✍ Vida en familia. Casa, comida y vestido en la Europa moderna [1999]

por Teoría de la historia

UnknownLa institución familiar está siendo objeto de una profunda revisión en España al calor de los cambios en los modelos domésticos, verdaderamente convulsos, a los que estamos asistiendo hoy en día. La sociología podría ser la disciplina más adecuada para investigar estas transformaciones, como bien ponen de relieve los sucesivos números de la Revista Internacional de Sociología y sus recientes trabajos dedicados a interesantes fenómenos como el del familiarismo, pero otros campos del saber se ven obligados asimismo a revisar sus postulados acerca de esta cuestión animados en buena medida por el mencionado panorama actual. Es por eso que las nuevas perspectivas que Raffaella Sarti ofrece en su libro, publicado en 1999 en su versión italiana, serán favorablemente acogidas por los profesionales de la historia. De la misma autora contamos con otra colaboración en la obra coordinada por M. Barbagli y D. I. Kertzer (2002) aunque el trabajo que define a esta asociada de la École des Hautes Études de París es su tesis doctoral, titulada Per una storia del personale domestico in Italia. Il caso di Bologna (secc. XVIII-XIX). Gran conocedora, pues, de la apasionante historia de la familia europea pero también artífice de numerosos artículos sobre el devenir de las mujeres en nuestro pasado, Sarti tiene por objeto en la monografía que nos ocupa el estudio de la relación entre los modelos de parentesco y el espacio físico del hogar. «Puestos a etiquetar, podría decirse que este libro es una historia de la familia vista desde el ángulo de su vida material y, al mismo tiempo, una historia de la vida material que toma a la familia como punto de observación» (p. 14). Por tanto, la preocupación que muestra la presente publicación por cuestiones como el valor histórico de los alimentos o de las vestimentas se sitúa en una línea historiográfica que cuenta con una amplia tradición y que ha sido liderada por nombres propios como los de P. Goubert, F. Labrousse o M. Montanari, entre otros muchos. Ahora bien, a nuestro juicio, en el desarrollo de ese par de conceptos a los que aludía la cita anterior pueden detectarse resabios postmodernistas, muy actuales por ende, en el sentido de que el capítulo primero, titulado «pars destruens», pretende desconcertar al lector mediante la presentación de familias y espacios domésticos que no se ajustan a los estereotipos que tenemos asumidos. Los gitanos forman una sólida red de parentesco pero carecen de un hogar físico fijo en el espacio, los pastores trashumantes constituyen también una auténtica familia, al igual que los soldados, mientras que en las comunidades religiosas ingresaban los novicios para no volver ya más a la casa en la que habían nacido. La autora procede de esta forma al análisis de casos dispares empleando un método en el que el tradicional recurso al desbrozamiento de las causas económicas se completa con una aproximación a la dimensión simbólica. Además, con un símil artístico, puede decirse que el deconstructivismo está también presente en su discurso teórico y, así, el segundo capítulo se dedica a sentar las bases de una historia de la vida familiar ya más metódica en la que hallen cabida tipologías de transmisión hereditaria, dotes, fórmulas matrimoniales, así como armarios, mesas, calorías y una larga lista de vestidos usados por las distintas capas sociales, mas todo ello una vez que el lector ha asimilado correctamente la heterogeneidad de la institución familiar y lo dilatado del concepto en sí. Por otro lado, tampoco a su discurso resultan ajenas las referencias a la ciencia antropológica, cuyos postulados permiten comprender muchos de los significados asociados a la vida material y también notable número de celebraciones protagonizadas por la familia, teniendo siempre en cuenta que nos hallamos en una sociedad parca en ceremonias de transición, como la autora trata de demostrar: «La civilización europea, a diferencia de otras culturas, en la época que estudiamos carecía de ritos de iniciación para señalar el paso de los adolescentes al grupo de los adultos. Por consiguiente, para gran parte de la población este paso estaba marcado por el matrimonio» (p. 97). Desgranando con más detalle su esquema expositivo, debe hacerse notar cómo a los epígrafes que abren la obra les siguen cinco apartados más encargados en buena medida de ilustrar los planteamientos iniciales y de demostrar las413UHOI+adL hipótesis de las que parte nuestra historiadora. Así, se muestra interesante el comprobar el modo en que las dimensiones de una casa y su fisonomía dejan entrever el tipo de familia que en ella habita, así como su nivel económico: sobre tal aspecto versa el capítulo tercero. Como complemento a este enfoque, bajo el título de «vivir» se desarrolla otro apartado en el que se recopilan multitud de testimonios referidos a los elementos materiales que componían un hogar del Antiguo Régimen. Allí encontrará el lector una síntesis de los orígenes y evolución, entre otras muchas cosas, de los cubiertos, la cama, los sistemas de calefacción, etc. En suma, una revisión de las condiciones de vida entendidas desde la óptica del espacio doméstico. Como no podía ser de otro modo, se reserva a la alimentación un lugar propio dentro de esta monografía. No sólo se ofrece un recorrido por los hábitos de la nutrición sino que se dota además de una dimensión social a un acto tan cotidiano como es el de comer, de tal suerte que se estudia, por ejemplo, el valor simbólico que tenía el ser invitado a una cena o, asimismo, cómo dentro de una ciudad el seguir determinadas dietas aportaba una identidad particular y diferente al resto. Dentro de idéntica línea teórica se aborda el capítulo dedicado al vestido. Encontramos referencias a los tipos de tejido y a los usos dados a las distintas prendas, sí, pero también reflexiones en torno al significado de los colores y de los distintivos externos que se asociaban invariablemente con determinados grupos, ya fueran pecheros, judíos o nobles. A todo ello debe añadirse como mérito del libro que estamos comentando la interesante selección de láminas y grabados que adjunta, aparato iconográfico que permite pergeñar una visión completa de esos interiores domésticos que nos evoca el relato en cuestión. No obstante, es justo en este segundo bloque que acabamos de resumir y que sigue a los brillantes apartados introductorios cuando por desgracia la monografía deja de depararnos novedades interpretativas. El cúmulo de ejemplos concretos con que nos regala, fruto sin duda de una ardua labor investigadora, se ordena en una prosa verdaderamente atractiva pero carente de una teoría vertebradora sólida. Aún así, el comentario del tan amplio abanico de testimonios que han llegado a las manos de la historiadora sirve a menudo como pretexto para interesantes apreciaciones acerca de los mecanismos de la sociedad del Antiguo Régimen. A modo de prueba: «si es correcta la hipótesis de que la permanencia de las viudas o sus dotes en la familia del marido tenía que ver con la formación y consolidación de la familia conyugal, no es menos cierto que esta consolidación suponía una subsunción de la mujer y sus cosas en la familia de su marido. Se creaba una comunión nueva, pero negando, por lo menos en parte, la identidad de uno de los miembros» (p. 91). En este mismo sentido, por nuestra parte, exigiríamos una matización más contundente aún que la ejercida por la propia autora, cuando ésta lleva a cabo una investigación etimológica y sostiene respecto a la figura del padre que «la familia, durante todo el período que estamos estudiando, tiene un aire servil cuando se refiere a grupos más o menos amplios de dependientes del padre. Pero también implica unas relaciones muy jerarquizadas cuando (me atrevo a decir: las pocas veces que) incluye al propio padre. No es casual, pues, que haya quien prefiere usar este término y quién opta por otros» (pp. 54-55). Y es que, como es sabido, la historia de género se ha visto impulsada por los estudios de la familia y se han mostrado ambas perspectivas como perfectamente complementarias para de ellas extraer conclusiones referentes a la demografía, el trabajo o las jerarquías sociales. Entresacamos de las conclusiones de Sarti, como muestra ilustrativa, el hecho de que «entre las capas medias y bajas las mujeres, generalmente, amamantaban a sus hijos y guisaban. Pero en las clases altas los cocineros eran hombres, y las damas no amamantaban» (p. 216). Será la Revolución Francesa la encargada, lejos de los estereotipos liberales que suelen asociarse a tal coyuntura, de sancionar 9780300102598la división entre las esferas pública y privada, fértil esquema interpretativo que ayuda a comprender la vida de la mujer en familia. Así, se ha podido comprobar a través de estas citas salteadas que con el libro publicado por Crítica se abre un nuevo camino para los estudiosos del parentesco durante la Edad Moderna, aunque sin embargo, lógicamente, no resulta suficiente este enfoque por sí solo para comprender la institución básica sobre la que descansa la sociedad. Ya en 1988 J. L. Flandrin afirmaba que «la historia de la familia no puede escribirse sin tener en cuenta las relaciones de buena o mala vecindad, la vigilancia por la comunidad de lo que pasaba en las casas, sus intervenciones en la vida privada y la presión fortísima que ejercía sobre el comportamiento de cada uno. Lo que equivale a decir que no se la puede aislar de la historia social». Por estos derroteros también deben adentrarse los historiadores de la familia. La prolongación del campo de estudio hacia redes de sociabilidad más amplias redundará sin duda en una mejor comprensión del individuo y su identidad, la cual se construye mediante la intervención de los distintos ámbitos en los que se desenvuelve la vida cotidiana, siendo el doméstico, así lo demuestra R. Sarti, uno de los definidores clave que nunca han de escapar a nuestra atención.

[Miguel Ángel GARCÍA SÁNCHEZ. “Sarti, R.: Vida en familia. Casa, comida y vestido en la Europa moderna, Barcelona, Crítica, 2003, 320 pp.” (reseña), in Cuadernos de Historia Moderna, nº 238, 2003, 28 pp. 236-239]

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