber (2013), mostrando la vitalidad del grupo de investigación que la anima.

[Nerea Miravet SALVADOR y Héctor VIZCAÍNO REBERTOS. “Faustino Oncina Coves (editor), Tradición e innovación en la historia intelectual. Métodos historiográficos, Madrid, Biblioteca Nueva, 2013, 237 pp.” (reseña), in Revista de Libros de la Torre del Virrey (Valencia), nº 3, 2014]