✍ La ficción de la narrativa. Ensayos sobre historia, literatura y teoría, 1957-2007 [2010]

por Teoría de la historia

9789871673438Desde la publicación en 1973 de Metahistoria. La imaginación histórica en la Europa del Siglo XIX, la profusa e intensa producción intelectual de Hayden White supo inaugurar un espacio de preeminencia en las reflexiones teóricas sobre el discurso histórico y la narratividad, marcado por recurrencias conceptuales que propiciaron cruces epistemológicos y disciplinares propios de una original y, al mismo tiempo, rigurosa imaginación teórica. La reciente publicación de La ficción de la narrativa viene a complementar el itinerario intelectual de una figura insoslayable en el campo académico contemporáneo, mediante el despliegue de un espectro de ensayos teóricos escritos durante medio siglo, desde las tempranas incursiones críticas del autor hasta sus más recientes deslindes teóricos y críticos. Junto a la publicación en 2010 del compendio Ficción histórica, historia ficcional y realidad histórica (editorial Prometeo), cuya introducción de Verónica Tozzi reseña los planteos seminales de White, La ficción de la narrativa complementa y contextualiza los desarrollos planteados en Metahistoria y El contenido de la forma (1987), dos de sus obras más importantes traducidas al español. En este sentido, a pesar de la heterogeneidad temática y el extenso periodo de trabajo que cubre la publicación, podemos describir dos ejes transversales a los textos que conforman el libro: por un lado, ciertos tópicos recurrentes relacionados con el estatuto del discurso histórico, sus relaciones con la narratividad, las paradojas representacionales del realismo y la vindicación de la retórica como conocimiento primordial para la conformación de una discursividad que pretenda dar cuenta del pasado; por otra parte, la antología de textos –la mayoría de ellos publicados previamente en revistas especializadas o presentados en congresos– exhibe la configuración de un estilo singular que instala la formalización de un género como el ensayo académico, caracterizado en este caso por la conjunción de erudición intelectual, rigurosidad disciplinar y una arriesgada variedad de estrategias argumentativas. La organización cronológica de la publicación desarrolla esta doble variante, resaltando la profundización y reelaboración de postulados teóricos relacionados con los temas mencionados, y la reafirmación del ensayo como estrategia de comunicación de esos postulados. La organización del libro sigue un ordenamiento cronológico que presenta veintitrés capítulos desde la producción temprana de White en 1957 hasta sus últimas intervenciones críticas en el año 2007. No obstante este criterio de organización –que exhibe las vicisitudes de un work in progress teórico–, podemos esgrimir, considerando los temas abordados, otros ordenamientos posibles. Por un lado, encontramos una variedad de ensayos que reseñan postulados teóricos y filosóficos de un espectro de autores heterogéneos: la concepción de la historia en Collingwood, Toynbee, Dawson y Croce; la configuración del pensamiento crítico en Auerbach, Gombrich y Popper; las influencias de Northrop Frye en la crítica contemporánea; y las relaciones de la filosofía de Vico –cuyo modelo retórico funciona como basamento de la teoría de los tropos desplegada en Metahistoria– con el pensamiento estructuralista y postestructuralista. Por otra parte, leemos una serie de ensayos críticos sobre el problema de la representación en el realismo y sus influencias en el ejercicio de la historiografía contemporánea. Finalmente, podemos destacar una intensa serie de textos que despliegan, en continuidad con la obra anteriormente publicada de White, postulados teóricos sobre la estructura de la narrativa histórica. En estos últimos ensayos, entre los que destacan La estructura de la narrativa histórica (1972), El discurso de la historia (1979) y Narrativa histórica y narrativa ideológica (1996), White formula y retoma la idea de la construcción de la trama como figuración y su tipología genérica de la narración histórica, con las implicaciones ideológicas que conlleva asumir una forma narrativa singular al organizar el relato. Recordemos brevemente que en Metahistoria White postula, a partir de un modelo tropológico que se inscribe en la tradición de Aristóteles y Vico, una concepción de la representación de la realidad histórica que pretende superar la dicotomía establecida entre el realismo y el idealismo. Tratando de discernir las condiciones de posibilidad de la escritura histórica, White retoma cuatro tropos básicos para el análisis del lenguaje figurativo –la metáfora, la metonimia, la sinécdoque y la ironía– caracterizados por sus funciones discursivas: representacional (en el caso de la metáfora), reduccionista (metonimia), integrativa (sinécdoque) y denegativa (en la ironía). Esta estructura tropológica define en la configuración histórica de White cuatro modos de construcción de la trama (romántico, cómico, trágico y satírico) y cuatro modos de argumentación (formista, mecanicista, organicista y contextualista) que se asocian con cuatro formas de representación ideológica del conocimiento histórico, a saber: anarquista, radical, conservadora y liberal. En este esquema, los tropos juegan un papel prefigurativo y precrítico, de modo tal que en la organización de la trama las combinaciones producen una variedad de estilos que constituyen la heterogénea realidad de la escritura histórica. Reforzando su concepción tropológica del discurso histórico, en La ficción de la narrativa escribe: “La manera apropiada de evaluar la historia narrada es considerar su “factualidad”, mientras que el tipo de trama utilizado para generar una interpretación de los acontecimientos solo puede evaluarse apropiadamente considerando su verosimilitud” (White, 2011: 492). En el marco de una crítica que vindica los estudios retóricos, hacia el final del volumen encontramos un ensayo que sienta las bases teóricas de esta postura. La supresión de la retórica en el siglo XIX, escrito en 1997, señala las aporías ideológicas del esteticismo literario ante la supresión de los estudios retóricos en la enseñanza formal, eliminación en la que White observa un ejercicio del poder relacionado con la producción del discurso en la modernidad y el pasaje de la sociedad feudal a la sociedad capitalista. En el proceso de reorganización cultural relacionado con el advenimiento del Estado-Nación y la consolidación del un modelo de sociedad clasista, la noción de que todo discurso puede entenderse como una función de la naturaleza figurativa y trópica del lenguaje desplazó a la literatura del terreno de la retórica, sublimándola como un campo autónomo habitado sólo por iniciados en los misterios estéticos del lenguaje. Con la supresión de la retórica, la literatura se constituye como la antítesis de la mera capacidad de escribir correctamente, instalándose el mito de la imposibilidad de su enseñanza, tal como se enseña a escribir de modo correcto y ajustado a múltiples instancias comunicativas. Frente a esta realidad cultural, White se pregunta qué había detrás de la condena de la retórica como una práctica discursiva engañosa y el desplazamiento de su estudio en el incipiente proceso de formación de la democracia moderna. Si la retórica tiene la función de explicar los principios de todos los discursos y las relaciones entre el poder político y el control del lenguaje como un ejercicio de dominio efectivo de la vida social, su exclusión del campo educativo puede verse, explica White, como uno de los aspectos de un programa “más general de domesticación política de la masa de ciudadanos” por las clases dominantes que, sin embargo, propiciaron para sí misma la continuidad de cierta educación retórica. En la argumentación de White, la retórica adquiere el estatuto de una verdadera política del lenguaje, relacionada tanto con propósitos defensivos contra el poder del Estado –insoslayables en la organización de una sociedad democrática– como con el ejercicio ofensivo que éste lleva adelante. La retórica en tanto ciencia general de la representación verbal se constituye a partir de la percepción de la naturaleza trópica y figurativa de todos los discursos, fundamento que permite conocer tanto los secretos del modo de expresión denominado poético como “del habla práctica, del habla en sus usos activos, conativos y políticos, del habla como instrumento de poder y de gobierno” (White, 2011: 510). Esta doble condición volvía peligrosa su presencia en el campo educativo formal, en una sociedad que promovía la mistificación de la literatura y la formación de una ciudadanía “lo bastante educada para recibir mensajes pero no tan despabilada para entenderlos”, como principios integrados a un amplio proceso de organización de la vida cotidiana relacionado con la consolidación de un nuevo modelo político y económico. La domesticación de los aspectos retóricos favoreciendo el ideal de una prosa clara y concisa, constituyó un modelo de educación formal que, mediante el disciplinamiento discursivo, promovía la estandarización del lenguaje y la creación de un sociolecto relacionado con la41hgLL7FguL configuración de una ciudadanía apta para el sistema productivo emergente. Mediante esta descripción crítica, White desnaturaliza el estatuto del discurso literario como campo autónomo reservado para unos pocos y reivindica los estudios retóricos como conocimiento crítico de los discursos sociales en general: “La explicación de esta hipótesis retórica fundamental (que el uso del lenguaje es figurativo por naturaleza)”, escribe hacia el final del ensayo, “al estudio y a la enseñanza de las prácticas discursivas” (White, 2011: 512), habilitaría un modo de enseñanza de la escritura en el cual la diferencia entre una escritura meramente correcta y una escritura literaria se considera como una cuestión de despliegue de diferentes usos de estrategias figurativas comunes a ambas. Finalmente, podemos destacar que la presencia de este ensayo casi a modo de epílogo del libro, insiste sobre un modo de concebir la dinámica social de los discursos que valora los aportes de la retórica –esa ciencia general del discurso, afirma White– en la configuración de las reflexiones teóricas sobre la narrativa en general y la escritura de la historia en particular. De este modo, los ensayos de La ficción de la narrativa –precedidos por el encomiable prólogo de Robert Doran– deslindan un conjunto heterogéneo de reflexiones que se articulan de manera complementaria con las obras seminales del autor.

[Froilán FERNÁNDEZ. “White, Hayden (2011); La ficción de la narrativa. Ensayos sobre historia, literatura y teoría 1957-2007. Buenos Aires: Eterna Cadencia. 571 pp. Traducción de María Julia De Ruschi” (reseña), in Rétor, vol. IV, nº 1, 2014, pp. 100-104]