✍ La historia y las ciencias sociales [1950-1960]

por Teoría de la historia

11731035El autor de este libro es con justicia uno de los más destacados representantes contemporáneos de la escuela historiográfica francesa, continuador de la línea marcada por Lucien Febvre y Marc Bloch. Todos los trabajos de Fernand Braudel como historiador están marcados por una huella de comprensión totalizadora del hombre, así como por un afán de unificar las ciencias que tratan de los aspectos subjetivos del ser humano. El científico social, sea antropólogo, sociólogo, psicólogo social, economista o se halle en el sector que le pertenezca dentro de este gran marco de las ciencias sociales, debe partir de la base que su explicación acerca de cualquier problema es unilateral, no recoge cuantos elementos integran las causas de su problemática, de ahí que sus conclusiones tampoco puedan ser totalizadoras, sino parciales también. El problema que se le plantea en general a estas ciencias es el régimen de nacionalismo en que se encuentran, problema que no se resuelve anclados en las interminables polémicas para la delimitación de campos de unas y otras, estáticos en las respectivas definiciones, buscando desesperadamente justificaciones para seguir cada cual su camino sin ser molestado por el vecino o vecinos, cerrados y aislados en sus respectivos terrenos cual avaro a su dinero. Más bien creemos con Fernand Braudel que es necesario para el afianzamiento y progreso del ser humano en este mundo cambiante una ruptura de fronteras v una colaboración íntima entre todas las ciencias cuyo objeto de estudio es el hombre. Por tanto, se hace cada vez más necesario un replanteamiento en los programas y mentalidades de quienes ocupan en la actualidad las cátedras de nuestro país y tienen a su cargo la preparación de los futuros estudiosos del hombre en su marco individual, psíquico y social. Por otra parte, algo que en otros países ya está dando sus primeros buenos frutos cual es el estudiar la realidad social de una cultura e incluso de una civilización con el instrumental y las aportaciones de todas y cada una de las ciencias sociales en un bien estructurado equipo de investigadores, aquí está aún por experimentar. Braudel estudia de forma crítica y seria los diversos y, a veces, contrapuestos sentidos que a lo largo del tiempo han tenido los términos civilización y cultura, pasando su certera mirada para ello por la obra de una serie de autores como Burckhardt, Spengler, Toynbee, etc…, aunque a nosotros quizá nos interese más el diálogo que establece con el estructuralismo de Claude Lévi-Strauss y la sociología de Gurvitch y, en general, con todas las demás ciencias sociales, que al estudiar la realidad o una dimensión de ella lo hacen desde una perspectiva actual, utilizan en sus estudios el tiempo corto, distintamente a lo que suele hacer la historia, con lo que acaban por no conocer bien el problema y dar soluciones parciales, porque el presente es siempre irreal, presente que sociología y economía han insistido en estudiar sin una base sólida en el pasado al que se descalifica en nuestro afán por reducir y simplificar, del mismo modo actúan las restantes ciencias sociales, que no entienden o no quieren entender que el hombre posee una historia milenaria y que a través de esa historia ha tenido una problemática, unas vivencias ha sufrido transformaciones importantes, en suma, ha ido reuniendo un bagaje que no se puede descuidar a la hora de realizar un estudio exhaustivo de cuaquier parcela del hombre, pues quizá el origen de problema se encuentre en sus comienzos. Braudel plantea uno de los problemas más serios para el progreso de las ciencias sociales, su unidad, que exista un flujo y reflujo de unas a otras, que no avancen cada una por una sendero distinto y a diferente hora sino que con el mismo reloj y desde el mismo camino se comience a profundizar y a desentrañar incógnitas para un mejor conocimiento del hombre y de su entorno. El autor no cree «que el mercado común de las ciencias del hombre pueda hacerse, si se hace, merced a una serie de acuerdos bilaterales, de uniones aduaneras parciales cuyo radio se iría después exteniendo poco a poco. Dos ciencias próximas se repelen como cargadas de la misma electricidad». Pero Braudel es escéptico, no piensa que sea fácil romper barreras de prejuicios aunque ello redunde en beneficio de la ciencia y del hombre, la educación que hemos recibido además en las aulas universitarias no ayuda ni mucho menos a ello. Quizá otras palabras del autor sean lo suficientemente expresivas para que tomemos conciencia de las dificultades que presenta, pero que al mismo tiempo pongamos los medios necesarios para que tal unión y colaboración se lleve a cabo en el amplio marco de las ciencias sociales. Para un economista o para un sociólogo discutir con un historiador o un geógrafo supone sentirse más economista o más sociólogo que el día anterior a la discusión. En realidad estas uniones imitadas exigen demasiados cónyuges. La prudencia requeriría que rebajáramos todos al unísono nuestros tradicionales derechos aduaneros. La circulación de las ideas y de las técnicas se vería así favorecida; y, pasando de una a otra de las ciencias del hombre, ideas y técnicas sin duda se modificarían, pero crearían, esbozarían al menos un lenguaje común. Es una pena que tanto Braudel como nosotros tengamos que utilizar tan a menudo el condicional, que implica evidentemente lo poco que hasta ahora se ha hecho desde este punto de vista totalizador de las ciencias del hombre. Se hace necesario, pues, que nuestros estudiosos sociales tomen conciencia del problema y desarrollen en cuanto antes una serie de coloquios, discusiones y por qué no un congreso que estuviera dedicado a todas las ciencias sociales en general, a una solución objetiva y unitaria, a unos planteamientos generales y a un método único para salir de este solipsismo y aislamiento en que se hallan.

[Andrés RODRÍGUEZ. “La historia y las ciencias sociales, Fernand Braudel, Alianza Editorial, 2ª edición, 1970, 214 págs.” (reseña), in Revista española de la opinión pública (Madrid), nº 42, octubre-diciembre de 1975, pp. 214-215]

NOTA BENE. Esta recopilación en lengua española de textos publicados entre 1950 y 1960 por Fernand Braudel no tiene, bajo este título, equivalente en lengua original. La única obra en francés con la que podría equipararse es el primer volumen de “Écrits sur l’histoire” [Paris: Flammarion, 1969], donde sólo algunos de cuyos artículos aparecen en “La historia y las ciencias sociales”.

Andrés G. Freijomil 

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