✍ Capitalismo y ganadería en Buenos Aires. La fiebre del lanar, 1850-1890 [1989]

por Teoría de la historia

capihildaEl relato de nuestra historia social agraria es, como se sabe, débil, fragmentario y discontinuo. Desconoce la mayoría de los grandes procesos del pasado y contiene un variado repertorio de cuestiones pendientes, de injustificados silencios, de problemas sin solución que han favorecido, por omisión, la elaboración de una serie de precarias explicaciones sustitutivas. El lugar del rigor ausente en el tratamiento de esas cuestiones ha sido ocupado por una serie de imágenes, simples, generalizadoras, apoyadas en datos ciertos pero muchas veces mal interpretados, capaz de brindar sólo una aproximación parcial y equívoca, una versión sólo verosímil de la realidad que con el uso y el transcurso del tiempo tiende a transformarse en estereotipo. Los ejemplos son múltiples e incluyen todo tipo de épocas y cuestiones, constituyen una zaga dentro de la cual el período de expansión del lanar no deja de ocupar un lugar preponderante. Pese a que las pocas investigaciones realizadas sobre este tema han demostrado que no nos hallamos ante un mero período de transición, como se supuso durante mucho tiempo, sino frente a una época crucial en la cual se crean los fundamentos económicos, políticos y también culturales de la gran expansión de las décadas posteriores, nos faltan todavía estudios básicos y padecemos la lógica arbitrariedad de las explicaciones carentes de adecuados fundamentos empíricos. Las indagaciones profundas fueron suplidas, en efecto, por un pequeño conjunto de aproximaciones a la cuestión, de imágenes verosímiles que actuaron como apoyatura de dos tipos de interpretaciones diferentes, aunque no contradictorias: una que destaca el papel desempeñado por la apropiación de tierras, renta y capital en la formación de una nueva burguesía agraria y en la definición de una primera etapa de “acumulación originaria” que inició el proceso de desarrollo capitalista, y otra que, sin pronunciarse sobre esa cuestión, trata de caracterizar el nuevo período analizando principalmente el contenido y las consecuencias sociales y políticas de la creciente oposición de intereses desatada después de la caída de Rosas entre dos grupos sociales diferentes. La contraposición se plantea tanto en el plano económico como en la lucha por el poder político, y se resuelve mediante el desplazamiento de los grandes propietarios terratenientes, productores tradicionales de carne vacuna para el declinante mercado americano por parte de los nuevos estancieros no terratenientes, modernos, innovadores y progresistas, criadores especializados de ganado ovino y exportadores de lana vinculados exclusivamente con el próspero mercado europeo. Esta oposición tajante entre dos ámbitos radicalmente opuestos y mutuamente excluyentes aparece planteada de un modo diferente en otras versiones más flexibles, pero menos elaboradas, de la misma visión. En ellas, la “fiebre del lanar” impulsa la expansión y modernización de la estructura productiva por dos vías diferentes: el crecimiento de un nuevo tipo de estancias, generalmente de extensión media, flexibles e innovadoras, dedicadas exclusivamente a la producción ovina, y el cambio de orientación de las grandes estancias tradicionales. Lugar, este último, en el cual los grandes terratenientes implantan un nuevo método combinado de pastoreo que les permite introducir las modificaciones necesarias, expandir el área explotada y manejar en forma integrada tanto el desarrollo de ambos tipos de producción, came vacuna y lana, como la vinculación con ambos mercados de exportación. Hilda Sabato analiza este aspecto de la cuestión con la misma perspectiva. Algunos de sus descubrimientos tienden a desestimar la imagen de la contraposición tradicional-moderno y avalan con abundante material empírico las hipótesis referidas a la formación, durante este período, de la gran estancia mixta, centro de acumulación de una poderosa burguesía terrateniente en formación, capaz de enfrentar todos los desafíos del mercado y desarrollar todas las estrategias de producción necesarias para adaptarse ventajosamente a las condiciones cambiantes del mercado intemacional. Por su importancia intrínseca y por el papel que desempeña en la redefinición de las interpretaciones anteriores, el nuevo análisis de la naturaleza y de las estrategias de las unidades de producción constituye probablemente el aporte más relevante de esta investigación, pero no el único: su alcance es mayor y ofrece una gama más compleja de nuevos descubrimientos. Confrontado con un conocimiento precedente sin relieves que oscila entre la investigación puntual y los ensayos de interpretación, rescata la complejidad y la densidad histórica de muchos procesos que habían sido desestimados o habían pasado inadvertidos en los relatos precedentes y produce una modificación sustancial del estado actual de nuestros conocimientos sobre este tema. En efecto, el trabajo se ocupa de un extenso repertorio de nuevas y viejas cuestiones, ordenadas y jerarquizadas por un sistema de interrogantes diseñado para cumplir tres objetivos principales: describir las características técnico-económicas de los nuevos procesos de producción ovina y de circulación, comercialización y consumo de lana durante el período de predominio de este criterio de uso del suelo en la pampa bonaerense: analizar la formación de nuevos mercados y el desarrollo de un nuevo modelo de acumulación de carácter predominantemente capitalista, asociado al proceso de expansión de la producción: estudiar la naturaleza de nuevos tipos de unidades de producción y de nuevos sujetos económicos responsables tanto de la expansión de esa producción como del entretejido de esa nueva red de relaciones sociales capitalistas. El relato se inicia con una especie de presentación del gran escenario, es decir, con la identificación de los factores internos y externos que hicieron posible el boom iniciado en los años sesenta, enlazada con la descripción del espacio físico, de la evolución cuantitativa y cualitativa de las majadas, de las oscilaciones de la producción a través del tiempo y del papel desempeñado por las crisis de demanda y producción en la definición de las etapas internas del ciclo. Utilizando nuevos datos, amplía la descripción del proceso de desplazamiento-complementación existente entre planteles vacunos y majadas ovinas y el análisis del papel desempeñado por el uso combinado de distintos tipos de suelos en la definición de las nuevas estrategias de producción de los grandes establecimientos tradicionales. La aguda descripción de las tres grandes crisis de producción que conmovieron la época nos vuelve a colocar, con nuevos elementos, frente a uno de los problemas fundamentales de conceptualización de nuestro desarrollo agrario: la desmedida incidencia que tienen las modificaciones de la demanda de la industria europea y los cambios de precios en el mercado internacional en la determinación del ritmo de desarrollo de un tipo de producción rígido y unilateral, atado a una estrategia incapaz de generar esquemas alternativos o de interponer adecuados mecanismos de defensa y protección. El poblamiento de los campos y el desarrollo de la explotación lanera estuvo fuertemente condicionada, como es sabido, por las características cuasi monopólicas que asumió el proceso paralelo, por medio del cual un pequeño núcleo de allegados al poder político logró apropiarse de la mayor parte de la tierra pública utilizando en su beneficio una variada gama de mecanismos de traspaso, cuasi económicos, relativamente conocidos. Hilda Sabato vuelve a presentarlos, pero trata de complementar el análisis del esquema global de apropiación agregando nuevas descripciones y algunas hipótesis referidas a la aparición temprana de un mercado rural de bienes inmobiliarios y a la influencia que ello tuvo en el desarrollo de nuevas modalidades de distribución y redistribuciones de las propiedades. De cualquier modo, el aporte fundamental de la investigación en este tema se desprende de la medición de sus resultados. Rescata fuentes originales, prácticamente ignoradas en los estudios agrarios del siglo XIX, y las elabora detalladamente, utilizando criterios estadísticos que le permiten mostrar la naturaleza y evolución de un régimen de distribución de la propiedad del suelo fuertemente polarizado, fragmentado y concentrado, donde el enorme peso territorial de un pequeño núcleo de muy grandes explotaciones contrasta solamente con la amplitud de una extendida legión de pequeñas unidades territoriales. El estudio de la organización de un mercado de mano de obra libre aparece asociado, por un lado, con la demanda y con los cambios que la introducción del ovino produjo en la organización técnica y social del trabajo, y por el otro, con la oferta, es decir con el papel conjugado que desempeñan el Estado y los incentivos económicos en la definición de los modos de satisfacerla. Así, entre las varias cuestiones descriptas se destaca el rescate de fuentes que permiten elaborar una estimación cuantitativa del escaso volumen de mano de obra empleada por la economía lanera, y también de la elevación de las remuneraciones hasta un nivel tan alto que colocaba a los trabajadores de las estancias ovinas bonaerenses entre los mejor pagados del mundo, fenómeno singular y no circunstancial que requiere mayores explicaciones y nos parece estrechamente asociado con la aparición de una nueva forma de ganancia extraordinaria en el mercado internacional: la renta diferencial. La posibilidad de obtener curvas crecientes de renta diferencial no sólo permitió atraer mano de obra con buenos sueldos: también impulsó nuevas estrategias de producción de lana basadas en criterios extensivos de uso del suelo. La necesidad de implementarlos en un territorio semiocupado parece haber generado las formas de combinación entre trabajo asalariado y trabajo familiar semi-independiente que Hilda Sabato descubre y analiza con mucha precisión. En especial, el papel destacado que le cupo al sislema de puesteros en la expansión de las majadas de las grandes estancias, la clasificación de sus modalidades y la influencia que tuvieron los diferentes tipos de contratos de aparcería en la creación de un nuevo estrato de pequeños productores independientes. La expansión del crédito y el mercado es analizada con criterios similares. Ulilizando una variada gama de documentos, localizados en repositorios nacionales y de varios países extranjeros, Hilda Sabato logra reconstruir por primera vez el modo concreto de funcionamiento del mercado europeo y los procedimientos predominantes de almacenamiento, transporte y comercialización de la lana en nuestro medio. Identifica las innovaciones tecnológicas que reducen costos y amplían el ámbito físico de la producción así como las modificaciones que produce en todo ello el aumento constante del volumen, del valor económico y del número de transacciones a lo largo del período. Aunque no ha recibido un tratamiento explícito, el estudio de la función específica desempeñada por intermediarios, barraqueros, acopiadores y estancieros en la organización de la circulación e intercambio de la nueva materia prima permite imaginar, además, la aparición de un nuevo conjunto de agentes y de una compleja red de transacciones fuertememe influida por la gran especulación que apareció asociada con el carácter estacional de la zafra lanera. Al igual que aquellos que controlaron la comercialización del trigo en momentos posteriores, estos personajes parecen haber logrado fuertes tasas de ganancia extraordinaria, manipulando precios e imponiendo onerosas condiciones de pago y de comercialización a los productores más indefensos. Procesando un nuevo tipo de material documental, el estudio de la evolución de los principales criterios e instrumentos de crédito le permile descubrir la existencia de un alto grado de asociación entre la expansión de la producción y el crecimiento global del financiamiento institucional. Pero, dentro de éste, encuentra una diferencia fundamental: la “letra de cambio”, concedida preferentemente a los productores no terratenientes para financiar sus actividades de corto y mediano plazo y la controvertida “cédula hipotecaria”, un préstamo de largo plazo que le permitió obtener al grupo de grandes propietarios nuevos recursos para solventar sus grandes inversiones y disponer, a la vez, de un formidable instrumento de especulación financiera. El desarrollo del sistema institucional no parece haber evitado sin embargo la implantación paralela y superpuesta de un sistema informal de créditos usuarios controlados por ese nuevo grupo de sujetos ubicados en la esfera de la circulación que, mediante la especulación, acumularán excedentes y ocuparán una posición relevante en la organización de la agricultura durante el ciclo posterior. Los aportes que más incidencia tendrán en los intentos futuros de reinterpretación de las características socioeconómicas del período se hallan empero, a nuestro juicio, en las dos secciones del libro destinadas a la identificación y análisis de dos nuevos tipos de unidades y estrategias de producción: procesos que, a pesar de haber sido presentados con otros objetivos, permiten vislumbrar, además, el modo en que la expansión de la producción lanera se articuló con la instauración de un tipo particular de capitalismo agrario de base rentística. Pensamos en la descripción de la transformación interna de las grandes estancias tradicionales destinadas a insertar dentro de las viejas estrategias de cría casi natural de ganado vacuno criollo los nuevos planteles de ganado ovino y de la rápida expansión del sheep jarmer, un nuevo tipo de pequeño productor exclusivamente lanero de carácter familiar ligado desde su origen a través de la nueva estructura comercial a los mercados de exportación. Los datos aportados por un estudio de caso, referido a la evolución patrimonial de una gran empresa familiar, le permiten a la autora elaborar una interpretación convincente de las transformaciones operadas en la gran estancia tradicional. Pero la escasa preocupación por asociarla con una estimación de sus reales dimensiones le impide definir tanto el universo real de explotaciones absorbido por ese proceso de transformaciones como el alcance, el grado de generalidad que le atribuye a sus proposiciones. Las indicaciones aisladas sobre el papel desempeñado por los establecimientos de más de 5000 hectáreas, distribuidas a lo largo del texto, no parecen suficientes, en efecto, para fundamentar de manera razonable la posición absolutamente predominante que se le asigna en el momento de su tratamiento específico. Tampoco permiten analizar la posibilidad de que coexistan con un núcleo aún indeterminado de grandes estancias predominantemente vacunas, resistentes al cambio y vinculadas con otros mercados. El análisis de los componentes de la nueva forma de especialización demuestra con mayor propiedad algo que ya había sido adelantado en trabajos anteriores: el abandono de los criterios tradicionales y la incorporación de nuevos elementos técnicos permiten elevar la productividad de las praderas naturales, pero dentro de un esquema extremadamente simple de cría extensiva a campo abierto. La investigación de Hilda Sabato sobre este punto tiene la gran virtud, además, de ubicar con mayor exactitud y relieve el papel desempeñado por el “puestero” en la adaptación de esta estrategia a la necesidad de ocupar nuevos territorios para expandir rápidamente la producción. Aunque no se apoya en fuentes explícitas, el riguroso cálculo microeconómico de los montos de inversión de los costos de producción y de los ingresos sienta un nuevo punto de partida para el análisis del proceso global de acumulación y permite elaborar nuevas interpretaciones sobre la cuestión de la tasa de beneficios de las grandes estancias y de su evolución a lo largo del período. Entre la variada gama de cuestiones que pueden desprenderse del análisis de esas cifras, se destacan fuertemente dos aspectos: la alta tasa global de beneficios que caracteriza a la actividad, especialmente durante las primeras etapas del período y el enorme peso que adquiere el incremento del precio de la tierra en la composición de las inversiones, en el incremento de los costos y en la disminución de los beneficios durante el tramo final del ciclo lanero. En ese sentido, los cálculos vuelven a poner de manifiesto que si sumamos el proceso de apropiación de tierras públicas baldías y su puesta en producción, el incremento del valor de la tierra por mejoramiento de las condiciones generales de la producción y valorización de las mercancías en el mercado internacional y la sucesión anual de beneficios, nos hallamos en presencia de un formidable movimiento de acumulación de excedentes que beneficia especialmente a un reducido número de grandes propietarios. Un cambio primordial de tal magnitud que, aunque la autora no lo plantea, nos vuelve a aproximar a la imagen de un proceso específico de “acumulación originaria” basada en la apropiación combinada de tierras, ganancias de capital y, especialmente, renta diferencial que define el contenido de esta primera etapa de nuestro capilalismo agrario y prepara, simultáneamente, las condiciones económicas y sociales de la posterior reinserción agropecuaria, asociada con el capital inglés. La identificación y caracterización del sheep farmer, pequeño monoproductor ovejero de carácter familiar ya presentado por Hilda Sabato en un trabajo anterior y su relación con el proceso de movilidad ascendente recorrido por los puesteros y otro tipo de trabajadores de origen migratorio. nos parece un descubrimiento aún más relevante. Aunque se omite el cálculo explícito de su real dimensión, los datos expuestos en diversos lugares del texto permiten estimar que este estrato reunía aproximadamente el 55% de los productores instalados en parcelas de menos de 1750 hectáreas, pero controlaban el 15% de la superficie y generaban un porcentaje algo menor de la lana exportada por la región. Constituyen el núcleo sobresaliente pero no dominante de la estructura agraria y prosperan favorecidos de un lado por la posibilidad ya comentada de acumulación previa que concedía el desempeño de varios tipos de actividades en los grandes establecimientos y de otro lado por la relativa sencillez de los criterios imperantes de uso del suelo que, a diferencia de la explotación vacuna, permitía instalar varias majadas en pequeñas empresas montadas con poco capital en reducidas extensiones de tierra. Su nivel de utilidades y sus posibilidades de acumulación no han sido calculados todavía, pero el relato elaborado por Hilda Sabato sobre sus condiciones generales de desempeño permite reconstruir un patrón de evolución relativamente similar al de los chacareros del período agrícola posterior: buenos ingresos y alta movilidad para un importante segmento, aún indeterminado, durante las etapas de expansión inimerrumpida de la producción y estancamiento o declinación, especialmente durante la fase de agotamiento para aquellos que, por una intrínseca debilidad agravada por la declinación de precios, no pueden cambiar de posición dentro del sistema y resistir la sucesión de transacciones expropiatorias que le obligan a ceder la mayor parte de sus excedentes. Como se ve, la lectura del relato hasta el final nos deja en posesión de un amplio repertorio de nuevos conocimientos. Pero, aunque no compartimos muchos de sus presupuestos analíticos, nos parece tan valioso como este encuentro con un nuevo intento de interpretación en pleno desarrollo que, por su propia condición, exhibe zonas abiertas, problemas irresueltos, provoca reflexiones, abre nuevos interrogantes y suscita varios tipos de críticas. Por falta de espacio y oportunidad, desprenderemos de ese conjunto sólo dos grandes cuestiones. La primera trata de revisar la relación establecida por Hilda Sabato entre el patrón de distribución de la propiedad de la tierra y el desarrollo de nuevos tipos de unidades de producción. En su interpretación, el modo de apropiación de la tierra pública genera un patrón de distribución bipolar fuertemente concentrado, compuesto por dos grandes extremos que sirven de base al desarrollo de sólo dos tipos de explotaciones diferentes. Éstas forman parte exclusiva de una estructura jerárquica y funcional que no las integra, tiende a desvincularlas y, salvo excepciones, las impulsa a desenvolverse en forma independiente dentro de un espacio social fuertemente segmentado, dotado de límites rígidos y opuesto, a su vez, al desarrollo de otro tipo de unidades ubicadas en espacios intermedios. Es por ello que, a pesar de insertar a lo largo del texto menciones a la existencia de explotaciones medias, en términos un tanto ambiguos, no se preocupa por la posible evolución de un estrato significativo de estancias no terratenientes, ubicadas en posiciones igualmente distantes de las grandes explotaciones y de las pequeñas unidades familiares. No obstante, si dirigimos una mirada diferente a los datos catastrales presentados en el cuadro 2 del capítulo 2 y los reinterpretamos utilizando las definiciones y estimaciones insertas en las citas 7 y 45 de ese mismo capítulo y en la cita 9 del capítulo siguiente, llegamos a la conclusión de que ya en 1864, al comienzo del período, se perfilan con cierta nitidez tres y no dos tipos de unidades territoriales diferentes. Junto a la pequeña explotación familiar, que se extiende hasta las 1750 hectáreas, reúne el 55% de las unidades y ocupa el 21% de la superficie y a la gran estancia que sobrepasa las 5000 hectáreas, agrupa el 14% de las unidades y ocupa el 51% de la superficie, aparece la estancia media o la estancia “a secas” que se extiende entre 1751 y 5000 hectáreas, reúne el 31% de las unidades y ocupa el resto, o sea, el 28% de la superficie total. Si las estimaciones son correctas, nos hallaríamos frente a una estructura de la propiedad polarizada, relativamente semejante a la descripta por Hilda Sabato, pero mucho menos fragmentada y homogénea, morfológicamente similar a la que se consolidará unas décadas después en la totalidad de la pampa bonaerense. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los ámbitos no pampeanos, ese régimen de propiedad no genera una estructura simple y rígida sino que junto al alto grado de concentración que permite acaparar el 50% del suelo disponible a un muy pequeño núcleo de grandes propietarios, acepta la inserción y el crecimiento moderado de sectores medios que si bien no resultan predominantes tienen la suficiente densidad como para influir, de un modo a considerar en cada circunstancia, con sus estrategias y con la expresión de sus intereses económicos y sociales en el funcionamiento del conjunto. Si la hipótesis es plausible, habría que explorar otras fuentes documentales y construir algunos estudios de casos relevantes para verificar su identidad, analizar su naturaleza, describir su comporlamiento y reconstruir su historia. Haríamos justicia, por otra parte, a algunas fructíferas intuiciones contenidas en el modelo de oposición “tradicional-moderno” y exploraríamos la posibilidad de construir una imagen más compleja que podría hallarse compuesta, en principio, por cuatro tipos de sujetos sociales diferentes: el gran terrateniente vacuno de carácter tradicional; el gran terrateniente modernizado que encuentra un nuevo modo de desarrollar rodeos combinados, vacunos y ovinos; el estanciero medio, moderno, nacido al calor de la expansión del lanar y dedicado casi exclusivameme a la producción ovina de las razas más finas; y, por último, el pequeño monoproductor ovejero de carácter familiar. La segunda cuestión trata de resaltar el hecho de que este modo particular de distribución de la propiedad y su consecuencia, la aparición de varios tipos de explotaciones diferentes, se halla asociado a la influencia ejercida por la temprana acumulación y circulación en el medio rural de una importante masa de beneficios, obtenidos bajo la forma de renta diferencial. Un análisis detallado de las diversas formas e instancias en que se manifestó ese fenómeno nos permitiría explicar, seguramente, muchas de las particularidades de los nuevos sujetos sociales y, a través de ellos, varios de los rasgos constitutivos del tipo de capitalismo agrario que se va conformando en esta época. Para cumplir con esta función orientadora, la noción de tema diferencial debe recibir, empero, un tratamiento más completo y complejo que el que le hemos dado varios autores en trabajos anteriores y también distante del carácter predominantemente descriptivo que Hilda Sabato le otorga en este libro. Allí es utilizada, correctamente, como sinónimo de “ganancia extraordinaria” obtenida por la valorización, vía precios, de ventajas naturales comparativas en el mercado internacional: pero además de su capacidad para mencionar el origen, el lugar y el mecanismo de esa forma particular de transferencia de excedentes, la “rama diferencial” tiene otra serie de propiedades analíticas que, mediante el estudio de sus efectos económicos, sociales y aun culturales, pueden ayudar a abrir interrogantes, orientar indagaciones y sugerir respuestas a muchos de los temas aún pendientes. Además de llamar la atención sobre la existencia de un incentivo especial del mercado, sugiere que, cuando adquiere cierta magnitud, la forma de captación de esa cuota extra de excedentes induce la adopción de cierto tipo de criterios de uso del suelo, de organización técnica y social de la producción y también de apropiación del trabajo ajeno. Por razones que no analizamos, la rama diferencial no va asociada, como otras formas de renta, con el estancamiento económico, el atraso social, el inmovilismo tecnológico ni la superexplotación del trabajo campesino. Exige, o supone, ampliación de los espacios, desarrollo de la infraestructura, inversión de capital, modernización de las explotaciones, alta integración con el mercado, etc. También requiere el mantenimiento de bajos costos de producción más relacionados con una utilización cada vez más eficiente (que no quiere decir más intensiva) de las ventajas naturales y de localización que con la explotación de la mano de obra contratada o con la apropiación del producto del trabajo independiente, realizado por pequeños productores familiares. Dentro de ese esquema modernizante, los modos de circulación de los excedentes se hallan asociados, como hemos dicho, con la evolución de varios tipos diferemes de explotaciones, la ampliación y complejización de estrategias de acumulación, un mayor acceso a la propiedad de la tierra, la ampliación de la movilidad social y la heterogeneización de una estructura social que permite, además, del surgimiento de una muy variada gama de sujetos económicos ubicados en el ámbito de la circulación, fenómenos que en su gran mayoría han sido retratados desde otra perspectiva por Hilda Sabato en este libro. Empero, todos ellos conviven y se condicionan mutuamente en un ámbito enrarecido, cruzado por una serie de movimientos contradictorios que, por razones imposibles de exponer aquí, alientan y obstaculizan a la vez su propio desarrollo. La inversión reproductiva, el riesgo, la eficiencia, la innovación y demás “virtudes” capitalistas adquieren una gran presencia, guían parcialmente las estrategias y las conductas económicas de los sujetos predominantes pero no llegan a imponerse definitivamente. Generan, en cambio, una amplia gama de fenómenos de temprana modernización social, cultural y política: modernización “periférica” que en el rápido entretejido de su trama encubre, por hipótesis, el carácter relativamente más atrasado de este modelo de desarrollo económico. Se trata de un modelo que adopta las reglas generales del régimen de producción capitalista, pero también construye con instrumentos singulares un conjunto, aún no definido para nosotros, de propias determinaciones que modifican severamente su dinámica y su forma de funcionamiento. Sólo sabemos, y el contenido de este libro lo corrobora, que entre ellas se destacan, por lo menos, cuatro rasgos específicos. El eje central del crecimiento económico y de la acumulación de capital nace desplazado hacia el sector agrario. Su orientación, su forma de desempeño y su capacidad de generar riquezas depende principalmente de las condiciones de intercambio y precios que impone el mercado mundial. Por la influencia de ambos factores, la renta diferencial desempeña un papel fundamental en la definición de los criterios de organización de la producción y en la elaboración de estrategias de generación, apropiación y acumulación del excedente económico: rasgos que se expresan, por un lado, en la temprana emergencia de grupos sociales intermedios, y, por otro, como síntesis, en la figura, en la conducta y en la forma de ejercer el poder de ese nuevo sujeto social dominante, identificado ya en esta época, pero no analizado por Hilda Sabato: el terrateniente capitalista. La cuestión permanece pendiente, requiere la construcción de un modelo de explicación en el que se destaquen las particularidades que lo diferencian tanto de los modelos metropolitanos, organizados alrededor de un eje de acumulación colocado en el sector industrial como de los varios tipos de versiones periféricas dedicadas también a la producción de materias primas pero exentas de renta diferencial y probablemente por ello más “atrasadas”, menos dinámicas y prósperas que la nuestra. El desarrollo del capitalismo permite, en suma, varios tipos de lecturas que aunque a veces no resultan contradictorias, iluminan aspectos diferentes de un mismo objeto de estudio. Al privilegiar el estudio por separado de los mercados como si fueran procesos independientes, Hilda Sabato logra uno de sus grandes objetivos: demuestra la estrecha asociación existente entre la expansión de la producción y la implantación de una densa red de relaciones capitalistas de un modo prácticamente irrefutable. Pero la adopción de ese tipo de análisis “factorial” tiende a impedir la comprensión de la forma de organización y funcionamiento del conjunto, marca la orientación de la mirada, la definición de una perspectiva segmentada que no amplía el horizonte conceptual y desestima el estudio de los modos de articulación de esos procesos. Al eliminar los interrogantes que permiten pensar en la naturaleza de ese capitalismo históricamente determinado, le otorga al trabajo un sesgo innecesariamente descriptivo que le impide, por último, a mi juicio, responder adecuadamente algunos de sus propios interrogantes presentados a lo largo del texto. Pero también esta interpretación es materia de intercambio, forma parte del grupo de temas suscitados por su lectura que deberemos presentar y fundamentar con más espacio en una ocasión más propicia.

[Alfredo PUCCIARELLI. “Algunas consideraciones acerca del libro de Hilda Sabato, Capitalismo y ganadería en Buenos Aires. La fiebre del lanar, 1850-1890, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 318 páginas” (nota bibliográfica), in Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Tercera serie, nº 7, primer semestre de 1993, pp. 115-124]