✍ América Latina y la Gran Guerra. El adiós a Europa (Argentina y Brasil, 1914-1939) [2013]

por Teoría de la historia

sl31fo07La historiografía sobre el sigo XX latinoamericano ha tenido dos ejes claramente definidos. De una parte, se considera que la crisis económica de 1929 permitió la industrialización y que, con ello, América Latina tuvo un punto de inflexión en su desarrollo histórico gracias al declive de las importaciones de productos manufacturados. Por otra, la Revolución Cubana de 1959, que marcaría el hito político del pasado siglo. Abrir una nueva posibilidad más allá de estas dos lógicas para comprender la transición entre el siglo XIX y los albores del XX es lo que se propone Olivier Compagnon. Profesor de Historia Contemporánea de la Université Sorbonne Nouvelle-Paris 3, especialista en América Latina del siglo XX y años recientes, este autor indaga el impacto en este continente de la primera confrontación total ocurrida entre los años 1914-1918, haciendo énfasis en la contribución de esta en los replanteamientos identitarios que tendrían lugar en las primeras décadas del XX. Para el desarrollo de la argumentación, se recurrió a la historia comparada a partir de dos unidades de análisis seleccionadas, en la búsqueda de superar la primacía de las historias nacionales y la atención sobre las dinámicas puramente militares del conflicto. A través de siete capítulos, Compagnon recorre las dinámicas de la mutación intelectual que produciría el “primer conflicto total de la historia” y las reflexiones que sobre el destino de la nación y el nacionalismo político y cultural se producirían con ello. Los centenarios de la independencia, la irrupción de Estados Unidos en la escena internacional y la distancia sobre el liberalismo decimonónico, fueron los elementos fértiles del contexto sobre los cuales surgió una nueva manera de concebir la nación. Al final, la Gran Guerra de 1914-1918 sería, en la visión del autor, antes que el generador, el catalizador de una crisis del modelo civilizatorio que se extendió por América Latina una vez producidas las independencias y cuyos ejes centrales fueron la razón y el progreso que, se suponía, tenían como fuente originaria la “Europa civilizada”. Según Compagnon, tanto en Argentina como en Brasil la neutralidad ante la confrontación desatada tras el asesinato de Francisco Fernando de Austria y su esposa, en Sarajevo, el 28 de junio de 1914, fue tendencia generalizada en la prensa escrita en los primeros años. Las motivaciones económicas ante el considerado “momento europeo”, debido a la inserción alcanzada por el continente en el mercado mundial, apareció como una de las razones. Sobre todo, la creciente emigración internacional que se produjo hacia América Latina y cuyo 50% tuvo como destino estos dos países, motivó a las élites políticas en los casos estudiados a mantener la distancia frente al conflicto, en la perspectiva de lo que se consideraba era la manera de preservar la unidad de la nación. No obstante, a finales de 1914 la neutralidad inicial varió. Brasil registró para marzo de 1915 las primeras ligas de respaldo a la Entente, característica que tuvo un lento desarrollo respecto de Argentina, que tan solo hasta 1917 alcanzó expresiones avanzadas. En este segundo capítulo, el autor presenta el panorama de las opiniones a favor de los aliados, así como la existencia de auténticos neutralistas y las visiones de las comunidades extranjeras. De una parte, encuentra que las opiniones pro-aliadas se expresan en términos de la oposición civilización y barbarie que supone el papel de Francia y Alemania en el conflicto, así como las representaciones que sobre Francia construye la intelectualidad brasileña y argentina, viendo en la primera la fuente de las libertades, la madre de las letras y artes, así como el centro de la civilización occidental. Para los años 1915-1916 la neutralidad se reduce en parte por la fuerte propaganda de los países que intervienen militarmente en la Gran Guerra y, en buena medida, por los efectos económicos que esta produce en los dos casos: reducción a cero de los préstamos públicos, así como la fuerte reducción de la inversión extranjera. Adicionalmente, el conflicto tenía como telón de fondo la movilización obrera y la cuestión social, que trajo consigo una creciente actividad política y social, al igual que el efecto importante que sobre el continente tuvo la entrada de los Estados Unidos en la guerra el 4 de abril de 1917. Brasil ingresó militarmente en la Gran Guerra, aunque sin mayor impacto debido a las limitaciones de su propio ejército, una vez Alemania decidió atacar navíos neutrales que realizaban comercio transatlántico. Argentina, pese a los ataques, mantuvo su neutralidad. La tesis de Compagnon señala que las reacciones diversas fueron el producto de los diferentes impactos que tuvo la guerra en uno y otro caso, y particularmente para Brasil, donde hubo mayor repercusión dada la reducción de las exportaciones de café. De otra parte, las respuestas de los países tuvo que ver con la búsqueda de una hegemonía regional: Brasil deseaba ser interlocutor mundial, Argentina un polo neutral. Pese a estos cambios respecto de la Gran Guerra, el continente no cuenta, a diferencia del caso europeo, con una “historia de las sensibilidades latinoamericanas frente a la guerra”. Aunque no es su propósito central, el autor describe la fascinación que produjo la tecnología de guerra en la prensa durante los años 1914-1918. Sin embargo, el efecto central de la confrontación bélica fue el final del principio positivista del progreso permanente de la humanidad, la liquidación de la razón propiciada por el sacrificio europeo de millones de seres humanos. La Gran Guerra es vista, así, como el fin de una “edad histórica”: el fin del siglo XIX y el comienzo del XX, una transición que antepuso la violencia a la justicia y la plutocracia a la sabiduría. Producida la desilusión sobre Europa, la intelectualidad brasileña y argentina consideró que la neutralidad mantenida en los inicios del conflicto hacía al Nuevo Mundo el portador del pacifismo internacional y un espacio con capacidad legítima para desarrollar una segunda independencia que le permitiría convertirse en eje civilizatorio. El periodo de entreguerras fue, en la lógica descrita, el periodo en el cual cristalizaron los nacionalismos en Brasil y Argentina. El primero vivía la agonía final del régimen oligárquico. El segundo realizaba unal_adieu_a_l_europe-2 ampliación democrática que extendió la condición ciudadana. Los ejes de este nuevo auge nacional estarían en los replanteamientos sobre la homogeneidad de la nación a partir la integración de las comunidades extranjeras y el papel de la religión como cimiento de dicha nacionalidad; de la mano de esto, la modernización de los ejércitos dio cuenta de un giro militarista en el periodo entreguerras, impulsó la vocación de las fuerzas armadas en el destino de la nación y fundamentó el orden y la autoridad que esta requería. El factor común que identifica Compagnon se encuentra en el surgimiento de una generación intelectual con conciencia de crisis y de la situación de cambio que se atravesaba. En ese sentido, el impacto de la Gran Guerra se mediría por los efectos de esta sobre las representaciones de la argentinidad y la brasileñidad. Así, las décadas del veinte y el treinta del siglo XX fueron de efervescencia cultural en la búsqueda identitaria. Además del replanteamiento sobre el papel de Europa, la modernidad contó con una matriz nueva que incorporó la identidad nacional y la cultura popular en el nuevo orden civilizatorio. ¿Puede considerarse tal matriz como auténticamente “nueva” en un periodo que se encuentra antecedido por migraciones rurales hacia las ciudades, que acrecentaron la presencia de los sectores populares y pusieron en la liza la “cuestión social”, que removió prácticas políticas, para dar origen a los primeros partidos socialistas y organizaciones sindicales de orden nacional y con mayor capacidad de acción? Esta es una de las preguntas que deja el texto de Olivier Compagnon, en una perspectiva histórica interesante, y que invita a los historiadores a superar el cómodo campo de análisis nacional. Aunque la Gran Guerra fue, en la perspectiva descrita, un punto de inflexión fundamental en ese largo ciclo que sería la “fábrica de las naciones”, que inició en el ocaso del siglo XVIII y que culminaría entrado ya el XX, el trabajo de Compagnon invita igualmente a repensar eso que genéricamente hemos llamado populismos y que, suponemos, fue el final de los regímenes oligárquicos en varios países de América Latina y reconfiguró las maneras de concebir la comunidad política. Una reflexión que, por supuesto, incita a pensar el continente como parte de un conjunto global y que demanda un esfuerzo sostenido por observarlo como espacio común, más allá de las delimitaciones fronterizas que heredamos de las guerras de independencia del siglo XIX.

[Oscar MURILLO RAMÍREZ. “Olivier Compagnon, América latina y la gran guerra. El adiós a Europa (Argentina y Brasil, 1914-1939) (Buenos Aires: Crítica, 2014), 356 pp.” (reseña), in Historia y Sociedad (Medellín), nº 29, julio-diciembre de 2015, pp. 326-329]

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