✍ En busca de un tiempo perdido. La economía de Buenos Aires en el país de la abundancia, 1750-1865 [2005]

por Teoría de la historia

en-busca-de-un-tiempo-perdido-raul-fradkin-12382-MLA20058462042_032014-OPodría decirse que esta obra es el punto de llegada de un largo recorrido iniciado sobre mediados de la década de los ochenta. En esos años comenzarían a ponerse en cuestión algunos supuestos sacros y, por este motivo, poco discutidos de la historia agraria rioplatense. Hasta entonces se partía del convencimiento que la Organización Nacional había operado como un big bang en el proceso de modernización de la sociedad argentina. La primera mitad del siglo XIX quedó por mucho tiempo prisionera de una imagen especialmente rígida que la suponía estática y monocromática, pero a su vez caótica. Más allá de las primeras miradas críticas elaboradas por Halperin Donghi, que llamaron la atención sobre la complejidad de este período, persistió por décadas la idea de una sociedad dominada por el desorden y, por lo tanto, incapaz de efectuar cualquier cambio. En el espacio rioplatense, la consecuencia más importante de la independencia habría sido la formación de un sector dominante, cuyo poder se fundaba en la expansión ganadera producida sobre un espacio pretendidamente vacío. El resultado más visible de este proceso -y escala frecuente de las historiografías liberal y revisionista- sería un paisaje habitado por dos tipos sociales: estancieros y peones. Fue precisamente la insatisfacción frente estas interpretaciones clásicas lo que daría cauce a una fecunda corriente de revisión. Una primera estación de esta empresa historiográfica fue ofrecida promediando la década de los noventa (1). En una cuidadosa puesta a punto, varios estudiosos mostraban una amplia gama de actores sociales, pero principalmente un entramado de relaciones hasta allí desconocido. En particular los trabajos que atendieron al funcionamiento económico de la campaña bonaerense, se mostraron preocupados por dar cuenta de la complejidad y diversidad de ese mundo rural. Lo que anteriormente se presentaba como una superficie llana, desprovista de matices, comenzaría a mostrar rugosidades que obligaban a repensar las relaciones entre cambio y continuidad. El período posterior a la batalla de Caseros, lejos de provocar un dislocamiento absoluto respecto a los tiempos anteriores, parecía presentar profundas continuidades con la primera mitad del siglo. Estas aproximaciones no sólo resultan confirmadas sino además enriquecidas en la compilación dirigida por Fradkin y Garavaglia. En el primer artículo de la obra “La sociedad rural bonaerense en el siglo XIX. Un análisis a partir de las categorías ocupacionales”, el GIHRR nos muestra un estudio basado en los padrones de población de 1813 y 1815. Lejos de transitar por lugares comunes de la historiografía, nos ponen en aviso de una estructura social y regional mucho más compleja de lo que se suponía. Para sostener esta afirmación, realizan un uso intensivo de las cedulas censales, en un intento por evitar la perdida de información que generalmente se produce con un uso a-crítico de grandes agregados. A través de estas fuentes, los investigadores logran ofrecer una rica instantánea de la campaña bonaerense en el temprano siglo XIX. Con una población que orillaba los 40.000 habitantes, este espacio venía experimentando un prolongado despegue demográfico que poco tenía que ver con la imagen de inmutabilidad reinante hasta hace poco tiempo. Lejos de ello, estamos frente a un escenario que no sólo creció cuantitativamente, sino que además lo hizo de una manera diversa. De este modo, lo que se nos presentaba como una campaña uniforme, tendría ahora más parecido a un mosaico de regiones. Si el norte presentaba una ocupación temprana que se reflejaba en una estructura fuertemente familiar, el sur de adecuaba mejor a un modelo de frontera, donde era fuerte la presencia de hombres jóvenes y solteros. La campaña cercana y el oeste, en cambio, aparecen con rasgos más difusos que no permiten establecer perfiles tan definidos. Algo no muy diferente podría decirse de las actividades productivas que habitaba a cada una de estas regiones. Mientras que la ganadería era característica del sur y el norte de la provincia, las regiones del oeste y la campaña cercana estaban orientadas a satisfacer la demanda de alimentos de la ciudad de Buenos Aires. Es interesante, además, observar un importante sector de servicios que había pasado inadvertido en las miradas clásicas. Allí observamos más de un centenar de categorías ocupacionales que abarcan rubros tan diversos como la administración del Estado, servicios religiosos y los múltiples servicios que cubrían las necesidades de la población local. El primero de los artículos de Garavaglia: “La propiedad de la tierra en la región pampeana bonaerense: algunos aspectos de su evolución histórica (1730-1863)” , por su parte, representa una esmerada síntesis de los avances producidos en los últimos años sobre el tema. Luego de un recorrido por diferentes monografías microrregionales, que abarcan casos tan diferentes como San Nicolás, Dolores, Areco y Azul, el autor nos obliga a pensar en la convivencia entre grandes propiedades y una multitud de pequeñas y medianas explotaciones. Es en función de los descubrimientos que permitieron estos estudios de caso, que Garavaglia realiza una apuesta metodológica de acuerdo a la cual “el análisis partido por partido se impone, pese a lo farragoso de la tarea” . En una segunda parte, mucho más sugestiva que la primera, se examinan los mecanismos de la expansión de la gran propiedad, haciendo hincapié en las relaciones entre Estado y mercado. Allí descubrimos cómo al ritmo de las exportaciones ganaderas, fue fortaleciéndose la formación de grandes propiedades. Sin embargo, como el autor demuestra, esa expansión no fue el resultado de un impersonal mercado de tierras, sino que, por el contrario, una parte sustancial de éstas pasaría a manos privadas por medio de vías no mercantiles. Diversos mecanismos que iban desde las “donaciones condicionadas” hasta la enfiteusis hicieron que la cercanía al poder de los solicitantes, antes que su capacidad de compra, fuera el elemento determinante. En una segunda colaboración “La economía rural de la campaña de Buenos Aires a través de sus precios: 1756-1852”, Garavaglia examina la evolución de los precios de los principales productos pecuarios durante el período 1756-1852. Tomando como principal recurso documental cientos de legajos de sucesión, el autor traza una prolija serie que nos informa acerca de los ritmos que seguiría la expansión de la actividad ganadera. De ella se desprende una doble tendencia: mientras que, por un lado, se incrementan los volúmenes exportados, salvando el caso de las coyunturas de bloqueo; por el otro se reconoce un cierto proceso de diversificación de la producción. Por otra parte, la economía bonaerense se mostró muy exitosa en su respuesta a los incentivos generados por la demanda externa, tal como prueban las variaciones en la composición de las exportaciones. Esta situación produjo una temprana activación de un mercado de tierra que, sin embargo, perdió vigor en la segunda mitad de la década de 1830 como resultado de la expansión de la oferta de tierra pública. Sin embargo, una vez agotada la tierra libre disponible, volvería a cobrar un impulso que quedó reflejado en el alza de los precios. Llamando la atención sobre estas discontinuidades, Garavaglia demuestra que el proceso de formación de un mercado de tierra resultó ser mucho menos lineal de lo que generalmente se había supuesto. Pero si la gestación de ese mercado conoció una trayectoria bastante compleja, ¿qué sucedió con las relaciones que la economía rioplatense mantenía con el mercado internacional de bienes? El artículo de Rosal y Schmit: “Las exportaciones pecuarias bonaerenses y el espacio mercantil rioplatense (1768-1854)”, ofrece una respuesta a ese problema. Los autores evalúan la exitosa adaptación del espacio rioplatense a las nuevas condiciones que enfrentó tras la crisis del orden colonial y el fortalecimiento de relaciones comerciales con las potencias del Atlántico norte. Remontando el análisis hasta mediados del siglo XVIII, Rosal y Schmit advierten que, al menos desde fines de esa centuria, la ganadería rioplatense experimentaba cierto crecimiento junto con una relativa diversificación productiva. Pero fue recién tras la ruptura de los vínculos con el espacio mercantil altoperuano que la región rioplatense comenzó a redefinir más claramente su perfil comercial, consolidándose los productos pecuarios como rubro dominante de las exportaciones. Si bien otros productos ganaderos tuvieron cierta participación en la composición de las exportaciones pecuarias, fueron los cueros vacunos, secundados de lejos por los baguales, los que mantuvieron un lugar dominante durante toda la primera mitad del siglo XIX. Sin embargo, ese patrón de crecimiento -que hizo de la región una de las más exitosas experiencias de adaptación al nuevo contexto económico en todo el espacio hispanoamericano- experimentaría un gran salto en la década de 1840, consolidando definitivamente a la campaña bonaerense como principal proveedora de productos pecuarios. No obstante, que aquella contara con una posición dominante en el esquema de exportaciones no significó que el influjo de los mercados atlánticos se limitó a esa región. Como Rosal y Schmit demuestran, las provincias del Litoral también respondieron eficazmente al incentivo de la demanda externa. Aun cuando sus volúmenes iban a la zaga de los generados por la campaña bonaerense, sus tasas de crecimiento podían llegar a superar a las de esta última, como fue el caso de Entre Ríos durante la década de 1840. En una cuarta escala de esta obra: “Los contratos rurales y la transformación de la campaña de Buenos Aires durante la expansión ganadera (1820-1840)”, Fradkin nos ofrece una excelente aproximación al problema de las relaciones de producción en la campaña bonaerense. A través del estudio de cerca de un centenar de contratos, el autor revela que muchas formas contractuales que se suponían propias de la segunda mitad siglo XIX, en realidad hundían sus raíces en los tiempos coloniales y daban cuanta de la adaptabilidad de los actores sociales a las nuevas condiciones de mercado. En su universo de análisis se distinguen dos grandes categorías: el arrendamiento y las “compañías”. Con respecto a los primeros, predominantes en chacras y quintas, Fradkin descubre la persistencia de prácticas tradicionales al interior de una forma jurídica que se suponía “moderna”. Así, el pago de una suma fija anual en bienes representaba una opción adecuada en momentos de escasez de metálico, depreciación del papel moneda e inflación. Se trataba, en definitiva, de una estrategia de disminución de riesgos ante una situación de extrema inestabilidad económica. Las compañías, en cambio, tendieron a ser más características de las estancias. En ellas se percibe una diversidad de origen que difícilmente sería divisada de otra forma. Un contrato de compañía podía firmarse tanto para conformar una nueva explotación, modificar la administración de una producción existente, como también para formalizar legalmente una sociedad de hecho. Además, las “compañías” podían ser firmadas entre socios capitalistas, entre éstos y administradores de los establecimientos, o bien entre propietarios y productores dispuestos a ceder trabajo para valorizar la tierra. Estas formas jurídicas usualmente consideradas arcaicas se mostraron dúctiles en la expansión ganadera bonaerense: al garantizar la puesta en producción de las nuevas tierras, pero también por fortalecer la posición del propietario en la relación de producción, aun cuando este no controlara directamente la explotación del recurso. El quinto artículo de la compilación titulado “La expansión ganadera y diferencias regionales. La campaña de Buenos Aires en 1839”, retoma la importancia de los matices regionales en la comprensión de un mundo rural en cambio. Sobre la base de los registros de contribución directa de 1839, Gelman y Santilli descubren la muy desigual distribución geográfica de la riqueza generada por una actividad ganadera en franca expansión. Mientras que los partidos situados al sur del Salado concentraron las explotaciones más ricas de la campaña, otros espacios del norte se encontraban en una situación mucho menos holgada. En este escenario de diversidad, los autores avanzan en la definición de los perfiles productivos de cada una de las cinco grandes regiones que modelaban al territorio bonaerense. El norte, pese a tratarse de una zona ganadera, exhibía una “pobreza espartana” que habla muy bien de los límites de la expansión pecuaria, pero también de una mayor presencia de la “amenaza” indígena. El oeste, en cambio, presentaba un perfil mixto, con un importante peso de la actividad agrícola, aunque sus contribuyentes se hallaban por debajo de la media provincial. En las cercanías, por su parte, nos encontramos frente a un modelo de producción campesina que combinaba la ganadería con la agricultura desarrollado mayormente en quintas y chacras. Es en esta región donde el ganado tiene menor incidencia en la composición de la riqueza, lo que da cuenta de la importancia de la actividad comercial y los servicios en las inmediaciones de Buenos Aires. En el “viejo sur”, donde se ubicaba la mayor cantidad de contribuyentes, la ganadería era el rubro predominante, destacándose en algunos partidos la especialización en los ovinos. El “nuevo sur”, por último, es que mejor se ajusta al perfil clásico delineado por la historiografía. Estamos aquí frente a una región dominada por grandes haciendas, en la cual el ganado vacuno representa la mayor parte de la riqueza. Con todo, el conjunto de regiones nos muestra una particularidad que pone en tensión uno de las imágenes más caras a la historiografía: el paisaje rural bonaerense, lejos de estar habitado por un puñado de propietarios y una multitud de desposeídos, contaba con una nada despreciable cantidad de propietarios. El trabajo de Irigoin: “La expansión ganadera en la campaña de Buenos Aires, 1820-1860: ¿una consecuencia de la financiación inflacionaria del déficit fiscal?”, se ocupa del clásico tema de la expansión ganadera en el espacio bonaerense, pero desde un lugar generalmente desatendido por los historiadores: las políticas fiscales y monetarias. Tras la independencia y la crisis política de 1820, el estado de Buenos Aires enfrentó una profunda crisis financiera que lo colocó en serios aprietos. Frente a esos apremios económicos, el estado bonaerense recurrió -sobre todo con Rosasa la emisión de bonos públicos que terminaron operando como papel moneda en el mercado local, pero también fueron aceptados por el estado como medio de pago en la compra de tierras públicas. Si esas políticas monetarias lograron poco más que consolidar la depreciación del papel moneda, las políticas fiscales adoptadas por el estado bonaerense profundizaron las condiciones deficitarias de las arcas pú. De este modo, el resultado de esa financiación inflacionaria fue una enorme transferencia de ingresos desde el sector público al privado y, entre quienes componían este último, de los pequeños y medianos productores hacia los grandes exportadores de bienes pecuarios. Centrando entonces la mirada en las condiciones institucionales de la economía bonaerense, Irigoin cuestiona un verdadero lugar común de la historiografía. Si para buena parte de quienes abordaron el tema aquella expansión fue entendida como resultado del atractivo que ejercían las altas tasas de rentabilidad de la producción ganadera destinada a la exportación, para Irigoin fue mas bien el producto de una estrategia empresarial de disminución del riesgo en condiciones de inestabilidad económica, depreciación monetaria y déficit fiscal. Así, el éxito de la ganadería no estaría dado por su rentabilidad -que no parece haber sido tan elevada como se creía-, sino porque ofrecía menores costos relativos de producción y, sobre todo, por los más reducidos riesgos empresariales que comportaba. En resumen, la compilación que nos ofrecen Fradkin y Garavaglia testimonia la capacidad de este colectivo de investigadores para enblicas. Como muestra Irigoin, el mantenimiento de un impuesto fijo para ciertos rubros clave de las exportaciones – como fue el caso de los cueros entre 1829 y 1851- en condiciones de depreciación monetaria, no sólo agudizó la crisis del fisco, sino que favoreció a los principales exportadores ganaderos con una licuación prácticamente completa de las cargas impositivas. Esa combinación de políticas monetarias y fiscales, como sostiene Irigoin, “proveyó indirectamente sustanciales subsidios a las exportaciones rurales” , puesto que los principales exportadores contaron así con precios internacionales favorables para enfrentar un impuesto fijo al que además pagaban con moneda depreciada. En el mercado doméstico, en cambio, la financiación inflacionaria afectó a otros sectores de la economía y de manera especialmente severa a los consumidores, siendo que gran parte de los bienes de consumo debían importarsecontrar nuevos filones a una temática en la cual parecía estar todo dicho. Gracias a la rigurosidad en el examen de las fuentes, el uso de diversos recursos metodológicas y la utilidad de sofisticadas herramientas teóricas, se descubre la diversidad de la campaña bonaerense, la importancia de la agencia humana y el papel jugado por el estado en el despegue de una economía agropecuaria. Sólo resta mencionar que, si es cierto que las regiones del interior estuvieron estrechamente relacionadas con el proceso de expansión ganadera – proveyendo gran parte de la fuerza de trabajo que la hizo posible-, es mucho lo que queda por conocer sobre la performance de las primeras durante la primera mitad del siglo XIX. Encontramos allí una interesante frontera abierta para los estudios rurales rioplatenses: las prolijas investigaciones de esta compilación constituyen un buen punto de partida para el trabajo comparativo y una adecuada hoja de ruta para orientar futuros estudios.

NOTA. (1) Juan Carlos Garavaglia,  Jorge Gelman y Raúl Fradkin (coords.) “Continuidades y rupturas en la primera mitad del siglo XIX en el Río de la Plata (mundo rural, Estado, Cultura)”, Anuario IEHS , nº12, Tandil, 1997.

[Lisandro GALLUCCI y Joaquín PERREN. “Raúl Fradkin y Juan Carlos Garavaglia (ed.), En busca de un tiempo perdido. La economía de Buenos Aires en el país de la abundancia 1750-1865 , Buenos Aires, Prometeo libros, 2005, 344 p.” (reseña), in Mundo Agrario. Revista de estudios rurales (La Plata), vol. V, nº 10, primer semestre de 2005]

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