✍ Sociabilidades y vida cultural. Buenos Aires, 1860-1930 [2014]

por Teoría de la historia

1156-2752-1-PBEl desafío que se plantea este volumen dirigido por Paula Bruno es pensar las sociabilidades y la vida cultural porteña desde mediados del siglo XIX hasta las décadas iniciales del XX. Para abordar la cuestión, los autores de los distintos capítulos ponen el acento en las diferentes hebras que tejen la trama de la sociabilidad en Buenos Aires por esos años: el rol social que desempeñaron estas asociaciones; las formas de vinculación internas y externas, tanto a nivel nacional como internacional; las relaciones que establecieron (o no) con el Estado, la vida política, académica, cultural, religiosa o laboral, entre otras. Como señala la directora del volumen en la introducción, los clásicos trabajos de Agulhon, Habermas y Chartier generaron en nuestro país provechosos análisis en lo referido a historia política y social, pero hay una deuda en cuanto a las sociabilidades culturales. Este es el propósito de los autores de este volumen en el que “se apuesta a una historia de la vida cultural y se combina el plano de las batallas de opiniones con la dimensión social de las formas de agrupamiento de figuras intelectuales” (26). Para lograrlo, los artículos diagraman un recorrido cronológico que se divide en tres etapas. La primera, desde 1860 a 1890, da cuenta del período en el cual las sociabilidades de carácter cultural se multiplicaron a partir de la caída de Juan Manuel de Rosas. El estudio de este primer momento se abre con el texto de Paula Bruno dedicado al “Círculo Literario”, institución creada en 1860 por iniciativa de Lucio V. Mansilla y José M. Estrada. Esta asociación se propuso estrechar vínculos sociales entre escritores y personalidades del mundo de la cultura, superando las diferencias generacionales y políticas. Sin embargo, como demuestra la articulista, el Círculo se vio tensionado “entre las viejas y nuevas aspiraciones y entre diferentes formas de entender las relaciones entre la política y el mundo cultural” (52). Otra de las asociaciones analizadas es el “Círculo Literario Científico” a lo largo de la década de 1870. Sandra Gasparini estudia aquí las contaminaciones y tránsitos que en esos años se dan entre las ficciones modernas, el cientificismo, las pseudociencias y el positivismo. En medio del clima asociacionista surgen agrupaciones con tendencias juvenilistas y academias con pretensiones científicas que comparten a varios de sus miembros. En ese contexto, la ciudad, la prensa, los cafés, los teatros y las fondas son escenarios para el debate y la confrontación entre quienes sostienen programas más conservadores y nacionalistas (como la Academia Argentina de Ciencia y Letras) y aquellos que validan la lectura de autores clásicos y románticos y la importancia de las traducciones y de la difusión de las ideas alemanas y francesas en nuestro país. La diversidad del corpus textual analizado (artículos en la prensa especializada, como la Revista Literaria, los cuentos y poesías publicados por los miembros del Círculo, sus recuerdos literarios, las actas de las reuniones de la asociación, etc.) permite abordar la cuestión desde diferentes ángulos. Así, Gasparini demuestra cómo estos “jóvenes viejos”, que distribuían su tiempo entre la ciencia y la literatura, entre el Congreso y las tabernas, entre la vida bohemia y las tradiciones familiares burguesas, representan en sus textos los tópicos centrales del debate nacional previo a la década del 80. El papel de la “Academia Argentina de Letras” y su proyecto cultural durante este período es el objeto del siguiente artículo, a cargo de Daniela Lauría. A través de un cuidadoso abordaje lingüístico, la autora analiza en detalle el proyecto más ambicioso de la Academia por esos años: la confección de un Diccionario de argentinismos. A partir de la reconstrucción de su programa fundacional, Lauría recorre las principales tareas de la institución tendientes a interpretar las manifestaciones científicas y artísticas argentinas desde un punto de vista nativista y nacionalista. Mediante un abordaje lexicográfico demuestra cómo en la macroestructura del Diccionario predominan los ruralismos y en su microestructura las definiciones enciclopédicas, lo que instala una mirada prohispanista de la lengua, en el marco de la cual los argentinismos son percibidos como peculiaridades o particularidades de la lengua madre. El segundo período al que se refiere el volumen compilado por Bruno es “el giro del siglo XIX al XX”, momento en el que se configuran sociabilidades tensadas por la consolidación de la vida universitaria, la bohemia, el surgimiento de entidades políticas con intereses intelectuales y asociaciones espiritistas y teosóficas. Precisamente a estas últimas se refiere el capítulo firmado por Soledad Quereilhac. Tal como ella señala, en una zona fronteriza entre el positivismo y las corrientes espiritualistas se gestan por entonces asociaciones que se caracterizan por el interés por la religión, la ciencia y la búsqueda de la solidaridad. Espiritualistas y teósofos se apropian del discurso cientificista en su afán por lograr la emancipación de los hombres, el culto a la racionalidad, una religiosidad no dogmática y la filantropía. Estas formas de “espiritualismo moderno” son convocantes para muchos intelectuales y miembros de la élite, quienes adhieren en forma más o menos encubierta a estas asociaciones de cruce. En el análisis de las revistas y los órganos de difusión de estas agrupaciones, en las cartas y ciertos artículos publicados en la prensa, salen a luz los nombres de Eduardo Wilde, Miguel Cané, Emilio Brecher, José Ingenieros, Leopoldo Lugones, Alfredo Palacios, Ricardo Rojas, y de profesores y autoridades de la universidad de Buenos Aires. En una interesante vuelta de tuerca, la autora propone que en lugar de “representar una respuesta puramente intelectual a ciertos dilemas de la época” estas formas de sociabilidad buscaron construir un discurso racional y científico que canalizara “el componente místico de una de las frases más estructurales de la época: ‘la fe en el progreso’” (151). A continuación, el artículo de Pablo Ansolabehere estudia los lugares, itinerarios y personajes de la vida bohemia porteña entre 1880 y 1920. Mediante una propuesta que trasciende una lectura superficial o cristalizada, el autor contrapone París y Buenos Aires; la bohemia y la “representación de la bohemia”; el café, la taberna y el hospital; la forma de sociabilidad bohemia frente a otras, como las del Ateneo, el Círculo Científico Literario, las redacciones de los diarios más prestigiosos o incluso las agrupaciones anarquistas. Este abordaje polifónico no impide señalar algunos de los rasgos comunes y definitorios de la bohemia porteña de esos años: la camaradería; la pobreza y el juvenilismo; el rechazo al espíritu burgués, las convenciones y el filisteísmo; y por sobre todas las cosas, la consagración de la vida al arte. El capítulo siguiente recorta como objeto una particular forma de sociabilidad construida por anarquistas y socialistas entre 1890 y 1902, las “controversias”. Martín Albornoz analiza aquí la historia de estos encuentros surgidos básicamente por iniciativa de los anarquistas, quienes vieron la necesidad de presentar sus discusiones públicamente, desde la oralidad y el intercambio cara a cara. Los materiales a partir de los cuales trabaja el articulista son principalmente las crónicas de estas controversias, publicadas en la prensa, en los textos autobiográficos de sus participantes o incluso en entrevistas. Reconstruye de esta manera dos momentos: uno inicial en torno a 1890, durante el cual se opusieron grupos anarquistas-individualistas, promotores de la propaganda violenta y opositores a toda forma de organización, frente a quienes impulsaban un socialismo científico de raigambre marxista; el segundo período que se extiende hasta inicios del siglo XX es protagonizado por un anarquismo más afín a la acción organizada y gremial frente a un Partido Socialista que participa de la vida electoral. Mientras que durante el primer momento las discusiones fueron irregulares, inestables, sin organización interna ni acuerdos previos, las últimas ganaron en asiduidad y llegaron a convertirse en auténticas puestas en escena. El interés del artículo de Albornoz radica en que no centra su lectura sólo en los tópicos que se debatían en estos encuentros sino principalmente en la particular forma de sociabilidad polémica que instauraron las controversias y en el desafío retórico y escénico que implicaron. Otra asociación que se gestó durante el “giro del siglo XIX al XX” fue el “Ateneo”, cuyos proyectos y polémicas son estudiados por Federico Bibbó en el siguiente artículo. A partir de la lectura de la prensa y de los testimonios de sus protagonistas, el autor reconstruye una oscilación en las aspiraciones de sus miembros: por un lado, la búsqueda de “regeneración” espiritual y cívica del cuerpo social en medio de un contexto de modernización percibido como hostil y, por el otro, un programa menos ambicioso vinculado con los intereses profesionales y sociales de los hombres de letras. En este juego se articuló “un espacio de intersecciones sobre el cual se debatirían los contornos de una identidad que, todavía por algún tiempo seguiría asociada tanto con la alta misión asignada al hombre de letras en los destinos nacionales como con la marginalidad y la incomprensión propias de la figura del artista moderno” (220). En función de estas tensiones, Bibbó afirma que se construyó en el “Ateneo” una sociabilidad de límites permeables, que funcionó como un puente con otras formas de encuentro. Ya iniciado el siglo XX, se delimitan nuevas representaciones del “hombre de letras” con la profesionalización de ciertas disciplinas y su institucionalización en el ámbito universitario. Surgen así grupos de intelectuales, con proyectos innovadores que se concretan en revistas, cátedras e institutos que cristalizan en ámbitos de sociabilidad cultural. Tanto la Reforma Universitaria como acontecimientos de repercusión internacional –la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa– conmocionan la vida nacional y llevan a manifestaciones específicas dentro del campo cultural. En este contexto, Maximiliano Fuentes Codera analiza el surgimiento del “Colegio Novecentista” integrado por jóvenes unidos en su pretensión de romper con el pasado pero enfrentados en cuanto a sus proyectos para el futuro, que llegaron a ser tanto de corte fascista como filomarxistas. Influenciados por el novecentismo español de d’Ors, estos jóvenes confiaban en una aristocracia intelectual que interviniera en el terreno espiritual y político, para romper tanto con el paradigma positivista que imperaba en los claustros universitarios como con la concepción diletante del artista. Fuentes Codera realiza un análisis del recorrido intelectual e ideológico del Colegio y pone en escena sus contradicciones a través de los escritos de sus representantes pero fundamentalmente mediante las operaciones de apropiación de la ideas de D’Ors en nuestro país. Su lectura aguda da cuenta de las ambigüedades y contrastes de un programa tensionado ideológica, cultural y socialmente. Finalmente, José Zanca estudia los “Cursos de Cultura Católica”, agrupación conformada por jóvenes laicos que no se integraron a la tradición reformista universitaria y construyeron una particular sociabilidad atravesada por lo político, lo letrado y lo religioso en la década del veinte en nuestro país. A través de una lectura original e innovadora, el articulista demuestra que más que testimoniar un proceso de clericalización de la sociedad, estos “Cursos” funcionaron como un “laboratorio de una particular forma de modernidad religiosa” (283) que posibilitó la incursión de lo religioso en el escenario público y particularmente académico y el debilitamiento de la autoridad eclesiástica. Más allá de las intenciones de sus fundadores, los Cursos testimoniaron un proceso de democratización y un funcionamiento horizontal, en evidente tensión con el discurso oficial, sustentado a partir de los ideologemas del orden y el restablecimiento de los valores. Este breve recorrido por los diferentes artículos que integran el libro dirigido por Bruno permite ver no sólo la diversidad de sociabilidades que se construyeron en Buenos Aires entre 1860 y 1930 sino la variedad de lugares desde los cuales se las puede pensar. Algunos de los trabajos enumerados se articulan a partir de un enfoque histórico, otros desarrollan operaciones propias de la crítica literaria, otro realiza un abordaje lingüístico, hay quienes se muestran deudores de la historia de las ideas, etc. Estos paradigmas múltiples logran aprehender un objeto que también lo es: las sociabilidades culturales se muestran atravesadas a su vez por las sociabilidades políticas y tal como se vio en los distintos artículos, independientemente del intento manifiesto de limitar o impedir ese contacto, fueron condicionadas por las cuestiones ideológicas, religiosas o sociales que estructuraban en esos años la vida nacional. Por otro lado, los enfoques variopintos no derivan exclusivamente del hecho de tratarse de una obra colectiva, sino que en el interior mismo de cada artículo es posible rastrear una mirada plural y crítica, que cuestiona los lugares comunes, lee por sobre lo explícito y construye interpretaciones que evitan las etiquetas y las miradas cristalizadas. La polifonía y la búsqueda de escenarios de encuentro para las distintas voces que caracterizaron a las asociaciones analizadas en el volumen, son asimismo rasgos evidentes en la constitución de los artículos que lo integran. En síntesis, se trata de una propuesta atractiva por abordar las sociabilidades culturales en Buenos Aires, a partir de un marco teórico que había generado productivas lecturas en lo referido a lo político y social, pero poco estudiado en este campo; es un material valioso no sólo por recortar un objeto múltiple y plural, sino por hacerlo desde una multiplicidad de perspectivas que se atreve a leer a contrapelo y más allá de los temas o de los enunciados explícitos del corpus trabajado y a agrietar de esta forma ciertas interpretaciones canonizadas.

[Carola HERMIDA. “Cafés, ateneos y círculos. Las sociabilidades culturales en Buenos Aires entre 1860 y 1930”, in Reseñas CeLeHis. Boletín del Centro de Letras Hispanoamericanas (Mar del Plata), Año II, nº 3, abril-julio de 2015, pp. 7-11]