✍ Historia de las elites en la Argentina. Desde la conquista hasta el surgimiento del peronismo [2009]

por Teoría de la historia

losadaHistoria de las elites en la Argentina es, precisamente, un análisis que recupera los aportes de la historiografía sobre estos actores sociales. Sin embargo, el concepto elegido para referirse a los círculos gravitantes de la sociedad argentina, “elites”, le da también un perfil analítico sociológico y politológico. En la Introducción Losada da cuenta de la elección del concepto de “elites” en plural. Su utilidad radica en la capacidad de aprehender los matices existentes entre quienes controlan la política, quienes se destacan en el mundo intelectual o en el económico. En este sentido, los problemas en torno a los cuales se estructura el libro abarcan diversas dimensiones: la composición social de las elites; las relaciones entre poder, riqueza, capital intelectual y status; sus prácticas sociales e identidades; y los atributos que cimentaron estas diferentes esferas en diversos contextos históricos. La intención del autor es, justamente, trazar una mirada global y de síntesis que apunte a poner en diálogo regiones, dimensiones y períodos. El capítulo 1 del libro abarca el período colonial y el virreinal. El autor se detiene en la figura de los primeros grupos conquistadores porque varias de sus familias constituyeron un poder e influencia que trascendió los períodos iniciales. Por la vía del parentesco las raíces coloniales se propagaron a lo largo de todo el siglo XVII y XVIII, llegando a constituir parte del tronco de ascendientes de las familias criollas “tradicionales” y encumbradas del siglo XIX. La característica predominante de las elites del período pre-independiente fue, según Losada, su indiferenciación y polivalencia ya que concentraron los capitales económicos, políticos y simbólicos, articulados por lazos de parentesco y de relaciones personales. En lo que respecta al período virreinal, las relaciones entre las diferentes elites y entre grupos de una misma elite lejos de estar atravesadas por dicotomías tales como comerciantes/peninsulares versus terratenientes/familias tradicionales, se trazaron más bien sobre el cuadro de las pujas entre familias o en torno a la actividad comercial misma. El capítulo 2 se abre con la Revolución de Mayo, momento a partir del cual surgieron, según el autor, elites políticas propiamente dichas, cuyos enfrentamientos dificultaron la edificación inmediata de un orden político después de 1810. A ello se sumó la creciente politización de los sectores populares y su movilización para la guerra, cuestiones que en adelante las elites no pudieron soslayar. La composición general de las figuras políticas más destacadas en las primeras décadas del período independiente fue su procedencia colonial; sobre la base de esta continuidad se tallaron los recambios surgidos de la función administrativa durante el virreinato o del cursus honorum en la “carrera de la revolución”. Considerando esta distinción, Losada desestima convencionales dicotomías de la historiografía —unitarios versus federales, Buenos Aires versus el interior, españoles versus americanos, etc.— enfatizando la hipótesis de la conflictividad política como detonadora de las divisiones entre los grupos. En este sentido también se comprenden las disputas con las elites económicas, cuando las políticas requerían para su perpetuación en el poder la sustentación desde los sectores populares. Por su parte, en la elite económica se produjo una importante movilidad social con la participación de empresarios británicos en el comercio exterior. Paralelamente se tallaron otras diferenciaciones: elites comerciales y elites vinculadas a la producción, superpuestas por elites más volcadas a la economía rural y otras a la urbana y de exportación. No faltó, además, la diversificación de las inversiones de una misma elite en diferentes sectores como así también una ampliación de la escala espacial de sus negocios. La diferenciación de las elites se advierte también con la aparición de la llamada “Generación del ’37”, la primera elite intelectual laica, “nacional” (ya que trascendió más tempranamente que las demás los particularismos locales) e independiente de los poderes e instituciones establecidos, aunque partícipe de la vida social y política de las altas esferas sociales. Entre 1852 y mediados de la década de 1910, período que Losada aborda en el capítulo 3, se construye y consolida la lógica elitista “nacional” de la política, protagonizada a partir de 1880 por el llamado “régimen oligárquico”. Esta manera de hacer política se constituyó al compás de la consolidación del andamiaje institucional del Estado nacional, el cual permitió una más fluida y extensa circulación de figuras políticas entre Buenos Aires y el interior, exitosamente operada por el PAN. Así, recobraron protagonismo sociabilidades de tipo políticas más que personales, con el fin de lograr el indispensable control del Estado para el mantenimiento del status. Dicha lógica se fue agotando cuando la sociedad y la vida política de las que surgió se transformaron en el cambio de siglo, siendo el liderazgo de tipo “plebeyo” y la estructura partidaria descentralizada y autofinanciada de la UCR los que estuvieron en mayor sintonía con las nuevas coordenadas sociales emergentes. En lo económico, la Argentina moderna afianzó el protagonismo de la elite terrateniente pampeana agrícola y ganadera, al tiempo que se consolidó un mercado nacional interno. El nuevo perfil de los individuos de la elite fue de hombres de negocios especializados que concentraron fuertemente la riqueza. Nuevos personajes de origen extranjero (italianos y españoles, especialmente) se sumaron a los apellidos de raíces coloniales en la composición social de esta elite. Losada destaca además, para este período, el surgimiento de una incipiente elite industrial a la sombra del predominio de la actividad agroexportadora. En cuanto a los vínculos con la elite política, para el autor los altos círculos terratenientes carecieron de medios y de bases suficientes para obtener, como colectivo, una representación política propia y poderosa. La especialización de las elites no significó, por otro lado, que no mantuvieran una destacada cohesión al compartir una sociabilidad común, reforzada a través de los vínculos de parentesco y las prácticas matrimoniales —marcadamente endogámicas— que Losada describe detalladamente en el capítulo 4 (“Sociabilidades, estilos de vida e identidades. De la Revolución de Mayo a la Belle Époque”). El perfil “aristocrático” se construyó por la combinación de numerosos criterios de distinción: los clubes de ocio (como el Club del Progreso y el Jockey Club), los circuitos de cafés de elite, el empaquetamiento, los espacios culturales como el teatro, etc. El último capítulo vuelve sobre la radiografía de las elites del período de entreguerras. La elite intelectual acentuó su renovación social por medio del ingreso de individuos no directamente relacionados con las altas esferas sociales (inmigrantes o figuras de las capas medias) y se consolidó como campo autónomo y específico. Desde los años ’20 las actividades académicas y literarias se especializaron y se reforzaron las figuras del “escritor” y el “profesor”. Las elites políticas sufrieron una recomposición luego de la sanción de la Ley Sáenz Peña por el impacto que sobre ellas significó el cambio de una lógica elitista de la política a una forma de liderazgo de tipo “plebeyo”. Además, se acentuó la profesionalización de la actividad política y el origen social patricio resultó irrelevante como capital político por sí mismo. Por último, los contornos de la elite económica se transformaron por la incorporación de nuevos actores a otros ya establecidos que estaban en lenta declinación como motor de la economía. Sumado a ello, la elite terrateniente pampeana realizó importantes transferencias hacia la industria como producto de la crisis agroexportadora. El contraste, por lo tanto, se dio entre el indisputable predominio de la actividad agroexportadora dentro de la economía de la Belle Époque de preguerra y una economía urbana e industrial con creciente dinamismo y maduración como principal sector responsable del crecimiento económico del período de entreguerras. Al final del libro, Losada presenta un “Ensayo bibliográfico”, organizado según los capítulos y en función de los ejes temáticos desarrollados, donde se mantiene la mirada abarcadora y de síntesis que persigue el autor durante toda la obra.

[María Cecilia LASCURAIN. “Historia de las elites en la Argentina. Desde la conquista hasta el surgimiento del peronismo, Leandro Losada, Sudamericana, Buenos Aires, 2009, 287 páginas”, in Revista de la Sociedad Argentina de Análisis Político (Buenos Aires), vol. IV, nº 1, enero-junio de 2010]