✍ América como conciencia [1953]

por Teoría de la historia

zamecocoDesde hace varios años Leopoldo Zea es uno de los abanderados más tenaces de la “independencia mental de America Latina”. En numerosas publicaciones, en congresos internacionales y desde la cátedra, ha planteado insistentemente el tema de la filosofía en Hispanoamérica, tema que ahora vuelve a tomar y de exponer en forma más explícita y madura en el ensayo que comentamos. Su posición actual es consecuente, pero podríamos decir, también más elástica y realista. A través de las 180 páginas de su último libro describe la historia intelectual de América como la historia de una constante inadaptacion espiritual, de un descontento permanente con patrones culturales que son extraños a su vida y necesidades. América vive insatisfecha con la herencla colonial que Ie transmitió España, herencia viva todavía en densas capas del pensamiento continental; tampoco se siente tranquila imitando a Europa y la civilización norteamericana es extraña a sus formas típicas de existencia. Debe, pues, buscar su propia forma de existencia. Para encontrar su auténtica expresión, ¿es necesario que América rompa sus lazos con la herencia cultural de Europa? Expresamente el autor da una respuesta negativa. América no podrá desprenderse de la cultura occidental porque, aunque su cultura sea el resultado de una combinación muy variada de elementos y aunque el nuevo producto se ha formado en circunstancias históricas peculiares, el núcleo, o por lo menos, uno de sus núcleos, y no el menos importante, sigue siendo cristiano, es decir, europeo. Con palabras explícitas, Zea desecha toda forma cultural de indigenismo puro, de “criollismo”, o de autoctonismo estrecho. Para nosotros, dice, la cultura precolombina carece del sentido vital que tenía para los indígenas. Por otra parte, América no está fuera de un mundo con problemas comunes, de manera que al tratar de resolver su propio problema y al resolverlo adecuadamente, contribuye a resolver la crisis en que actulamcnte se debaten todos los pueblos. Pero América debe tener presente que toda situación crítica se resuelve desde una circunstancia concreta; sólo partiendo de sus propios límites, de sus particulares condiciones históricas y no buscando un punto de partida extraño, es como los americanos pueden contribuir a dar una solución universal de los problemas del hombre en su etapa actual de desarrollo. Pero, dice expliciramente Zea, no debemos hacer de nuestros Iímites un fin, sino un punto de partida para lo que debe ser aspiración de toda cultura: lo universal desde el punto de vista de lo humano. Plantear bien un problema es, en cierta medida, estar en camino de una solución, y no hay duda de que Zea ha planteado un problema real y lo ha planteado bien. Sus exégesis y críticas, en cambio, tendrían que ser sometidas a un examen histórico más riguroso. Por ejemplo, habría que analizar mas a fondo su evaluación de la herencia de la cultura colonial española y la idea de que los americanos del sur sienten o sintieron ese legado como algo extraño y repudiable. Lo mismo habría que hacer con algunos conceptos metodológicos y de carácter teórico que aparecen a través de toda la obra, como aquel de que la filosofía es una teoría de la conciencia, más precisamente, una teoría de la conciencia en crisis y en busca de una solución a su crisis. Como casi todos los libros de Leopoldo Zea, este ensayo sobre América como conciencia es más valioso por los problemas que promueve que por las soluciones que establece. Y es este, sin duda, uno de sus mayores méritos, al lado de muchos otros.

[J. J. U. “Leopoldo Zea, América como conciencia, Ed. Cuadernos Americanos, México, 1953″ (reseña), in Ideas y valores. Revista colombiana de Filosofía (Bogotá), vol. III, nº 9-10, 1954, pp. 90-91]

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