✍ La estirpe de Caín. La imagen de los vagabundos y de los pobres en las literaturas europeas de los siglos XV al XVII [1980]

por Teoría de la historia

43702833Desde Caín, el primer vagabundo de la historia de la humanidad, según el volumen del renacentista inglés Thomas Nashe, “The Unfortunate Traveller”, hasta los hippies, licántropos, mendigos y leprosos, la casta de los nómadas alimenta los miedos y los sueños de Occidente. Y su literatura. El historiador polaco Bronislaw Geremek, presidente del grupo Solidaridad en el Parlamento de su país, estudia la imagen de los pobres y de los vagabundos en la literatura europea de los siglos XV al XVII en el libro “Les fils de Cain”, edición francesa de su obra publicada en Polonia en 1980. Geremek es un especialista en pobres, deslumbrante vocación en este declive de los “yuppies” y “golden boys”, cuando las migraciones sur-norte son vividas en la Europa rica con el mismo terror con que los europeos del XVI contemplaban el tránsito de los desposeídos sedentarios de su tiempo. Luciano de Samosata, Apuleyo y Petronio señalan con el dedo, como todo el mundo pagano, a los vagabundos y mendigos que proliferan con la decadencia romana, cuando el cristianismo gana sus primeros prosélitos europeos y se proclama la religión de los pobres. “La limosna libera de la muerte e impide el viaje a las tinieblas”, advierte Tobías en el Antiguo Testamento. “El Nuevo exalta la pobreza; la presenta como un valor espiritual que puede ser obtenido tanto en la riqueza «orno en la miseria”, escribe el historiador italiano Cataluccio en el prólogo al libro de Geremek. Éste, por su parte, apunta que en el milenio medieval es tan fácil encontrar la condena de la miseria como la exaltación de la pobreza. “Pero es un hecho que el cristianismo medieval elaboró un ‘ethos’ de la pobreza y asignó a los pobres, en la división de los papeles sociales, una plaza específica, similar a la que le adjudicaban otras civilizaciones tradicionales pero intolerables para la sociedad moderna”. Witold Kula, maestro de Geremek y autor de una teoría económica del sistema feudal, afirma incluso que el feudalismo no hubiera podido existir sin sus mendigos, “que vendían a buen precio sus servicios, nada despreciables aunque no produjeran ningún bien material”. “La Iglesia -mantiene Kula- era la principal beneficiaría de los legados y limosnas para los pobres,5903 que no comprometían el ‘ethos’ del trabajo ni amenazaban el mercado de mano de obra. Lo que les dio un papel social, e incluso un respeto, hasta el siglo XV”. “Los mendigos eran tan necesarios al feudalismo -concluye-, como los viajantes de comercio al capitalismo”. La influencia de las tesis de Kula (“Toda la historia es historia de la cultura. No hay otra”) y las enseñanzas de Braudel llevaron a Geremek a servirse de la literatura como material de partida para sus trabajos. “Para los polacos -explica en “La estirpe de Caín”- toda la literatura referida a los mendigos es una especie de espejo que por una parte refleja la realidad de ese medio y por otro ofrece una imagen general respecto a las actitudes ‘ideológicas’ y de los comportamientos sociales respecto a la indigencia y la marginación”. “En los comienzos de la época moderna, el tema del mendigo se halla en casi todas las literaturas europeas” -escribía el dominico Giacinto Nobili-, “signo de una misma actitud que traspasa fronteras”. A partir de la Edad Media el tema del pobre y del vagabundo es un elemento del relato, y no tardará en protagonizarlo en dos tipos de obras que se vuelven mayoritarias: las que engendrarán la picaresca y los documentos más o menos auténticos. Una y otra tendrían éxito, sobre todo -según Geremek- por su reflejo “como de un espejo deformante”, de la sociedad de “gente bien”. Su mejor ejemplo es el periplo de la “Beggar’s Opera”, de John Gay, presentada en los teatros londinenses en el siglo XVI, con un gran éxito porque sus alusiones a la élite gobernante eran absolutamente transparentes. Repuesta en 1927 -y aunque su hallazgo de centrar el amor de dos seres deformes y repugnantes en una corte de los milagros conservaba toda su fuerza-, conectó mucho menos con el público. Triunfaría en todo el mundo cuando Bertold Brecht la transformó, en 1928, en “Die Dreigroschenoper”, y culpaba a la burguesía de “connivencia con el hampa”. Geremek se sirve por igual de materiales en prosa, poesía y archivos judiciales, pero reconoce que su procedimiento “aparece como 416MHHQWPWL._SY344_BO1,204,203,200_bastante brutal: reduce las obras literarias a un papel de materia prima”. En esa comunidad literaria que estalla en la Edad Media, Geremek distingue, sin embargo, “por su calidad literaria, que las convierte en obras mayores”, a las novelas picarescas de la España del siglo de Oro, origen de la prosa española moderna y del género en Europa. En su crítica a “Los hijos de Caín”, el historiador Emmanuel Le Roy Ladurie subraya que el propio Geremek ha sido un adolescente nómada. “Émulo de los monjes giróvagos del Renacimiento -escribe-, tras su larga residencia en París, con Braudel, peregrinó por Europa. Sufrió la prisión en Polonia por su compromiso con Solidarnosc. Es amigo de Juan Pablo II y redactor de la nueva Constitución polaca. Su experiencia le sirve tanto para escribir como para actuar en política. Él mismo dijo que ahora, en su país, lo imposible se ha vuelto indispensable”.

[Óscar CABALLERO. “La pobreza en las letras europeas. Geremek cataloga nomadismos y éxodos”, in La Vanguardia (Barcelona), 29 de agosto de 1991, p. 26]