✍ Historia rural del Uruguay moderno, 1851-1914 [1967-1977]

por Teoría de la historia

La “Historia Rural del Uruguay Moderno, 1851-1914” se integra en siete tomos, de los cuales se han publicado seis. El último de ellos aparecerá hacia fines de 1977, culminando una labor de dos lustros. Este trabajo es, sin lugar a dudas, uno de los aportes más valiosos dentro del panorama de la investigación histórica nacional. Lo es por el esfuerzo que han realizado los autores, jóvenes representantes de una nueva generación de historiadores uruguayos. Lado a lado, trabajando en equipo, pues la formación y la amistad así lo requerían, fueron obviando dificultades (de tiempo, de tareas: enseñar e investigar no siempre se conjugan) e imponiendo una nueva modalidad frente a la tradicional del historiador individual y solitario. Los hechos económicos y sociales, sustancia de la obra en cuestión, requieren la mirada de muchos ojos y el frecuente intercambio de puntos de vista. Así, disminuye la posibilidad de cometer errores (o evitar pecados, al decir de Barrán). El tiempo de labor ha sido largo: lleva ya una década. Nahúm nos refiere que al comienzo pensaban incluir los resultados de la investigación en un solo volumen, pero que luego el panorama se fue ampliando y profundizando, requiriendo mayor tiempo, más trabajo y una culminación que implica seis tomos publicados y uno en vías de serlo. Si el trabajo vale por el esfuerzo, vale también por impulsar, ampliar y profundizar un proceso de renovación en el ámbito de la investigación histórica nacional: que va desde las formas de encarar la labor hasta los enfoques, hipótesis de trabajo, criterios interpretativos, etc. Pero, en última instancia y fundamentalmente, la obra vale por sus logros, por su contenido: rica en conceptos, fundamentada, clara y no por ello superficial. Representa un paso muy grande y muy serio en el camino hacia la integral comprensión del pasado uruguayo, en momentos en que el país se imbricaba, más que nunca, en el ámbito de los centros de gravitación mundial y nacía a la “modernidad”. Consideremos ahora algunos aspectos del contenido general de la obra. En el tomo I de la “Historia rural”, los autores nos adelantan el “Plan general de la obra”, donde hacen especial referencia a: 1) las fuentes; 2) los fundamentos de las fechas elegidas y 3) los esquemas interpretativos. Las fuentes se nutren de dos vertientes: la bibliografía édita y, en especial, las fuentes de la época (textos y documentos), cuya investigación señaló las pautas interpretativlas. Por su parte, en la medida en que la “Revista de la Asociación Rural del Uruguay”, desde su fundación en 1871 hasta 1914, constituyó el núcleo de la investigación, los autores dejan constancia de la limitación que ello implica. Constatan, por último, la ausencia más notoria en materia de fuentes: la prensa del periodo, a la cual recurren esporádicamente. Sin embargo, no siempre es así, pues en los tomos II y III se advierte un recurrir frecuente a la prensa de la época. En cuanto al tiempo histórico comprendido por la obra, tenemos que se extiende desde mediados del siglo XIX hasta la primera parte de la segunda década del siglo XX. Los autores fundamentan las fechas elegidas: 1851 y 1914, de la siguiente manera: “El fin de la Guerra Grande en 1851 tiene una especial significación, tanto política como económica. Desde el ángulo político consolidó la independencia nacional; desde el económico, sus efectos destructivos en la existencia de ganados y en la industria saladeril impusieron una reconstrucción de la vida material del país que se halló casi en los límites de la subsistencia. Existió un retroceso hacia formas de explotación primitivas que proporcionan una clara imagen de cómo era la República antes del proceso de la modernización. El año 1913-1914 es aquél en que por vez primera las exportaciones de carne congelada en frigoríficos sobrepasaron a las exportaciones tradicionales de tasajo de los saladeros. En ese sentido culminó el proceso de la modernización del medio rural, en la producción y su industrialización”. Delimitado el tiempo histórico de la obra, precisemos los objetivos concretos de la investigación: “Conocer cómo y por qué se produjo la transformación de nuestras estructuras económicas rurales, de qué forma se llevó a cabo el proceso de modernización del campo uruguayo”. En tercer lugar, veamos lo que los autores denominan “esquemas interpretativos” y que vienen a ser las pautas o criterios de interpretación surgidos de la labor misma. La investigación señaló que la evolución de la economía esencialmente ganadera del país, estuvo determinada en el periodo, por tres modificaciones técnicas, un hecho político y una situación social e ideológica. Los tres cambios técnicos fueron: 1) el afianzamiento de la explotación ovina (1862-1868) ; 2) el alambramiento de los campos (1872-1882); y 3) el refinamiento de las razas bovinas (1887-1913), así como la racionalización de la empresa rural. El hecho polltico consistió en la consolidación del Estado uruguayo moderno, así como el afianzamiento del principio de autoridad, forjados por la experiencia militarista (1876-1886: gobiernos de Lorenzo Latorre y Máximo Santos), que constituyeron los marcos políticos y jurídicos primordiales para este desarrollo económico. La situación social e ideológica estuvo dada por la existencia de un poderoso grupo de hacendados progresistas, fundadores de la Asociación Rural del Uruguay, en 1871. Sus ideas impulsaron los cambios en la economía rural, haciendo posible la “modernización”, etc. Además, los autores han considerado otros aspectos ineludibles, pues se hallaban íntimamente vinculados con el cambio producido: las consecuencias sociales, el comportamiento de los mercados exteriores del país, el alcance definitivo de la “modernización”, etc. Llegamos al final de este comentario general, no sin antes incluir ciertas precisiones, a modo de balance. La obra de Barrán y Nahúm, a punto de culminar, se constituye en uno de los escalones ineludibles en el tránsito hacia la cabal comprensión del siglo XX uruguayo y permite, además, proyectar sus conclusiones al ámbito latinoamericano, donde es posible constatar ciertas concordancias inherentes al proceso en sí. Una abundante documentación (libros, revistas, prensa, diarios de sesiones de la cámara de senadores y de representantes, numerosos cuadros estadísticos y notas para cada capítulo, etc.), manejada con sumo cuidado, les permite fundamentar con solidez sus conclusiones; una estricta periodización, surgida no por capricho sino de la entraña misma del proceso, les brinda el ajuste inteligente y coherente de una trama muchas veces compleja; las hipótesis de trabajo, los criterios interpretativos, las conclusiones, las innumerables sugerencias, se suceden en un diálogo constante con los hechos, posibilitando la claridad en la lectura y la comprensión honda del acaecer. El Plan General de la Obra no experimentó cambios significativos en el transcurso de la investigación; lo que sí varió fue la extensión adjudicada al trabajo: lo que fue pensado para un solo volumen, luego se fue desgranando en un total de siete (seis publicados). Es decir, la propia marcha de la investigación los fue llevando hacia terrenos que en principio no pensaban incursionar, pero que se hallaban en íntima relación con el núcleo de la obra. ¿Posee limitaciones la obra? Benjamín Nahúm, en diálogo que mantuviéramos hace ya un tiempo, nos decía que reconocía las escasas referencias al ámbito urbano, máxime que Montevideo comenzaba a pesar mucho en la vida económica del país. Además, los vacíos en materia de investigación histórica en el país (series de precios, de la tierra en particular, etc.) y las dificultades para acceder a fuentes, tanto públicas como privadas, se erigen en barreras limitativas de toda labor de esta índole. Algunos comentaristas de la obra, entusiasmados por el valor de la misma, no dejan, sin embargo, de anotar algunas críticas: en primer lugar, cierto mecanicismo, no achacable a los autores, sino a lo que aún resta por hacer en materia de investigación histórica en el país; en segundo lugar, el excesivo crédito que los autores adjudican al grupo de hacendados fundadores de la Asociación Rural del Uruguay: se estaría exagerando su carácter “progresista”; finalmente, señalan la utilización de una terminología no precisa (ejemplos: “estructura”, “altas clases rurales”, “altas clases urbanas”, “país primitivo”, “arcaico”, etc.). En el tomo segundo de la obra, los autores responden en relación a la terminología empleada. Válidas o no estas observaciones, la “Historia rural del Uruguay moderno” se ha constituido en una de las llaves de nuestra historia.

historia-rural-del-uruguay-moderno-barran-nahumtomo-3-184201-MLU20304180004_052015-F-1El primer tomo de la “Historia rural del Uruguay moderno” comprende los años 1851 a 1885, y consta de 653 páginas. Su primera edición es de 1967, y se acompaña de un “Apéndice Documental” (independiente) de 363 páginas, que contiene una selección de los documentos más significativos manejados por los autores en el curso de la investigación, así como de una serie de cuadros estadísticos. 1851 señala el fin de la Guerra Grande y también un retroceso económico pautado por descenso del stock de ganado vacuno, crisis de los saladeros y vuelta a formas de explotación primitivas. Así, hasta 1860, los autores ofrecen una visión de ese Uruguay con dificultades basado en el vacuno criollo y la industria saladeril. Sin embargo, en la década que se inicia en 1860, se asiste a la primera quiebra del orden económico y social tradicional, en tanto triunfa la explotación ovina (cambio técnico que se procesa especialmente entre 1862 y 1868). Ahora bien, la crisis de los años 1869 a 1875 frenó momentáneamente la modernización iniciada. Esta se afianzará con los gobiernos militares de Latorre y Santos (1876-1886). En esos años, el hecho político que incidió en el proceso de modernización de las exploraciones agrarias fue la definitiva creación del Estado moderno y el afianzamiento del principio de autoridad, marcos políticos y jurídico primordiales para este desarrollo económico. Tenemos además la definición jurídica y práctida del derecho de la propiedad privada sobre bases burguesas, así como el alambramiento de los campos (segundo cambio técnico operado entre los años 1872-1882), bases fundamentales de la etapa iniciada. Finalmente, sería necesario considerar una situación social e ideológica, que influyó mucho en el proceso de modernización: un grupo poderoso de hacendados progresistas, nucleados en la Asociación Rural del Uruguay (fundada en 1871), contribuyeron con sus ideas y acción al cambio de la economía rural. Y llegamos a 1885, fecha límite en la periodización que los autores han asignado a este primer volumen. Por entonces, el medio rural uruguayo, parcialmente modificado en sus estructuras por la restauración de la autoridad, el ovino y el cercamiento de los campos, se enfrentó a una aguda crisis de superproducción, derivada de la inadecuación que existía entre el nuevo país y los mercados tasajeros americanos. En 1885, los estancieros nucleados en la Asociación Rural tomaron conciencia de que la modificación parcial sufrida por el medio rural los colocaba en la alternativa de elegir entre la ruina económica o la continuación del proceso de cambio. El mestizaje de las razas bovinas (tercera modificación técnica, procesada entre los años 1887 y 1914) fue la respuesta en los años siguientes a 1885. Otros aspectos, como ser la unilateralidad del desarrollo, pues el cambio no afectó ni a su agricultura ni a su industria ni, lo fundamental, a todo el medio rural, son estudiados apenas en este primer tomo, aunque serán analizados con mayor detenimiento en el segundo. Abundantes notas para cada capítulo y una extensa bibliografía completan este primer trabajo.

barran-2-1Consideremos ahora el segundo tomo de la “Historia rural”: el mismo comprende los años 1886 a 1894 y se subtitula “La crisis económica”; consta de 680 páginas y su primera edición es de 1971. Los autores consideran a esta etapa como de transición, entre un Uruguay que se resistía a morir y otro que pugnaba por nacer. Además, son años pautados por una crisis (llamada “del noventa”) de naturaleza compleja, que incidió sobre las bases fundamentales de la economía del país: la ganadería y el comercio. La investigación apunta a la crisis en la ganadería, en tanto se detuvo su proceso de modernización. Sólo lateralmente se hace referencia a la crisis del comercio (de tránsito desde y hacia el litoral argentino, Paraguay y Río Grande del Sur; así como el llamado “alto comercio”). ¿Qué rasgos presentó la crisis? La abundancia de ganado vacuno dificultó las colocaciones del tasajo en particular. Además, los precios internacionales de los cueros y lanas descendieron en los mercados consumidores europeos desde 1880. Así, el descenso de los precios no pudo ser compensado con aumentos del volumen exportado, pues las técnicas de explotación no permitían recargar las praderas naturales con mayor número de cabezas. Y si ello fuera poco, luego de 1891 diversos fenómenos llevaron a una disminución de los stocks ganaderos. ¿Cuáles fueron las consecuencias de la crisis? En primer lugar, determinó agudas tensiones entre diversos sectores sociales; en segundo lugar, estalló una gran polémica, que tuvo como centro las estructuras económicas del país, duramente enjuiciadas por entonces; finalmente, cabe señalar que el llamado “alto comercio” inició una decadencia de la cual no saldrá jamás. Consideremos el primer aspecto: la crisis económica avivó los enfrentamientos entre estancieros, agricultores, industriales, comerciantes e intermediarios; además, dentro de cada sector se dieron las oposiciones, así entre estancieros invernadores y estancieros criadores, entre los defensores del proteccionismo industrial y los partidarios del libre comercio, etc. El Estado se vio enfrentado a situaciones muy complejas, que su legislación impositiva trató de resolver. El segundo aspecto mencionado nos vincula con las reflexiones críticas acerca de la economía del país: se llegó a criticar duramente su carácter monoproductor, su dependencia externa, el rasgo extensivo propio de la ganadería, etc. Y por último mencionábamos la decadencia del “alto comercio”, la debilidad del comercio de tránsito y el paulatino descenso de la influencia de estos sectores en el gobierno. Otros grupos sociales se perfilaban en el panorama económico-social del país: estancieros, industriales, una incipiente clase media y obrera. ¿Cómo se salió de la crisis? Soluciones se buscaron, pero más en el plano teórico que en el de los hechos económicos. Es decir, no llegaron a ponerse en práctica las medidas manejadas. Se salió de la crisis porque las circunstancias internacionales cambiaron a partir de 1894-1895, y no tanto por el esfuerzo propio. ¿Cómo acceder a un mercado mundial de carnes día a día más exigente y a la búsqueda de nuevos proveedores? Una forma de llegar a él era mestizar las haciendas criollas con reproductores finos traídos de Europa, a la vez que alimentar al nuevo animal en praderas mejoradas. Pero había que ir más lejos: modificar la estancia, invertir, contar con crédito, etc. Mucho de ello estaba por hacerse. En consecuencia, el Uruguay salió de la crisis con muy pocos cambios en la economía rural, no así el medio económico y social urbano, donde las alteraciones fueron mayores.

l5813-historia-rural-del-uruguay-moderno-3-1895-1904-2333-MLA4792857327_082013-FEl tercer tomo de la “Historia rural” comprende los años 1895 a 1904 y se subtitula: “Recuperación y Dependencia”; consta de 515 páginas y su primera edición es de junio de 1973. El decenio 1895-1904 comenzó con la lenta recuperación del país luego de la crisis del noventa, en aras de una coyuntura internacional favorable (mejores cotizaciones para cueros, lana y tasajo). Los índices económicos dan cuenta de la creciente prosperidad: ascenso del precio de la tierra, mejores precios internacionales para nuestros productos de exportación, crecimiento de la producción, incremento del área sembrada en el sector agrícola, cambios cuantitativos y cualitativos en la ganadería (creció la producción y la productividad de carne y lana por cabeza, el mestizaje avanzaba, se funda el primer frigorífico al culminar el decenio y la instalación del Banco de la República en 1896 abre perspectivas en materia de créditos a los productores). Sin embargo, otros rasgos también caracterizan al período. Así el mestizaje, que se hacía con lentitud y deficiencias; la agricultura, que aumentó la producción sólo en función del incremento del área sembrada; el crédito rural, que no alcanzaba a los medianos productores y agricultores; una situación incambiada en lo referente al régimen de propiedad de la tierra; una dependencia estrecha de los centros económicos más importantes de la época, en materia de mercados, comercialización, transporte y financiamiento del crédito público, etc. Pero existe otra característica muy importante de este decenio: la inestabilidad política, pautada por las revoluciones saravistas de 1897 y 1904. Es decir, el renacimiento de la hostilidad entre los bandos tradicionales (blanco y colorado), que se imbrica con las condiciones económicas y sociales del período. La guerra civil, sin duda, enlentecía los cambios modernizadores. Estos aspectos son estudiados con detenimiento en el tomo IV de la obra comentada. 1904 es un año cargado de significados: es la transición, ya irreversible, del viejo país criollo al nuevo Uruguay moderno del siglo XX, pero que guarda todavía muchas vetas del anterior. Es el año en que la crisis de la sociedad rural alcanza su máxima amplitud, es el año en que muere el último gran caudillo nacional de ese medio, es el año en que triunfa la centralización sobre la regionalización política, es el año en que se instala el primer frigorífico uruguayo, es el año, en fin, en que José Batlle y Ordoñez comienza su efectiva labor de gobierno.

historia-social-de-las-revoluciones-de-1897-y-1904-barran-535001-MLU20262119776_032015-FEl cuarto tomo de la “Historia rural” fue publicado, por razones editoriales, antes del tercero. Lleva como subtítulo: “Historia Social de las Revoluciones de 1897 y 1904”, consta de 209 páginas y su primera edición es de 1972. En dicho trabajo se analizan, desde el punto de vista social, las revoluciones blancosaravistas de 1897 y 1904, haciendo hincapié en la conjunción de la inestabilidad política con la desocupación rural que el alambramiento de los campos acentuó. Los autores consideran que las guerras civiles de 1897 y 1904 no hubieran tenido tanta importancia (en duración temporal, en cantidad de hombres movilizados y reses consumidas) sino hubiera existido el llamado “pobrerío rural” (intensificado por el cercamiento de los campos y la crisis del noventa). Por otra parte, el marco político, signado por la rivalidad entre blancos y colorados, permitió canalizar esta difícil situación social. Empero, fue una inquietud que sólo llegó a esbozar “Aire libre y carne gorda” en sus divisas. Por último, digamos que las “clases conservadoras” (así se autodenominaron) mantuvieron -durante las guerras civiles- una posición contraria a las mismas, propiciando siempre los pactos y las tratativas de paz. Dichas “clases” (estancieros, comerciantes, banqueros, industriales) se integraban con gran número de extranjeros, poco o nada consustaciados con nuestras tradicionales luchas entre blancos y colorados. Entre las revoluciones que destruían las riquezas y el orden representado por el gobierno, la elección era clara para estos sectores. El Uruguay nacía al siglo XX de una manera conflictiva: los desajustes inherentes a su modernización intensificaban las tensiones sociales y políticas, que iban a tener un desenlace trágico en la revolución de 1904.

historia-rural-del-uruguay-moderno-barrannahum-tomo-5-1652-MLU29831060_4524-FEl quinto tomo de la “Historia rural” comprende los años de 1905 a 1914 y se subtitula: “La Prosperidad Frágil”. Consta de 183 páginas, siendo su primera edición de febrero de 1977. En esta parte de la obra, los autores se proponen desentrañar los factores que incidieron en la prosperidad económica del país, que caracterizan corno “frágil”. Y ver, entonces, de dónde surgía dicha fragilidad. La paz interna, el fortalecimiento del Estado, la confianza en el nuevo equipo gobernante (especialmente en la faz administrativa), la amplitud del ahorro nacional, la favorable coyuntura internacional (subida de los precios de nuestros principales rubro; exportables: ganado, lana, cueros), la positiva relación de intercambio (pues los productos importados no manifestaron la tendencia alcista antes señalada para las exportaciones), el crecimiento de la demanda mundial (anudado con el librecambio que Inglaterra mantenía), el bajo costo de producción derivado de nuestra pradera natural y la elevada riqueza ganadera por habitante, son los factores principales de la prosperidad uruguaya del período. La fragilidad provenía, esencialmente, de que nuestra economía pasaba a depender de la coyuntura internacional. Si bien el país venía conformando un proceso de “modernización”, el mismo nos insertaba con más fuerza en los requerimientos de la economía mundial. Éramos sensibles a las crisis y a la expansión de dicha economía, no pudiendo tampoco escapar a las ataduras financieras, pautas de consumo, comercialización de los productos, etc. El Uruguay vive, en estos años, uno de los cambios más significativos de su historia económica: “la ruina de la vieja industria saladeril y su producto, el tasajo, reemplazados por el pujante frigorífico y las carnes congeladas”. Señala, en parte, una culminación, y también una nueva era para el país.

la-civilizacion-ganadera-bajo-batlle-1905-1914-13503-MLU3241348350_102012-FEl sexto tomo de la “Historia rural” se ubica, al igual que el anterior, entre los años 1905 y 1914. Lleva como subtítulo: “La Civilización ganadera bajo Batlle, 1905-1914”, y consta de 487 páginas, siendo editado por Ediciones de la Banda Oriental-Montevideo, septiembre de 1977. (Impresora Rosgal, S. A.). En su primera sección, los autores analizan en profundidad a la estancia como negocio, como empresa económica, así como las relaciones de los ganaderos con el Estado en materia impositiva; además, se estudian los cambios operados en la ganadería y sus alcances. En la segunda sección se va pautando, a través de diversos capítulos, el triunfo del frigorífico y la consiguiente crisis de los saladeros. Finalmente, en la tercera sección, la mira se centra en la sociedad ganadera: la distribución de la tierra, las clases sociales y una aproximación a los rasgos de la mentalidad de la clase alta rural, así como su comportamiento económico. En últimahistoria-rural-del-uruguay-moderno-tomo-7-1700-MLU3440592793_112012-O-1 instancia, la búsqueda de los historiadores se centra en un conjunto de interrogantes: ¿plasmó totalmente el programa de reformas llevado adelante por el batllismo?, ¿se frenó su impulso?, ¿resultó demasiado débil? Lo cierto es que la economía rural se adaptó a las nuevas exigencias del mercado internacional, pero continuó conservando elementos que la ataron a un pasado difícil de vencer. ¿Por qué “civilización ganadera”?: le damos la palabra a los autores: “Hemos intentado el estudio de una ‘civilización ganadera’, es decir, y salvando las distancias, lo que Fernand Braudel ejemplificó con las ‘civilizaciones del trigo, del arroz o del maíz’: analizar la economía, la sociedad y la mentalidad que ambas produjeron y que a su vez las condicionó”. Cuadros estadísticos y abundantes notas (como en todos los restantes volúmenes) acompañan este penúltimo tomo de la Historia rural.

[Ciro VILLARINO. “Historia Rural del Uruguay Moderno (1851-1914) en VII tomos” (reseña), in Revista de Historia de América, nº 86, julio-diciembre de 1978, pp. 285-293]

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