✍ Lingüística y colonialismo. Breve tratado de glotofagia [1974]

por Teoría de la historia

calvetbrevetratadoEn Lingüística y Colonialismo, obra de 1974, Jean-Louis Calvet sistematiza no sólo sus reflexiones teóricas acerca de la situación lingüística colonial sino también su postura ideológica ante los embates que sufren las minorías lingüísticas. Ambas se asocian en la obra de este autor francés nacido en Túnez, hecho que también aporta un matiz más a la actitud que mantiene a lo largo de su libro. Lingüística y sociedad se aúnan- como dice el autor en el prólogo-, ya que para él hacer sociolingüística es hacer lingüística. Esta obra, clave en la trayectoria del autor francés, consta de dos partes complementarias. En la primera, Problemas generales, se presenta la relación entre la lingüística y lo social, específicamente en el diseño y construcción del soporte teórico ideológico que da cuenta del proceso y del discurso colonial. En la segunda, Estudios específicos, son presentados estudios que ejemplifican los efectos del proceso colonial en áreas de la lengua o de la organización social de la lengua. Es importante señalar que considera las políticas lingüísticas del Estado francés tanto en sus colonias ultramarinas como en el interior de Francia, particularmente con el bretón y el occitano. En un breve abordaje histórico, Calvet traza la evolución histórica de las reflexiones europeas sobre los hechos lingüísticos y demuestra, con claridad, cómo se preparó el campo teórico para sostener el discurso colonial y uno de sus productos: la glotofagia o colonialismo lingüístico, que postula la existencia de lenguas superiores e inferiores. Una de las ideas básicas que sostiene su análisis es aquélla de que en la teoría del lenguaje y de las lenguas se halla al mismo tiempo la marca de una representación ideológica de las relaciones entre las distintas comunidades y el germen de una práctica ulterior, uno de cuyos elementos sería esa representación. Por esto, el hecho de que la teoría lingüística haya sido puesta al servicio del colonialismo no es casual. Sintéticamente resume esta relación de la siguiente manera: cada sociedad tiene la lingüística de sus relaciones de producción. A lo largo de su obra, analiza el efecto que el colonialismo produce en la organización social de la lengua de manera sincrónica y diacrónica. Nunca pierde de vista que estos procesos se dan en el ámbito económico social, por eso asume siempre con claridad que los cambios, en principio, deben ser políticos porque es la política la que genera estos cambios en la organización lingüística del estado impuesto. Los componentes ideológico y jurídico-administrativo son factores primordiales que plasman la glotofagia. El primer capítulo presenta a grandes rasgos el desarrollo de la lingüística europea, especialmente la francesa. Considera la etapa que va desde el siglo XVI al XIX para mostrar cómo el pensamiento acerca de la lengua prepara el terreno para que la teoría lingüística sustente las acciones colonialistas. Demuestra cómo conceptos tales como eurocentrismo, etnocentrismo, nacionalismo, centralismo, evolución, surgidos en el ámbito de lo político o en el de las ciencias naturales, comienzan a ser utilizados subrepticiamente en la reflexión teórica de la lingüística. Nace así el modo de agrupar de manera piramidal las lenguas, que refleja más que relaciones lingüísticas las relaciones sociales de la época y, por consiguiente las relaciones políticas. También surge el modo de considerar el desarrollo de las lenguas como un proceso evolutivo, donde los distintos estadios son asumidos como pruebas de superioridad de unas lenguas sobre otras. Las relaciones de las lenguas son consideradas desde una mirada donde se privilegia la verticalidad. En esta sección, Calvet traza el transcurrir del pensamiento europeo y demuestra la vinculación entre lingüística y política entre los siglos XVI y XIX, fundamentales para explicar y comprender la glotofagia. En resumen, plantea la evolución histórica del desprecio sistemático de la lengua del otro, que el poder ha negado. Al tratar el campo de la terminología lingüística en el segundo capítulo, demuestra cómo las definiciones poco rigurosas de algunos conceptos admiten que la teoría lingüística sea puesta al servicio del colonialismo. Calvet analiza, sobre todo, el rol que juegan en este plano términos como dialecto y lengua que han permitido un tratamiento diferenciado de las lenguas de las colonias europeas al ser reconocidas como dialectos y no como lenguas, al mismo nivel que la lengua del colonizador. Este uso trascendió y se divulgó más allá del ámbito del campo teórico propiamente dicho. Entonces, para explicar la relación entre prácticas coloniales y prácticas lingüísticas, el autor propone abandonar los términos de lengua y dialecto por estar “contaminados” por el discurso colonialista. En los capítulos siguientes analiza el proceso colonial a nivel lingüístico. Desarrolla y aplica los conceptos de cuño propio de organización social lingüística y de superestructura lingüística, que constituyen una superación del análisis de las situaciones lingüísticas coloniales basado en la oposición lengua-dialecto. Al considerar al proceso colonial como un fenómeno histórico económico y político que tiende a manifestar la división de clases sostenida en la comunidad colonizada, los factores lingüísticos son comprendidos en el terreno de la relación entre lengua dominante y lenguas dominadas. Por lo tanto, hay un vínculo entre las estructuras del bilingüismo resultante y las estructuras económicas y políticas. Aunque las lenguas no se vuelven superestructuras- en un sentido marxista estricto-, la división lingüística dominante/dominado se vuelve un hecho superestructural. Por esto, Calvet plantea la situación como un hecho de superestructura. No considera la lengua, sino la organización social lingüística que sí constituye una historia específica de la historia de la lucha de clases. Este es uno de los logros del autor, porque sitúa el análisis de la relación de las lenguas en el período colonial dentro del ámbito político e ideológico. A partir de aquí, despoja de toda ingenuidad no sólo todos los tratamientos anteriores y subsiguientes sino también su propio enfoque. La actitud de Calvet frente al objeto de análisis es51tg9abooaL._SY344_BO1,204,203,200_ batallante y va in crescendo en el transcurso de la lectura. Política y lengua están íntimamente unidas en las estructuras coloniales. Esto se debe a que el primer estadio de colonialismo instaura un ámbito de exclusión lingüística a dos tiempos: exclusión de una lengua – la lengua dominada – de las esferas de poder y la exclusión de sus hablantes de esas mismas esferas. Y es, en este aspecto, en el que la lengua sin constituir una superestructura, se desarrolla en un campo de exclusión que le da la calidad de superestructural. Por ende, este estatuto lingüístico caracteriza ciertas relaciones de fuerza: bilingüismo con oposición entre lengua dominada y lengua dominante, aplastamiento de una o varias lenguas por parte de otra, lengua exclusiva. La lengua dominante se convierte en un instrumento de opresión. Durante el primer estadio, la glotofagia es vertical; la diferenciación lingüística se manifiesta en términos de clases sociales, porque el retroceso de la lengua dominada comienza por los que detentan el poder o trabajan para él. El segundo estadio es más bien horizontal, porque la diferenciación lingüística trasciende las clases sociales y adquiere una escala geográfica. Asimismo la expansión de la lengua dominante es acompañada por un cambio estructural: según los casos, lentamente se pasa del bilingüismo al monolingüismo, o viceversa. Así, los distintos estadios son descriptos como un paso de una superestructura lingüística a otra. La noción de comunidad lingüística, cuya definición muchas veces ha resultado problemática en los estudios sociolingüísticos, es delineada mediante el concepto de organización lingüística social que explicita los efectos que el poder político produce sobre la sociedad y, por ende, en la lengua. De este modo, Calvet diseña su modelo que tiene como punto de partida lo social, no lo lingüístico en el análisis de la comunidad lingüística. Los conceptos -ya referidos- de campo de exclusión, superestructura lingüística y organización social lingüística son los ejes de este modelo que explica, con gran plasticidad, el proceso de glotofagia. En su propuesta superadora, Calvet problematiza nociones previas. No sólo descarta los conceptos de lengua y dialecto, sino también coloca su ojo crítico en otro constructo teórico: el préstamo. Este concepto lingüístico adolece en la mayoría de los estudios -según su opinión- de una abstracción de sus condiciones históricas de producción. Sin embargo, reconoce en Antoine Meillet un precursor de su propuesta. En efecto, circunscribe el préstamo al proceso sociolingüístico, de manera general, y evalúa su sistematicidad en el desarrollo de la glotofagia. Así, redimensiona este concepto clave en situaciones de contacto y le da una dimensión sociolingüística dentro de la política lingüística del colonialismo al establecer que los préstamos que se hacen dos comunidades lingüísticas testimonian las relaciones que sostienen o sostuvieron entre sí. Es interesante el señalamiento del doble estándar que existe cuando se ha utilizado, en líneas generales, el concepto de préstamo. El préstamo aparece en la ideología glotofágica como ejemplo de dominación y de la incapacidad de las lenguas indígenas de traducir el mundo moderno. Sin embargo, cuando se habla de los préstamos que el francés u otras lenguas romances toman, a nadie se le ocurre – dice- suponer la incapacidad de dichas lenguas. La ideología tiene una mirada selectiva y se sirve de la teoría para ello. En su reflexión, incluso, Calvet se permite rever su concepto de glotofagia y ampliarlo a situaciones coloniales atípicas. Es el caso del transplante de masas de esclavos, cuando la estructura social surge en el mismo momento en que se produce el acto colonialista. Una de las condiciones de la glotofagia es la presencia de explotación, en consecuencia, aunque no haya confrontación entre lengua local y lengua importada, el modelo del proceso glotofágico explica los casos particulares, aunque numerosos, de incorporación de esclavos en América. En el caso de las variedades vehiculares -como pidgins y creoles-, la dominación es constitutiva de su estatuto de lengua dominada. Lo característico del creole es que se vuelve lengua materna del grupo oprimido y con ese rango se opone a la lengua del “civilizador” en la superestructura lingüística. A su vez tal reconsideración también le permite hablar de neocolonialismo y atacar una idea basal del neocolonialismo francés: la francofonía. Este tema será desarrollado en el capítulo XI, con el título de El francés en África. Más adelante, Calvet analiza el rol del problema de la lengua asignado por los movimientos políticos de descolonización tanto africanos como franceses. La liberación de un pueblo consiste también en la liberación de la palabra. Y este problema no se presenta sólo en las diglosias de origen colonial, sino también -dice- en el pretendido monolingüismo de nuestras sociedades. Cualquier liberación nominal, no acompañada por una conmoción en la superestructura lingüística, no es una liberación del pueblo, que habla la lengua dominada, sino la liberación de una clase social que habla la lengua de dominio y continúa hablándola. Calvet resalta el carácter particular de cada caso, por eso las situaciones del occitano y el bretón no son comparables a las africanas. La lucha por la lengua en el frente cultural tiene tantas respuestas como casos. No obstante, coherente con su discurso, propone que el planteo del problema lingüístico no debe ir después del político, porque es posponerlo para no hacerlo nunca. Entonces su crítica se dirige a las izquierdas que -dice- no lo consideran prioritario y priorizan la lucha de clases o la revolución. La respuesta marxista tradicional que preconiza un primado de la lucha de clases, no es satisfactoria aquí. Según el autor, esta actitud ha influido en que las independencias hayan sido formales constituyendo una adaptación más al imperialismo que una ruptura con él. Después de las independencias, el colonialismo ha mutado en el imperialismo por lo que se puede hablar de un neocolonialismo. Por eso propone la figura de “la lengua, partisana del pueblo”. Su práctica como acto de resistencia. De manera circular, concluye la primera parte: el único modo de terminar con el 4147j2q+nRL._SY344_BO1,204,203,200_colonialismo lingüístico es asumirlo como un hecho político- económico con consecuencias en la organización social lingüística y utilizar la lengua del pueblo como una herramienta política subversiva. La lengua como un acto militante de resistencia. Los estudios que componen la segunda parte son variados y amplían la propuesta previa. Profundiza temas esbozados como el colonialismo lingüístico en Francia, la sistematicidad sociolingüística del préstamo en el caso particular de la lengua bambara, la francofonía como concepto engañoso debido a que enmascara la glotofagia en situaciones neocoloniales y un análisis del inglés del siglo XIV. La obra Lingüística y colonialismo, de Jean-Louis Calvet, a más de treinta años de su aparición, tiene la peculiaridad de ser un texto vigente. Su análisis científico – militante de las prácticas lingüísticas coloniales sienta las bases para encarar las relaciones actuales de las lenguas en un mundo globalizado, en apariencia distinto, donde los vínculos entre las lenguas dominadas y dominantes siguen siendo similares. De ahí su categoría de estudio clásico.

[Adriana ARAQUE. “Jean-Louis Calvet, Lingüística y Colonialismo. Breve tratado de glotofagia, Fondo de Cultura Económica, 2005” (reseña bibliográfica), in Cuadernos del Sur. Letras (Bahía Blanca), nº 35-36, 2005]