✍ Los estratos del tiempo. Estudios sobre la historia [2000]

por Teoría de la historia

LOS-ESTRATOS-DEL-TIEMPO-ESTUDIOS-SOBRE-LA-HISTORIA-Introduccion-de-Elias-Palti-i1n88269La relación entre historia y experiencia siempre ha sido muy estrecha. Ambos conceptos están condicionados al transcurrir del tiempo, surgen alejándose del presente y proporcionan tanto conocimiento como habilidades. En el siglo pasado, el historiador alemán Reinhart Koselleck (1923-2006) realizó un breve análisis (a comparación de otros temas que analizó con mayor agudeza y en repetidas ocasiones) de la importancia de la experiencia en la reescritura de la historia, a través de sus trabajos sobre la teoría de la historia y la historia de los conceptos. El presente texto se basará en las propuestas de este autor. La importancia del estudio de las diferentes maneras de adquirir experiencia, radica en que “la historia trata, directa o indirectamente, de experiencias, propias o de otros” (2001, 50). El historiador realiza sus investigaciones en base a sus propias experiencias, y el cambio de éstas propicia nuevas formas de analizar la realidad, y por lo tanto da pie a nuevas investigaciones, reflexiones e interpretaciones de los fenómenos ya estudiados. De igual manera la aparición de nuevos métodos origina nuevas experiencias. Koselleck menciona que ambos conceptos tienen una connotación cercana: experiencia “significaba principalmente reconocimiento, investigación, examen” (Koselleck, 2001, 43), y el griego historien “incluía reconocer e investigar” (2001, 44). De este modo la historia se asocia desde un principio a la investigación, al conocimiento y a la experiencia. En un breve repaso de la relación histórica entre experiencia e historia podemos mencionar que en la época de la primera modernidad experimentar dejó de estar ligado a la investigación y se enfocó a la simple percepción de las cosas. En ese momento se dividió en dos: la experiencia vivencial (basada en la realidad vivida), y la experiencia reflexiva (basada en la actividad intelectual). El camino de la historia a ser una disciplina científica se da al separarse el acto de presenciar un hecho (el cual se vincula a la percepción como oír y ver), con la actividad reflexiva de reconocer e investigar los hechos. Grimm, citado por Koselleck, “buscaba salvar la unidad omniabarcante” (2001, 45) del concepto de experiencia, ya que ambas posturas se relacionan mutuamente. Kant separó la percepción de la experiencia y del juicio. Se encargó de devolver a la experiencia su viejo significado al relacionarlo con el conocimiento e investigación. Para él primero se da la experiencia (la cual está referida por el juicio), y después surge el conocimiento. En base a esto estriba la importancia del testigo ocular de los hechos, el cual era relevante ya que él percibía el acontecimiento, estuvo en el momento y podía relatar lo sucedido. Al darle prioridad a estos testimonios se imposibilitaba utilizar la experiencia como una manera de interpretar la historia. En las últimas décadas del siglo xviii, en Alemania, fue cuando la historia empezó a ser reconocida como ciencia autónoma. El concepto de Geschichte (historia), que anteriormente sólo se refería al acontecer, se liga al concepto de Historie (historia). Ambas expresiones pueden calificar la conexión entre los sucesos y su interpretación. Desde entonces, menciona el autor, un solo concepto (Geschichte) engloba la experiencia vivencial con la reflexiva. Es decir, la nueva historia abarca la vieja historia, y desde entonces ha vuelto a estar ligada a la experiencia y al conocimiento. Se inicia entonces la llamada historia absoluta o historia general que da pie a la filosofía de la historia. Por primera vez la historia es su propio sujeto y objeto, abarcando “la interdependencia de los acontecimientos y la intersubjetividad de los cursos de acción” (Koselleck 1993, 139). La historia se sustenta y se desarrolla por su propia reflexión. “Se trata de un proceso de maduración cuyo sujeto o sujetos sólo se descubren en la reflexión sobre el propio proceso sin que éste se haga determinable” (Koselleck 1993, 140). Ante esta relativización actual resulta interesante analizar la experiencia en relación con la reescritura de la historia. Koselleck plantea tres modos de adquirir experiencias: a) La experiencia que se instala por sorpresa. “Las cosas suceden de otra manera y, además, distinta de lo que se pensaba” (2001, 50). Esta ocurre cuando aparecen acciones que uno no esperaba, y esto permite modificar la concepción que se tenía previamente. La llamada serendipia es un ejemplo de este primer tipo de experiencia en la cual se descubre algo a través del azar. La experiencia por sorpresa, que también se puede llamar experiencia originaria, puede suceder en cualquier situación. Se dice que es originaria porque “sin ella no tendría lugar ninguna biografía ni historia” (2001, 50). Origina, pues, una nueva interpretación de la realidad. b) Cuando la experiencia se repite. “Las experiencias no surgen en la medida en que han sido hechas, sino igualmente en la medida en que se repiten” (2001, 50). No todo suceso puede causar un cambio de experiencia en el primer momento en el que sucede, por eso ciertos actos se repiten y es hasta esa ocasión cuando uno les da otro significado. Este tipo depende de un tiempo a mediano plazo. Las experiencias no se interpretan de inmediato. La reflexión puede aparecer en un corto, mediano o largo plazo. El periodo de tiempo sobrepasa al inmediato porque se busca una repetición, una doble experiencia que de pie a la reflexión y valorización de los hechos. Abre la puerta a nuevas maneras de leer lo estudiado, y es entonces cuando se pueden replantear las preguntas. “… cada fuente, o cada fragmento que convertimos en fuente con nuestras preguntas, nos remite a una historia que es algo más o algo menos que el propio fragmento y, en todo caso, algo distinta” (Koselleck 1993, 199). c) Cambio de experiencia a largo plazo: “A paso lento o poco a poco, sin que nadie se sienta afectado e imprevisiblemente, de modo que desplaza las experiencias generacionalmente asentadas o adormecidas” (2001, 53). Si bien una experiencia aparece en un corto y mediano plazo, también puede surgir en un plazo largo sin que uno se percate de ello. Este tipo de experiencia no es personal (como el primer tipo) o generacional (como el segundo), sino que sobrepasa dichos ámbitos y se efectúa cuando reflexionamos históricamente. Es preciso el uso de los métodos historiográficos para percibir dichos cambios. Este nuevo aprendizaje aparece de manera lenta e inadvertidamente. De ese modo desplaza los conocimientos. “Siempre se trata… de un cambio de sistema que va más allá de una persona y de una generación y del que sólo somos conscientes retrospectivamente gracias a la reflexión histórica” (2001, 54). Su estudio permite reconocer sobre todo los cambios a largo plazo más allá de una generación, más que los cambios a nivel personal. Así como los otros dos tipos de adquisición de experiencia, ésta también repercute en la reescritura de la historia. Las de largo plazo considero que son las únicas que se dan de forma natural. Para que una experiencia se instale por sorpresa o se repita deben existir condiciones específicas. En cambio, el tercer tipo de experiencia entra sigilosamente en cada generación. Así como se pueden dar tres maneras de adquirir una nueva experiencia, debemos de reconocer que cada época tiene una manera particular de adquirirla. En palabras del autor, “la historia del futuro y la del pasado son condicionadas por los deseos y planes, así como por las cuestiones que se originan en la actualidad” (1993, 181). Más tarde ahondaría en el tema: “los métodos que utiliza un historiador para traducir las experiencias históricas en narraciones y en ciencia son siempre actuales” (2001, 56). Todo acontecimiento tiene dos elementos irreversibles: la anterioridad y la posteridad. Al tener esta condición todo acontecer tiene la posibilidad de ser interpretado desde sus antecedentes (por qué surgió, quien influyó a que sucediera) hasta sus consecuencias (qué pasó después, qué cambios originó). El tiempo que transcurre entre el hecho sucedido y el estudio del historiador, abre un campo de nuevas experiencias por parte de los testigos y del propio investigador. Las consecuencias, o lo que sucedió después del acontecimiento, permite que el historiador se enfrente con una gama de interpretaciones ya que puede observar el acontecimiento desde varios puntos de vista. “La historia es una, pero su presentación es diferente y plural” (1993, 182). En la práctica, la adquisición de nuevas experiencias permite interactuar con un cúmulo de nuevos conocimientos que conducirá a la reescritura de la historia. Ya sea a corto, mediano o largo plazo, la experiencia humana puede aparecer en cualquier categorización histórica. La reescritura de la historia La experiencia histórica se puede representar, según el autor, de tres maneras: por medio del registro, la continuación y la reescritura (las cuales corresponden a los tres modos de adquisición de la experiencia). “Registrar es un acto único, continuar acumula los tiempos y reescribir corrige a ambos para hacer surgir retrospectivamente una nueva historia” (2001, 57). Esto va en relación con la experiencia porque entra en el proceso de acumulación de los tiempos. Este transcurrir permite abrir nuevas expectativas y posibilitar nuevos conocimientos. Existen, para el autor, tres posibilidades para la reescritura: a) La aparición de nuevos testimonios. b) La contribución de nuevas cuestiones buscará y encontrará nuevos testimonios. c) Reinterpretación de los testimonios. La primera opción de reescritura de la historia es clara, ya que la aparición de nuevos actores brindará la oportunidad de estudiar nuevamente el hecho histórico, proponer nuevas cuestiones, reafirmar sucesos y ampliar el conocimiento de lo sucedido. Entrar en relación con un testigo o documentación que no se había tomado en cuenta con anterioridad, abre la posibilidad de conocer otra versión de las acciones y compararlo con31Ufp2jhjFL._SY300_ lo que ya se ha dicho. La segunda opción sucede cuando el historiador se plantea nuevas cuestiones: “Experiencias concretas plantean preguntas nuevas y las preguntas nuevas provocan nuevos caminos de investigación” (2001, 48). Esto permite que al existir nuevas preguntas sobre el acontecimiento histórico se abra la posibilidad de encontrar testigos que no estaban vinculados con el hecho directamente y que por esa razón no se les dio participación en anteriores investigaciones. También permite buscar y encontrar nuevos testimonios, rescatar documentación extraviada y resaltar registros poco estudiados, así como entrar en relación con nuevos archivos. Un caso en donde se encuentra esta segunda opción, es cuando los testigos del suceso mueren y sólo queda la versión oral. Es ahí cuando se abren otras posibilidades que dependen de las decisiones del historiador. Éste debe interrogar a los testigos auriculares para empezar a recrear y explicar lo sucedido. La reinterpretación de los testimonios se da cuando “pueden ser leídos e interpretados nuevamente, ya sea para volver a descubrir el supuesto sentido originario, ya sea para deducir de ellos afirmaciones que los autores no pudieron pretender decir” (2001, 76). Esta última opción es un punto primordial en la historiografía ya que al transcurrir el tiempo y al descubrir nuevos testimonios, siempre habrá nuevas interpretaciones. Según Koselleck, Plank sostuvo que “con la distancia temporal creciente, las probabilidades del conocimiento no se reducían, sino que aumentaban” (1993, 187). Cada generación condicionada a su momento histórico tendrá diferentes maneras de analizar la realidad y de leer la historia con elementos diferentes a épocas anteriores. Al aumentar los testimonios y las interpretaciones sólo puede existir un desarrollo en el conocimiento histórico. Un elemento importante en la reescritura es la novedad que debe tener su propuesta. Si se retoma un tema es porque existe una nueva manera de estudiarla. Koselleck menciona a manera de sentencia que “la reescritura de la historia es tan única como la primera escritura de una historia” (2001, 68). Tomar un hecho histórico y trabajarlo, requiere quizá más esfuerzo intelectual que hacerlo por primera vez, ya que no permite repetición alguna y es motivo para el surgimiento de nuevas concepciones. El autor dice que la reescritura “es innovadora en tanto que se sitúa en consciente oposición frente a la historia hasta entonces transmitida o escrita” (2001, 68). Esto nos dice que el trabajo del historiador no es hacer referencia, sino que consiste en crear. Un ejemplo claro de la reescritura de la historia es cuando el investigador se aleja de las fuentes oficiales y busca los testimonios de aquellas personas que no resultaron beneficiadas en el hecho que estudia. Estos nuevos personajes, estas nuevas visiones del suceso, corresponden a lo que podríamos llamar visión/versión de los vencidos: “ser vencido es una experiencia específica, que no se aprende ni intercambia, una experiencia histórica genuina” (2001, 85). Su reflexión surge porque las cosas tuvieron resultados inesperados y es necesario conocer lo que sucedió. Es así que su aportación a la reescritura es proponer una nueva interpretación de lo sucedido. La importancia de rescatar esta versión radica en que sus perspectivas difieren a la de los vencedores en el sentido de que en sus declaraciones han desarrollado una evaluación del suceso buscando el motivo real de su derrota. Mientras el vencedor celebra el resultado obtenido sin cuestionamientos, el derrotado logra una reflexión a partir de ello en base a su experiencia. Este punto de vista completa el cuadro de realidad en el que se enmarca el hecho histórico. “Puede que la historia –a corto plazo– sea hecha por los vencedores, pero los avances en el conocimiento de la historia –a lago plazo– se deben a los vencidos” (2001, 83). ¿En donde radica la importancia de la experiencia en la reescritura de la historia? Del compromiso que el historiador tiene hacia su temporalidad, ya que su posición siempre será diferente al hecho estudiado. El propio autor nos da un indicio: “cada adquisición y modificación de la experiencia se despliega en el tiempo, de modo que de ahí surge una historia” (2001, 50). Al despegarse del tiempo en que sucedió el hecho, la misma experiencia personal o generacional abre un abanico de posibilidades de interpretación. La historia se escribe mediante la reflexión del historiador en un momento determinado basado en sus experiencias personales. Koselleck señala que “las historias están posibilitadas tanto por los espacios de tiempo a corto y medio plazo como por los de a largo plazo” (2001, 56). Nunca podremos alejarnos del momento histórico en el que estamos. Es así que la experiencia dentro de la historia arroja nuevas posibilidades de estudio e interpretación. Cada generación tendrá un modo particular de reescribir y recrear la realidad, de analizar lo que sucedió. La historia es una constante reescritura de sí misma, y esa es su finalidad: ampliar el conocimiento resolviendo viejas cuestiones y abriendo nuevas preguntas. 

NOTA BENE DEL AUTOR. El presente trabajo se ha basado en dos libros de Reinhart Koselleck: Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos (Barcelona: Paidós, 1993) y Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia (Barcelona: Paidós, 2001).

[Josué BARRERA. “La experiencia en la reescritura de la historia”, in Casa del Tiempo (México), vol. II, IV Época, nº 21, ]