✍ Marx [1975]

por Teoría de la historia

6111642014_0ec2187e93_bHe aquí un resumen del pensamiento de Marx que será de utilidad para quienes se preocupan hoy por las polémicas en tomo al marxismo como ciencia o como humanismo. En este librito, el autor ha buscado cierto equilibrio entre tres partes esenciales para la comprensión del marxismo: la vida del propio Marx, su evolución teórica y su recepción posterior. La primera y la tercera, en su brevedad, dejan lugar a una exposición algo más amplia de la segunda; en ésta, McLellan, conocido marxólogo, expone el marxismo siguiendo las pautas hoy de moda en la comunidad científica y pone su grano de arena en la tarea de redescubrir un Marx hegeliano, humanista, radical y contradictorio, bajo el caparazón calizo de la dogmática científica engelsiana y soviética. Nada hay de extraño que, en la construcción de este empeño, los ladrillos más gruesos caigan sobre la cabeza de Althusser. Para McLellan, Althusser continúa «la división estalinista entre un Marx joven pre-marxista y un Marx científico posterior», lo cual es injustificado, pues, entre otras cosas. para ello se requiere la búsqueda de una racionalidad atemporal que recuerda a Comte […] y supone la anulación de la historia y la filosofía», de forma que el descubrimiento de un Marx «real», que niega los elementos humanistas y hegelianos en él maduro, únicamente puede hacerse «empleando una metodología -jamás definida claramente- en oposición casi total con los conceptos que Marx emplea» (páginas 81-82). Frente a este error cientificista, McLellan sostiene que la preocupación con la alienación, el «hombre total», la autocreación de los seres humanos en la historia, la función de la praxis, etc., son constantes eri la obra de Marx. McLellan expone esta obra en cuatro partes, buscando, así, una especie de continuum: los escritos de juventud, la historia, la economía, y la política y, al hacerlo, polemiza con los partidarios estalinistas y althusserianos de la «ruptura epistemológica» en Marx y, también, con los representantes del fariseísmo académico, que reprochan a Marx la reducción del proceso histórico a los condicionamientos económicos, la ignorancia de las clases medias, el sector servicios y las sociedades anónimas, la afición a profetizar revoluciones en países equivocados, etc. Frente a los primeros, McLellan expone la relación de Marx con Hegel, relación de crítica y continuidad, e insiste en que la visión marxista del comunismo, como desarrollo completo de las potencialidades humanas en una sociedad no alienada transpira a lo largo de la obra posterior de Marx. Frente a los segundos, el autor explica que, si la obra de Marx presenta muchas ambigüedades en su idea de una teoría social como ciencia, en la función de la ideología dentro del propio marxismo, en la de los valores en el conocimiento científico, etc., no hay duda de que su visión de la historia es humanista y de que concede gran importancia a los factores no económicos en el proceso histórico. Cierto, explica McLellan, que la teoría de las clases en Marx es incompleta, ya que su comienzo coincide con la interrupción de El Capital, pero en sus escritos posteriores, Marx cuenta con las clases medias, los servicios, etc.51AXU942B3L._SX258_BO1,204,203,200_ En los Grundrisse, Marx admite la posibilidad de una reducción notable de la jornada laboral en el capitalismo. En cuanto a las profecías, McLellan apunta cómo, en sus últimos años, Marx fue abandonando la esperanza en Inglaterra, pues los ingleses carecían de «espíritu de generalización y de fervor revolucionario», considerando probable que el proceso revolucionario se abriera en Rusia. Finalmente, McLellan enumera tres razones que explican la degeneración posterior del marxismo en un catecismo de dogmas chatos: 1) muchas de las teorías de Marx son realmente ambiguas; 2) el marxismo pasó a ser la doctrina de un movimiento de masas, una fe simple para millones de personas: 3) Marx dejó sus manuscritos en un estado caótico al morir. Tales son los méritos de la obrita de McLellan: justo es exponer ahora algunos de sus deméritos. En primer lugar, la división entre «vida» y «pensamiento» en Marx, y su tratamiento exclusivo como «teórico», no hacen justicia al postulado básico del marxismo de la unidad de la teoría y la praxis, que Marx observó a lo largo de su vida, incluso en detrimento de la claridad de la obra propia. Marx hubiera suscrito las palabras de Lenin al final de El Estado y la Revolución, de que «es más agradable y útil vivir la experiencia de la revolución que escribir acerca de ella». En esta división entre «vida» y «pensamiento», McLellan es víctima del fariseísmo que critica. En segundo lugar, la división del pensamiento de Marx en sus escritos juveniles, historia, economía y política, lejos de refutar la tesis de la ruptura epistemológica, la confirma, pues a la exposición tradicionalmente apelmazada del marxismo (en historia, economía y política), el autor se limita a yuxtaponer la obra juvenil que funciona, precisamente, como una obertura para la «opera magna» posterior, negando, así, con la letra, lo que McLellan afirma con la palabra. En tercer lugar, el rechazo total del carácter científico del marxismo (páginas 58-59), deja su condición teórica flotando en las nubes de la ilusión. Cierto que la «ruptura epistemológica» es hoy insostenible, pero la tesis de la continuidad ininterrumpida de Marx convierte al marxismo en una especie de teoria para la emancipación de eruditos. Si McLellan hubiera examinado con más cuidado el cambio político en Marx, de 1848 a 1849, desde el democratismo jacobino al comunismo, habría visto que ello se refleja, posteriormente, en un cierto cambio metodológico y teórico del marxismo. En cuarto y último y más grave lugar, karl-marx-su-vida-y-su-ideas-david-mclellan-oscar-del-barco-2174-MLA4780425269_082013-Ose debe señalar la sinrazón de las tres razones aducidas por McLellan al final del libro: 1) el carácter ambiguo del marxismo refleja el carácter ambiguo de la existencia de los hombres (por ejemplo, la necesidad angustiosa de elegir entre la acción y la contemplación); 2) la equiparación soterrada entre «doctrina de las masas» y «fe simple de millones», pone el reloj del pensamiento en los tiempos de Burke y las gazmoñerías del individualismo burgués. Es claro que, en exposición tan breve, no cabe elaborar en detalle el problema de la teoría convertida en violencia al encarnar en las masas, etc., pero sí se debiera huir de la trivialidad. Es evidente que no son los fieles quienes fabrican los dogmas, sino la jerarquía y los pensadores a su servicio; 3) la observación relativa al caos testamentario de Marx, si nueva en la plaza, denuncia el espíritu libresco que mantiene con aplomo el dislate de la superioridad del «texto puro» sobre sus interpretaciones. McLellan, pues, defiende a Marx frente a los dogmas del pensamiento neoestalinista y, en su empeño, deja clara la necesidad de que alguien defienda al marxismo frente a McLellan.

[Ramón GARCÍA COTARELO. “Marx, David McLellan, Fontana Modern Masters, Fontana/Colllns, Glasgow, 1975, 92 págs.” (reseña), in Revista española de la opinión pública (Madrid), nº 46, octubre-diciembre de 1976, pp. 240-242]

NOTA BENE. Recordemos que este pequeño trabajo sobre el pensamiento de Karl Marx, publicado en inglés en 1975 en la colección Fontana Modern Masters, es, en realidad, un resumen de la biografía intelectual que David McLellan publicó en 1973 bajo el título “Karl Marx. His Life and Thought” en la editorial inglesa Macmillian. Es esta última versión de casi 500 páginas la que, en 1977, la editorial Crítica de Barcelona tradujo al español bajo el título “Karl Marx. Su vida y sus ideas”.

Andrés G. Freijomil