✍ La idea de decadencia en la historia occidental [1997]

por Teoría de la historia

a_herma2Es innegable la presencia del pesimismo: sea que se lamente la pérdida de los valores, se intente defenderlos o se promueva su reemplazo por otros “más humanos”, pocas ideas están tan presentes como la de la decadencia de Occidente “tal como lo conocemos”. El primer libro de Arthur Herman, historiador estadounidense y miembro del Instituto Smithsoniano, propone analizar la historia de esta idea. Herman defiende los ideales del Iluminismo. Ubica los orígenes de la idea de decadencia en el romanticismo que, como reacción a la Revolución Francesa, sintió que un mundo estaba llegando a su fin. Desarrolla entonces tres paradigmas del pesimismo, que se suceden y se combinan a lo largo de dos siglos: el racial, el histórico y el cultural. El racial engloba figuras y movimientos conocidos, como Gobineau, Houston, Chamberlain y demás variantes del arianismo, Nietzsche, el Black Power, el panafricanismo o el multiculturalismo. El pesimismo histórico -Marx, Spengler o Toynbee- prevé la decadencia de Occidente por el cumplimiento de inexorables leyes históricas: las civilizaciones nacen, crecen, forjan imperios y decaen. El pesimismo cultural, por último, establece las causas de la decadencia en la propia constitución de las sociedades occidentales. La Escuela de Frankfurt, Marcuse, Sartre, Foucault, Fanon y los “ecopesimistas” son algunos de sus exponentes. Estas “grandes ideas”, cuando son llevadas a sus extremos producen el campo de exterminio nazi, el gulag estalinista o el ecoterrorismo del Unabomber. Herman defiende los valores del Iluminismo en sus formas más puras: el aumento en la “civilización” de las sociedades es producido por mejores conocimientos, más riquezas y comercio y mejores “modales”, que fomentan la racionalidad y el respeto al prójimo. El tratamiento de muchas de las figuras históricas es, por necesidad, sintético y los juicios a veces duros y51h3v9Sf2DL._SY344_BO1,204,203,200_ apresurados. El autor tiene tendencia a minimizar las críticas a la cultura occidental por la vía de atacar no al argumento, sino al detractor, vinculándolo con una o más de las vertientes del pesimismo. Y por momentos parece que Occidente es el mejor de los mundos posibles: Herman no ve, o minimiza, los problemas de pobreza, injusticia, violaciones a los derechos humanos, contaminación y destrucción del medio ambiente… Sin embargo, hay un desafío en el libro que justifica su lectura: Herman niega la posibilidad de establecer leyes del desarrollo histórico que definan el destino de Occidente para el progreso o la decadencia. Y si no hay un destino inexorable, entonces somos responsables de nuestras vidas. Así como el Iluminismo nos permitió determinar el lugar del Hombre en el Universo, Herman intenta “devolvernos” la propiedad de la historia.

[Raúl MALDONADO. “La idea de decadencia en la historia occidental” (reseña), in El Dipló (Edición Cono Sur), nº 5, noviembre de 1999]