✍ Más allá de la frontera. La política de una misión fracasada: Bulgaria, 1944 [1997]

por Teoría de la historia

9788415216315Algo sabemos de la pléyade de poetas británicos que participó en la Primera Guerra Mundial, no tanto de quienes lo hicieron en la Segunda pero sí de los que actuaron en la Guerra Civil de España. Imposible olvidar, por ejemplo a John Cornford, caído en acción de guerra cerca de Lopera, Jaén, en 1936, con 21 años, o a Julian Bell, muerto en la batalla de Brunete, en 1937, con 29 años. De unos y otros mucho debemos a los trabajos de Esteban Pujals. Como si la actuación de Byron y las peripecias de Childe Harold hubieran sustanciado un impulso irresistible que se compartiría por compatriotas idealistas, generosos y sofisticados, dispuestos a coger las armas para liberar otras naciones, una última muestra estaría en Frank Thompson, ejecutado por los fascistas en Bulgaria a los 23 años. No murió por enfermedad, tampoco John Cornford o Julian Bell, como murieron Byron en Missolonghi, 1824, y Rupert Brooke en 1914 en la isla de Sciros, ambos cerca de Grecia, pero sí en el combate; como también cayeron Julian Grenfell, Charles Storey, T. E. Hulme, Edward Thomas, Isaac Rosenberg, Wilfred Owen, Alun Lewisy, Keith Douglas… Algo conocíamos de Frank Thompson por el emocionado libro que le dedicó su célebre hermano, el gran historiador E. P. Thompson, Mas allá de la frontera. La política de una misión fracasada. Bulgaria, 1944 (El Viejo Topo). Y ahora mucho más gracias a la espléndida biografía escrita por Peter Conradi, A Very English Hero. The Making of Frank Thompson (Bloomsbury). No vivió lo suficiente como para tener el tiempo de hacer una gran obra, sin embargo, su poema Epitafio para mis amigos con frecuencia sigue figurando en las conmemoraciones del final de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del fascismo. Se alistó en la Royal Artillery en septiembre de 1939 y combatió en Libia y Sicilia; como oficial de tropas especiales en enero de 1944 fue lanzado en paracaídas en Serbia, para después cruzar a Bulgaria en apoyo a las unidades de guerrilleros que combatían contra los alemanes. Unos meses más tarde, también en 1944, fue capturado, torturado y ejecutado, convirtiéndose en un héroe nacional para Bulgaria, un símbolo similar al alcanzado en su día por Byron o T. E. Lawrence. En Más allá de la frontera, E. P. Thompson nos relata de forma muy conmovedora cómo su hermano Frank, en su condición de jefe de una brigada de guerrilleros búlgaros, fue ejecutado junto a los que sobrevivieron al acoso de las tropas enemigas y los campesinos que les habían prestado ayuda. También explica el fracaso trágico de su misión en la coyuntura de las tensiones que ya surgían entre Londres y Moscú, entre los aliados y Stalin, disputando una zona geográfica y política que reconquistaba el Ejército Rojo; con su avance imparable se prefiguraba lo que poco tiempo después generaría la escisión de Europa en dos bloques y el comienzo de la Guerra Fría. En tal perspectiva el conflicto de intereses afectaría de manera muy sensible a los británicos y los guerrilleros en Bulgaria, lo que también ocurriría en Grecia, dudándose de manera muy polémica sobre a quién sostener una vez que se retiraran los soldados alemanes. Que Frank constituya una especie de víctima inicial de esa Guerra Fría en sus albores, y que además fuera comunista, ha venido condicionando el recuerdo y el homenaje al poeta muerto tan joven. Pero su vida y su muerte, como las de John Cornford y de Julian Bell en España, comunistas todos, confirman que en9780804728973 aquellos años en Europa, y no sólo entre británicos, el comunismo era también una forma de denominar el romanticismo y el patriotismo, como síntesis en que se amalgamaba de manera enormemente vigorosa la lucha contra la amenaza fascista con la defensa de la democracia, la libertad y la patria en peligro. Murió fusilado, no como consecuencia de las fiebres que acabaron con Byron, ni de la septicemia que llevó a la muerte a Rupert Brooke antes de llegar al frente de Gallípoli, sino por las balas, como John Cornford en Lopera o Julian Bell en Brunete. En 1944 sus restos recibieron honrosa sepultura en Bulgaria con la asistencia de 50.000 personas, y una estación de trenes recibió su nombre. Ya entonces comenzaron las leyendas, entre ellas que antes de ser abatido se dirigió en búlgaro al pelotón de ejecución. Pudo haberlo hecho porque era un magnífico lingüista, destacado estudiante de la cultura griega y latina en Winchester College y Oxford; como lo fue su padre, E. J. Thompson, el académico orientalista amigo de Gandhi y Nehru. Después de muerto, entre las pertenencias de Frank Thompson se encontraron los poemas de Catulo.

[Ignacio RUPÉREZ. “Poeta y héroe de guerra”, in El Siglo de Europa (Madrid), nº 987, 1-7 de octubre de 2012, p. 51]

Anuncios