✍ Cultura y anarquía [1869]

por Teoría de la historia

CA00203001Matthew Arnold (1822-1888) fue poeta, crítico literario y reformador social de la época victoriana, y ha sido poco traducido entre nosotros. La influencia puritana es clara en su obra: extremado rigor, crítica del materialismo de su tiempo (que no era aún el del nuestro). Anglicano en sus orígenes, perdió la fe, aunque se consideró cristiano desprovisto de cualquier relación teológica. Buscó en la poesía el saber del filósofo y la fe del religioso, algo que le fue criticado por Eliot, que prefería creer en el dogma y en lo Uno frente a la diversidad y temporalidad de la cultura. Arnold se preocupó notablemente por el sentido de la cultura como construcción de valores y vio en el Estado el garante de esa magna institución educativa. Él mismo, además de profesor de poesía, fue inspector del sistema escolar de su país. Arnold admiró a Heine –como nos recuerdan Javier Alcoriza y Antonio Lastra en la introducción–, de quien tal vez hereda la distinción y diálogo entre helenismo y hebraísmo, o conocimiento y obediencia, literatura y trascendencia: ideas que Arnold desarrolla a lo largo de Cultura y anarquía (1869), centrado en las tensiones de la educación inglesa en su época y dirimiendo en las luchas y divisiones del anglicanismo. Quizás vio también, en el escritor alemán, a un crítico de su propio país, como en buena medida lo fue el poeta inglés, sólo que en éste, la crítica es la de un reformista conservador. Arnold pensó la cultura como liberación, y, en cierto sentido, le otorgó unas virtudes extremas que el siglo XX pondría en duda. Son interesantes y han tenido una secuela valiosa y controvertida, sus reflexiones sobre democracia y educación, o su crítica al mercantilismo y la técnica (piénsese en Heidegger), el miedo a la americanización de Europa y al progreso, «esteDD0_0078 raromal de la vida moderna». Por otro lado, Arnold fue un crítico literario que permitió valorar adecuadamente (según Eliot, que estaba lejos de ellos) a los poetas románticos ingleses y promovió –aunque él apenas nos dejó algunas páginas sobre ellos– la lectura cuidadosa de los clásicos. Defendió en lo literario la noción de eficacia, entendiendo por tal un creciente y armónico desarrollo: «expansión general de los dones del pensamiento y el sentimiento, que constituyen la dignidad, riqueza y felicidad peculiares de la naturaleza humana». La poesía como «crítica de la vida», o dicho con otras palabras, en las que coincidió Jaime Gil de Biedma: se escribe para vivir y no al revés. Como poeta fue escaso y algo ajeno a las corrientes de su tiempo: una suerte de intensidad y economía expresiva puesta al servicio de una visión constructiva. 

[Juan MALPARTIDA. “Cultura y anarquía de Matthew Arnold”, in ABC Cultural (Madrid), 5 de junio de 2010, p. 22]

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