✍ El tiempo de la política. El siglo XIX reconsiderado [2007]

por Teoría de la historia

978-987-1220-87-8La política latinoamericana del siglo XIX recupera, en este libro de Elías Palti, su carácter de invención, de dilema, de aporía. En la perspectiva de la historia intelectual, Palti explora el universo conceptual en que tuvo lugar la crisis de la independencia y la construcción de los nuevos estados, mostrando las tensiones inherentes a un universo político cuyos cimientos, una vez disueltos los fundamentos trascendentes, se fueron edificando a través tanto de batallas armadas como de contiendas agónicas. La propuesta metodológica de Palti de reconstruir los lenguajes políticos transita un sendero delineado por el cambio histórico y el cambio semántico: de lo que se trata no es de dar cuenta de todos los cambios semánticos que sufren los conceptos clave de la política del siglo XIX (pueblo, nación, soberanía, opinión pública, razón, voluntad general, representación, sociedad, civil, democracia), sino del modo en que el uso de éstos en el discurso público encuentra sus «puntos ciegos» y produce desplazamientos de significados que marcan los umbrales de historicidad de los lenguajes. Este acercamiento se encuadra en una «historia de los efectos», que permite ver cómo a través de «conceptos bisagra» un lenguaje se va torsionando, y recompone sus propias categorías, al tiempo que se desarticula para dar lugar a uno nuevo. Tres ejes de análisis recorren este texto: histórico, historiográfico y epistemológico. En la reconstrucción del campo historiográfico que recorta como objeto el pensamiento y las prácticas políticos en Latinoamérica durante el siglo XIX, Palti analiza exhaustivamente los distintos esquemas de interpretación imperante, mostrando los supuestos epistemológicos sobre los que descansan, y, en función de estos, los alcances y las limitaciones. Así, las páginas de este libro recorren, por ejemplo, la historia de las ideas, las perspectivas culturalistas, los planteos derivados de la teoría de la dependencia. Pero sin duda el gran interlocutor del debate textual que nos propone Palti es François-Xavier Guerra y su obra, particularmente Modernidad e Independencias, ese libro sin duda «bisagra» en la historiografía sobre los procesos revolucionarios latinoamericanos, que marca la huella en la que se forjan las producciones de los representantes de la llamada «corriente revisionista», cuyos trabajos también son discutidos aquí. Palti reconoce en la obra de Guerra un aporte significativo, en la medida en que opera algunos desplazamientos fundamentales con respecto a los enfoques más tradicionales: rompe con la noción de «influencia ideológica», se preocupa por señalar las relaciones entre las alteraciones conceptuales y las transformaciones en la práctica política, intenta superar la visión dualista que asimila el tradicionalismo a lo español y el liberalismo a lo americano, muestra que las revoluciones hispanoamericanas exhibieron una compleja combinación de modernidad política y arcaísmo social que se expresó en la hibridez del lenguaje, y que fue esta contradicción la que se ubicó en el núcleo de las dificultades que tuvieron los actores para concebir la nación como entidad abstracta. Sin embargo, este último desplazamiento comportó una vuelta al teleologismo subyacente a los análisis más frecuentes sobre las revoluciones y las independencias latinoamericanas, que oponen de manera dual y esquemática lo tradicional y lo moderno. Así, las propuestas de Guerra y la escuela revisionista terminan capturadas en esquemas de interpretación similares a los que parecen dominar las otras perspectivas analizadas por Palti; esquemas que asimilan, por un lado, modernidad, atomismo y democracia, y por el otro, tradición, organicismo y autoritarismo, y construyen así dos secuencias de conceptos enfrentadas que parecen explicar los vaivenes políticos del siglo XIX en América Latina. Es entonces la dimensión histórica de un siglo que es «un momento de refundación e incertidumbre, en que todo estaba por hacerse y nada era cierto y estable» (p. 13), el punto de anclaje para un minucioso trabajo sobre los discursos y las prácticas políticas que va a permitirle a Palti superar esos esquemas teleológicos rígidos. Considerando el carácter problemático de los conceptos políticos, Palti logra una reconstrucción del campo de significados de esas nociones mencionadas más arriba sin caer en la perspectiva normativista. Lejos de proponernos un «concepto verdadero» de nación, representación o democracia, por ejemplo, lo que hace el texto es transitar «los infinitos meandros» e incluso «los eventuales extravíos a los que todo uso público de los lenguajes se encuentra inevitablemente sometido» (p. 17). Así, el libro confronta al lector con los nudos problemáticos de la política latinoamericana del siglo XIX: el carácter equívoco del sujeto de la soberanía en los debates que siguen al colapso institucional de la monarquía hispánica, las paradojas argumentales que surgen de la relación entre sujeto de soberanía y poder constituyente cualquiera sea el orden lógico y temporal en que ambos sean presentados, las dificultades para conciliar la soberanía del pueblo con el ejercicio efectivo del poder, el inestable vínculo entre soberanía, voluntad y razón, las incertidumbres que atraviesan todos los intentos de actualizar las manifestaciones de la voluntad general, ya sea mediante el mecanismo de la representación o a través de la opinión pública. En este marco, Palti advierte que no hay soluciones políticas a priori y se aboca a la reconstrucción histórica de los dilemas que enfrentan los actores, así como de las respuestas que estos ensayan. En este sentido, el derrumbe de la monarquía hispánica aparece como el primer gran hiato que modifica sustancialmente las condiciones de enunciación de los problemas políticos. En España, el punto clave es, según Palti, que los actores descubren que pueden cambiar la constitución, y el hecho que ésta se vuelva objeto de discusión reconfigura el terreno del debate y transforma los lenguajes políticos. En Hispanoamérica, por su parte, la apelación a argumentos pactistas formulados en clave neoescolástica resulta circunstancial y no expresa necesariamente el carácter «tradicional» de la política; por el contrario, da cuenta del uso político de un lenguaje que, en el marco de la convocatoria a las Cortes de Cádiz, permite sostener la imposibilidad que un reino represente a otro y, por lo tanto, desconocer una instancia en la que los representantes americanos habían sido elegidos en muchos casos en la misma península. En este punto, queda claro que si la respuesta a la pregunta por el sujeto de imputación soberana es la nación, ésta no convierte automática ni unívocamente en «modernos» a los proyectos con los que está asociada. Más aún, la apelación a la nación instala a la construcción de las nuevas unidades políticas latinoamericanas en una paradoja: las convocatorias a congresos presuponían la existencia de lo que se quería crear, esto es, la nación unificada. Esto desata complejos interrogantes: ¿cómo puede ser representada la nación?, ¿cómo se articulan soberanía y representación? ¿quiénes pueden arrogarse la representación y a través de qué medios? Y estos interrogantes no apuntan sólo a la ingeniería institucional que va a dar forma a la representación, sino también a ese nuevo actor de la política latinoamericana decimonónica que es la opinión pública, pensada en principio como expresión de la voluntad general y tribunal de las acciones de gobierno, y fuertemente marcada por las pretensiones de unanimidad. Todas estas cuestiones configuran la dimensión problemática del concepto de nación, y producen, durante la primera mitad del siglo XIX, desplazamientos conceptuales que buscan sortear los obstáculos que la noción de una génesis convencional de lo social, pone en el camino de la conformación de gobiernos estables en Latinoamérica. Así, el romanticismo, por ejemplo, intenta encontrar fundamentos en la idea de nación como organismo vivo y sostener entonces que los nuevos estados latinoamericanos dan forma institucional a nacionalidades preexistentes. S i la nación no es el producto de un acto convencional y voluntario de los individuos que la componen, si es un organismo vivo de cuyo conocimiento como tal pueden desprenderse las claves de gobernabilidad, entonces la política puede avanzar sobre las limitaciones que le imponía la meta de convertirla en que lo que debía ser –esto es, una asociación voluntaria de individuos racionales y libres– y hacerse cargo de lo que es: un cuerpo formado por hombres pasionales, mezquinos, egoístas. Y lo que está en el núcleo del gobierno de esta nación no es la razón sino el poder. Este supuesto modifica tanto las propuestas institucionales como la concepción de la opinión pública, que deja de ser un tribunal para convertirse en un campo de acción estratégica en el cual los proyectos en pugna buscan imponerse. A través de este recorrido, Palti muestra los pliegues de la trayectoria que siguen los países latinoamericanos hasta edificar sistemas políticos basados en la democracia representativa. El vínculo equívoco entre democracia y modernización termina por consolidarse, en las últimas décadas del siglo XIX, no tanto sobre el principio abstracto de la igualdad, sino sobre la constatación empírica de la heterogeneidad de la sociedad. En este sentido, el gesto político del sufragio universal masculino es menos significativo en el esquema de representación que las formas de asociacionismo que se multiplican expresando los intereses de los distintos sectores sociales. En definitiva, el giro democrático termina siendo completado sobre el soporte conceptual del organicismo positivista, que vuelve argumentable la diferencia social y su proyección en el campo de la política y abre camino al sistema de partidos. Se trata, en suma, de un recorrido que nos permite asomarnos a un escenario de conflictos, debates y estrategias, en el que el siglo XIX aparece claramente como el tiempo de la política.

[Beatriz DÁVILO. “El tiempo de la política. El siglo XIX reconsiderado, de Elías Palti. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2007” (reseña), in Estudios Sociales (Santa Fe), vol. XXXIV, nº 1, 2008, pp. 180-183]

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