✍ Delfos. Historia del centro del mundo antiguo [2014]

por Teoría de la historia

portada_delfos_francisco-garcia-lorenzana_201503101211Hay otros libros que enfocan más los aspectos míticos del famoso santuario de Apolo (como el de Fontenrose, Python, en Sexto Piso), pero este es el más completo sobre la historia del centro oracular más importante del helenismo, desde su fundación hasta el redescubrimiento arqueológico de sus ruinas a finales del siglo XIX. Esta es, desde luego, una larga, intrincada y apasionante historia que Michael Scott relata con precisión, erudición y buen estilo narrativo. El relato está dividido en tres secciones que corresponden a los tres periodos históricos: el primero trata de su fundación y su prestigio panhelénico en la época arcaica, el segundo examina su situación política y auge monumental en la que solemos llamar “clásica” y el tercero abarca desde el siglo II después de Cristo, cuando toda Grecia era ya dominio del Imperio Romano, hasta las excavaciones arqueológicas que volvieron a sacar a la luz del sol los restos de sus templos y algunas famosas esculturas tras siglos de oscuridad. Delfos fue siempre una pequeña población, sin relieve político, pero una voz resonante en el ámbito griego. Rodeada por el impresionante paisaje montañoso del Parnaso, a su santuario peregrinaron durante siglos gentes de múltiples ciudades para escuchar las respuestas sabias y ambiguas de la famosak10184 Pitia, inspirada por Apolo. El lugar se llenó de templetes y estatuas, en ofrendas incesantes. Agitado por la presión política de sus vecinos cercanos o poderosos, como los focenses o los etolios, y más tarde los macedonios (desde Filipo, el padre de Alejandro), también Esparta y Atenas trataron de dejar huellas de su hegemonía. Más tarde los romanos consagraron la fama de Delfos en una Grecia ya en decadencia, y algunos, como Sila y Nerón, aprovecharon para llevarse como botín joyas y estatuas. Todavia en los primeros siglos de la era cristiana, señala Scott, perduró el atractivo de Delfos. Luego, desde el siglo VII al XVIII, se extendió la sombra, y sobre las ruinas de los templos, saqueados o derruidos por algunos terremotos, creció la aldea de Castri. De modo que los viajeros del siglo XVIll apenas encontraban rastros del santuario de Apolo al visitar el lugar. Cierra el relato el capítulo que cuenta el empeño de la escuela francesa de arqueología por redescubrir el santuario. Un buen final para un impresionante recorrido histórico muy bien recordado.

[Carlos GARCÍA GUAL. “Todo sobre el ombligo del mundo”, in El País. Babelia (Madrid), 29 de agosto de 2015, p. 6]