✍ Historia crítica de la literatura argentina (X). La irrupción de la crítica [1999]

por Teoría de la historia

DSC03363La irrupción de la crítica, décimo volumen de la Historia crítica de la literatura argentina dirigida por Noé Jitrik -y, paradójicamente, el primero en aparecer- plantea a los lectores una importante pregunta: ¿para qué sirve una historia -crítica o no- de la literatura? Si bien no es este el espacio apropiado para discutir los objetivos de esta clase de proyectos, sí hay un aspecto que merece ser destacado: las historias de la literatura son textos de referencia, organizadores del conocimiento, para sus lectores. Eso intentó ser la Historia de la literatura argentina de Ricardo Rojas y esa fue la labor de la serie de Capítulo. Pues bien, ésta no quiere serlo. En el Epílogo, Noé Jitrik advierte que en el primer volumen, aún inédito, un prólogo general dará cuenta de los “presupuestos y las propuestas teóricas”, así como de los “criterios que han guiado la concepción de la obra” en su totalidad. Sin embargo, este décimo volumen adelanta algunos aspectos importantes: esta historia no está organizada siguiendo los criterios clásicos que han organizado las historias, no hay en ella datos biográficos, ni bibliografías, ni tampoco cronologías. Esta relata los “hechos que se presumen significativos”, es decir, “los momentos de inflexión, los más dramáticos -conocidos o secretos-” del “universo parcial” de la literatura. “Cada uno de esos momentos constituye un capítulo del relato general y, a su vez, esos capítulos son relatados a través de las acciones que se suponen más pertinentes”, afirma Jitrik. Dejando de lado el hecho de que en ningún momento aclara cuáles son esas “acciones pertinentes” y, por lo tanto, no sabemos a qué se refiere con ello, la idea de tomar “momentos”, en vez de continuidades, no es mala, pero exige explicitar por qué esos “momentos” seleccionados son “significativos”. La elección, que por ahora aparece como antojadiza, quizá se vea justificada cuando aparezca el prólogo. La irrupción de la crítica se ocupa del periodo comprendido entre los años 1955-1976 aproximadamente. Con “irrupción”, afirma Susana Cella, “se enfatiza el surgimiento impetuoso y simultáneo de actitudes cuestionadoras que avanzaron sobre las distintas áreas de los saberes y de la sociedad”; “crítica”, lejos de limitarse al “acotado ámbito de la crítica literaria”, incluye “el amplio alcance que ostenta como un concepto clave de la modernidad desde Kant en adelante”. Es decir, más que crítica como interpretación, comentario o traducción de lo literario (o lo cultural), se la toma, para este caso, casi como actitud vital frente a los hechos de la cultura y no sólo de ella. Retomando el estilo de trabajo colectivo propuesto por la historia del Centro Editor de América Latina, los ensayos que conforman el tomo fueron preparados por diferentes críticos e investigadores y han sido agrupados en seis partes: Interferencias, Experiencias, Poética, Vinculaciones, Narrativa y Pensamiento. En la primera se quiere mostrar un panorama del surgimiento de algunos saberes (la semiología y el psicoanálisis), la importancia que adquirieron en ese momento y su relación con el campo específico de la crítica y la práctica literarias. En la segunda, los artículos se concentran en Jorge Luis Borges, Héctor Murena, Rodolfo Walsh y David Viñas. Los ensayos de la tercera y quinta parte, Poética y Narrativa, a partir de la definición de los géneros, se concentran en la crítica, las propuestas y los cambios que cada uno de ellos realizó, en su propio campo, con respecto a la tradición. El cuarto segmento, Vinculaciones, está formado por textos que consideran las relaciones de la literatura con otras producciones simbólicas, el cine y el teatro, además de abocarse a “géneros menores” como la ciencia ficción, el policial, el periodismo, etc. Por último, Pensamiento se concentra en una “vinculación particular: la de la literatura con “la ideología y la situación del artista y de la obra artística en una sociedad que en términos generales puede pensarse como revolucionarizada”. En un volumen de casi 600 páginas distribuidas en más de 20 ensayos es previsible encontrar aciertos y desaciertos. Son destacables los textos de Américo Cristófalo sobre Héctor Murena, el de Roberto Ferro sobre Rodolfo Walsh, el de Mariano Calbo sobre la poesía postvanguardista, el de Jorge Dubatti sobre el teatro de la época, el de Guillermo García sobre la ciencia ficción, así como el de Julio Schwartzman sobre la crítica de David Viñas (artículo que causó una suerte de polémica entre el ensayista y el estudiado en los periódicos de Buenos Aires). Sobrios trabajos los de Martín Prieto sobre Juan José Hemández, Daniel Moyano, Antonio Di Benedetto y Juan José Saer, el de Horacio Tarcus sobre la cultura marxista del período y el de María Eugenia Mudrovcic acerca de Primera Plana. Son menos afortunados el que la coordinadora del volumen ofrece como panorama general de la crítica, el de Marcos Mayer sobre Borges, el trabajo de Carlos Dámaso Martínez sobre las relaciones entre cine y literatura, y dificultoso de seguir el de Oscar Steimberg sobre la disputa Massota/Verón. Los trabajos sobre poesía de Daniel Freidemberg y Daniel García Helder resultan algo repetitivos entre sí. El resto, suena reiterativo, general y, en algunos casos, un tanto esquemático cuando no sectario. Llama la atención que, en su texto sobre psicoanálisis y literatura, Jitrik se refiera a la deuda de su trabajo para con Silvio Mattoni pero que, a pesar de valerse de sus palabras -segun él mismo afirma-, no lo cite en ningún momento ni haga figurar su texto en la bibliografia. El volumen adolece de algunos problemas importantes: por una parte, la cantidad de erratas y errores que pueden encontrarse en él. Las erratas probablemente son atribuibles a una falta de revisión por parte de la editorial, pero hay errores graves: nombres de autores de libros mencionados que están mal escritos, fechas equivocadas, etc. Por otra parte, para ocuparse de un momento “supuestamente” tan importante de la historia de la literatura, ciertos olvidos o silencios resultan sospechosos: no están Sur, ni Cortázar, ni Sábato, ni Bioy Casares, ni el Di Tella, ni se habla de las mujeres de la época, ni siquiera de la ausencia -si ese fuera el caso- de la mujeres en la época. Cuando afirmé que esta historia no quiere ser un texto de referencia para sus lectores, me refería a este tipo de inconvenientes; las ausencias y los silencios son tan significativos como las insistencias en las que se concentra el texto. Nadie que no sea un iniciado en problemas de la literatura y la cultura podrá encontrar en este texto un pie para comenzar el camino del conocimiento. Mal que les pese a sus autores, los lectores buscan en una Historia -crítica o no- una ilusión de unidad, de “totalidad” gustarían decir los miembros de la tan mencionada generación de Contorno, y los datos que ésta no brinda. Aun habiendo elegido un momento específico para el “relato”, en contraposición a una supuesta totalidad histórica, podría haberse armado un “todo” menos disperso e incompleto, con más facetas y variaciones. O, en todo caso, no aspirar al título de Historia. Ojalá los próximos volúmenes ajusten mejor el andamiaje sobre el que se ha montado este loable proyecto.

[Clara KLIMOVSKY. “Susana Cella, coord., Historia crítica de la literatura argentina. La irrupción de la crítica, Buenos Aires, Emecé, 1999” (reseña), in Hispamérica, Año XXIX, nº 87, diciembre de 2000, pp. 142-144]