✍ L’Histoire, la Guerre, la Résistance [2006]

por Teoría de la historia

product_9782070775989_195x320No creo que en el siglo XX haya habido dos historiadores que, en conjunto, hayan sido más influyentes que Lucien Febvre (1878-1956) y Marc Bloch (1886-1944). Fundadores y máximos representantes de lo que la historiografía posterior ha designado como «la escuela de Annales», ambos son los principales artífices de la profunda transformación experimentada por los estudios históricos en la década de los treinta. La revista Annales d’histoire économique et sociale, fundada en 1929 y cuyos sucesivos títulos reflejan perfectamente los cambios en la ciencia histórica a lo largo del siglo, fue el principal instrumento y medio de difusión de una nueva manera de concebir la historia que desterraba el modelo historiográfico del historicismo alemán y apostaba decididamente por el diálogo interdisciplinar aprendido de los sociólogos. Frente a la historia événementielle, centrada en los acontecimientos y en los «héroes» –aquella historia que en mi colegio definían como «la sucesión de los sucesos sucedidos…»–, el modernista Febvre y el medievalista Bloch defendían una historia analítica y totalizante que no tuviera empacho en echar mano de todas las ciencias que fuera necesario. Las sucesivas generaciones de annalistas –del gran Fernand Braudel a George Duby, Emmanuel Le Roy Ladurie y Jacques Le Goff, por citar sólo a algunos de la larga época dorada– completaron el trabajo de aquellos pioneros elevando la historiografía francesa a nuevas cumbres, e influyendo grandemente en las diversas escuelas nacionales. Ahora, la editorial Gallimard acaba de publicar en su colección «Quarto» un espléndido volumen dedicado a los escritos historiográficos y biográficos de Marc Bloch, con el título de L’Histoire, la Guerre, la Résistance (1.176 páginas y sólo 28 euros). En él no se recogen sus libros históricos fundamentales (Les rois thaumaturges, La société féodale), pero sí textos teóricos y autobiográficos tan importantes como Que demander à l’histoire?, L’étrange défaite, Le Testament (de 1941) o la imprescindible Apologie pour l’histoire ou le Métier d’historien. Bloch, que fue un hombre profundamente comprometido con su tiempo, consideraba que uno de los deberes de la historiografía era estudiar el contexto en el que los historiadores elaboraban su obra: esa «historia de los historiadores» es fundamental para entender no sólo su punto de vista, sino también las decisiones que adoptan frente a sus fuentes. Combatiente en la Primera Guerra Mundial y, luego, miembro activo de la Resistencia contra la Ocupación alemana, fue fusilado por los nazis en 1944. Su obra y las reflexiones que nos dejó sobre el oficio al que consagró su vida siguen siendo auténtica ambrosía para historiadores.

[Manuel RODRÍGUEZ RIVERO. “Ambrosía para historiadores”, in ABC Cultural (Madrid), 11 de febrero de 2006, p. 11]

sergent2Marc Bloch (1886-1944) es uno de los más grandes historiadores del siglo XX. Algunos de sus libros, como La sociedad feudal, Los reyes taumaturgos, Apología para la historia o La extraña derrota, se cuentan entre los más leídos y consultados de la historiografía francesa y, también, de la mundial. En 1929 fundó, junto con Lucien Febvre, la revista Annales, que sigue publicándose todavía. El proyecto historiográfico que sostenía la revista era el de una historia nueva, esto es una historia-problema, comparatista y predominantemente social. Se trataba, sin duda, de una iniciativa intelectual profundamente renovadora, que acabaría por resultar muy influyente. Bloch aludía, ya en 1929, en carta a Febvre, a «una suerte de pequeña revolución intelectual». A las librerías francesas han llegado, en los últimos meses, tres importantes libros que tienen como protagonista, total o parcialmente, a Marc Bloch. Es el primero de ellos L’École des Annales. Une histoire intellectuelle (París, Éditions Odile Jacob, 2006), de André Burguière, una obra que analiza la génesis y desarrollo de esta escuela historiográfica, haciendo hincapié en el papel de los padres fundadores, en la atención a las mentalidades y en la capacidad de renovación generacional. Burguière es, precisamente, el autor del prólogo que encabeza el segundo libro: Marc Bloch. Un historien au XXe siècle (París, Éditions de la Maison des Sciences de l’Homme, 2005), de Ulrich Raulff. Se trata de la traducción de un libro alemán, que plantea una relectura renovadora, incidiendo en la experiencia de guerra y en el significado político y ético del trabajo de este historiador. Gallimard, finalmente, ha reunido libros, artículos, notas y cartas de Bloch en un volumen de más de mil páginas titulado L’Histoire, la Guerre, la Résistance. Estos textos fueron elaborados a lo largo de casi cuarenta años, entre 1906 y su fusilamiento en junio de 1944, junto con otros miembros miembros de la Resistencia francesa, cerca de Lyon. Destacan muy especialmente los escritos y fotografías de la Primera Guerra Mundial, los artículos sobre historia de los años de entreguerras y los libros y notas redactados durante la Segunda Guerra Mundial. Algunos son inéditos. En la última parte se han reunido cinco textos sobre Bloch, entre los que destacan los de Georges Altman, Raymond Aron y Bronislaw Geremek. Merecen ser citados, asimismo, la detallada cronología y el interesante y extenso prefacio de Annette Becker. La vida de Marc Bloch estuvo profundamente marcada por los dos grandes conflictos mundiales. En ellos participó activamente y sobre ellos reflexionó y escribió extensamente. Era por encima de todo un historiador, pero se consideraba, con orgullo, un combatiente. La lectura de L’Histoire, la Guerre, la Résistance permite hacerse una clara y cabal idea de ello. Como ya apuntara Stéphane Audoin-Rouzeau, la guerra del 14 resulta fundamental para entender su relación con la vida y la muerte y, en especial, con su trabajo de historiador y su compromiso ciudadano. Sus escritos, recuerdos, informes y fotografías de la Gran Guerra, recogidos en este volumen, constituyen un precioso material. No menos interesante resulta el texto que publicó en 1921 sobre las falsas noticias y los rumores en el conflicto bélico. En el libro se incluyen también Apología para la historia y La extraña derrota, dos obras póstumas, escritas en los primeros años cuarenta, en una época de precariedad y de compromiso, sobre todo a partir de 1942, con la Resistencia. La primera constituye una introducción y una guía de la historia –esa disciplina, como escribía Bloch, que se ocupa de los hombres en el tiempo– y del oficio de historiador. La segunda contiene un penetrante análisis de las causas de la derrota francesa de 1940, elaborada inmediatamente después de los acontecimientos que analizaba y explicaba. Se trata, cada una a su manera, de dos obras de madurez en las que conocimientos y reflexión alcanzan una preciosa síntesis. Dos grandes lecciones de historia. La obra de Bloch es la de un historiador que, como todas las de los grandes historiadores y escritores, merece la pena seguir releyendo.

[Jordi NADAL. “Las guerras de Marc Bloch”, in ABC Cultural (Madrid), 20 de enero de 2007, p. 27]