➻ Ernest Labrousse [1895-1988]

por Teoría de la historia

42561301966960gErnest Labrousse, nacido en Saintonge, era «un recluta del Oeste» («Conversaciones con E. L.», Actes de la recherche en sciences sociales, junio de 1980). «Incomparable profesor», «anexionó al oficio de historiador todo el aparato de la economía política» y «colocó de nuevo la coyuntura en el vasto contexto de la historia» (F. Braudel, 1974). Al comienzo de sus grandes investigaciones (1925), se impone un tema no extraño a sus preocupaciones cívicas y políticas. El choque inicial viene dado «por la atracción que sobre él ejercía la Revolución francesa, algunos de cuyos rasgos esperaban una explicación, sin que decidiese por adelantado si ésta sería contingente o racional» (Georges Lefebvre, 1937). Sus estudios le llevan de la Historia a las Ciencias económicas, y luego le devuelven a la Historia. Su primer gran trabajo se sitúa en el marco de la Facultad de Derecho de París: 1932, su tesis, Esquisse du mouvement des prix et des revenus en France au XVIIle siècle. Pero su segunda gran obra es una tesis de letras: 1943, La crise de l’économie française à la fin de l’Ancien Régime et au début de la Révolution. Las influencias intelectuales son evidentes: Aftalion, economista «tan admirablemente positivo y conceptual»; F. Simiand; Marx, leído de nuevo «bajo el control vigilante de la historia». «Yo era a la vez jauresiano, marxista y marginalista.» Este último epíteto puede sorprender sin razón: toda una parte del análisis económico y social labroussiano (precios y rentas) usa del «razonamiento en el margen». Poniendo el acento sobre «las tres palabras y sus interrelaciones» (economías, sociedades, civilizaciones: «el orden lógico»), E. Labrousse participa en la renovación y en la ampliación de la historia proclamadas por los Annales (1929). Enfoca, como Simiand, el juego de las «fuerzas colectivas». «Se dirige principalmente hacia lo socio-económico y lo socio-político: su ambición es dar cuenta de las evoluciones de fondo y de los grandes acontecimientos de la «historia general» (ver: «1848-1830-1789, Comment naissent les Révolutions?», en Actes du Congrès historique du centenaire de la Révolution de 1848, París, 1948). «La historia está hecha de lo que se mueve y de lo que resiste.» Incluida la «historia socio-cultural», de la que forma parte el origen de las conciencias de clase. Las «mentalidades colectivas» son percibidas no sólo como estados del alma ocasionando comportamientos, sino como fuerzas sociales actuando lo más frecuentemente como freno; pero, a veces, en tanto que motor, en el momento de las explosiones sociales. Sin negar el papel de una «conciencia colectiva transgrediendo las clases». Como se ve, Ernest Labrousse no es sólo un «historiador de la economía», un incomparable investigador de la historia de los precios y de las rentas, con una extrema atención puesta en la calidad de las «fuentes» (las mercuriales de precios), un aplicador de la estadística a la historia económica y social («Voies nouvelles vers une histoire de la bourgeoisie occidentale aux XVIIIe et XIXe siècles», en X Congreso Internazionale di Scienze Storiche, Roma, 1955, Relazioni, vol. IV), un analista de las coyunturas económicas (en lugar primero, su célebre y eficaz modelo de la crisis económica de «tipo antiguo»), un maestro de la dialéctica de los tiempos de la Historia. Con él, un verdadero corte epistemológico aparece en la historiografía francesa, y del que en adelante ésta se ve fecundada. Del «econornismo coyuntural» de Simiand, E. Labrousse pasó al «coyunturalismo estructural» (P. Vilar, 1973) registrado en dinámica social. Fortuna de la fórmula labroussiana: «Una economía posee la coyuntura de su estructura», que, por sí sola, establece el puente entre el estudio de las coyunturas y el de las estructuras. Y utilidad operacional de su sensibilidad a la «ley de las diferencias sociales» y a las consumaciones diferenciales («el pan de las clases»).

[Jean BOUVIER. “Ernest Labrousse (189-1988)”, in André BURGUIÈRE (director). Diccionario de Ciencias Históricas. Madrid: Akal, 1991, pp. 431-432]

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