✍ Argentina, sociedad de masas [1965]

por Teoría de la historia

argentina-sociedad-de-masas-bsas-eudeba-1971-16534-MLA20122734945_072014-FEsta obra se presenta, en el prólogo de los editores, como un esfuerzo interdisciplinario. Lo es no solo en el sentido aditivo, por constar de una primera parte llamada “histórica” y una segunda parte llamada “sociológica”. Varios de los trabajos aquí presentados son a la vez históricos y sociológicos, es decir, reúnen materiales y reflexiones que resultan importantes tanto para quien se interesa especialmente por la particular realidad argentina como para quien se interesa por la teoría o por algunas hipótesis sociológicas más allá de los casos a los que ellas se apliquen. Por lo demás, si se piensa en la carencia de obras colectivas importantes dedicadas a la interpretación de la realidad argentina, la importancia de “Argentina, sociedad de masas” adquiere mayor relieve. Sin ser un libro sistemático -es más bien desordenado y heterogéneo- constituye una muestra altamente representativa del estado de la investigación social hacia los primeros años de esta década [de 1960]. Tal vez no sea ajeno a ello la riqueza de datos empíricos de la primera parte en contraposición al carácter netamente teórico de la segunda. La primera parte se centra preferentemente en el proyecto de quienes concibieron la Argentina moderna hace más o menos un siglo. Ese proyecto y el grupo que lo concibió, las fuerzas sociales que produjo la tentativa de aplicarlo y algunos elementos descriptivos de tal proceso constituyen el grueso de la problemática tratada en esta sección sobre “La formación de la Argentina contemporánea”. La “distancia inesperadamente grande entre lo planeado y lo realizado” surge nítidamente de las distintas imágenes del país que nos proporcionan las dos partes del libro, con el artículo sobre . las etapas del desarrollo económico argentino como nexo entre ambas. La segunda parte proporciona entonces varias hipótesis sociológicas aplicables a la llamada “crisis argentina”, hipótesis en las que la voluntad y las metas de los grupos dirigentes entran sólo como variables dependientes. Hay pues en este sentido una complementación entre el carácter fundamentalmente descriptivo de los trabajos de la primera parte y el carácter dominantemente explicativo de la segunda. Esto no significa negar relevancia teórica a algunas de las contribuciones históricas. Por el contrario, pensamos que algunos de los trabajos incluídos en esa sección podrán servir para incitar aJ la colaboración interdisciplinaria. La utilización de sistemas de hipótesis elaborados por la sociología moderna para explicar aspectos de la vida nacional, unida a la investigación estrictamente histórica de esos aspectos, nos parece de múltiple interés. Permite enriquecer la teoría sociológica proporcionando contextos donde aplicar los sistemas de hipótesis que por lo general no son accesibles sin la colaboración del historiador, y a la vez enriquece la comprensión de los hechos para quienes se interesan por el conocimiento de nuestro país. El libro se abre con el artículo sobre la generación del 80 y su proyecto de Oscar Cornblit, Ezequiel Gallo y Arturo O’Connell, quienes tratan de encontrar en la estructura socio-económica de la Argentina de fines de siglo una explicación para el fracaso a largo plazo de aquel proyecto. Para ello, comienzan por definir la situación del país en términos de una serie de variables básicas relevantes, de donde surge el cuadro de una sociedad tradicional y atrasada. Sin embargo, señalan, esos datos no fueron incorporados al programa político que gestaron aquellos hombres, adoptado de países mucho más modernos. El proyecto de la generación del 80 es entonces investigado con detenimiento en sus aspectos políticos y económicos, apareciendo a juicio de los autores como uno de los más coherentes que han surgido en nuestra historia. El artículo pone de relieve el inmenso desarrollo que experimentó el país en aquella década, así como los graves desequilibrios que resultaron de él y cuya consecuencia más notoria fue impedir el surgimiento de una clase capitalista nacional suficientemente fuerte como para asegurar el crecimiento autosostenido. La élite ochentista estuvo estrechamente vinculada a la explotación ganadera y careció del empuje y otras condiciones que poseyeron los grupos industriales que condujeron al desarrollo capitalista en otros países. El problema que queda pendiente después de leído este fascinante cuadro es precisamente el de las relaciones entre la estructura social y las metas explícitamente definidas de los grupos que se mueven en ella. ¿Cuáles son las variales más decisivas para caracterizar estructuralmente a los grupos, así como se caracteriza al país mismo, que puedan a la vez sugerir algo ácerca del pensamiento de esos grupos? Los trabajos de Roberto Cortés Conde sobre el crecimiento industrial entre 1870 y 1914 y de Gustavo Beyhaut, Roberto Cortés Conde, Haydée Gorostegui y Susana Torrado sobre los inmigrantes en el sistema ocupacional, aportan abundantes elementos para la descripción de dos de los procesos particulares más importantes en los que las consecuencias no planeadas de la acción desbordaron a las previstas por los hombres que los pusieron en marcha. Cortés Conde sitúa el proceso de gran expansión de nuestra economía hasta la primera guerra en términos mesurados. Se trató de un proceso de crecimiento inducido, limitado por diversos factores, tales como la estructura agropecuaria que desfavoreció el desarrollo de la industria no vinculada a ese sector, y la política liberal en relación a la industria local. A pesar del desarrollo· de las manufacturas resultante de la ampliación del mercado interno, las industrias subsidiarias de la actividad agropecuaria poseían hacia fines de siglo casi 10 veces más capital en promedio que las otras industrias. Los datos aportados permiten observar el manifiesto crecimiento del sector industrial entre esa época y el censo de 1914, así como la desproporcionada concentración de establecimientos y capitales en la zona del litoral. En el mismo marco de una economía dependiente sitúan los autores del otro trabajo al proceso inmigratorio. Después de 1880, el inmigrante se convirtió en simple mano de obra, no se creó una clase media rural y, como consecuencia, se vió favorecido un proceso de urbanización prematuro. La conclusión que puede extraerse del valioso acopio de datos que ellos aportan es que la distribución ocupacional de los inmigrantes puede ser tomada como un buen indicador de modernización de la estructura económico-social, sin haber ellos participado en la conducción de ese proceso de modernización. Los autores enfatizan los desequilibrios estructurales resultantes de este proceso, particularmente debidos al mantenimiento del control por parte de la oligarquía terrateniente y a las altas aspiraciones y otros rasgos culturales introducidos, según ellos prematuramente, por los inmigrantes. En términos de los desequilibrios estructurales resultantes de la gran expansión ochentista sitúan también Ezequiel Gallo (h.) y Silvia Sigal al proceso de formación de la U.C.R. y al grupo político que lo impulsó: asincronía institucional en la sociedad, y también desajuste entre las metas políticas y económicas de ese grupo, que, al revés de la élite del 80, era moderno en lo político y tradicional en lo económico. La hipótesis fundamental del trabajo es que el radicalismo canalizó las aspiraciones de participación de sectores recientemente “movilizados” por el proceso de expansión. Este proceso produjo una nueva clase media y creó marcada inconsistencia de status en diversos sectores sociales, particularmente grupos con importancia económica pero que siguieron excluidos del poder politico. Los autores construyen, como indicador del grado de movilización, un índice de modernización compuesto por las tasas de urbanización, alfabetismo y extranjeros. Las correlaciones entre el grado de modernización y el porcentaje de votos radicales (1912-1916) tomando como unidades de análisis los departamentos de cada provincia, o las provincias, apoyan la hipótesis de que el radicalismo está ligado al proceso de modernización. Tratándose de correlaciones ecológicas, los datos deben ser tomados siempre con algunas reserva si se quieren probar hipótesis concernientes a los individuos. Pero en la medida en que los datos son aceptados como un primer apoyo a las hipótesis, nos parece que la relevancia teórica de este trabajo va incluso más allá del problema planteado explícitamente en él. Por otro lado, los datos referidos a la élite radical evidencian claramente que ella salió de sectores de las clases altas con incongruencia de status, especialmente alto rango en status adquiridos y bajo rango en status adscriptos. Esto es enteramente compatible con el síndrome particular de inconsistencia de status que, según una hipótesis en la línea de los trabajos de Lenski, favorece el “radicalismo” político [E. Jackson, “Status consistency and symptoms of stress”, in American Economlc Review, vol IV, nº 27, 1962]. Así los datos revelan la inconsistencia de status de las élites radicales, pero a nuestro juicio permiten apoyar también la hipótesis de la inconsistencia de status de las masas radicales de clase media. Puede suponerse que ambos sectores, sobre todo después del acceso del radicalismo al poder, pudieron lograr una configuración más equilibrada. Si tal acceso al poder hubiera sido más difícil en la Argentina, puede pensarse que el radicalismo hubiera sido más extremista y hubiera enfatizado mucho más la modificación de la estructura básica del poder. Guido Di Tella y Manuel Zymelman aplican el modelo de etapas del desarrollo económico de Rostow al caso argentino, partiendo de la hipótesis de que las expectativas de crecimiento alentadas hacia fines del siglo pasado eran infundadas y se .basaban en un ritmo de expansión que no podía continuar, siendo el tipo de desarrollo que siguió la Argentina de los más inadecuados para alcanzar un proceso autosostenido. En su análisis, introducen una etapa no incluida en la tipología rostowiana, que llaman “la gran demora”. Este periodo, en el que el país estaba económicamente preparado para el “take-off”, se extiende desde 1914 hasta mediados de la década del 30, y se caracteriza por una contracción de la tasa de crecimiento de las inversiones y una detención en el ritmo de crecimiento de la industria respecto a la agricultura. Aparte de ser éste el único trabajo que ofrece una visión panorámica total del período al que se dedica el libro, su interés está en que señala especialmente el punto en que se produce la ruptura más notable en el proceso histórico argentino. La segunda parte contiene cuatro ensayos en los que se examina desde diversos enfoques la situación actual, encuadrándose a menudo a la Argentina en el contexto latinoamericano. El artículo de Gino Germani, publicado en “Política y sociedad en una época de transición”, contiene un nuevo parágrafo introductorio referido a lo atípico del caso argentino respecto a la pauta más generalizada de desarrollo de otros países latinoamericanos. El resto del trabajo, como se recordará, es una caracterización del proceso político argentino en términos de los sectores sociales que fueron adquiriendo mayor participación en los distintos períodos históricos. La idea central es que cuando un sector social comienza a participar parcialmente en la sociedad global, tal incremento en su participación debe ir acompañado de una mayor participación en otros sistemas institucionales, creándose tensiones sociales importantes si ello no ocurre. Germani examina los factores históricos que en nuestro país dificultaron la formación de organismos políticos que expresaran adecuadamente a la clase obrera, la cual, junto con algunos sectores de las nuevas clases medias, a pesar de hallarse privada de una efectiva participación política, venía adquiriendo una importancia económica y social creciente desde que se inició el proceso de modernización. En el trabajo de Germani y Silvert sobre “Estructura social e intervenciones militares” se utiliza una tipología semejante para caracterizar las etapas del desarrollo político de las naciones del continente, desde el período de predominio de la estructura social tradicional hasta la democracia con participación ampliada, a la que según los autores pueden suceder dos posibilidades: democracia con partiripación total o participación total a través de revoluciones “nacional-populares”. Los paísesargentina-sociedad-de-masas-torcuato-di-tella--15832-MLA20110240526_062014-F latinoamericanos son clasificados igualmente mediante la tipología de tipos de estructura social de Germani. La democracia representativa, se señala entonces, ha alcanzado estabilidad en los países más desarrollados, y, en los momentos de pasaje de la democracia “ampliada” a la “participación total” la pauta ha sido una crisis de tipo “nacional-popular”. El trabajo finaliza con una tipología de relaciones institucionales civiles-militares. Es de lamentar que no se haya presentado una relación más sistemática de esta tipología militar con la tipología de estructuras sociales y de procesos políticos, lo cual hubiera podido conducir, seguramente, a una relación interesante de estos dos últimos fenómenos con la variable militarismo. No queda claro, tampoco, en qué medida el ejército puede desempeñar un papel determinante en el proceso de desarrollo social que, según se postula, es una condición para la desaparición del “militarismo”. El artículo de Graciarena aporta una serie de reflexiones, en un nivel de generalidad bastante alto, sobre las relaciones entre el desarrollo -o el no desarrollo- social y la acción política en este continente, partiendo del hecho de que los gobiernos oligárquicos de la mayoría de los países latinoamericanos se encuentran en una situación de dependencia respecto de los Estados Unidos. En general, esta situación es expuesta de acuerdo a la teoría de Merle Kling sobre la inestabilidad política latinoamericana. Uno de los puntos importantes que señala Graciarena es una contradicción aparentemente inherente a todo proceso de desarrollo, y que los gobiernos latinoamericanos parecen particularmente incapaces de resolver: la alta propensión al consumo, o alto nivel de aspiraciones, vs. la necesidad de acü.mulación de capital. Como resultado de esta tensión, y agravándola, señala la dilapidación de recursos, por parte de los gobernantes, para generar conformismo u obtener el apoyo (o al menos la neutralización) de factores de poder. Graciarena concluye con una hipótesis acerca de las condiciones en las que el mismo proceso de industrialización y urbanización puede llevar a la ruptura del status quo y un cambio efectivo de poder. Sería interesante derivar algunas consecuencias de estos planteos en lo que respecta a los líderes obreros. El pensamiento del autor es claro en el análisis, de los grupos gobernantes y los sectores más privilegiados, pero no lo es en cuanto al problema de la importancia que puede tener la fuerte presión de los dirigentes obreros y los políticos de izquierda para aumentar la capacidad de consumo de las masas, lo cual constituye sin duda un factor para el aumento de la tensión fundamental señalada en el trabajo. El artículo de Di Tella, como el de Graciarena, también intenta elucidar algunas de las “paradojas” que presentan las sociedades en transición, esta vez partiendo del roncepto de movimiento “nacional-popular” elaborado por Germani, que ve en estos movimientos una posible solución hacia la participación política total de las masas cuando la democracia representativa no ofrece posibilidades suficientes de integración. En una primera etapa de la industrialización, sostiene Di Tella, la sola posibilidad de creación de una oposición política basada en la clase obrera está en la aparición de un movimiento de tipo nacionalista-popular, debido a que la clase obrera no ha desarrollado aún instituciones propias, a través de las cuales participar en el sistema político de un modo “legítimo”. El problema que se plantea entonces es que estos movimientos nacionalistas populares, que constituyen, como única oposición seria al status quo, la condición para un sistema democrático pluralistico, por sus características estructurales y su ideología suelen tener un carácter monolítico y autoritario que puede llevarlos a constituir una amenaza para un tal sistema. La presencia de las élites no obreras resulta para Di Tella fundamental para que el movimiento pueda existir, porque solo ellas pueden proporcionarle bases organizacionales suficientemente sólidas. Resulta decisivo, entonces, determinar las condiciones en que tales élites puedan aparecer disponibles para una alianza de este tipo con las masas populares. La variable más importante al respecto es el grado de consistencia de status de las élites. La hipótesis es que, si con la consolidación del crecimiento económico las fuentes de inconsistencias disminuyen, entonces desaparecerán las bases sociales que pueden proporcionar esa élite al nacionalismo popular, cambiando por lo tanto la composición de éste, que pasa a centrarse en la clase obrera. La idea de Di Tella es que esta nueva situación puede conducir a una mayor integración del movimiento en la democracia pluralista. En efecto, el abandono del movimiento por la élite más equilibrada, y la disminución de la frustración de las masas, debe desplazar al movimiento en una dirección centrista, y hacerle perder su carácter nacionalista-popular, proporcionándole más características de un partido obrero de base sindical. Este sería el proceso característico del peronismo en la Argentina. Este trabajo, que cierra el libro, nos parece abrir las mayores perspectivas teóricas. Muchas hipótesis particulares pueden ser desarrolladas a partir de este esquema general, en distintas direcciones. El papel que puede desempeñar en ese proceso de integración social la propia organización política que genera el movimiento, cuando ésta alcanza bastante complejidad, constituye una de esas direcciones de interés. Otra es la relación entre la inconsistencia de las élites y la inconsistencia de las masas, variable ésta no discutida en el artículo, a pesar de que parece ser de mucha relevancia en este tipo de procesos. Es difícil realizar un balance de una oh ra tan heterogénea con referencia a su contenido. Es cierto que varios de los artículos aquí recopilados pueden ser interpretados sobre ·la base de un mismo esquema teórico que los unifique. En el otro extremo, la inclusión de algunos de los trabajos no tiene otra justificación que la de sus propios méritos o la de completar alguna laguna en ,el tratamiento de aspectos importantes de la realidad argentina. La línea más consistente aparece tras los trabajos de Germani, Di Tella y Gallo-Siga!. El primero propone una teoría general de los movimientos sociales, sin mayores especüicaciones. El segundo utiliza tal teoría, con algunas especüicaciones para las élites, y propone nuevas hipótesis sobre la ideología política. Una variable explicativa común a ellos es el desequilibrio de rango, o inconsistencia de status. El tercer trabajo hace uso de este elemento, y especifica aún más algunas condiciones en sus hipótesis, con el mérito adicional de ser el único que las somete a la prueba empírica. Es de esperar que esta problemática de la integración social y las posiciones desequilibradas, ciertamente discutida pero igualmente promisora, sea más refinada para aumentar su poder explicativo sobre la realidad argentina y sea sometida a la verificación. Una conclusión general que puede extraerse de la mayoría de estos trabajos es la reiterada evidencia de que la historia argentina, aun presentando diversos desequilibrios y “desfasajes” tanto en su estructura social como en la posición de los grupos sociales más importantes, no presenta hasta ahora ninguno suficientemente agudo y sostenido como para dar lugar a un proceso de radicalización, a un cambio en la estructura de poder o a un viraje importante en la dirección del desarrollo. Los desequilibrios se han ido resolviendo sin rupturas demasiado abruptas y hoy el país es, a pesar de todo, característicamente una sociedad de masas; los mayores sectores populares no están marginados de la sociedad de consumo ni de la esfera política, y las élites potenciales -de las que los autores de la obra que comentamos son un exponente representativo- no sufren tampoco el tipo de tensiones que en otras partes -y en nuestro país mismo en otros momentos- están asociadas a una actividad más directamente encauzada hacia un cambio de poder. La problemática de las condiciones para la formación de movimientos de cambio social de tipo revolucionario y la formación de fuerzas sociales de cambio “institucionalizado” encuentra aquí un ataque no muy sistemático, pero sostenido desde varios frentes, y este mismo libro puede ser visto, en cierto sentido, como un aspecto de esa misma problemática. Si se piensa que la obra data en realidad de 1961, muchas debilidades pueden ser justificadas. Ciertamente, a este mismo libro escrito ahora se le podría exigir más homogeneidad, más preocupación por las consecuencias teóricas de los trabajos y más investigación sociológica empírica. Algunos de los méritos intentamos sefialarlos más arriba, a nuestro juicio, a despecho de los puntos débiles, tales méritos sumados hacen de la obra una de las contribuciones importantes a las ciencias sociales en nuestro país. Todo esto -lo positivo como lo negativo- creemos que puede sostenerse tanto en lo relativo al proceso de construcción acumulativa de las ciencias sociales en la Argentina como en lo relativo a la construcción de una imagen de estas ciencias por parte del público más vasto.

[Manuel MORA Y ARAUJO. “Argentina, Sociedad de Masas, por Torcuato Di Tella, Gino Germani y Jorge Graciarena” (reseña), in Desarrollo Económico (Buenos Aires), vol. IV, nº 16, abril-junio de 1965, pp. 508-514]

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