✍ Gringos en las pampas. Inmigrantes y colonos en el campo argentino [2008]

por Teoría de la historia

272Desde que comienza nuestra historia como nación independiente, eso que se llama “el campo” ha estado en el centro de las preocupaciones políticas. Es que pensar “el campo” no sólo implica imaginar posibles usos de las tierras productivas, sino también configurar el escenario donde se desarrollará la vida del sujeto que hará posible esa productividad. Y la clase dirigente argentina comprendió muy rápidamente que no había entre ambos elementos una relación, digamos, equilibrada; por el contrario, el país se distinguía por poseer demasiado territorio, escasa población y nula infraestructura. Para salvar semejante obstáculo, desde principio a fines del siglo XIX se apeló a un mismo recurso: fomentar la inmigración. El proyecto finalmente dio sus frutos, y es innegable que en 200 años de historia constituye la transformación más radical del país porque abarcó todos los ámbitos en que se desarrolla la vida social, desde lo económico hasta lo cultural. Pero cuando se revisa detenidamente la cronología de ese proceso se advierte que estuvo jalonado por estrepitosos fracasos, demasiada improvisación y prejuicios de toda clase. Esta reflexión se sostiene en la lectura de Gringos en las pampas, un libro de Julio Djenderedjian que seduce al lector por múltiples razones. En primer lugar, por una elección expresiva: se trata de un especialista que se dirige a un público no especializado con un lenguaje llano, ameno, casi coloquial. En segundo lugar, por la perspectiva desde la cual se aborda el tema de la inmigración. No se trata de colocar en primer plano las diferentes políticas instrumentadas por los gobiernos provinciales ni los criterios que, desde Bartolomé Mitre en adelante, van asumiendo los distintos presidentes. Djenderedjian opta por acercar al lector a la experiencia del que llegaba al país: ¿cómo lo hacía?, ¿era traído en contingentes por empresas especialmente creadas para ello o llegaba por sus propios medios?, ¿con qué realidad se encontraba al momento de su arribo? Su opción no anula lo político; de hecho, el análisis de la intervención de empresas intermediarias trae aparejado el análisis del posicionamiento del Estado. Las primeras colonias de inmigrantes se fundaron en 1825-1826 en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires, en el interior bonaerense y en la provincia de Entre Ríos. Duraron poco y constituyeron un verdadero fracaso: guerras externas (Brasil) e internas más la oposición de fracciones importantes de población criolla –que no entendía por qué se le ofrecía tierra con privilegios a los extranjeros– son algunos de los motivos que se sumaron para generar el resultado negativo. Recién después de Caseros, cuando empieza –aun con inconvenientes– el período de organización (y pacificación) nacional, y sobre todo en las décadas de 1860 y 1870, el asentamiento de colonos en el campo argentino registra las primeras experiencias positivas, lo que no quiere decir que entonces los problemas desaparecieran. Djenderedjian menciona, entre otros: el caso de colonos franceses, provenientes de Burdeos y productores de vino, que fueron llevados a Corrientes, donde su conocimiento no servía para nada; las colonias que se planificaban sobre determinados territorios sin el más mínimo análisis de la potencialidad de la tierra; agencias intermediarias que disfrazaban de colonos a indigentes, locos o delincuentes con cierta complicidad de los gobernantes europeos; cambios de gobierno a nivel provincial que significaban que el nuevo mandatario se negaba a ejecutar lo que su antecesor había firmado.

Estos ejemplos transmiten la idea de una fuerte improvisación. ¿Cómo se explica esto en un proyecto de tanto interés? Además, parece una costumbre nacional que se conserva…

–Es una gran verdad, la mayor parte de las veces se improvisó mucho. De todas maneras, un sector de la clase política de aquella Argentina pensaba en grande, vislumbraba un futuro diferente y trataba de construirlo con los elementos que tenía a mano. Entonces, si se equivocaban o improvisaban era porque no tenían recursos ni conocimientos suficientes como para hacer mejor las cosas. Y a la larga, obtuvieron resultados positivos: hace 100 años, nuestro país era uno de los más importantes del mundo. En cambio, la improvisación actual es menos disculpable: tenemos recursos, hay expertos para consultar, y sin embargo uno tiene la sensación de que todo se piensa para hoy o a lo sumo para mañana. Nadie proyecta a largo plazo.

Cambiantes evaluaciones. Otro de los méritos que tiene el trabajo de Djenderedjian es que va en contra de una serie de lugares comunes asociados al proceso de inmigración que vivió nuestro país: que sólo vinieron los más pobres de los pobres, una sarta de ignorantes totales, buenos para nada; que mayoritariamente, además, se quedaron en las grandes ciudades y sobre todo en el puerto; que sólo una ínfima minoría tuvo acceso a la tierra. Djenderedjian menciona elementos que han hecho posible una evaluación alternativa del fenómeno. Por un lado, recuerda que “las publicaciones de época, diarios, libros, folletos, transmiten un tiempo de contradicciones, de marchas y contramarchas, pero de amplia confianza en el futuro, de quien sabe que, a pesar de los errores, el país está creciendo y que la gente se beneficia”. Por el otro, señala que “hacia mediados del siglo XX, la Argentina comenzó a experimentar diversos problemas de los que aún no ha logrado salir. La sociedad de esa época construyó una explicación de esos problemas que en cierta manera librara de culpas, no sólo al poder político de turno sino también a la generación que los estaba sufriendo, y que percibía que sus oportunidades no eran tan buenas como las que habían tenido sus padres”. El resultado global fue pensar que los desaciertos venían de lejos, “que el viejo sueño de Rivadavia o Sarmiento, construir un país donde fuera posible progresar, no se había realizado nunca, sólo había sido una ilusión, pasando por alto que durante 50-60 años Argentina había sido uno de los países del mundo que mejores oportunidades ofreció”.

[Rogelio DEMARCHI. “Radiografía de la pampa gringa”, in La Voz del Interior (Córdoba), 29 de abril de 2008]

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