✍ Los trabajadores de Buenos Aires. La experiencia del mercado, 1850-1880 [1992]

por Teoría de la historia

los_trabajadores_de_buenos_airesLa historia de los sectores populares de Buenos Aires, y en particular la de su formación a partir de la expansión de la economía capitalista agroexportadora desde mediados del siglo XIX, está poco estudiada. La historiografla de ese siglo, cuya expresión más importante es la obra de Tulio Halperln Donghi, se ha preocupado sobre todo hasta 1880 por el fenómeno del caudillismo; y la lucha política, los enfrentamientos facciosos y los proyectos de la elite para una nación aún desierta, que se cristalizaría con la inserción de la Argentina en el mercado mundial. Los sectores populares, los trabajadores o la afamada clase obrera argentina se asoman -salvo con algunas excepciones como sería la del trabajo de Ricardo Falcón (1)- recién en aquellos trabajos realizados para el periodo que se abre con la gran inmigración, es decir, de 1880 en adelante (2). En este contexto historiográfico el libro de Hilda Sabato y Luis Alberto Romero aparece incursionando una temática original en un período también original. Es una de las primeras miradas históricas al proceso de formación del mercado capitalista para “[…] analizar cómo se constituyeron la demanda y la oferta de mano de obra en la etapa formativa del mercado, poniendo el acento en las consecuencias que ese proceso fue teniendo para los trabajadores que integrados o no a ese mercado, se relacionaron con él de maneras muy diversas” (3). Es decir, este libro constituye un aporte fundamental para la construcción de una historia social de los sectores populares porque no sólo es un estudio de los rasgos del mercado capitalista bonaerense, sino sobre todo porque intenta capturar la experiencia laboral (o como dicen los autores “la experiencia del mercado”) que tuvieron los trabajadores de la ciudad y del ámbito rural bonaerense en el periodo de transición hacia la consolidación de la economla agroexportadora capitalista (1850-80). Respecto a la primera cuestión, la de la formación del mercado de trabajo, los autores arriban a importantes conclusiones sobre la especificidad del desarrollo capitalista argentino. El primer capítulo sobre la oferta de mano de obra muestra que a diferencia de otros desarrollos capitalistas, ya sean europeos o incluso latinoamericanos, ésta no provino de la proletarización del artesanado o del campesinado vernáculo, sino de la inmigración extranjera y de la incorporación coercitiva y consensual de trabajadores criollos, que sobrevivían hasta ese momento participando ocasionalmente del mercado. El segundo capítulo sobre la demanda, que se estructuró a partir de la expansión capitalista agroexportadora, también marca las diferencias fundamentales entre otros desarrollos del capitalismo y el argentino. Este último se caracterizó por el predominio de un sector agroexportador (productivo y comercial) de demanda estacional y cíclica; un limitado desarrollo artesanal y manufacturero especializado y la persistencia de un sector de trabajadores autónomos o cuentapropistas. En el tercer capítulo los autores concluyen que de la lógica de la demanda y la oferta se conformó un mercado de trabajo de mano de obra ocasional, móvil y no especializada, con algunas diferenciaciones internas por sexo, edad y calificación. El resto del libro recorre las “experiencias de mercado” de los distintos tipos de trabajadores: los ocasionales y asalariados, los no libres, los calificados y los cuentapropistas. A pesar de que el mercado tenía cierta homogeneidad por el predominio de los trabajadores asalariados ocasionales, los autores observan la persistencia de viejas y nuevas formas de explotación laboral no libres y de un importante sector de cuentapropistas o trabajadores autónomos. Un comentario aparte merecen las fuentes utilizadas para la reconstrucción de todo este proceso. Uno de los aspectos más valiosos de esta reconstrucción yace en la utilización de un rico corpus de fuentes provenientes de los archivos judiciales de los Juzgados de Paz de la provincia, de la Policía y de los Tribunales de Comercio que se encuentran en el Archivo General de la Nación. Estos archivos permiten acceder aunque sea limitadamente a la situación laboral de los trabajadores, como, por ejemplo, en el caso de los trabajadores ocasionales que apresados por los Jueces de Paz relatan las vicisitudes de su inestabilidad laboral; o reconstruir las características que tenían los salarios y la forma de pago a partir de los conflictos que dan a luz los Tribunales de Comercio. El gran valor de este libro se encuentra en las múltiples implicancias que tienen sus conclusiones para los debates historiográficos en torno al proceso de formación de la clase obrera argentina, que la literatura ha desarrollado sobre todo para el período posterior (4). Puesto que Sabato y Romero están interesados, como se citó al comienzo de esta reseña, en aprehender las consecuencias que tuvo “la experiencia de este mercado” para los trabajadores, sus conclusiones tienen múltiples derivaciones. Por un lado, su investigación aporta una imagen renovada a la discusión, ya presente desde los primeros trabajos de Gino Germani, sobre las posibilidades de ascenso social que tuvieron los inmigrantes, discusión que forma parte de un debate más amplio que es el del impacto positivo o negativo que tuvo el crecimiento de la economía agroexportadora sobre los sectores populares. Sabato y Romero recorren un camino mediador entre las posiciones optimistas, que ven que el mercado se conformó con mecanismos aceitados y benefició con altos salarios y movilidad social a los trabajadores (5) y las pesimistas, que prefieren enfatizar los mecanismos coercitivos, la inestabilidad laboral y las malas condiciones materiales de vida de éstos (6). Los autores concluyen que a lo largo de estas dos décadas de expansión económica y de transición hacia la consolidación del mercado capitalista los trabajadores tuvieron importantes posibilidades de ascenso y descenso social. Siempre estuvo abierta la alternativa de llegar a ser cuentapropista, para independizarse laboralmente. Hacia 1880 estas posibilidades se achicaron con el incremento de la oferta de mano de obra y la valorización de la propiedad y el capital. De ahí en más el ascenso social se canalizó hacia otras expectativas: la casa propia y la educación profesional. Por otro lado, la particularidad del mercado que se formó, que tenía una alta demanda de trabajadores ocasionales, no calificados y móviles, le dio rasgos peculiares a la “experiencia obrera”. A partir de esta “experiencia del mercado de trabajo”, con sus fluctuaciones, inestabilidad y baja calificación, se fue conformando una lógica de comportamiento que hacía que los trabajadores se adaptaran flexiblemente a las vicisitudes del mismo para poder sobrevivir. A pesar de que al final del libro se dice que esta experiencia habría cambiado luego de 1880, creándose condiciones de mayor estabilidad laboral, que habrían permitido una mejor identificación y solidaridad de clase entre estos trabajadores, la mano de obra móvil, no calificada y ocasional siguió siendo un componente importante del mercado capitalista agroexportador argentino. Esta conclusión limitaría las posibilidades de construcción de una clase obrera con una identidad social definida, un cotidiano propio y una cultura autónoma durante esos años claves de expansión del capitalismo (7). Los aportes de este estudio no impiden, sin embargo, marcar algunos de los problemas que presentan las estrategias metodológicas y teóricas utilizadas por los autores. El primero salta a la vista ya desde el título, cuando se define que la temática del libro es “la experiencia del mercado” que tuvieron los trabajadores entre 1850 y 1880. La pregunta que se impone es por qué no la experiencia de la producción. Para establecer una distancia con cierta literatura marxista dogmática que insiste en las transformaciones del proceso productivo para explicar el surgimiento de la clase obrera, no es necesario recurrir a categorías diferentes, que recuerdan a las propuestas conceptuales de Anthony Giddens, porque lo que es evidente en el trabajo es que esa experiencia de mercado trae implícita una “experiencia determinada del proceso productivo”. Es la organización del proceso productivo la que estructura un tipo determinado de demanda y ambas suponen una experiencia laboral particular para el trabajador. El problema es que los autores al priorizar un tipo de experiencia pierden de vista a la otra, que es inseparable. El impacto de la experiencia productiva se vislumbra muy implícitamente porque el lector imagina que este mercado inestable con su experiencia laboral fluctuante, no sólo construyó una lógica de participación laboral flexible, sino que no permitió construir una cultura del trabajo, que conllevase por ejemplo ni una valoración del mismo, ni una residencia estable. La segunda reflexión se refiere a la perspectiva metodológica desde la cual Sabato y Romero han reconstruido ese mercado. En esta cuestión el análisis intenta ocupar un punto medio, poco convincente, en la discusión sobre el rol que juegan las “estructuras” y los “hombres” en el cambio social. Las lógicas estructurales de la oferta y de la demanda construidas por la estructura económica parecieran dominar la conformación del mercado y converger, funcionalmente, sin conflicto ni coerción. Los actores principales que lo construyeron aparecen desdibujados o se adaptan “utilitariamente” a las necesidades del mismo. Entre ellos se relativiza el rol del Estado que, sin embargo, pareciera haber sido un actor central en la construcción de la oferta a partir de los mecanismos coercitivos de incorporación de la población criolla y del impulso de la inmigración. Por otro lado, a pesar de que el libro es sobre los trabajadores, su protagonismo no parece ser activo frente a las fuerzas del mercado. No se vislumbra su respuesta viva, sino que éstos aparecen respondiendo a las necesidades del mercado pragmáticamente y adaptándose sin conflicto. El paradigma de este comportamiento es la caracterización que hacen los autores de estos trabajadores como “buscadores de oportunidades”. Esta falta de profundización de los conflictos sociales conduce a una última reflexión. Los conflictos podrían haber sido un camino de acceso más rico e interesante a una reconstrucción de los sentidos que tuvo esta “experiencia de mercado” desde la cultura del trabajo que traían y que construyeron los inmigrantes y los trabajadores criollos a lo largo de la misma. Para comprender la manera en que cierta experiencia social, en este caso la del mercado (y la laboral), construye nociones o lógicas de comportamiento en los actores, que es parte del objetivo de este trabajo, creemos que se debe partir no sólo de una caracterización de dicha experiencia (que es lo que los autores hacen) sino de una reconstrucción del conjunto de valores sobre la vida, el trabajo, las expectativas, etcétera, que tenían los trabajadores (inmigrantes y criollos). Sólo una perspectiva de este tipo habría hecho completo honor al objetivo del libro, que es el de reconstruir la “experiencia” de los trabajadores.

NOTAS. (1) Véase Ricardo Falcón: Los orígenes del movimiento obrero (1857-1899). CEAL, Buenos Aires, 1984. (2) Al respecto existe un conjunto bastante heterogéneo de trabajos. Por un lado, están aquellos referidos al fenómeno inmigratorio, entre ellos los primeros trabajos demográficos y sociológicos sobre la inmigración masiva impulsados por Gino Germani: Política y sociedad en una época de transición: De la sociedad tradicional a la sociedad de masas (Buenos Aires, 1962), y los trabajos publicados en diversas compilaciones: Gino Germani, Jorge Graciarena y Miguel Murmis: La asimilación de los inmigrantes en la sociedad argentina y el fenómeno del regreso de la inmigración reciente (Buenos Aires, 1964); Torcuato Di Tella, Gino Germani y Jorge Graciarena: Argentina, sociedad de masas (Buenos Aires, 1971); y Gustavo Beyhaut et al.: lnmigración y desarrollo económico (Buenos Aires, 1961). También existe un conjunto más reciente de trabajos de historia social sobre la integración de los inmigrantes, como los de Mark Szuchman: Mobility and Integration in Urban Argentina: Córdoba in the Liberal Era, University of Texas Press, 1980; John Bailey: “Inmigración y relaciones étnicas: los ingleses en la Argentina”, Desarrollo Económico, nº 72 (1979); “Marriage Patterns and lmmigrant Assimilation in Buenos Aires, 1882-1923”, HAHR LX, nº 1 (1980), y “Las sociedades de ayuda mutua y el desarrollo de la comunidad italiana en Buenos Aires, 1858-1918”, Desarrollo Económico, N’ 84 (1981); Fernando Devoto y Gianfausto Rosou (comp.): La inmigración italiana en la Argentina (Biblos, Buenos Aires, 1985); Jonathan Brown: “The Bondage of Old Habits in Nineteenth Century Argentina”, LAAR (1986). Por otro lado, están los trabajos sobre la clase obrera argentina y su comportamiento político, que siguen la línea de la tradicional historia del movimiento obrero, como, junto al de Falcón, el de laacov Oved: El anarquismo y el movimiento obrero en Argentina (Siglo XXI, México, 1978); el de Edgardo Bilsky: La Semana Trágica (CEAL, Buenos Aires, 1984), entre otros, y los referidos a las condiciones materiales de vida y cultura de los sectores populares, como el de Leandro Gutiérrez: “Condiciones de vida material de los sectores populares en Buenos Aires (1880·1914)”, en Revista de Indias, vol. XLI , 163-164, enero-julio 1981; y sobre todo el conjunto de artículos compilados por Diego Armus, Mundo urbano y cultura popular. Estudios de historia social argentina (Sudamericana, Buenos Aires, 1990). (3) Sabato y Romero, Los trabajadores…, pág. 9 (subrayado de la autora). (4) Este debate aparece explícitamente en los estados de la cuestión de Ricardo Falcón: “Problemas teóricos y metodológicos en la historia del movimiento obrero en Argentina”, en Carlos Zubillaga: Trabajadores y sindicalismo en América Latina. Reflexiones sobre su historia (CLACSO, Buenos Aires, 1989) y de Leandro Gutiérrez y Luis Alberto Romero: “Los sectores populares y el movimiento obrero en Argentina: Un estado de la cuestión”, en Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani, nº 3, Tercera Serie, primer semestre de 1991. (5) La perspectiva que enfatiza el ascenso social se desarrolló inicialmente a partir de la obra de Germani. Actualmente el ejemplo más conocido de esta perspectiva es el de Roberto Cortés Conde: El progreso argentino 1880-1914 (Sudamericana, Buenos Aires, 1979). (6) Véanse los trabajos de José Panettieri: Los trabajadores (Jorge Alvarez, Buenos Aires, 1968); Leandro Gutiérrez: “Condiciones materiales de vida de los sectores populares en el Buenos Aires finisecular”, en De historia e historiadores. Homenaje a José Luís Romero (Siglo XXI, México, 1982); y Ofelia Pianetio: “Mercado de trabajo y acción sindical en la Argentina, 1890-1922”, en Desarrollo Económico, nº 94, julio-setiembre de 1984. (7) Me refiero a la imagen sobredimensionada sobre el rol de la clase obrera, como una entidad cohesionada y definida, que construyen los trabajos de Falcón, Bilsky, etcétera. Sobre esta polémica véanse los estados de la cuestión citados en la nota 4.

[María Cecilia CANGIANO. “¿Clase obrera o trabajadores? Comentario al libro de Hilda Sabato y Luis Alberto Romero: Los trabajadores de Buenos Aires. La experiencia del mercado: 1850-1880. Sudamericana, Buenos Aires, 1992 (284 páginas)”, in Desarrollo Económico, vol. XXXIII, nº 131, octubre-diciembre de 1993, pp. 445-448]