✍ Historia crítica de la literatura argentina (V). La crisis de las formas [2006]

por Teoría de la historia

la-crisis-de-las-formas-noe-jitrik-alfredo-rubione-12303-MLA20057973987_032014-FEl quinto tomo de la Historia crítica de la literatura argentina dirigida por Noé Jitrik comprende, según lo anuncia Alfredo Rubione en la “Introducción”, “la etapa final del siglo XIX y llega aproximadamente hasta el Centenario de la Revolución de Mayo”. Con más voluntad de precisión, y a riesgo de contradecir el desapego que el proyecto de Jitrik exhibe respecto de la cronología, cabría decir que el volumen abarca enteramente la última década del siglo XIX y la primera del siglo XX, para detenerse en un momento posterior al Centenario pero anterior al vanguardismo de los años 1920. Abarca, en otros términos, las décadas centrales de la precipitada modernización que atravesó el país alrededor del novecientos. Mientras la sociedad argentina en su conjunto se transformaba a un ritmo quizá excesivo (sin duda excesivo para el conservadurismo político de su clase dirigente), la pequeña sociedad literaria de la época vivió sus propias y relativamente específicas transformaciones fundacionales. El criollismo y el hispanismo, las figuras de Darío, Lugones y Florencio Sánchez, las renovaciones formales del modernismo, la consolidación del teatro, los inicios de la crítica y la historia literaria, las discusiones en torno a la tradición nacional y la lengua, el descubrimiento de la ciudad por los poetas y los efectos culturales de la inmigración son algunas de las principales cuestiones tratadas. El género novela languideció a partir de la década de 1890 y su posterior afirmación a comienzos del siglo XX fue tema de El imperio realista. Los géneros privilegiados por La crisis de las formas son la poesía (especialmente en sus formas cultas, sometidas a los reajustes de las revoluciones modernistas) y el teatro. El tomo les reconoce a Rubén Darío y a Leopoldo Lugones los lugares de excepción que notoriamente ocuparon. Y si los cita para revisar nuevamente sus literaturas, también lo hace para iluminar las condiciones del rudimentario campo intelectual que encontraron (y transformaron) al llegar a Buenos Aires. El teatro es el otro género dominante en el volumen, que se concentra en la figura de Florencio Sánchez para ver, a partir de la primera década del siglo XX, el doble proceso de consolidación de las compañías dramáticas locales y de universalización del teatro criollo. El costumbrismo de Fray Mocho y Félix Lima, las “inadecuaciones” del naturalismo criollo, los inicios del policial, el fantástico y la ficción científica, la traducción y las políticas editoriales de importación cultural (analizadas especialmente a propósito de “La Biblioteca de La Nación”) son también temas de este quinto tomo, que les dedica a cada uno de ellos un capítulo aparte. “Si lo que caracteriza el período”, afirma Rubione, “es la irrupción de formas nuevas y como contrapartida la crisis de las formas, también lo caracteriza la noción de transición”. Una de las mayores virtudes del volumen reside, en efecto, en su disposición y habilidad para captar los aspectos contradictorios del proceso de modernización literaria durante el tránsito de un siglo a otro, en particular, la imbricación (y no la sola coexistencia) de elementos residuales y emergentes. Así, La crisis de las formas, aunque dedicado a un período de fundaciones y novedades, se abre con tres capítulos que examinan tres “retornos”: un “Retorno a España” o giro hispanista de la élite letrada hacia fines del siglo XIX, un “Retorno a las tradiciones”, con su recuperación de materiales culturales “anteriores al estallido inmigratorio”, desde las Tradiciones Argentinas de Pastor Obligado hasta el nativismo de los uruguayos Pedro Leandro Ipuche y Fernán Silva Valdés, y un “Retornar a Grecia”, con los diferentes usos y funciones modernistas del helenismo. El “Epílogo” a cargo de Noé Jitrik comienza subrayando “la declinación del omnímodo poder de la oligarquía y la aparición de nuevos movimientos, desconocidos hasta entonces”: el radicalismo, el anarquismo y el socialismo. El nacimiento o renacimiento de una oposición en los inicios del período considerado y las vicisitudes políticas que gradualmente condujeron a la sanción de la Ley Sáenz Peña tuvieron verosímilmente sus correlatos en una cultura letrada que atravesaba su propio proceso de democratización. La crisis de las formas, como los demás tomos ya publicados de la Historia crítica, confía en la especificidad literaria de su objeto y deja en segundo plano las relaciones entre literatura y política –a menos que del cruce resulte una producción literaria: dedica un capítulo al “teatro anarquista” (en sentido restricto: piezas teatrales libertarias escritas y representadas en centros anarquistas por autores y actores aficionados), pero sus más de setecientas páginas omiten el nombre de Leandro N. Alem (por ejemplo) sin que la omisión deba atribuirse a descuido–. “El tránsito que va de una literatura de periódico a otra que tiene como finalidad su cristalización en el formato de libro es una de las transformaciones externas más palpables que exhibe la literatura argentina hacia fines del siglo XIX”, anota Rubione en su “Introducción”. La afirmación corrige y hasta invierte la recordada observación de Adolfo Prieto (El discurso criollista en la formación de la Argentina moderna) según la cual el circuito de la cultura letrada culta, con el libro como formato distintivo, apenas sufrió modificaciones durante el período comprendido entre 1880 y 1910. La expansión y modernización de la prensa, la aparición de un magazine popular como Caras y Caretas (1898) e incluso la serie de revistas literarias y culturales de público restringido que se sucedieron desde La Revista de América (1894) hasta Nosotros (1907) ocupan un lugar secundario en este volumen. Algo similar sucede con las instituciones culturales. La crisis de las formas apuesta a una especificidad literaria que justamente por entonces comenzó a afianzarse, y elige consecuentemente el libro, emblema de la autonomía a la que aspiraba la literatura argentina de entresiglos. Pero las elecciones del volumen parecen responder también a consideraciones implícitas acerca del estado de la cuestión sobre este período de la historia literaria argentina. Textos clásicos como el libro citado de Adolfo Prieto o los ensayos de Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo sobre el campo intelectual del Centenario son presupuestos por este tomo, que los cita en la bibliografía o los alude para no repetirlos. Por lo demás, la preferencia por el libro y la discutible ausencia de una reflexión centrada en el crecimiento y modernización de la prensa no importan un olvido de las zonas más populares y ligadas al mercado de la producción cultural. En La crisis de las formas no dejan de tener éxito los exitosos sainetes ni de proliferar los proliferantes centros criollistas. Y asoman, en un escenario cultural ya decididamente urbano signado por la demanda de un público amplio, fenómenos modernos y masivos como el tango y el cine.

[Sergio PASTORMERLO. “Rubione, Alfredo (dir.) Buenos Aires, Emecé, Historia crítica de la literatura argentina, vol. 5, 2006, 735 páginas” (reseña), in Anclajes (La Pampa), vol. X, nº 10, 2006, pp. 235-237]

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