✍ Origen y meta de la historia [1949]

por Teoría de la historia

origen-y-meta-de-la-historia-k-jaspers-envio-gratis--2597-MLA4805143363_082013-FPara quienes conocen la obra y la personalidad de Karl Jaspers, un libro suyo sobre la historia no es una sorpresa. En efecto, Jaspers, pensador en el más amplio y excelente sentido de la palabra, ocupa frente a los grandes filósofos contemporáneos, un Heidegger, por ejemplo, una posición muy peculiar por su afán de comprensión de todos los problemas de la vida y por el acento militante de su obra. Porque en Ia ya múltiple y omniabarcadora obra del autor del “Origen y meta de la historia”, para usar uno de sus términos más característicos y de más honda significación metafísica-, todo confluye en el problema de la vida humana y no de cualquier vida humana sino de la vida del hombre actual. Esa preocupación por todo lo humano y ese afán de esclarecer la situación presente, dan por cierto a la obra de Jaspers el aspecto de algo inconcluso y en ocasiones hacen sus obras difíciles y hasta desconcertantes para el lector no habituado a su pensamiento. Por esta circunstancia no es fácil entresacar de su libro sobre la historia unos problemas precisos y unas respuestas nítidamente delineadas como para poder formular objeciones firmes o un pleno asentimiento con sus tesis. Sin embargo, intentaremos presentar las que parecen mas esenciales en su obra. En primer Iugar, es clara la oposición de Jarpers a toda fragmentación de la historia y a toda teoría de las culturas cerradas, incomunicables entre sí, tal como lo han expuesto Oswaldo Spengler en su ya clásica obra sobre la decadencia de occidente y Alfredo Weber con matices y principios diferentes en su Historia de la Cultura. Jaspers cree en la unidad de la historia universal. Esa unidad emana no sólo de un fundamento metafisico, la posibilidad y el afán de comunicación existente entre los hombres que nos indica que en último término hay en ellos un elemento común, sino también de hechos sucedidos en el por el llamado tiempo-eje de la historia. Tal tiempo-eje91RbMc1RUdL durante el cual se configuraron los ideales, las formas del pensar y los estilos de vida de los grupos humanos que han llenado con su actuación y sus influjos toda la historia universal hasta darle su configuración unitaria es localizado en el periodo comprendido entre los siglos VIII antes de Jesucristo y III de la era cristiana. En ese tiempo se concentran y coinciden multitud de hechos extraordinarios. En China viven Confucio y Laotse, aparecen todas las direcciones de la filosofia china. En la India, viven los Upanishadas y Buda; se desarrollan como en China todas las tendencias de la filosofía hindú desde el materialismo hasta la sofística y el nihilismo. En Irán enseña Zaratustra la existente doctrina que presenta el mundo como el escenario de la lucha entre el bien y el mal. En Palestina aparecen los profetas hebreos desde Elías, Isaías, Jeremías, hasta el Deuteroisaías. En Grecia encontramos a Homero, los grandes filósofos de Parménides a Platón; los hombres de ciencia y los primeros técnicos. En esa época se constituyen las categorías con las cuales piensa todavía la humanidad y las religiones que alimentan el alma de todos los hombres. En la segunda parte de su libro 39647709intenta Jaspers una caracterización de nuestra época, siguiendo en gran medida los pasos de su libro publicado antes de la segunda guerra mundial, “La situación espiritual de nuestro tiempo”. A la pregunta, ¿qué es lo que hay de nuevo en esta etapa de la historia? Jaspers contesta directamente: la confianza ilimitada en la ciencia, la técnica y la vida de masas. EI mundo actual está agobiado por esas tres realidades en las cuales el hombre contemporáneo ha puesto una ingenua, simplista y peligrosa confianza. Con ellas y a través de ellas cree solucionar todos los problemas; para ellas, no hay misterios ni empresas imposibles. La ciencia y la técnica como un saber objetivo y un poder nivelador, han pretendido dar la respuesta a los problemas a que antes respondían la metafísica y la mística, en una palabra, la creencia, y ello es imposible. De ahí otro de los fenómenos analizados por Jaspers como característico de la situación actual: la pobreza espiritual del hombre medio, su absoluta falta de relación con una trascendencia que sirva de lazo de unión entre los hombres y de la intuición de Ia plenitud y unidad del ser. La humanidad se siente por ella fragmentada; en la vida de relación, desde las más pequeñas hasta las más grandes formaciones, domina la categoría del enemigo, y ante el recóndito, pero inextinguible anhelo de unidad sólo se responde con tentativas de unificación a través de realidades superficiales que logran una unidad periférica y tiránica, pero nunca Ia auténtica comunidad. Y aquí nos encontramos con otro de los temas permanentes del libro y de la obra entera de Jaspers: toda tentativa de unificación de los hombres, basada en las pretensiones de una verdad tenida como absoluta está condenada al fracaso, trátese de una idea política, de un ideal religioso particular o de un determinado estilo de vida. Es posible y hasta deseable una unidad para ciertos hechos de Ia vida empíricaDSC03952 como normas jurídicas para el comercio, el tránsito, relaciones de dar y tomar entre las naciones, y en este sentido existe la posibilidad y hasta la necesidad de un gobierno mundial al cual los Estados en particular entreguen una parte de su soberanía. Pero así como en los Estados todo gobierno con pretensiones de poseer la verdad, de imponerla, de planificar la opinión pública y dirigir el pensar es por esencia despótico, también toda tentativa de unificación del mundo que no permita Ia expansión de la vida espiritual del individuo ni tolere las peculiaridades culturales de los diferentes grupos, conduce inevitablemente al aniquilamiento de la libertad, de la libertad que es lo único que hace posible que ese fondo común a todos los hombres, lo uno divino, se despliegue en matizados y heterogéneos productos espirituales. Aquí, como en toda su obra, el hombre es para Jaspers un ser inacabado e inacabable, para el cual el supremo valor es la libertad que Ie permite ese realizar permanentemente sus posibilidades, ese estar siempre “abierto” hacia el futuro para mantener a través de sus caídas y renacimientos la fertilidad del espíritu. La tercera parte de la obra está dedicada a la reflexión sobre lo que sea la historia, y a superar la esencia misma de lo histórico. Jaspers, en quien influyen tantas corrientes del pensamiento filosófico, entre ellas, las del historicismo alemán, cree como Dilthey que sólo la historia puede decirnos lo que sea el hombre. Para conocer éste hay, pues, que conocer la historia, armados del método y de las categorías del pensar histórico. La historia es lo que no es naturaleza en nuestra vida, lo que no se repite, lo que no es uniforme, lo que se da individualmente en forma perpetua. La historia no termina, jamás se cierra, es el proceso de la vida humana siempre abierta a sus posibilidades infinitas. Intentar preverla o explicarla por causas unilaterales es reducirla a naturaleza. Es por ende destruirla y con su destrucción eliminar lo que en el hombre hay de valioso y de único. Pero, ¿cómo armonizar la multiplicidad de la historia, su riqueza de expresiones, su darse en cada momento y en cada sitio en formas diferentes, con la unidad de origen y de fin? Jaspers entra aquí en el campo de la mística y en medio de alegorías poéticas deja ver con claridad la raiz neoplatónica de su pensamiento y el fondo metafísico de su concepción de la historia. La unidad dentro de Ia diversidad se logra con el sentimiento de que procedemos de una misma realidad absoluta, omniabarcadora, incognoscible, inexpresable y opaca que es el origen y meta de todo ser y de toda historia. Esta obra de Jaspers puede ser discutible -seguramente lo es- en el plano de la historiografía y a Ia luz de una rigurosa filosofía de la historia. Muchas de sus tesis son problemáticas y lo mismo ocurre con algunas de sus respuestas. En primer lugar, es dudosa y se encuentra débilmente probada su idea de una unidad de la historia universal. Igual cosa podría decirse de su rechazo al carácter cerrado de las culturas que combate más con puntos de vista románticos y filantrópicos que con argumentos objetivos. Pero no podrá negarse la profundidad de muchas de sus intuiciones, ni Ia significación de muchos de sus conceptos para el análisis de la historia, ni menos aún Ia estimulante nobleza espiritual que se respira en todas las páginas de este libro.

[J. J. U. “Karl Jaspers. Origen y meta de la historia. Traducción de Fernando Vela. Ediciones Revista de Occidente. Madrid, 1952” (reseña), in Ideas y valores. Revista colombiana de Filosofía (Bogotá), vol. II, nº 5, 1952, pp. 374-376]

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