✍ La historia en controversia. Reflexiones, análisis, propuestas [2009]

por Teoría de la historia

art10-figura01Desde hace algunos años se ha venido realizando un Seminario interdisciplinario sobre América Latina y el Cono Sur en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, patrocinado por la Vice-Rectoría de Investigación y Estudios Avanzados de aquella casa de estudios. En esta instancia han participado destacados exponentes del mundo de las Comunicaciones y de las Humanidades, cuyas presentaciones se han recopilado en una serie de textos que dan cuenta de diversos temas relacionados con nuestra región. Del mismo modo, han surgido debates mucho más amplios, los que se han centrado especialmente en el mundo de la historia. En este marco disciplinarse circunscriben los trabajos que conforman este libro, en los cuales se plantean diversas reflexiones sobre la evolución que ha tenido la disciplina, además de su situación actual, las discrepancias generadas, entre otros aspectos. Estos artículos han sido producidos por connotados académicos, tales como el historiador chileno Eduardo Cavieres (a su vez, director del Seminario), el historiador italiano Giovanni Levi, el doctor en filosofía y economía Howard Richards, y del doctor en estudios latinoamericanos Jonathan Pitcher. En el prólogo del texto, Eduardo Cavieres acerca al lector al debate en torno al abordaje de la historia, especificando algunas problemáticas. En primer lugar, analiza el concepto de “tiempo”, indicando que su domesticación lo ha acelerado al punto de que hoy en día vivimos en un eterno presente, lo que provoca que se borren las fronteras con el pasado. En segundo lugar, reflexiona sobre el verdadero sentido que debiese tener el verbo “conocer”, entendiéndolo como una noción que implica imaginar las cosas, intentar aprehenderlas y luego incorporarlas. Mediante ambos términos, Cavieres busca rescatar cómo debe abordarse la historia, ya que para estudiarla de manera óptima la aproximación al pasado debe ser clara y contundente. Junto con esto, menciona diversas deficiencias que caracterizan actualmente la actividad historiográfica, tales como su retorno al conocimiento restringido, el abandono de lo científico, el debilitamiento de la memoria y el predominio de los medios de comunicación masivos, los que le entregan respuestas individuales a una sociedad individual. Por esos motivos, concluye su presentación resaltando la conveniencia de superar las meras descripciones del pasado o las discusiones sobre los hechos mismos que lo explican, para así volver a lo que viene sucediendo, lo que permitiría observar la historia como un problema y no como un simple recuento de acontecimientos. En el primero de esta serie de trabajos, Eduardo Cavieres y Giovanni Levi sostienen una interesante discusión sobre la historia y los historiadores. El debate es iniciado por Cavieres, quien habla de la similitud y la diferencia que tienen algunas corrientes historiográficas, tales como la demografía histórica, la historia de la familia y la historia de las mentalidades. A su vez, menciona la historia social de la cultura como la evolución natural de esta cadena de enfoques. Por su parte, Levi destaca que esta corriente es la más total posible, y también rescata las virtudes y los defectos que tiene cada una de las tendencias mencionadas. Luego de esta revisión, Cavieres y Levi se centran en otras corrientes. Por un lado, resaltan la historia local, cuyo valor se relaciona con el apego a las situaciones relevantes de una zona, lo que le agrega, según sus planteamientos, una alta cuota de emoción a su metodología. Por otro lado, hacen mención a la microhistoria, destacando su transversalidad y su capacidad de analizar un problema en una escala microscópica. Otro elemento llamativo de esta sección del texto corresponde a las apreciaciones sobre el trabajo histórico que ambos intelectuales poseen. Mientras Eduardo Cavieres indica que debe existir un punto medio entre la imaginación y la realidad para evitar que la historia pierda su formalidad, Giovanni Levi apela a que los historiadores deben hablar de una manera exacta y formal; describir de forma compleja para evitar el relativismo y eludir el exceso de teoría, para evitar que se mancille la historia. El debate finaliza con críticas a la historia actual: Levi indica que hoy en día ésta es muy corporativista; no hay muchos historiadores grandes, ni muchos libros que ayuden a pensar la disciplina de un modo innovador y, además, recalca que para hacerla crecer hay que empezar a preguntarse sobre temas diferentes. En el siguiente apartado titulado “De la microhistoria a las construcciones sociales de la historia”, Giovanni Levi analiza la microhistoria destacando que se ocupa de cosas generalísimas, tal como lo hizo Carlo Ginzburg con su trabajo sobre Piero de la Francesca. Asimismo, el autor aborda el tema de las construcciones sociales como una manera de integrar nuevos elementos al estudio histórico, para lo cual menciona temas como la jerarquía que estructura a una sociedad y la administración de la justicia en un grupo de personas diferentes. Luego de esto, el artículo adjunta una ronda de preguntas que se refieren a la manera de trabajar la historia. Básicamente, el autor responde que los historiadores deben entender el desorden de las sociedades, dando forma al caos e imaginando a un público lector. Al mismo tiempo, llama a no ser fetichistas con los documentos, a no exagerar con las metáforas y a potenciar la curiosidad. Más adelante, Eduardo Cavieres nos presenta un artículo titulado “Psicohistoria individual, mentalidades colectivas, representaciones e ideología”, el cual fue publicado en su libro Sociedad y Mentalidades en Perspectiva Histórica el año 1988. Si bien destaca que existen múltiples maneras para aproximarse al trabajo histórico, en este apartado se centra en las problemáticas del consciente y del inconsciente del ser humano, debido a que el historiador ha ampliado su visión del pasado para recurrir a otras disciplinas, tales como el psicoanálisis. En relación a esto, Cavieres destaca el aporte realizado por la historia de las mentalidades y por la psicohistoria. En primer lugar, señala que las mentalidades provienen de la forma colectiva del psiquismo sobre el pensar y sentir de un pueblo, y a su vez, resulta compleja porque no se sabe a ciencia cierta si las actitudes de las personas cambian o sobreviven con el tiempo. En segundo lugar, indica que la psicohistoria representa un paso mucho más profundo en la materia, y rescata que aunque se utilicen herramientas como el psicoanálisis para mejorar el estudio de la realidad, no se deben perder de vista a los hombres y a la historia. Además, busca debatir y reflexionar sobre algunos de los alcances que tiene la historia de las mentalidades en la existencia y en la historia en sí misma. Para ello, al finalizar este artículo se adjunta un diálogo que Cavieres sostiene con Michel Vovelle, para destacar, entre otras ideas, que la historia de las mentalidades debería dar respuestas a nuestra existencia histórica. En otro apartado, Howard Richards nos entrega un minucioso análisis titulado “El primer Foucault”, conferencia con la que se inauguró el segundo semestre académico del Magister en Historia de la PUCV el año 2007. En este espacio, analiza una serie de aspectos desconocidos del intelectual, tales como su infancia y sus primeras obras. Al estudiar estas últimas, resalta que antes de Historia de la locura publicó dos libros: un manual de introducción a la psicología supervisado por Louis Althusser, y una introducción a la traducción al francés de Traumund Existenz (Sueño y Existencia) del psiquiatra suizo Ludwig Binswanger, el que fue inspirado en la fenomenología existencialista de Martín Heidegger. Junto con esto, Richards da cuenta de una serie de planteamientos de Michel Foucault. Entre éstos menciona que criticó a la medicina, debido a que, a su juicio, los médicos ejercen un poder desmedido sobre el ser humano. También indica que Foucault trabajó nociones tales como la “experiencia” y estudió el significado de los sueños al igual que Sigmund Freud. Del mismo modo, aclara que el intelectual, además de ser Licenciado en Filosofía y Psicología, se identificó como un historiador de los distintos modos en los cuales la cultura produce sujetos, y de cómo las personas logran dicha condición. En el último apartado del texto se presenta la ponencia de Jonathan Pitcher, quien expone un estudio centrado en el episodio conocido como la Guerra de Canudos, ocurrido a finales del siglo XIX en la zona brasileña de Bahía. Pitcher analiza las obras más destacadas que se escribieron sobre este trágico suceso: Os Sertoes y La guerra del fin del mundo de Euclides da Cunha y de Mario Vargas Llosa, respectivamente. En ellas recoge algunos elementos tales como el fanatismo religioso, el carácter épico recalcado por Da Cunha, la fragilidad de los habitantes, la revuelta contra el orden natural que propició el predicador Antonio Vicente Mendes Maciel, más conocido como el “Conselheiro” (Consejero), su posterior decapitación y el consecuente olvido de los sucesos. Además, destaca los cambios de perspectiva, narrador y tiempo en el libro de Vargas Llosa, junto a las inclusiones de figuras históricas que éste realiza constantemente. Finalmente, señala las distintas representaciones que ambas obras efectúan en torno a los rebeldes: en La guerra del fin del mundo éstos aparecen como partidarios de la monarquía, mientras que en Os Sertoes se les muestra como unos fanáticos religiosos. Sin lugar a dudas, las discusiones expuestas en La historia en controversia. Reflexiones, análisis y propuestas invitan al lector a cuestionar y a replantear las bases que sustentan el campo de la historia, el cual necesita ir reinventándose constantemente para no perder su sentido y su vigencia. Asimismo, que los autores provengan de diversas ramas de las Humanidades y las Comunicaciones permite matizar la discusión al entregar puntos de vista diferentes, lo que le otorga un valor agregado a esta obra. Para concluir, es necesario destacar que las iniciativas que dieron vida al presente libro son fundamentales para la evolución del trabajo histórico. A pesar de que las instancias en las que se debate suelen ser muy cerradas, y están casi siempre enfocadas a un público muy reducido a causa de la complejidad de la discusión, su carácter academicista permite que los historiadores jóvenes se nutran con ideas nuevas, las que pueden formar parte de las futuras investigaciones que ofrecerán a la sociedad.

[Jorge GAETE LAGOS. “La historia en controversia: Reflexiones, análisis, propuestas” (reseña), in Revista austral de ciencias sociales (Valdivia), nº 18, 2010, pp. 143-147]