➻ El laberinto argentino. Reflexiones sobre la construcción de un orden político en la Argentina y las crisis en el mundo [2015]

por Teoría de la historia

9789876283649.jpgEn diálogo con Infobae TV, el prestigioso historiador económico Roberto Cortés Condé habló sobre su nuevo libro, en el que indaga sobre la propensión en nuestro país de alternar gobiernos fuertes que controlan todos los poderes con administraciones más débiles. En La Rioja, donde la oposición tiene chances reales de ganar los comicios, pero para impedirlo no alcanzó el clientelismo electoral ejercido y reconocido por el gobernador Luis Beder Herrera, ni el durísimo comunicado del Episcopado riojano reclamando transparencia. El Tribunal Electoral local no había autorizado hasta la última hora de anoche a las organizaciones no gubernamentales a que participen en calidad de observadores del escrutinio, y les pedía más y más papeles, dilatando la decisión, abriendo sospechas de fraude. Es verdad que La Rioja representa apenas el 0,84 % del padrón nacional, algo menos de 270.000 electorales, pero sus ciudadanos tienen el mismo derecho que todos los argentinos a comicios limpios, a que su voto sea respetado y a que los electores tengan claro qué votan. En diálogo con Infobae, el director ejecutivo de Transparencia Electoral, Leandro Querido, denunció que “en la actualidad esta intención se encuentra materializada en la figura de las colectoras. Entre los problemas que conlleva este sistema, se encuentra el de la sobreoferta electoral, ya que compiten en La Rioja 70 listas, que se disputan 304 cargos, entre 3000 candidatos, produciendo una gran confusión en el electorado y sobrerrepresentación de la oferta electoral, además de inconvenientes y demoras a la hora de realizar el escrutinio de mesa”. Esta falta de apego de buena parte de la política argentina a las instituciones de la democracia forma parte del interés central de Roberto Cortés Conde, uno de los historiadores económicos más importantes de América Latina en su libro “El laberinto argentino”, un ensayo poderoso que se detiene a analizar las dos tradiciones políticas en la historia argentina: una constitucionalista, liberal, federal, que respeta la división de los poderes, y otra autoritaria, centralista, que sostiene la unidad del poder y reniega del cosmopolitismo, donde el partido busca dominarlo todo. Estuvo en la semana en el piso de Infobae TV. Aquí un resumen de un diálogo apasionante.

Usted se interroga acerca de las dificultades de la Argentina para ser un país normal. Y plantea las dos tradiciones políticas que existen en nuestro país. ¿De qué se tratan? ¿Cómo influyen en el ejercicio del poder?

-Me preocupaba esta historia de por qué siempre pasamos de momentos fantásticos donde parece que la Argentina despega a momentos depresivos, de recesión y crisis, y lo más increíble es que se repiten. No es como en Alemania, que tuvo inflación durante dos años y después nunca más. En la Argentina volvemos siempre a las mismas situaciones. Parece un laberinto del cual nunca salimos. Hubo inflación en los cuarenta, en los sesenta, ciclos de inflación, expansión, devaluación y recesión, que se repiten todo el tiempo. Juntamente con esto se dan fluctuaciones entre gobiernos civiles débiles que respetan la división de poderes y gobiernos centralistas, fuertemente cerrados, que pueden ser los militares, que obviamente tienen el control total de los poderes, pero también gobiernos constitucionales que se comportan de un modo similar.

¿Por ejemplo cuál?

-Bueno, por ejemplo, el gobierno de Perón, que hizo una Constitución del 49 fuertemente centralista y tuvo una Corte Suprema que juró por la doctrina del partido de gobierno, un Congreso manejado desde el Ejecutivo que aprobó en 1951, por ejemplo, una Ley de Estado de Guerra de Control Interno que suprimió todas las garantías constitucionales hasta 1955.

¿Qué otros gobiernos democráticos tuvieron ese perfil?

-Los gobiernos democráticos no llegaron hasta ese punto. En el gobierno de Menem hubo una fuerte centralización del Poder Ejecutivo, después, en el kirchnerismo también hubo una fuerte centralización, y en los últimos años, tenemos un Ejecutivo que ha ganado total sobre el Poder Legislativo, que avanza en un control del Poder Judicial. Ahora, yo digo, “¿esto es la ocurrencia de alguien?”. No, esta es una tradición que se da y yo lo planteo en el libro. En la Argentina, el problema de los que ven la crisis de poder que se dio ante el nuevo esquema institucional diseñado desde la Revolución de Mayo es que la única forma de resolverlo parece ser la unidad de poder, un poder fuerte, centralizado, que tenga la suma del poder público. O sea, es un devenir entre un poder racional, que acepta los límites y un poder autoritario, que quiere gobernar sin contrapesos. El período de Rosas, gobernador desde el 1833 hasta el 1852, se hizo la reacción, la Constitución Nacional, que es un modelo que funcionó hasta 1930. Allí se empieza a cuestionar el poder constitucional con el golpe. Después del fraude viene el régimen de Perón, donde no se cree en el régimen de división de poderes, sino que la democracia es una relación entre el líder y las masas. La otra es la solución populista, propuesta por Laclau. Esto viene de Carl Schmidt y viene de Donoso Cortés, que fue asesor de Luis Bonaparte, que intervino mucho en la política española, que creó este concepto de la “unidad del poder”, que viene a solucionar el problema producido por la Revolución Francesa. La democracia con podres divididos es imposible, que figura en la ley fundamental que aprobó Francisco Franco en 1967.

Impresionante. Hoy vuelve a plantearse esa misma discusión en la Argentina hoy.

-El Gobierno, y todos los movimientos políticos que tratan de centralizar el poder en el Ejecutivo, en realidad están expresando esa opinión, que viene desde hace mucho tiempo, que está en las ideas anticonstitucionales, antiliberales, antirracionalistas, que es el hecho de que hay una imposibilidad de ponerse de acuerdo con los partidos parlamentarios.

¿Usted qué cree?, ¿que es imposible?

-Yo creo que es difícil, pero que lo otro es imposible. El régimen por el cual se dice que hay que ceder todos los derechos a una persona porque es la única en condiciones de gobernar no ha funcionado en toda la historia argentina, no ha funcionado en ninguna parte del mundo, y ha traído grandes desastres.

Pero aquí tampoco los gobiernos democráticos, respetuosos de la Constitución, han sido exitosos.

-No, pero tampoco los otros.

O sea, acá tenemos la ventaja de que ningún gobierno es exitoso.

-Acá tenemos una especie de empate permanente. En Cuba, usted tiene los hermanos Castro desde el año 58 y no hay forma de oponerse a eso. En Rusia, lo tuvo a Stalin hasta que se murió. En China, con otras características, más colectiva que personal, pero sigue el mismo régimen.

Roberto, usted aquí en su libro, escrito después de las elecciones legislativas del 2013, donde fue derrotado el oficialismo, dice que “el mundo de Orwell empezó a mostrar sus carencias”, que “la sociedad se había despertado y en las elecciones de octubre de 2013 mostró su rechazo al lenguaje orwelliano”.

-Orwell en 1984 describió en forma magnífica ese mundo de fantasía, de realidades absolutamente alejadas de la realidad. Yo pensé que más allá de que uno gana o pierda de reelección…, pero la gente paró la alternativa de re-reelección. Hoy es difícil saber qué puede pasar. Porque hoy el partido de poder tiene una vocación muy clara, donde la ideología importa más o menos, pero los une la gran voluntad de estar en el poder. Y por otro lado, tiene varios grupos que en una democracia moderna van a mantener sus diferencias. Pero dada la fortaleza del aparato estatal, no logra un punto de respuesta.

¿Es optimista, Roberto? ¿Saldremos del laberinto?

-No sé.

[Silvia MERCADO. “Por qué Argentina oscila entre autoritarismos y democracias republicanas”, in InfoBAE (Buenos Aires), 5 de julio de 2015]