✍ Esbozos teóricos. ¿Sigue teniendo utilidad la historia? [2010]

por Teoría de la historia

580569-340x340En su obra Historias de conceptos, Koselleck había definido la Begriffsgeschichte como el estudio de las transformaciones que sufren los significados asociados a los términos lingüísticos a lo largo de su desarrollo temporal y la había aplicado a conceptos como ilustración, burguesía, utopía, revolución, patriotismo, progreso o decadencia, por citar algunos ejemplos. Este modo de integrar las distintas experiencias a través de sus respectivos conceptos y de la variable “tiempo” es la tarea que desempeña Koselleck en Esbozos teóricos, pero en este caso lo que se analiza es el concepto de historia y las categorías a priori del pensamiento histórico. Precisamente por el hecho de ser conceptual, el estudio de la investigación histórica tiene que partir, como condición previa, de una teoría de los conceptos. El libro –que originalmente constituye la primera de las tres partes de la obra Vom Sinn und Unsinn der Geschichte (Suhrkamp, 2010), una recopilación de artículos de Koselleck que tiene como objeto de estudio la historia–, se asienta sobre la actitud teórica anterior mente descrita, la historia conceptual, no explicada in extenso en esta obra en concreto, pero explicitada en la introducción del Profesor Villacañas, que permite entenderla como “una única forma de investigación que es a la vez histórica y filosófica, y que no puede ser la una si no es la otra” (p. 10). Una investigación, según la introducción, que se erige como antropología histórico-filosófica, como el estudio de las condiciones de posibilidad de la historia. Precisamente, el subtítulo del libro “¿sigue teniendo utilidad la historia?” solo se deja responder por el propio título, es decir, trazando los límites teórico-conceptuales que permiten hablar de la historia, no ya tanto desde la filosofía de la historia –pues no es a esto a lo que se dedica Koselleck–, sino desde la historia conceptual. El índice da buena cuenta de la intención del libro y es congruente en su exposición con la forma de investigar propia de la historia de los conceptos; todos los capítulos están dedicados al término “historia” y están dispuestos de tal manera que permiten la reconstrucción del concepto de manera ordenada: Koselleck estudia primero la naturaleza del mismo (el sentido o no de la historia), a continuación se pregunta por su papel metodológico (su utilidad y su colaboración con el resto de ciencias y con la labor archivística), para por último retomar de nuevo la cuestión de la naturaleza de la historia a través de su relación con la ficción y de su estructura lingüística. Para conocer la naturaleza del concepto “historia” es necesario plantearse la pregunta por su sentido –entendido co – mo “realización de una finalidad alcanzada” (p. 38)– o sinsentido. A ello responde Kelsen afirmando que por diversas razones “toda la historia permanece insen – sata” (ibidem): porque no existe la realización de un tal fin, por la pers pe ctividad o receptividad plural de la historia, por su carácter ex post respecto a la verdad, porque está siendo constantemente reconstruida y por el obstáculo que constituyen los intereses del conocimiento. Ahora bien, este paradigma de una historia sin sentido surge concretamente tras la Primera Guerra Mundial, acabando con la concepción ilustrada de la historia, que es necesario comprender para advertir el devenir conceptual500 del término. Para ello hay que partir de la diferen cia que estableció la Antigüedad Clasica en tre historein (Historia) y res gestae (historia): el primer concepto se refiere al discurso histórico, a la investigación y el estudio y teoría de la historia, mientras que el segundo atiende a los hechos acontecidos, a la mera facticidad, a las eventualidades acaecidas. El libro de Koselleck Historia/historia trata precisamente de esta diferencia. Mantener esta separación permi tía a los antiguos hablar de múltiples historias, sin embargo, a partir del siglo XVIII ambos conceptos confluyen en su significación y se convierten en uno único, en la “historia en sí”, en un progreso volcado a la realización de su fin y lleno de sentido. La historia se convierte así en metaconcepto hasta que tiene lugar la Gran Guerra, que pondrá en cuestión toda la retórica del progreso. Esto tiene mucho que ver con otro de los grandes asuntos tratados en el libro: la relación de la historia con el resto de ramas del conocimiento. Una vez que se deja de ver la historia como explicativa de todo lo real, que se entiende que no existe un sentido que se vaya realizando progresivamente, la historia se desliga de las demás ciencias, pues ya no los explica de manera total, y se centra en sí misma (su objeto resulta ser ella misma). A pesar de ello, su papel actual como auxiliar de todos los saberes se torna indispensable, y es aquí donde Koselleck muestra que la metodología no es un aspecto banal de la ciencia, sino el armazón básico de toda investigación, de la interdisciplinariedad que tanto defiende este autor. Es por ello que el capítulo dedicado al archivo y las fuentes históricas –que en principio pudiera parecer anecdótico– resulta verdaderamente ilustrativo de todo lo anteriormente descrito. El archivo, herramienta de mediación entre el pasado y el futuro, pasó de tener una función política, administrativa y religiosa fundamental, a ser un útil de comprensión de la labor histórica. Es decir, realizando la historia conceptual del término “archivo” se advierte la evolución desde una significación ilustrada – en la que el relato de la historia se identifica con ella misma – hasta la concepción actual en que su aportación es meramente histórica y desde la autoconciencia de que no es posible recrear la historia total. Más aún, se señala que la fuente histórica no es la historia, del mismo modo que pese a que la investigación histórica tiene una estructura lingüística, el lenguaje no es la historia. En primer lugar, porque el archivo presenta una limitación estructural: hay 41POfs2EpzLlagunas, acontecimientos fundamentales no narrados, documentos destruidos o desaparecidos; y sobre todo, porque no bastan por ellos mismos. A propósito de este asunto del almacenamiento de la memoria –que, como todo lo tratado en Esbozos teóricos, tiene un tono de radical contemporaneidad–, Koselleck recurre a una bella metáfora, la del arca de Noé: igual que en ella iban ejemplares de cada especie, pero no de los distintos géneros, ni de su hábitat, al archivo le falta el contexto, no provee las interrelaciones entre los estratos de la historia. Sin embargo, la exégesis de las fuentes es la condición de posibilidad de la ciencia histórica del mismo modo que la historia lo es de las demás ciencias. Tal y como dice Koselleck, el archivo tiene “derecho de veto”, no indica lo que se debe afirmar acerca de la historia, sino que señala lo que no se debe puede decir de ella; reconstruye, pero lo hace parcialmente, conforma una historia que al ser narrada se convierte en contingente: se trata de la “ficción de lo fáctico”. Porque la historia tampoco puede ser superada por el lenguaje. El lenguaje articula la experiencia de la antropología histórica en torno a dos pilares: la duración como repetición de las condiciones que posibilitan la historia, y el acontecimiento único como diferencia que se inserta en las condiciones de posibilidad que las estructuras de repetición anteriores le han preparado. Este es un marco estructural que se adapta a la propia disposición de la historia pero que no es la historia misma. Existen una serie de experiencias extralingüísticas que la conforman pero que no son articuladas a través del discurso. De ahí la importancia de la comparación entre res factae y res fictae –a la que Koselleck dedica otro de los capítulos de esta obra– y la negación de que su diferencia es categórica. La Ilustración identificó la historia con la descripción de una existencia, realidad o verdad desnudas, siendo la ficción el rei – no de lo poética, la apariencia y lo falso. Con el final del paradigma ilustrado sobre la historia hubo una unión entre los dos ámbitos y la ficción se convirtió en testimonio fundamental sobre lo real: precisamente por ser ficción, por ser lo meramente posible pero no real, es parte fundamental de la historia y en su conjunción con la res factae permite la articulación de lo lingüístico con lo extralingüístico, lo que lleva a Koselleck a subrayar la importante “función política de los sueños” (p. 114) y a insistir en la imposibilidad de una historia final, total y unitaria.

[Laila YOUSEF SANDOVAL. “R. Koselleck, Esbozos teóricos. ¿Sigue teniendo utilidad la historia?, introducción de José Luis Villacañas, Madrid, Escolar y Mayo, 2013.” (reseña), in Res Publica. Revista de Historia de las Ideas Políticas (Madrid), vol. XVII, nº 1, 2014, pp. 315-368]

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