✍ La historia rural francesa. Caracteres originales [1931]

por Teoría de la historia

49045998La mayoría de los intereses y temas de Marc Bloch convergían en el ámbito de la historia rural, un área en la que siguió trabajando a lo largo de toda su vida. Había desarrollado tempranamente un interés por los sistemas de campos y especialmente por cómo la vida rural había sido revolucionada por el proceso de los cercamientos: cómo los campos abiertos, que se habían sembrado, cultivado en rotación y usado como pastos comunitarios, se habían transformado en propiedades individuales compactas, valladas, cercadas con setos o cerradas de otro modo. Aquí estaba el correlato físico de la conquista de la libertad personal, un proceso evolutivo estimulado por el espíritu de empresa individual y complementado por las innovaciones científicas y tecnológicas y por la necesidad que tenía la agricultura intensiva de aumentar la producción de alimentos para una población urbana en expansión. Bloch miraba a Inglaterra, donde el poder de la pequeña nobleza (gentry) en el parlamento, que había comenzado en el siglo XVI y que se había intensificado en el XVII y XVIII, el celo de los burócratas reformistas y el desarrollo de los sistemas legales, bancarios y administrativos aceleraron el cercamiento de las tierras comunitarias al mismo tiempo que en el reino insular tenía lugar la revolución industrial. También reconocía que los cercamientos, denunciados por los poderosos tanto como por los pobres y dependientes, contribuyeron en un primer momento a la pobreza rural, a pesar de sus beneficios a largo plazo. El campo de la historia rural había estado dominado hasta entonces por gigantes extranjeros: los alemanes Georg Hanssen, Georg Friedrich Knapp, August Meitzen y Robert Grandmann, así como los ingleses Frederick Seebohm, Frederick William Maitland, Paul Vinogradoff y Richard Henry Tawney. Excepto Fustel de Coulanges y Henri Sée (cuya obra inspiró la de Bloch, aunque corrigiéndola y aumentándola), los principales autores franceses, como Jules Sion, Lucien Febvre, Georges Lefebvre y Paul Raveau se habían centrado en estudios regionales basados fundamentalmente en documentación señorial. Bloch tenía un territorio abierto que explorar. Armado con su conocimiento de las lenguas, el derecho, la sociología y la economía, su entusiasmo por los mapas, su permanente fascinación por el campo francés y su configuración física, su interés por la conciencia colectiva y su gusto por la comparación, se sumergió en la investigación de los tipos de viviendas rurales, comunidades campesinas, herramientas agrícolas y, por encima de todo, de las formas de la vida agraria. Francia, dividida en diferentes sistemas, rasgos físicos y pueblos, era el laboratorio ideal. En 1928 Bloch solicitó y obtuvo una generosa ayuda gubernamental, que le permitió hacer viajes de investigación anuales durante los siguientes cinco años, en sus vacaciones de primavera, a archivos provinciales seleccionados, para realizar trazados, copias y fotografías de las divisiones de las tierras. Un año más tarde publicó un llamamiento a los historiadores locales franceses para la consulta de mapas catastrales, hasta entonces descuidados, tanto los realizados durante el primer Imperio como los que habían sobrevivido del Antiguo Régimen. También apeló a los historiadores extranjeros para que compartieran sus hallazgos relativos al desarrollo rural de sus naciones. Durante el resto de su vida, Bloch se dedicó a la recuperación y análisis de planos, que para él encerraban la clave del uso y control de la tierra en elR200015209 medio rural. “Les caractères originaux de l’histoire rurale française”, la brillante aunque provisional obra de síntesis de Bloch, apareció en 1931. Era una versión revisada de los cursos que había impartido en Oslo dos años antes, en el Instituto para el Estudio Comparado de las Civilizaciones; consciente de los vacíos existentes en su información, publicó la obra con reticencia. Les caracteres era una obra típica de Bloch, con siete capítulos diferentes aunque relacionados. Después de una presentación del método, discutía las grandes etapas de la ocupación del suelo, la vida agraria, el régimen feudal en la Edad Media, los señores y los campesinos durante los dos siglos anteriores a la Revolución Francesa, los tipos de vida rural, la revolución agrícola y las pautas de continuidad entre el pasado y el presente. La prosa lacónica y vigorosa de Bloch estableció una nueva norma en el género. Inspirándose en obras teóricas anteriores y usando tanto el trabajo de historiadores regionales y locales como estudios de geografía, derecho, lingüística, arqueología y economía rural, Bloch retrocedió desde su tiempo hasta el pasado prehistórico en un intento de describir las características esenciales de la historia agraria francesa. En vez de realizar un estudio tradicional de la tierra y los campesinos basado principalmente en documentos feudales y dominado por las controversias romanogermánicas, un regionalismo estrecho, abstracciones carentes de vida, el gusto por la antigüedad, anacronismos o discontinuidades, los capítulos de la obra de Bloch presentan la historia rural como aquella de la vibrante interacción humana con la tierra. ¿Cuáles eran las características originales de la historia rural francesa? Después de una breve excursión al pasado prehistórico y a los asentamientos celtas, romanos y germánicos, Bloch comenzaba describiendo con sólida documentación los extraordinarios proyectos de roturación de los siglos XI y XII que, en contraste con los que estaban teniendo lugar en la misma época en la Europa central y oriental, los realizaba un ejército de colonos de la propia Francia que buscaban reconquistar y repoblar sus tierras ancestrales. Como sus compatriotas, Bloch destacaba la continuidad de la civilización agraria francesa, señalando al mismo tiempo su diversidad. Distinguió en Francia tres regímenes rurales: el característico de la Europa nórdica, de campos abiertos paralelos y alargados, en 6164dz7Q-lLlos que se usaba el arado con ruedas y la rotación trienal, que precisaba de amplias normas y responsabilidades comunitarias; el régimen de la Europa meridional y mediterránea, de tierras montañosas y escabrosas, campos irregulares, arado sin ruedas y rotación bienal, que implicaba costumbres comunitarias menos desarrolladas; y finalmente el régimen disperso de la Francia occidental y central, de tierras onduladas y boscosas, suelos pobres, asentamientos poco densos y cultivos intermitentes e intensos con o sin arado, donde había campos cerrados y costumbres singulares de autonomía individual. En contraste con las teorías «raciales» de Meitzen, Bloch insistía en que estas variaciones (que caracterizaba simplemente como «tipos de civilización») eran el resultado de una multitud de factores: la interacción de clima, suelo, tecnología, economía, religión, hábitos mentales y, especialmente, el proceso humano de adaptación. En los dos capítulos más densos del libro, Bloch seguía el rastro de la transformación de la autoridad rural. El abandono por parte de los señores del control efectivo sobre la tierra en el siglo XII condujo a la decadencia de la servidumbre; pero la inflación del siglo XVI impulsó en algunos lugares la refeudalización del campo, así como exigencias más onerosas y mayor control sobre el campesinado. El manso, la forma de organización rural más antigua de Francia, desapareció misteriosamente entre los siglos IX y XI, posiblemente a causa de la nueva política fiscal real o de nuevas prácticas señoriales. Después de un corto período de estabilización, las comunidades rurales emergentes comenzaron a luchar por su independencia, revelando, al mismo tiempo, una creciente estratificación de clases en su interior. La Francia del Antiguo Régimen se caracterizó por su «timidez» en el intento de acabar con arcaicas prácticas comunales y en promover la consolidación de las tenencias y su cercamiento. Incluso después de la Revolución, Francia se situaba detrás de Inglaterra y otras partes de Europa en el desarrollo capitalista de su agricultura y en productividad rural. Paradójicamente, era una nación que veneraba los derechos de propiedad individuales al mismo tiempo que ciertas obligaciones comunales agrarias. Incluso en la época de Bloch existía todavía en Francia una amplia variedad de propiedades rurales, desde las extraordinariamente grandes hasta las diminutas. En “Les caractères originaux”, Bloch pintó con anchas pinceladas. Describió cómo períodos de guerra, epidemias, siembras y cosechas reducidas, que a menudo habían traído consigo mejoras en las vidas de la población rural, habían alternado con tiempos más tranquilos y prósperos que habían impuesto limitaciones más rígidas, tanto legales como físicas, a los campesinos. Mostró en este libro su destreza con la toponimia, su interés por los desarrollos monetarios y su gusto por comparar Francia con el resto de Europa y el mundo exterior. Aparecen pocos personajes en el texto, ya que su tema era Francia y cómo sus gentes habían grabado su historia en su suelo. El libro suscitó una gran acogida positiva, tanto en Europa como fuera de ella. Los extranjeros saludaron a este digno sucesor de Fustel y alabaron su objetividad, virtuosismo y sugerencias provocativas, así como los elocuentes mapas e ilustraciones sobre el uso del suelo que reproducía. Las recensiones francesas fueron también favorables, aunque algunos criticaron detalles (su conocimiento imperfecto de la Francia meridional, su omisión del desarrollo de la industria rural, su ignorancia de la demografía rural) y algunas de sus premisas, como el énfasis dado al monocultivo y la ausencia de consideraciones ecológicas. Bloch había sido impreciso, quizás deliberadamente, en el tema de la cooperación comunitaria: ¿se realizaba tan sólo en los trabajos agrícolas o se podía generalizar a la actitud de la comunidad rural en temas de defensa común o de control político? ¿Era esta conducta causa o efecto de necesidades físicas, restricciones tecnológicas o coerciones externas? Bloch era ambivalente acerca de los resultados del proceso que había promovido el individualismo económico. Era ambivalente tanto en términos humanos como económicos acerca de los beneficios y costes de las tenencias grandes frente a las pequeñas. Cuando escribía su libro estaba teniendo lugar el violento ataque de Stalin contra el campesinado ruso y permanecía como telón de fondo el prolongado y extenso sufrimiento de los cultivadores europeos en el mundo de la posguerra, pero Bloch no dudaba de que, a pesar de sus elementos diferenciadores, la vida rural francesa reflejaba un drama humano apasionante al que el historiador podía contribuir con una síntesis provisional aunque instructiva.

[Carole FINK. Marc Bloch. Una vida para la historia. Valencia: Universitat de València, 2004, pp. 125-128]