✍ Un museo para la colonia. El Museo Histórico y Colonial de Luján 1918-1930 [2011]

por Teoría de la historia

TAPA_BLASCO_WEBLos museos, como objeto de estudio para los historiadores, han ido adquiriendo a lo largo de los últimos años cada vez más notoriedad. Este hecho se evidencia en la formación de mesas específicas en jornadas y simposios, al mismo tiempo que se dictan cada vez más seminarios con temáticas afines. En el prólogo que escribe Fernando Devoto se enmarca a esta obra de María Élida Blasco dentro de una era memorial, la cual remite a la memoria social, definida como aquello que necesariamente debe ser repetido para no olvidarse. De acuerdo a esta visión, recordar significa depositar la memoria en lugares visibles que conforman el patrimonio. En consecuencia, los museos se transforman en un emblema de los tiempos modernos “en tanto lugares privilegiados para preservar los restos culturales del pasado que, se supone, remiten a la identidad de un colectivo social” (p.15). Devoto se ocupa, además, de las funciones que le competen al historiador en la relación entre memoria y patrimonio, destacando la de convertir las operaciones memoriales en el presente y el pasado en objeto de estudio, logro evidente en este libro. María Élida Blasco se encuentra investigando desde hace varios años cuestiones relacionadas con la formación de los museos en Argentina y este libro es fruto de su tesis doctoral defendida en 2010, titulada El Museo histórico y colonial de la provincia de Bs. As. (Luján), 1918-1938. En esta obra Blasco se ocupa de la formación del Museo Histórico y Colonial de Luján, destacando el rol que el ambiente político, tanto como el intelectual y cultural, jugaron en los doce primeros años de la institución. La autora logra ilustrar este proceso de un modo eficiente, permitiendo que el lector se inserte lentamente en la sociedad lujanense y comprenda el modo en que las relaciones sociales y políticas determinan la definición de los espacios destinados a perpetuar la memoria colectiva. A lo largo del relato, la figura de Enrique Udaondo emerge como el principal responsable de la concreción del museo, convirtiéndose en el director ad-honorem de la institución desde su inauguración en 1923 hasta su muerte en 1962. En los primeros párrafos de la introducción Blasco presenta el contenido del libro y define los conceptos que guían su análisis. De acuerdo a sus palabras, el objeto de la obra consiste en reconstruir los primeros años del museo, entre 1918 y 1930, centrándose primero en su momento fundacional para luego “indagar en la historia de los objetos y de las prácticas que luego de la inauguración propendieron a constituir un museo para la historia colonial argentina” (p. 21). Entre los conceptos que circulan en el libro, el principal es el de museo, ya que la forma de entenderlo define la lectura que sugiere de este trabajo. Según Blasco, entonces, los museos constituyen lugares de producción de conocimiento científico, al mismo tiempo que están inmersos en las redes locales e internacionales de intercambios de información. Para analizar los museos resulta necesario – y es lo que hace la autora a lo largo del texto – partir de la base material, de las colecciones, para luego ocuparse de las dimensiones más relacionadas con los procesos políticos y culturales. El modo en que se construye un objeto histórico es otra de las claves teóricas del texto, el cual puede resumirse en el proceso de constitución de un elemento material en objeto significativo para el ámbito académico y para el mercado. Finalmente, la autora recurre a la microhistoria, destacando su característica de confluencia de métodos y conceptos provenientes de diferentes campos de investigación, además de afirmar que a partir del estudio a escala local se pueden proponer problemas generales. Los seis capítulos que componen el libro están acompañados de imágenes y cuadros con estadísticas que agilizan la lectura y ayudan a la comprensión del contenido. Al final del volumen, un anexo contiene los documentos más relevantes a los que se hace referencia en el texto, permitiendo a otros especialistas en esta problemática acceder a información que podría ser importante para futuros trabajos comparativos. El primer capítulo se ocupa de los antecedentes de Udaondo, especialmente de su experiencia en la localidad de Las Conchas, donde en 1917 forma un museo escolar con una fuerte relevancia local. Más adelante, la autora describe los inicios del museo de Luján, destacando que en 1918 los argumentos a favor del museo se basaban en tres cuestiones básicas: la tradición del cabildo de Luján en la provincia de Buenos Aires, el estilo colonial que se podía destacar en la arquitectura del edificio donde iba a instalarse y los “honrosos” antecedentes de la ciudad en la formación de la nación. Hacia el final del capítulo, la autora relaciona el contexto político con la creación del museo afirmando que la llegada del radicalismo al poder había propiciado el recambio de la elite gubernamental de la provincia y que, por lo tanto, existieron nuevas proposiciones de intervención estatal en diferentes espacios sociales. Sin embargo, la disolución de la primera comisión encargada de formar el museo, le permite a Blasco percibir que este tipo de iniciativas dependían también de las relaciones personales y los canales informales, introduciendo de este modo la relevancia que iba a ir adquiriendo Udaondo en la formación del museo. En el segundo capítulo se describen las instancias que llevaron a Udaondo – que ocupaba un cargo menor en la comisión de 1918 – a convertirse en el Director del museo que se inauguró en Luján en 1923. A diferencia de lo que había sucedido en 1918, cuando la comisión proyectaba la instalación de un centro de investigación americanista, en los discursos del acto de inauguración de 1923 se enfatizaban los privilegios del escenario local sobre el que se instalaba el museo. El capítulo siguiente es uno de los más interesantes, ya que Blasco se involucra en la dinámica de la obtención de objetos a exponer en el museo, marcando un cambio entre 1925 y 1930, años en los que se proyectan nuevas salas entre las que se destaca la del “gaucho”. Las reflexiones de la autora sobre esta cuestión se relacionan con las instancias de formación de una identidad nacional durante esos años, en los cuales la figura del gaucho se fue convirtiendo en el portador del ser argentino. También en este capítulo se ocupa de las estrategias expositivas desplegadas por Udaondo, en las que primaba la puesta en escena de procesos históricos con la intención de crear evidencias sobre la existencia de hechos que eran visualizados de forma atrayente para el público. El capítulo IV se relaciona temáticamente con el precedente, ya que en él se desarrollan las instancias de circulación de los objetos que formaban parte del museo, destacando que la primera solicitud se había publicado en los diarios en los meses previos a la inauguración instando a los vecinos a “donar objetos que yacieran olvidados en sus casas” (p. 116). De acuerdo a lo que se describe en estas páginas, las donaciones partían de particulares sin ningún pedido previo, al mismo tiempo que los contactos de Udaondo como coleccionista aceleraban algunos pedidos y facilitaban el contacto y el intercambio con otras instituciones. En el capítulo siguiente continúa con esta temática, retomando el concepto de objeto histórico para analizar el modo en que las donaciones se incorporaban a las exposiciones del museo. En el último capítulo, la autora describe las fiestas en las que participó el museo, por realizarse en sus instalaciones o por encargarse de su organización, destacando la relación que la institución iba adquiriendo con la comunidad local, aprovechando la potencialidad turística de Luján a partir de las visitas que recibía la Basílica. Finalmente, en la conclusión, la autora retoma los diferentes aspectos que fueron desarrollados en el libro, reflexionando sobre los recovecos que debe recorrer el historiador para encontrar aquello que no está dicho en las fuentes. En todo momento, Blasco hace referencias al mundo europeo, para marcar diferencias y coincidencias, especialmente en relación al caso francés, el cual funciona casi como modelo a partir del cual los museos fueron vinculados directamente con la construcción de la nación. De este modo, la autora logra dar cuenta de lo que estaba sucediendo a nivel internacional, al mismo tiempo que marca diferencias respecto al momento en que se proyecta el museo de Luján principalmente respecto a la conformación del Museo Histórico Nacional impulsado por Carranza a fines del siglo XIX. Por todo lo dicho, el libro de María Élida Blasco resulta una contribución importante tanto para quienes estudian la formación de museos, como para aquellos que se dedican a la historia intelectual y cultural. La forma en que la historia del museo se encuentra entramada con el clima de ideas y la realidad política, posibilita el conocimiento no sólo de la conformación del espacio institucional, sino que nos pone en contacto con instancias más amplias y nos introduce en el modo en que una ciudad como Luján forma su identidad a partir de la relación que puede establecer con la historia nacional.

[Gabriela COUSELO. “Blasco, María Élida, Un museo para la colonia. El Museo Histórico y Colonial de Luján 1918 -1930, Rosario, Prohistoria, 2011, p. 288”, in Nuevo Mundo Mundos Nuevos (París), 19 de febrero de 2013]