✍ Historia crítica de la literatura argentina (VIII). Macedonio [2007]

por Teoría de la historia

historia-critica-de-la-literatura-argentina-macedonio-4099-MLA127521190_7484-OLa Historia crítica de la literatura argentina dirigida por Noé Jitrik es un amplio proyecto que no entiende la literatura como cronología, ni como una relación causa-efecto entre movimientos y figuras, ni como un registro de nombres consagrados, sino que se estructura en torno a problemas específicos, a núcleos de cambio a partir de los cuales surge una nueva propuesta. De los 12 volúmenes que abarca esta historia, sólo dos están referidos a figuras: el de Sarmiento y el de Macedonio Fernández, que acaba de salir. ¿Cuál es la justificación de estas excepciones y por qué elegir un escritor como Macedonio al que tradicionalmente se le adjudica un carácter insular dentro de la literatura argentina? “Sarmiento y Macedonio -contesta Jitrik- son bisagras entre épocas y concepciones de la literatura. Sarmiento cierra el período colonial y abre el de la literatura más moderna en que la escritura desempeña un papel muy importante. Macedonio es una bisagra. Con él se abre un espacio nuevo que es el de la vanguardia”. La leyenda que rodea a Macedonio lo presenta como un escritor excéntrico que produjo una obra única y encapsulada. Jitrik lo libera de este aislamiento impuesto para señalarlo como un núcleo de irradiación no sólo sobre la literatura, sino también sobre otras manifestaciones. “Borges -dice Jitrik- es un producto de Macedonio. No fue su discípulo, pero creo que iluminó su obra en el trato con él y con la lectura de algunos de sus textos. Con Macedonio se abrieron los ojos de muchos otros escritores. Hasta me atrevería a decir que en la Argentina el desarrollo del humor en todos los niveles, no sería comprensible en su forma actual sin Macedonio”. Elegir este escritor para dedicarle un volumen -que coordinó Roberto Ferro- implicó dejar a Borges. “Pero él es la expresión de una época que se desarrolla a lo largo de 60 años y Macedonio, un instante fulgurante”. Pero más allá de las comparaciones, Macedonio tiene un valor literario específico que para Jitrik coincide con el que tiene la vanguardia. “Como César Vallejo -afirma-, es el emergente de una vanguardia local, criolla, que no sigue la oleada de las europeas”. Este gesto vanguardista contrasta con el realismo que tiene en Manuel Gálvez, un exponente paradigmático y a quien Jitrik define como un fotógrafo que anda por el mundo recogiendo personajes existentes y que quiere hacer la novela del drama de la prostituta, del inmigrante, del político. “Macedonio hace un trabajo sobre la palabra y sobre la negación del realismo y dice: ‘Yo voy a poner en esta novela personajes que actuaron en otras novelas, mi personaje central es el no existente caballero, no voy a hacer realismo porque el realismo es cosa de vendedores de espejos. Yo quiero hacer realidad y no realismo. Y la realidad pasa por una configuración verbal, por un trabajo sobre la palabra y sobre la imaginación'”. El desarrollo de una filosofía propia es otra de sus cualidades. “El piensa locamente, desde el punto de vista de una lógica filosófica convencional, hace una filosofía criolla”. Por eso, sus textos no buscan confortar al lector a través del reconocimiento de personajes y situaciones, sino descolocarlo, obligarlo a pensar. “Hay libros -dice Jitrik- que no dejan dormir porque ellos mismos son insomnes, nos inquietan. La literatura es eso. Y Macedonio es un escritor insomne”.

[Mónica LÓPEZ OCÓN. “Macedonio Fernández, padre de la vanguardia literaria”, in Clarín (Buenos Aires), 7 de septiembre de 2007]

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