✍ Aporías. Tiempo, Modernidad, Historia, Sujeto, Nación, Ley [2001]

por Teoría de la historia

Sin títuloEste libro resulta de la reunión de cinco ensayos que el autor publicó entre 1993 y 1998; su articulación reside, de acuerdo con Elías Palti, en «el objetivo común de tornar materia de escrutinio crítico nociones heredadas respecto a una serie de categorías clave en la historia del pensamiento occidental» (p. 9). Esas categorías, que son las mencionadas en el subtítulo del libro, constituyen al mismo tiempo el asunto central de cada capítulo. Concibiéndolo como la empresa de un historiador intelectual, Palti filia su intento con la foucaultiana búsqueda de la genealogía de los problemas y los debates estudiados. El primer capítulo lleva por subtítulo «Tiempo, modernidad e irreversibilidad temporal»; las hipótesis básicas que Palti intenta sostener allí son tres: la primera, indica que «los términos que se encuentran operando en el debate relativo a la ‹modernidad› y al ‹tiempo de la modernidad› en realidad sobrellevaron una serie de redefiniciones fundamentales a lo largo de los cuatro siglos en que supuestamente se despliega la era moderna». De tal argumento se sigue que no existió una única noción moderna del tiempo. En segundo lugar, sostiene Palti que «la idea de una naturaleza dual del tiempo histórico» es sólo una de esas distintas nociones. Finalmente, que «el concepto dualista de la temporalidad», que se encuentra por detrás de perspectivas tanto modernistas como posmodernistas, está hoy en cuestión (p. 30). A su vez, el segundo capítulo, bajo el título «Modernidad», está dedicado al análisis al problema de «la historia, la modernidad y los límites de la razón», que el autor organiza alrededor de un eje constituido por la obra de Hans Blumenberg. En el apartado son estudiadas las transformaciones que el proyecto original de Blumenberg sufrió en el curso de su desarrollo. En el capítulo siguiente, que Palti ha titulado «Historia- Sujeto», se examinan «la filosofía de la historia de Herder y los desarrollos desiguales de las ciencias naturales de la ilustración tardía». Dos son los argumentos centrales en torno a este punto. El primero, que «una clave de lectura de la filosofía de Herder» que ponga en su centro el «pasaje de una noción del organismo como substancia» a «una definición del mismo como sujeto», permitirá la revisión de argumentos tradicionales acerca del historicismo (p. 137). El segundo, indica que la filosofía de la historia de Herder es «una configuración inestable, resultante de una situación de ruptura conceptual en la cual los puntos ciegos de una forma de discurso dada se tornan visibles haciendo así manifiesto el carácter últimamente contingente de todo régimen de saber» (p. 138). El capítulo dedicado al estudio de los enfoques sobre la nación se centra, en particular, en lo que Palti llama el «dilema hobsbawmsiano». Palti, aunque analiza las posiciones de otros autores, toma el esquema que percibe dos enfoques sobre la nación, el genealógico y el antigenealógico, y hace de Hobs-bawm una de las figuras centrales de este último. El autor subraya el impacto de la realidad sobre los planteos de Hobsbawm, y entiende que ese impacto contribuye a revelar los «verdaderos basamentos ideológicos» de lo que «pretendía pasar como el resultado de una investigación historiográfica objetiva e imparcial». El capítulo se cierra con una crítica al enfoque antigenealógico, que a la luz de la guerra en Bosnia aparece como una «fachada progresista» para la defensa de la seguridad de las potencias de Europa occidental (pp. 231 y 232). Es en este tramo, quizás, donde Palti asume más explícitamente las consecuencias políticas de su reflexión, en un apartado en el que el enlace de las investigaciones históricas de los intelectuales estudiados, sus posiciones ideológicas y las argumentaciones más inclinadas a la teoría se ponen explícitamente en el centro del análisis. El libro se cierra con una «reseña crítica» de Facticidad y validez de Habermas, bajo el apartado «Ley». Aquí, Palti lee en el libro los indicios de una «reorientación ideológica en su pensamiento reciente»; Facticidad y validez es puesto en relación con la producción teórica previa de Habermas, y se analizan las «nuevas direcciones que su publicación traza dentro de los marcos de su programa de investigación» (p. 235). No es este, desde ya, el lugar para una exposición más detallada de los argumentos que Palti ofrece, y mucho menos de aquellos que son su objeto de estudio; entiendo en cambio más pertinente formular algunas observaciones de conjunto. La obra exhibe, cuando menos en principio, una dimensión que con algunas precauciones puede llamarse «teórica». Esas precauciones tienen su origen en la visible circunstancia de que imaginar la existencia de obras estrictamente teóricas implica disponer de un criterio firme y preciso para distinguirlas de las que no lo son; en el caso de la historia, se añade un problema, quizás más importante: formular tal distinción supone concebir la posibilidad de existencia de una práctica historiográfica sin dimensiones teóricas, lo que a mi juicio resulta imposible. El propio autor parece sugerir lo incierto de aquella clasificación, dado que asume claramente la necesidad de tener en cuenta la historicidad de las discusiones y razonamientos que examina, e intenta sistemáticamente un enlace con sus condiciones de producción y con las tradiciones que pueden hallarse por detrás de los argumentos analizados. Este tipo de trabajo no ha sido demasiado frecuente en la historiografía argentina; por el contrario, casi puede afirmarse que la «nueva escuela histórica» inauguró en este sentido una tradición duradera, esquiva como fue luego de los primeros tiempos a la discusión de los fundamentos epistemológicos de su saber y a las herramientas conceptuales que utilizaban, salvo en algunos artículos muy espaciados. Quizás en los años sesenta se haya suspendido en algunos ámbitos de la historia universitaria esa tendencia, pero debe reconocerse que se trata de una zona de los estudios históricos que no fue frecuentada con asiduidad por los historiadores. Es probable también que, en los últimos tiempo, el panorama haya cambiado, aunque no se trata todavía de un movimiento particularmente visible. Algunos de los textos que pueden incluirse en el elenco de obras de este tipo, por otra parte, fueron producidos por intelectuales cuya formación de base había tenido lugar en el seno de otras disciplinas El enfoque del autor, el modo de construcción de sus objetos de estudio, por otra parte, produce la apertura de dos frentes en sus líneas de reflexión que atraviesan todos los capítulos del libro. Las categorías analizadas no sólo son decisivas en la historia del pensamiento occidental, como ha señalado Palti, sino que también constituyen instrumentos conceptuales que el autor ha utilizado en sus propios trabajos de investigación dedicados a otras cuestiones. En este sentido, el intento de Palti exhibe aquella dimensión teórica mencionada con anterioridad, que permite una consideración acerca de la solidez, pertinencia y productividad intelectual de las nociones que son sometidas a análisis, y al mismo tiempo exhibe una dimensión histórica, ya que se trata de un análisis de momentos y polémicas cruciales para la historia intelectual occidental. Así, parece evidente que la selección de los términos resulta absolutamente adecuada, y que ella se funda en trabajos anteriores en los que Palti ha investigado procesos que corresponden a las áreas, siempre en relación, de la historia política e intelectual; vuelve a hacerse visible, entonces, la articulación entre estas dos dimensiones de la tarea del historiador, la de explicación de ciertos procesos y la de reflexión sobre las categorías utilizadas para dar cuenta de ellos. Palti, por otra parte, logra en estos ensayos hacer oír su propia voz. Entiendo por tal cosa no la oferta de «definiciones verdaderas», objetivo inalcanzable desde la perspectiva del autor, y también desde la mía. Me refiero, en cambio, a la actitud que se delinea por detrás de los planteos sobre inconsistencias, límites, relaciones con otros textos y con ambientes y climas culturales y políticos, de los argumentos que se estudian. La misma organización de recorridos que llevan de Lyotard a Leibniz, o de Blumenberg a Francisco de la Marca, aunque en ocasiones sean tributarias de los itinerarios seguidos por los autores que están en examen, revela que sobre esos textos se ha ejecutado una intervención fuerte y propia, que los reordena en función de los intereses y preocupaciones de Palti. Es quizás esta misma estrategia la que hace que, en tramos de algunos capítulos, el trabajo provoque la impresión de cierta brevedad obligatoria. Tal estrategia contribuye a la ubicación precisa de una obra en una serie de discusiones que tiene una historia, muchas veces larga, y a poner en primer plano su profundidad temporal, lo que es siempre beneficioso. La acción de explorar el modo en que una poémica o una idea que se pretende novísima se vincula con posiciones y debates anteriores, es uno de los puntos fuertes del libro. Un ejercicio semejante, aunque no exactamente el mismo, permitía por ejemplo que Isahia Berlin enlazara la actitud mental de los jóvenes rebeldes de los años sesenta con posiciones de Sorel, y por esa vía con el romanticismo. Planteos de este orden siempre abren pistas de interés para la consideración de cuestiones importantes para la historia intelectual, a condición de que esas genealogías tengan en cuenta las apropiaciones, las reinterpretaciones y los cambios de contextos, operación que Palti realiza con precisión. Pero, como señalamos, aquella estrategia lleva en sí misma la obligatoriedad de un tratamiento sumario de algunos problemas y autores. No intenta ser esta observación una versión del «dilema» extensión-profundidad, sino apuntar que en ocasiones pudo haber sido útil una opción que, aun corriendo el riesgo de obviar alguna deriva secundaria del debate, se concentrara en los nudos y participantes centrales en la discusión. Un caso en el que se revela lo necesario de un tratamiento acotado impuesto por la estrategia elegida es el del «debate sobre la autodeterminación nacional dentro de la izquierda» (p. 198 y ss.). Es probable, de todas maneras, que este comentario tenga en sus orígenes un interés personal por la cuestión, pero creo que podrían señalarse algunos otros ejemplos. Palti viene entonces a proponer y ejecutar un sólido examen crítico de nociones heredadas así como de coyunturas intelectuales decisivas. Son además de destacar tanto el rigor con el que ella fue ejecutada, como el vasto repertorio bibliográfico al que apeló para llevarla adelante. Cabe entonces esperar que en una historiografía como la argentina, poco afecta al tratamiento en regla de tales problemas, este trabajo se vea acompañado pronto por empresas similares.

[Alejandro CATTARUZZA. “Aporías. Tiempo, Modernidad, Historia, Sujeto, Nación, Ley. Buenos Aires, Alianza, 2001” (reseña), in Estudios Sociales (Santa Fe), vol. XXIV, nº 1, 2003, pp. 210-213]

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